Capítulo 3
Después de un rato de conversación, Vanessa y el señor Miller hicieron pasar a los demás al estudio.
—Sobrino, he decidido que lo mejor será que vayas a casa del señor Miller —dijo Vanessa.
—Pero tía…
—¡Sin peros! Harás lo que te diga. Recuerda que aún tengo tu custodia, así que yo daré la autorización para que te puedas casar antes de cumplir los 18 años —interrumpió Vanessa.
—No tienes por qué tener miedo. Como te dije anteriormente, conocí a tu padre hace 18 años.
Lastimosamente, él se nos adelantó muriendo en una misión. Yo era el teniente coronel en aquel momento, así que estoy en deuda con tu padre —explicó el señor Miller.
—Le agradezco que pensara en mí después de tanto tiempo de su deuda, pero ya han pasado 18 años. Esa deuda ya no es necesario que la pague. Debería olvidarla.
Además, ¡es tan descabellado que tenga que casarme con otro hombre! No tengo nada en contra de eso, pero ya tengo una novia —respondió Dylan.
—Por eso no hay problema. Solo estarían casados en papel. No es necesario que ustedes dos consuman su matrimonio. Solo tendrías que vivir con nosotros y después del matrimonio mantener tus relaciones extramatrimoniales en silencio.
Serías ante todos los demás el nuevo miembro de la familia Miller. Este matrimonio debe durar al menos 3 años. Después de eso, cada uno puede tomar su propio camino —explicó el señor Miller, tratando de persuadir tanto a Dylan como a su nieto, quien aún no estaba muy de acuerdo con la idea.
—¡Aun así, no acepto! Prometí que me casaría por amor, no sé si en el futuro será con un chico, pero lo haré por amor —declaró Dylan.
En ese momento, habló el nieto del señor, quien tenía una voz profunda y dominante. Era el único descendiente con derecho a la herencia del abuelo.
Aunque tenía primos hijos de tías, él era el único nieto de un hijo varón, por lo que toda la herencia sería suya al fallecer el abuelo, quien lo había criado desde los 3 años. Por lo tanto, tenía muchos enemigos que buscaban derrocarlo.
Pero nadie había podido con él aún, excepto por la maldición que lo acechaba. Eso lo hacía estar solo, y el abuelo sentía que aquello le dolía a Leví, quien cada vez se volvía más solitario y gruñón. Por eso, no le importaba con quién se casara su nieto, solo quería que fuera alguien que lo hiciera feliz.
—Abuelo, será mejor que nos vayamos. No es necesario esto. Ya dije que no. Será mejor que te rindas —dijo Leví.
—Pero nieto, no quiero que el día que yo falte estés tan solo —respondió el señor Miller.
—Abuelo, no te preocupes, por eso estoy seguro de que encontraré a mi pareja, ya sea él o alguien más. Vamos a encontrar a alguien que rompa la maldición —le decía Leví.
—Bueno, será mejor que nos vayamos entonces. Ustedes pueden continuar con su celebración.
Como el muchacho no quiere, no lo obligaré a nada, pero aquí tienes la tarjeta de presentación de mi nieto por si cambias de opinión.
Llámalo o ven a buscarme a mi mansión si lo necesitas —dijo el señor Miller, entregando la tarjeta a Dylan, quien la guardó en el bolsillo de su pantalón.
Ambas personas se despidieron y fueron encaminadas por Gaspar, mientras Dylan se quedaba en el estudio junto a su tía.
Sin previo aviso, Dylan sintió un fuerte golpe en el rostro, proveniente de su tía.
—¿Tía, qué te pasa? ¿Por qué me estás golpeando ahora? —preguntó Dylan, sorprendido y con dolor en el rostro.
—¿Cómo te atreves a desobedecerme? Eres un malcriado que merece un correctivo. No aprenderás que aquí la que manda soy yo. Mientras vivas bajo este techo, harás lo que yo te diga, ¿entiendes? —dijo Vanessa, furiosa.
—Tía, te he permitido durante los últimos 15 años hacer lo que quieras conmigo, porque aún soy menor de edad y la ley me obliga a estar contigo.
Pero respecto a mi matrimonio, es algo que decidiré yo y no quiero que intervengas o, peor aún, elijas a la persona con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, solo tengo 17 años y ni siquiera se me había cruzado por la cabeza, algo tan absurdo como el matrimonio —respondió Dylan, con determinación en su voz.
—¿Crees que tus decisiones te llevarán a un lugar mejor? Ya lo veremos —dijo Vanessa, con una sonrisa sarcástica que hizo estremecer a Dylan, quien sabía que no le esperaba nada bueno.
Unas horas después, la fiesta llegaba a su fin y Dylan se quedaba a limpiar todo. Sus familiares le ordenaron que no hiciera ruido, ya que su primo y Vanessa querían descansar.
—Sabes lo agotador que fue tener que dar explicaciones después de la fiesta, ¿por qué estaba aquí el señor Miller? Oh, ¿por qué te quiere casar con su nieto? ¿Cómo voy a saber yo por qué ese viejo desgraciado querría que alguien tan insignificante como tú se case con su nieto? —le dijo Vanessa a Dylan con desprecio.
—Madre, el joven amo Miller ni siquiera miró a mi primo de reojo. Yo estuve pendiente para ver si estaba interesado en él, ¡pero al parecer se interesó por mí! ¿Viste cómo me miraba? Si no fuera por su pánico a los gérmenes, seguro que no solo me habría estrechado la mano —dijo Gaspar, con orgullo en su voz.
Dylan solo sonreía mientras tomaba la cubeta para limpiar el piso y, colocándose los auriculares, ignoraba a sus familiares. Aunque no podía sacarse de la cabeza las palabras de su primo. ¿Sería verdad que el joven amo Miller se había interesado en Gaspar? Dylan no podía evitar preguntarse si Gaspar estaba diciendo la verdad o simplemente estaba tratando de burlarse de él una vez más.
Mientras limpiaba, Dylan se sumergió en sus pensamientos. Recordó todas las veces que su primo había sido cruel con él, burlándose de su apariencia, de su falta de popularidad y de su personalidad introvertida. Siempre había sido el blanco de las burlas de Gaspar, y ahora esto parecía ser solo otro intento de lastimarlo.
Decidió que no iba a dejar que esto lo afectara. No importaba si el joven amo Miller realmente se había interesado en Gaspar en lugar de él. Dylan no tenía intención de casarse con nadie en ese momento, y mucho menos con alguien elegido por su tía Vanessa.
Terminó de limpiar y se dirigió a su habitación. Se tumbó en la cama y sacó la tarjeta de presentación del bolsillo de su pantalón. La miró por un momento y luego la guardó en un cajón. No tenía intención de llamar al joven amo Miller, ni de buscar su ayuda. Prefería enfrentar sus problemas por sí mismo.
Dylan se prometió a sí mismo que no dejaría que la manipulación de su tía ni las burlas de su primo lo afectaran más. Estaba decidido a encontrar su propia felicidad y tomar sus propias decisiones, incluso si eso significaba enfrentarse a ellos.