Capítulo 2

No hay mayor diversión en mi rutina diaria. Todos los días son muy iguales para mí. El mismo sol, la misma lluvia, el mismo cielo, el mismo color opaco que me envuelve desde hace muchos años.

«¿Qué hay de diferente en el exterior que no haya visto antes?».

Ver el rostro de las personas me irrita. Ver lo felices que pueden ser algunos me resulta desagradable. Ver lo arruinados que son otros tantos es un poco gracioso. Pero sea la emoción que sea, detesto que respiren mi mismo aire. Quisiera apagar voces, cerrar ojos y cortar manos para evitar todo contacto con la humanidad, pero somos una plaga que difícilmente se puede erradicar.

En este tiempo, donde los recuerdos me atacan con mayor intensidad, no me soporto ni yo mismo.

«La mejor solución siempre ha estado a mi alcance y soy tan cobarde que no soy capaz de quitarme la vida por mi cuenta».

Observé mi arma sobre la mesa y sonreí ladeado, queriendo tirar del gatillo y dejar de pensar para siempre.

Es tan hermosa, su color blanco, lo brillante que es gracias al enchape de oro y el gran poder que tiene me cautiva de sobre manera, pero ¿de qué me sirve sentirme atraído hacia la muerte si no puedo disparar el arma en contra de mí mismo?

Irritado, desvié la mirada hacia la ventana y contemplé las rosas blancas que adornan mi jardín. Verlas allí, tranquilas, hermosas y moviéndose ligeramente por el viento me recordó a mi flor marchita y llena de espinas. Siempre que las veo, la calma se mezcla con la angustia y esos deseos de tenerla solo para mí.

-¿Dónde estás, Viola? - cerré los ojos, trayendo su figura y su rostro a mi mente-. ¿No quieres que te encuentre? ¿Acaso eres feliz sin mí? ¿Encontraste un hombre mejor que yo? ¿Puedes amar a otro tan tranquilamente, como si yo nunca hubiese existido? ¿Acaso no serías feliz haciéndome sufrir en tus manos? Siendo sincero, quisiera morir por ti.

He vivido por años en el silencio de mi soledad y me he acostumbrado tan rápido a esta, que cualquier tipo de ruido me fastidia. Y desde que conocí a Samantha, mi silencio fue invadido.

-¿Qué haces ahí, idiota? Cada día te vuelves más ermitaño y viejo.

-¿Quién te invitó a mi casa? Te recuerdo que no eres bienvenida aquí.

-Mi hija está cumpliendo dos años por si lo has olvidado, Cavalli. Eres su tío favorito y quería venir a verte. Dime, ¿qué puedo hacer? Soy una madre que vive sometida a la voluntad de su pequeña.

-No quiero niños jugando en mi jardín.

-Sentimos mucho venir sin avisar. Espero que no estemos interrumpiendo algo importante - Logan se disculpó, tan formal y educado como lo ha sido siempre.

-¿Por qué te disculpas, mi amor? ¿Acaso no ves que este idiota no hace nada más que quedarse ahí mirando por la ventana? Hasta puedo jurar que lleva días aquí, en la misma posición, sin comer y si quiera sin bañarse - me tomó del mentón y me obligó a mirarla-. ¿Qué mierda estás haciendo, Seth?

Se ve tan diferente a cuando la conocí, pero igual e incluso mucho más hermosa que antes. Aunque su actitud y temperamento sigue siendo el mismo, ahora en su mirada hay brillo y vida. El amor de ese buen hombre ha hecho que su verdadero ser salga a relucir. No me molesta que se preocupe por mí, después de todo, no me hace sentir tan miserable, pero me da cierta punzada en el pecho tener que verla a los ojos y recordarla a ella.

Por eso quedé tan enloquecido con Samantha, por su gran parecido con mi Viola.

-¿Eso es cierto? - Logan se paró frente a mí y puso su mano en mi hombro-. Puedes hablar si te hace falta. Yo siempre te voy a escuchar.

-Aunque es excitante, ya no eres cura, pastelito.

-Vayan con su miel a otro lado - miré los dos pequeños correr por el jardín y le di una mirada de advertencia a Samantha-. No la quiero ver cerca de los rosales.

-¡Es una niña! Ella no sabe de tu fetiche extraño con tus rosas - me señaló de pies a cabeza-. Ponte guapo, ¿sí? Te esperamos abajo para cenar juntos.

