Capítulo 3

Olivia sacó las llaves de su bolso, las cuales estaban amarradas a una enorme colección de llaveros. Sus manos temblaban y sudaban, no sabía bien cómo les diría a sus padres su "inocente mentira".

Porque, pensándolo bien, no les gustaría mucho la idea de que su "pequeña" tuviese un novio.

Entró a su hogar y sus padres la esperaban al pie de la escalera.

—¿Dónde has estado? Tuvimos que hacer el almuerzo nosotros, se supone que lo harías tú —dijo severa su madrastra.

Olivia tomó aire para decirles la gran mentira.

—Estaba con mi novio, lo siento —contestó de forma inocente. La joven era muy buena mintiendo.

—¿Novio? —preguntó extrañado su padre, un hombre alto y musculoso, de cabello corto y castaño, sus ojos eran iguales a los de su hija—. ¿Desde cuándo tienes uno?

—Desde la semana pasada... pensé que se los había dicho —dijo, actuando confundida.

—¡Entonces deberías invitarlo a casa algún día! —exclamó entusiasmado el hombre—. Ya que es el novio de mi pequeña…

—No lo sé, papá —intentó evadir la sugerencia de su padre—. Nos quedaremos luego de clases toda la semana, debemos hacer un trabajo, es por eso que llegué tarde.

—Pero entonces, ¿quién hará el almuerzo? —interrumpió histérica su madrastra.

—Tranquila, Jess, lo haremos nosotros. Total, es solo una semana —la tranquilizó su esposo—. Pero me gustaría conocer a este chico, invítalo a cenar algún día de la semana —sugirió entusiasmado—. Vengan directamente desde el colegio. Luego de estudiar o hacer lo que tengan que hacer en la escuela, por supuesto —dijo con una mirada suplicante.

—Cla... claro. Veré lo que puedo hacer —tartamudeó petrificada, no sabía como lo haría.

—Genial —terminó la conversación la mujer mayor con una amplia y falsa sonrisa en su rostro.

Olivia se dirigió a su dormitorio, intentando idear un plan y dándose cuenta de que el profesor Norman se había quedado con su celular y no lo volvería a ver hasta mañana, o tal vez nunca más.

Se desplomó en su cama y posó ambas manos en su frente, sentía como si le subiera la fiebre. Estaba perdida, no tenía escapatoria, excepto que…

**

Callum se levantó de la escalera de cemento y se dirigió a su casa, azotando la puerta al entrar y escuchando el fuerte ruido de la televisión resonar por toda la habitación.

Su padre, mirando fijo al aparato, ignorando completamente a su hijo menor. Su madre, cocinando asustada, temía que una pelea se desatara entre su esposo y su hijo.

Ella amaba a Callum, pero el chico casi no hablaba con ella, solo se encerraba en su cuarto y lo veía en la cena o el almuerzo, era un joven muy cerrado.

Callum se sentó a ver televisión al lado del viejo. En el aparato pasaban un programa sobre relaciones, el Sr. Scott parecía muy entretenido, pero su hijo no, bufó y levantó las cejas aburrido.

Su padre lo miró y señaló el electrodoméstico con un gesto de cabeza, el joven lo miró sin entender.

—¿Ves? —preguntó con su ronca voz.

—¿Qué cosa? —dijo confundido y disgustado el chico.

—Eso es lo que tendrías que hacer. Tener una novia de verdad, no esas que traes a la casa por una sola noche y tienen nombres que ni se pueden pronunciar —contestó severo el viejo escritor—. Porque en las historias de amor, el final feliz no llega teniendo a cinco chicas a la vez.

—Tengo novia papá —replicó en un ataque de rabia, pero luego recapacitó y se dio cuenta de que esa era una gran mentira.

—¿Ah, sí? Dime el nombre —ordenó.

—O... Olivia —obedeció, diciendo el primer nombre que se le vino a la cabeza.

—Entonces tráela a casa, me gusta su nombre —sugirió firme.

—Veré lo que puedo hacer… —contestó preocupado. No sabía qué le diría la joven cuando le pidiera que se hiciera pasar por su novia para que su padre, por una vez, estuviese orgulloso de él.

Porque, sinceramente, ella no se parecía ni un poco a las chicas con las que generalmente salía.

[...]

Ella estaba haciendo garabatos en su cuaderno mientras el profesor explicaba, intentaba idear la forma de pedirle a Callum que se hiciera pasar por su novio, ya que él había sido el culpable de casi todo lo que le había pasado, además de que no sabía cómo hablarle a otros chicos.

Una chica se le acercó, pelirroja de ojos verdes y nariz respingada, tenía el cabello atado en una larga trenza que le llegaba hasta la cintura. Se sentó frente a Olivia y la miró con una sonrisa a lo que ella levantó la mirada.

—¿Qué sucede, Stefi? —preguntó extrañada.

—Te vi con él —sonrió pícara la chica de cabello como el fuego.

—¿Con quién? —arqueó la ceja.

—¡El chico que provocó el accidente en la pista! —exclamó tan fuerte que algunos se voltearon y comenzaron a molestar a Olivia.

—Lo siento —murmuró, cuando todos los otros callaron y siguieron en sus asuntos—. Pero... ¿por qué te vi con él? Digo, ¿qué hacían juntos?

