Capítulo 3

—¿De verdad vienes vestida así? —preguntó, con la silla girada.

—¿ Disculpe? —preguntó.

—Parece que vas a bailar. Tienes que venir un poco más recatada —comentó Bienvenido.

“Por primera vez vi el rostro de mi jefe y me quedé paralizada. Me dio bastante impresión ver aquella línea cruzando sus ojos, aunque pude percatarme de los bonitos ojos que llevaba, de la mandíbula cuadrada, de los labios entreabiertos. Y por primera vez en toda mi vida, me sentí extraña. Contrólate, Briana”, pensó.

—Soy Briana, un placer venir y verlo a usted.

—Es la primera vez que me dicen algo así. Siéntes.

—¿De verdad le molesta cómo me visto? Si quieres, me puedo quitar esto.

—¿Acaso estás proponiendo quedarte desnuda?

—No, solo cambiar de ropa —murmuró y se rió falsamente.

—Dígame, ¿cuál es su experiencia como secretaria? —preguntó Bienvenido.

Briana, después de narrarle su experiencia y mentirle en bastantes cosas, finalmente convenció a Bienvenido.

—Entonces, bienvenida a trabajar conmigo —comentó Bienvenido.

—Gracias, usted es muy amable —respondió Briana mientras se ponía de pie.

—¿Necesita algo más? —preguntó Bienvenido.

—No, es solo que no sé dónde voy a trabajar —dijo Briana.

—Tiene el escritorio en la parte de afuera —respondió Bienvenido.

Briana frunció las cejas.

—¿Un escritorio afuera? ¿Acaso no voy a tener una oficina privada? —preguntó Briana.

—Porque usted solo contesta las llamadas y organiza mis papeles —murmuró Bienvenido.

Pero luego reflexionó, no podía mostrarse prepotente ante ella.

—Gracias por su buena predisposición —comentó Briana, contorneando las caderas y saliendo por la puerta.

Bienvenido suspiró. No había sido tan malo el primer encuentro con una mujer. Incluso era bonita y al parecer había estado coqueteando con él. Sin embargo, apartó esos pensamientos. No podría estar con nadie, puesto que ninguna mujer lo había considerado atractivo.

Adriana estaba analizando a su jefe, viendo sus debilidades y la manera de poder conquistarlo. Era una experta en eso. Había estado con muchos millonarios y les había robado el corazón a cada uno de ellos. ¿Cuál sería la diferencia con este?

—Te enamoraré, cariño —comentó con una sonrisa coqueta.

—¿Necesita algo más, señor? —preguntó Briana cansada. Eran las 9 de la noche y lo único que quedaban eran los dos.

—No, puedes retirarte —respondió Bienvenido.

Briana se puso de pie y se acercó a él, rodeando el escritorio.

— Puedo ayudarlo a relajarse, lo veo tenso —comentó Briana de manera coqueta.

—Estoy bien —respondió Bienvenido sin mirarla.

—¿De verdad? —preguntó Briana inocentemente mientras se acercaba a él. Depositó sus pequeñas manos en los hombros gruesos de Bienvenido, quien abrió los ojos con sorpresa.

—Te dije que estaba bien —comentó Bienvenido, intentando quitar sus manos, pero se detuvo al sentir las caricias que Briana le proporcionaba, lo cual lo relajó al instante.

Briana, sintió los músculos debajo de sus pequeños dedos; con cuidado, masajeó el área de la espalda, y los dos se quedaron en silencio. Bienvenido sintiendo las caricias de Su secretaria, cerrando los ojos y disfrutando.

—Le gusta así —murmuró cerca de su oído, rozando sus labios con el óvulo

—Me encanta —ronroneo Bienvenido.

—Me alegra, Yo solo quiero ser muy eficiente en mi trabajo —comentó dando un doble sentido.

Bienvenido, comprendió las intenciones de Briana.

—¿Y cuáles serían sus intenciones para que yo este conforme? —preguntó curioso.

—Lo que usted me pida —dijo, en un susurro, el cual fue llevado su oído.

—Si quieres puedo mostrarme —comentó, se había comenzado a excitar, era una mujer guapa. Su voz muy sensual le había erizado la piel.

Briana sin dudarlo un segundo, se puso delante de él, abrió las piernas, y sonrío

—Tóqueme —pidió, y él la miró con atención.

—Entonces… usted va directo al grano —comentó.

—Lo sé, entonces ¿quiere o no? —preguntó divertida.

—Quiero, pero no debo —comentó y después añadió: — Usted es una mujer muy hermosa, tiene que hacerse respetar un poco más.

Briana, quedó con el rostro desencajado, nunca ningún hombre le había dicho algo así

—¿Disculpe? —preguntó molesta.

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Esposa del feo millonario

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