En cuanto Samantha nos dejó solos, Logan me atacó a preguntas. Sigue siendo tan irritante como hace un par de años. ¿De dónde saca tantas preguntas? No hice bien al hablarle sobre mi pasado, pero este hombre tiene un don natural para hacer hablar a cualquier muerto.

-No puedo ponerme en tu lugar, pero ya han pasado muchos años. Considero que debes salir de esta casa y dejar su recuerdo atrás.

-Eso es imposible. No se puede olvidar a una persona que ha quedado tatuada en la piel.

-Sal de estas cuatro paredes. Conoce gente. Aún estás a tiempo para socializar.

-Que gran consejo, padre - me burlé, quitándome la camisa.

-Siempre puedes tomar el consejo de Samantha. Una cita a ciegas es perfecto para ti.

-¿Es en serio? ¿Y qué se supone que voy a poner en mi perfil? - tomé un cigarro y lo llevé a mis labios-. ¿Qué soy un asesino, traficante y que me gano la vida a costa de otras?

-No precisamente - murmuró-. Solo con que pongas que eres un hombre de negocios y una fotografía, atraerás muchas mujeres bonitas.

-Claro, posiblemente a las que quieren mi cabeza en su sala de entretenimiento - bufé-. No pierdan su tiempo conmigo. Controla a tu esposa, hazle más hijos, amárrala a la cama, qué se yo, pero no la quiero volver a ver en mi casa.

-Bueno - carraspeó-. Tú más que nadie sabes lo terca que es. Sam está preocupada por ti, Seth. Eres su amigo y te quiere ver bien.

-Tomaré una ducha, ve con tu esposa e hija y asegúrate de que no hagan un desastre en mi casa - cambié de tema intencionadamente y suspiró, antes de salir de mi habitación.

No puedo negármelo a mí mismo, que Samantha, la pequeña princesa y Logan vengan con frecuencia a mi casa es una costumbre que no quiero perder. Ellos son los únicos que, aparte de mi personal y mi soledad, veo a lo largo del año y tengo.

Capítulo 3

-Bebiendo desde tan temprano, ¿eh? - escuché un susurro detrás de mí y cerré los ojos-. Últimamente bebes de más.

Luego del cumpleaños de la princesa Scarlett, Samantha no ha dejado de venir a saber cómo me encuentro, si sigo vivo o ya morí encerrado en mi amargura y soledad.

-¿No tienes mejores cosas qué hacer?

-La verdad no.

-¿A qué has venido, Sam? ¿No deberías estar en casa, junto a tu esposo e hija? Además, estás embarazada. No te arriesgues al venir aquí.

-Soy cuidadosa, ¿o acaso ya no confías en mí?

-Siempre he confiado en ti, solo que ya no tienes que arriesgar tu vida cuando otras dependen de ti.

-Estaré bien, no tienes que ser tan extremista, Seth - se sentó a mi lado y apoyó su cabeza en mi hombro-. Nos iremos de vacaciones un par de días, ¿por qué no vienes con nosotros? No me gustaría regresar y encontrarme con tu sexi cadáver.

-No puedo irme. Sabes a la perfección que desde aquí dirijo todo.

-Viejo mentiroso, si son tus empleados quienes hacen tu trabajo. Tú solo te quedas aquí, bebiendo y fumando mientras tus bolsillos se llenan de dinero.

-No voy a ir.

-¿Por qué?

-Te estás pareciendo a tu esposo, ¿lo sabías? - la miré de reojo y sonrió-. Estoy por creer que me quieres inducir a una cita a ciegas. Ya te dije que no me interesa conocer a ninguna mujer.

-Podemos organizar una cita con un hombre - bromeó, encogiéndose de hombros-. Tú solo dime lo que quieres y te lo pongo sobre la mesa.

Guardé silencio, volviendo la vista a una de las pantallas de la habitación.

-No puedes darme lo que yo quiero.

-Todavía me pregunto qué tan importante es esa mujer. Han pasado quince años y sigues atado a su recuerdo.

-Es muy importante para mí - suspiré -. Es mi vida entera...

Samantha me hizo compañía un par de horas, sin ahondar en un tema que es tan importante y delicado para mí. Aunque hace unos años creí quererla, ahora solo me queda la gratitud de su amistad. Si no hubiera sido por ella, hace mucho habría desfallecido.

