Capítulo 2

Madelaine no era la única nueva allí, pero sin dudas era la más interesante del lugar. Las presas habían oído que se trataba de una niña rica con una familia influyente, carne dócil y sin dudas un juguete entretenido que a muchas les gustaría probar.

La perra, según ellas, no sabía nada sobre este nuevo mundo, por lo que sería bueno tenerla de amiga sabiendo el dinero que cargaba y las miles de posibilidades que tenían con ella.

—Mira nada más, una nueva.

Margot, una rubia alta de unos cuarenta y cinco años se aparece con una sonrisa en su rostro, acompañada de dos chicas más jóvenes. Chepy, la mujer con aquel tatuaje en su rostro de un símbolo extraño, de unos treinta y dos, y la morena de trensas, Tatiana, tatuaje de serpiente en el cuello y un ojo de cada color la miraba con una sonrisa.

—Oye, tú. ¿Eres nuestra nueva compañera? —Tatiana se acerca a la cama, mirando como Madelaine está acurrucada, mirando hacia la pared

—Creo que es muda —se ríe Chepy

—Es su primer día, deberíamos dejarla, eh —menciona Margot

Tatiana y Chepy se sientan en la cama de abajo, mientras que Margot se sienta sobre la silla que está al lado de la pequeña mesa.

—Jose está preguntando por ella —murmura Chepy

—¿Ah si? —tatiana levanta una ceja— ¿Y como para qué?

—No lo sé, pero si ella se está metiendo en este asunto nuestra amiga le parece más interesante que cualquiera aquí.

—Eso parece —responde Margot pensativa—. Vamos a tenerla alejada por el momento, me gustaría saber qué es lo que quiere y si Scarlett está metida en esto.

—No creo que la chica le funcione...

Dentro de la cárcel había una líder y también muchos grupos fuertes, pero Scarlett era la responsable de la mayoría de los negocios allí dentro, y si Scarlett se interesaba en alguien entonces no sabías si esperarte algo bueno o directamente lo peor.

Josephine era una de sus chicas, pero la mujer no solía meterse en los negocios ni estar a su lado la mayoría del tiempo, como las demás, sino que tenía una buena relación y sabía que cuando Josephine necesitaba un favor, pagaba muy bien para ello. Scarlett le tomó cariño unos años atrás cuando la mujer había ingresado, pero la mujer era muy conservadora y mantenía distancias entre la mayoría de las reclusas, pero todas sabían que ninguna podía meterse con ella porque era la hija favorita de Scar.

Josephine era una mujer alta, de cabello negro y ojos verdes azulados. La belleza era extremadamente evidente, y en cierta forma muchas estaban atraídas por la mujer, aunque ella no demuestre ni un poco de interés.

Nadie sabía demasiado, o al menos no de toda la verdad que había tras su arresto, la mayoría eran especulaciones y algunas que otras investigaciones cuando el bando que estaba contra Scarlett intentó averiguar una vez que la mujer se volvió una de las favoritas de la jefa.

—Oye, Margot —una de las presas se aprece en la puerta de la celda con una sonrisa en su rostro mientra masca chicle—. ¿Qué quieres para dejar la celda por un momento?

La mujer la mira y se pone de pie, sabía que ella pertenecía a una de las mujeres cercanas a Josephine, y teniendo en cuenta dónde pertenecía la ojiverde, supo que no iba a ser tan desalmada de dejar a la mujer. Si las chicas habían dicho que Josephine la buscaba, ahora lo acababa de confirmar.

—¿Cómo para qué? —se cruza de brazos y la mira

—Solo queremos conocer a la nueva, sin problemas. ¿Que te parece un kit de maquillaje de la despensa? —Chepy sonríe y asiente

—Bien, yo si quiero —Margot la mira de mala manera

—Tu no quieres. Y no dejaremos esta celda, ve a decirle a Josephine que la nueva no está sola, sea lo que sea que quiera con ella.

La mujer asiente con su cabeza y decide alejarse, sabía que Margot no era de muchas pulgas, y aunque no supiera que es lo que Josephine quería con ella, tenía certeza de que las cosas se le iban a complicar.

—¿Qué te pasa? —gruñe Margot mirando a Chepy—. Te recuerdo que fuiste como ella y te salvé el trasero de que te manden a aislamiento cuando golpeaste a la vieja del patio. No te dejes comprar por una mierda

—Vamos, Margot. Solo era una broma, no iba a entregarla.

Madelaine había escuchado toda la conversación, sentándose en la cama mientras pensaba si era bueno hablar en medio de su discusión o no. No entendía nada de lo que estaba pasando, pero al menos esas personas no parecían tan aterradoras.

—Oye, tú —Tatiana la mira— ¿De dónde conoces a Josephine?

—Yo no conozco a ninguna Josephine y mucho menos si está en prisión —Margot se ríe y se adelanta para palmear su pierna

—Cariño, ahora todo lo que conocerás será dentro de prisión. Josephine es un ser solitario pero que tiene protección, de personas pesadas aquí adentro. No suele interesarse por nada, mejor creo que está como viviendo en un mundo paralelo, dejando pasar el tiempo —aclara su garganta—. A lo que voy es que si está buscándose debe ser por algo, yo que tú me cuidaría.