—Nada... solo le agradecí por haberme visitado en el hospital... y por las rosas que me dio —dijo, poniéndose completamente colorada.

—¿Rosas? —preguntó la pelirroja emocionada y con los ojos bien abiertos.

—Sí, no es nada romántico Stef, solo lo hizo por educación —intentó no darle importancia.

—Está bien. Pero si sucede algo con él, sabes que me tienes que contar, somos amigas desde los cinco años —le recordó—. Y sabes que no diré nada, además de que me encantaría que estuvieras con un chico, eres muy hermosa, solo te falta el chico —sonrió.

—No sucederá nada —aclaró firme—. Tranquila, yo siempre te cuento todo —le devolvió la sonrisa a su amiga.

—¿Entonces hoy vendrás a casa después del colegio? —cambió de tema la pelirroja.

—No puedo… —contestó avergonzada.

—¿Por qué? —preguntó Stefi, confundida.

—Debo ir a detención durante toda la semana —explicó apesadumbrada.

—Oh, entonces será el fin de semana —sonrió emocionada—. Hay una fiesta que dicen que será lo mejor y tú tienes que estrenar ese conjunto que te compraste la última vez que fuimos de compras —le guiñó un ojo, a lo que Olivia le respondió con una sonrisa tímida.

Ese día tenían entrenamiento, por supuesto que era luego de detención, así que tendrían tiempo de hablar más tranquilos allí.

Pero a pesar de saber esto, Callum buscaba desesperado por los pasillos a la chica, aunque lo disimulaba diciéndole a su mejor amigo que debía encontrar a la entrenadora.

—Callum, tranquilo, la verás en el entrenamiento —exclamó cansado el rubio de ojos caramelo que lo seguía.

—Lo sé, pero necesito hablar con ella —contestó el moreno mientras miraba hacia todos lados.

—¿Desde cuando necesitas hablar con la entrenadora? —preguntó extrañado.

—Está bien —bufó él, frenando y volteando a ver a su amigo—. No estoy buscando a la entrenadora.

—¿A quién buscas? —dijo insistente el chico.

—A una chica —explicó—. Pero si dices algo, te asesinaré, ¿sí?

—Guau, alguien captó la atención de Callum Scott —sonrió burlón—. ¿Quién es?

—Nadie que te interese, Charles —evadió la pregunta—. Además, luego lo sabrás… murmuró incómodo.

—¿Va a entrenamiento? —insistió y Callum asintió—. Está bien, me la mostrarás o sino comenzaré a preguntar —amenazó divertido.

—Lo sé —rió él.

[...]

El profesor Norman caminaba de un lado al otro, vigilando cada movimiento de Olivia, buscando alguna razón por la cual burlarse de ella. Había unos cuantos estudiantes más, Callum incluido, pero no podían hablar. Más bien, no querían ningún problema.

Olivia se había quitado el esmalte de sus uñas y el maquillaje, y solo estaba esperando al momento preciso para sacar su teléfono del escritorio del desagradable encargado, ya sabía en qué gaveta del escritorio estaba guardado.

Ahora solo estaba terminando los garabatos que había empezado en la mañana, le entretenía crear dibujos abstractos con ellos.

Callum estaba masticando un chicle de forma desagradable, lo que hacía cuando estaba extremadamente aburrido, pero no quitaba su mirada de la chica ni por un segundo, pensando en cómo podía pedirle ese gran favor de hacerse pasar por su novia.

Su mejor amigo, Charles Peterson, también estaba allí, nada más que dormía profundamente, haciendo que sus ronquidos resonaran por toda la sala.

Norman se acercó a él y le dio un golpe con un libro en la cabeza, a lo que Charles reaccionó con un exagerado salto. Se acomodó en su asiento y limpió su saliva, la cual se había desbordado por su boca y caído un poco a su pupitre.

Se cruzó de brazos molesto mientras fruncía el ceño. Callum no pudo evitar soltar una carcajada, Norman rió por lo bajo y todos los otros rieron por un rato.

—¡Silencio!-gritó con furia el profesor—. Peterson, tendrás otro mes en detención, tú también, Scott —los señaló con el libro que tenía en la mano. Bajó su mirada hasta llegar a Olivia, buscando algo que decirle—. Y tú... niña tonta —la llamó, ella levantó la mirada y lo observó firme.

—¿Sí, profesor? —contestó con una sonrisa falsa a pesar de sentir un terror inmenso dentro de ella.

—Esos garabatos son horribles y estúpidos. Me recuerdan a ti —contestó arrastrando sus palabras y con asco. Todos los otros alumnos se echaron a reír.

Callum lo miraba serio, en serio le molestaba que la tratara así. Pero lo que más le molestó fue ver esos ojos llenos de lágrimas, lucían mucho más hermosos cuando ella sonreía.

Borró esos pensamientos de su cabeza negando mientras fruncía el ceño. Olivia bajó la mirada y siguió dibujando.

Los minutos pasaron más rápido luego de eso, Norman salió del curso anunciando que el castigo había terminado, todos corrieron a la puerta, excepto por él y ella.

Ella corrió al escritorio y abrió la segunda gaveta de la derecha, extrajo su celular y salió corriendo hacia el entrenamiento. Él, al ver esto, la siguió de cerca.

Llegaron a la pista y todos estaban allí, se reunieron con el grupo, pero ninguno podía quitar su mirada del otro.

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Falso amor

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