*

Samantha y Logan insistieron tanto que no tuve de otra opción que ir con ellos de vacaciones. Nunca debí haber aceptado sin antes preguntar a qué lugar iríamos.

Italia es mi hogar, el lugar que me vio nacer y morir. Hace mucho no venía y estar hoy aquí me trae un sinfín de recuerdos de mi Viola. Todo lo malo y lo bueno que viví junto a la mujer que he amado se quedó atrapado en el aire y ahora me golpea con una fuerza sobrenatural. El corazón lo sentía apretado en mi pecho y dolía como hace mucho no lo hace.

Había aceptado venir porque me dije a mí mismo que distraer mi mente y alejarme de ese fantasma sería lo mejor para tratar de olvidar, pero no tenía ni la menor idea de que vendríamos al lugar en el que nació y murió mi amor. Respirar este aire me transporta al pasado. No puedo evitar sentir la nostalgia. Siento deseos locos de ir a buscarla como en los viejos tiempos y traerla a nuestro lugar, pero sé que ella ya no estará para recibirme con sus brazos abiertos y una dulce sonrisa en sus labios.

-¿Todo bien? - inquirió Sam en cuanto bajamos del avión privado.

-Sí.

-¿Recuerdas que cuando me trajiste, me dijiste que podía quedarme con la casa una vez me casara?

-Lo recuerdo, pero el trato era si te casabas conmigo.

-Nunca hicimos semejante trato - soltó una risita-. Como ya estoy casada, ahora me pertenece.

-¿No tienes suficiente dinero para comprar una casa?

-Esta casa es como una hebra de tu cabello, una más del montón.

«Si en realidad supieras que fue en esta casa donde amé tanto hasta que perdí la razón y destruí mi propia vida, entenderías muchas cosas que no puedo explicar».

Miré la casa frente a mí y sonreí con mi corazón desgarrándose de dolor. En cada rincón de esta casa hay promesas sin cumplir que ahora solo vagan por los pasillos.

-Es una casa muy grande y hermosa - aludió Logan, con la pequeña Scarlett en sus brazos.

-Ven, te mostraré el jardín. Es precioso y enorme.

«Y mis rosas deben estar destruidas».

Samantha estaba tan emocionada que no dije nada para no arruinar el momento. Le hice la promesa hace años sin pensar, cuando creía que podía curar las heridas de su corazón y amarla con locura.

Se llevó a su esposo de la mano y los seguí a una distancia prudente y en completo silencio. Soy feliz al ver lo feliz que es ahora. Al fin tiene lo que un día destrozaron sin piedad. Logan es perfecto para ella, por más que sean de mundos muy diferentes, se complementan el uno al otro. Fueron creados para estar juntos.

Llegamos a la parte del jardín y mi corazón sintió gran dolor. La maleza las consumió por completo, al igual que el alto pastizal. Sin nadie quien cuidara de ellas, era normal que se marchitaran.

Me acerqué a uno de los arbustos donde antes las rosas se veían llenas de vidas y muy bonitas y suspiré. Debí quedarme a cuidarlas, después de todo, fue por ella que mi obsesión casi enfermiza surgió de la nada.

Violetta amaba las rosas y llenó el jardín de la que sería nuestra casa de ellas para que nunca hicieran falta, pero ya no queda nada más que malditos recuerdos que parecen no querer soltarme. Sin importar en el lugar que me encuentre, ella me persigue.

-Este lugar se ve muy diferente

-Puedo arreglar el jardín sin problema - dijo Logan.

-Déjalo como está - dejé en claro, antes de dar la vuelta y alejarme de ellos.

Abrí la puerta de la casa y entré a paso lento. Su risa, su voz, su pequeño y hermoso cuerpo, su desnudez, su mirada traviesa e inocente, su boca llamándome a probarla, sus descaradas insinuaciones para que la hiciera mía en cualquier espacio de la casa, su forma de amarme; todo su recuerdo me golpeó con la misma fuerza que posee un huracán destructivo.

Realmente no puedo permanecer en esta casa bajo su constante recuerdo. Mi padre me recalcó muchas veces que no podía demostrar las debilidades de mi humanidad, que debía atraparlas en mis manos y acabarlas hasta asegurarme que no quedara nada de ellas. Que no podía sobrevivir en este mundo si mostraba al mundo un ápice de debilidad y es así como funciona, entre más bastardo eres, mayor respeto y poder ganas. Pero Violetta es mi mayor debilidad, la única que es capaz de destruirme.

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