—Duerme con un ojo abierto —le recomienda Chepy

—Me iré mañana —le informa ella—. Además no puede hacerme daño aquí adentro.

Una sonrisa burlona sale de los labios de Margot y solo se limita a girarse y volver a su silla. No iba a discutir sobre políticas carcelarias con una niña rica que apenas ingresa, eso lo va a ir descubriendo a medida de que los días pasen.

De arriba del estante saca un maso de cartas y comienza a tirarlos sobre la mesa, concentrándose en lo que estaba viendo. Presta atención a lo que sucede a su alrededor, mientras que Tatiana y Chepy discuten sobre las nuevas clases que comenzarán la próxima semana.

—¿Ustedes porqué están aquí?

Margot levanta la vista, observando como la pelirroja balancea sus pies en el aire. La mujer aclara su garganta y deja la cartas por un momento.

—¿Porqué no bajas aquí? —Madelaine lo piensa por un momento y termina accediendo, corriendo la silla frente a la mujer. La pelirroja saca del bolsillo de su uniforme un pequeño recipiente de alcohol en gel, poniendo un poco del producto en sus manos— ¿De donde sacaste eso?

—Oh... me lo dieron en la entrada.

—¿En la entrada? —levanta una ceja y niega con su cabeza—. Tu familia es influyente, ¿Cierto?

—Si. Mi padre es un importante empresario mientras que mi prometido es candidato a diputado de la nación. Mi madre era una modelo en su época, ahora es diseñadora de modas y mi hermano es modelo.

—Ahora lo entiendo —murmura la mujer

—¿Y tú que eres? ¿Una esposa trofeo o realmente tienes una vocación? —pregunta Chepy mientras señas obsenas con su lengua y boca

—Manejo la empresa familiar y también

—Bueno, una jodida familia perfecta. ¿Porqué demonios estás aquí? —Tatiana frunce el ceño

—Fue.... fue un error —suspira—. Hubo un accidente de tránsito y un motociclista resultó herido —Chepy levanta la vista

—¿Eso es todo?

—El hombre falleció.

—Oh, una puta asesina. Bienvenida al club —bromea Tatiana

—No fui yo, mi prometido estaba conduciendo, fue un accidente y yo...

—¿Tu prometido? ¿Y porqué demonios estás aquí? —vuelve a preguntar Tatiana

Madelaine no responde nada, no tenía intensiones en que aquellas mujeres supieran lo que su padre le había pedido, ni tampoco que el hombre que amaba la había metido en todo esto, pero no es que con su cara pudiera disimular la decepción.

—Bueno, él te traicionó, cariño. Todos estamos aquí por ser unas jodidas imbéciles —le dice Chepy

—¿Tú no estabas aquí por vender drogas en las esquinas? —pregunta Tatiana, haciendo reír a Chepy

—Lo hice por amor, mi novio quería que entre en el negocio, mi cielo —se ríe—. Bueno, al menos eso fue hasta que lo encontré con mi prima y le di un balazo en la pierna.

—Has contado esa historia un millón de veces —le dice la mujer

—¿Alguna vez has sentido cómo se le parte la nariz a alguien en tu puño? —Chepy se ríe ante el rostro de horror por parte de Madelaine—. Eso le sucedió a mi prima, la he dejado como la mierda.

Capítulo 3

Sentado en su despacho, Steve Roige recibe un llamado, sabía que era importante porque era un contacto que tenía en prisión, muy cerca de su hija. Ese fue el motivo que hizo que se encerrara allí para que nadie lo escuchara.

—¿Qué novedades tienes? —le pregunta directamente

—Ha ingresado una nueva, he confirmado de que se trata de Madelaine Lauder. Por lo que dicen no estará por mucho tiempo, pero Josephine ha estado preguntando por ella, parece estar muy interesada en la muchacha.

—Bien. Vigila a Lauder desde lejos y me informas.

Steve maldice por lo bajo, porque sabía que su hija estaba interesada en esa mujer y no por cosas buenas. Lo mejor que podía intentar hacer era sacarla de allí, no podía estar cerca de Josephine. Marcó el número de su amigo Kanye y esperó a que le respondiera, tenía que encontrar alguna manera de prevenir una catástrofe.

—Kanye, querido. Es una suerte que te haya encontrado, tengo que decirte algo muy importante. Me he enterado lo de tu hija, lo siento mucho.

—También yo, pero no tuvimos otra opción —dice lamentándose— ¿Cómo te has enterado lo de Madelaine?

—Un contacto en prisión me lo dijo. ¿Tienes idea de dónde está ella?

—Claro, es la prisión de Michigan.

—Si, donde está Josephine, Kanye —suspira—. Necesitamos sacar a tu hija de allí pronto.

—Lo intenté, Steve. No hay manera de que salga por el momento, solo podemos intentar negociar cuando las cosas se calmen.

Madelaine había quedado más que advertida con esa tal Josephine, que ni siquiera conocía. Solo deseaba que su padre la saque pronto de allí antes de que le hicieran daño, no le gustaba para nada como las reclusas la miraban, incluso metida en su celda.

Cuando la guardia llegó, no tuvo otra opción que tener que salir de allí, solo esperaba que las cosas no se pusieran feas.

—Brown, Mendes y Rawser, las esperan en el consejo

—¿Porqué? —cuestiona Margot

—¿No han pedido tener una propuesta para mejorar el empleo aquí? ¡Vamos que no tengo todo el día!

Las tres chicas festejan, chocando sus manos. Habían pedido innumerables de veces que la asistente social las atendiera para poder darles su pedido, al parecer el director y la asistente habían decidido por fin darles una oportunidad.

—Nos vemos en un momento, Rapuncel —le dice Tatiana con un guiño

—¿No puedo ir con ellas? —pregunta Madelaine

—No, te quedas aquí

Las tres mujeres se alejan de la celda mientras hablan entre ellas sobre la posibilidad de poder tener una respuesta positiva, después de todo el trabajo allí era una completa basura, sin contar el salario de mierda que tenían.

Madelaine deja caer su cabeza sobre la almohada, pensando en dónde estaría su padre y si ya vendría por ella. Se supone que había prometido que no tardaría tanto. Escucha un silbato y mira hacia la puerta de la celda, donde está una de las oficinales con los brazos cruzados.

—¿Qué haces aquí todavía? ¿No has escuchado que es hora de la ducha para este sector?

—Lo siento, yo no lo sabía, soy nueva —ella le sonríe e intenta ofrecerle su mano en cuanto baja de la cama—. Oh... ¿Dónde puedo buscar mi shampoo y mis cosas para la ducha? —la oficial se ríe

—Si eres nueva tienes que saber que eso lo obtienes en la despensa y no tendrás saldo hasta dentro de cuarenta y ocho horas —suspira y se inclina, tomando una toalla enrollada que estaba a un lado, junto con un jabón y un cepillo de dientes—. Pensé que te habían dado esto. ¡De prisa!

—Lo siento, señorita. Pero no puedo darme una ducha solo con esto, necesito mis productos, mis cremas —la oficial vuelve a reír a carcajadas

—Mira, querida. Aquí no vas a tener nada de eso, estás en prisión. Mueve el trasero si no quieres que te reporte, sigue a las demás. ¡Ahora!

Bajo la atenta mirada de las otras reclusas, Madelaine decide obedecer y seguir al resto de las mujeres, caminando con aquella toalla hacia un pasillo largo. No podía creer que aceptaran bañarse en esas condiciones, se supone que la higiene era importante.

Con una de sus manos tapa parte de su visión al entrar al baño y ver a todas desnudas, sin problema alguno mientas el vapor de las duchas llena el gran lugar. No tienen cortina, ni siquiera un poco de privacidad mientras se duchan, y lo peor de todo es que parece no importarles.

—Veo que ahora estás sin amigas —le dice una mujer con una sonrisa en su rostro— ¿Acaso eres nueva? ¿Qué hace una mujer como tú aquí? —ella intenta abrazarla por los hombros y Madelaine se quita

—No me toques —se queja la pelirroja— ¿Quién eres tú?

Las mujeres comienzan a observar la escena sin hacer nada, aquella mujer alta y de cabello negro parece estar satisfecha con su rostro miedoso. Había escuchado sobre la niña rica que estaba indefensa y la que probablemente también recibiría una buena cantidad de dinero. Ella sería su perra perfecta.

—Supe que eres una de alta sociedad, ¿Acaso tu papi no te ha podido sacar de aquí? —se ríe— ¿Qué se supone que has hecho? ¿Rompiste la uña de alguien más? ¿O has dicho malas palabras en público?

—Vete a la mierda —dice Madelaine con la mandíbula apretada. Al darse vuelta para irse de allí, la mujer chasquea su lengua.

—Tienes un mal genio. Voy a darte una oportunidad solo porque eres nueva y no sabes quien soy. Tienes tres segundos para venir y pedirme disculpas, si no quieres terminar con tu cabeza dentro del wáter.

Madelaine podía ser una mujer de alta sociedad, refinada y de buenos modales, pero jamás había permitido que alguien la intimidara, y mucho menos lo haría en prisión. Prefirió ignorarla y dejar la toalla sobre un banco de madera que había allí, pero la mujer parecía no darse por vencida.

—Te estoy habl... —la mujer gira bruscamente a Madelaine por el hombro, sin esperarse que ella le diera una cachetada por el susto.

La había tomado desprevenida, pero cuando miró los ojos de aquella mujer supo que se había confundido. Y carajo, ni siquiera sabía de dónde había salido aquel golpe.

—Has firmado tu sentencia de muerte, zorra. ¡Pídeme disculpas ahora mismo! —le grita, tomándola del cabello

—¡No! —gruñe Madelaine, negándose a dejarse intimidar

Fue ahí cuando sintió el primer golpe en su boca, con el puño cerrado. La sangre comenzó a brotar por su barbilla después de que el impulso llevara su cabeza hacia atrás, jamás la habían golpeado de esa manera, pero sabía que tampoco sería la última vez.

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Engaños mortales

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