Capítulo 2
Dylan siguió sirviendo tragos sin prestar mucha atención a las palabras de su primo Gaspar.
Gaspar se colocó en el centro de la sala de su casa, dispuesto a brindar con todos los invitados.
En ese momento entra a la sala el señor Jackson, un anciano de unos 65 años acompañado de un hermoso joven de unos 20 años, quien es ampliamente conocido por ser el director general de la compañía de tecnología más grande de la ciudad, a tan solo 17 años de edad.
Esta empresa es reconocida mundialmente por los teléfonos inteligentes y computadoras que fabrica.
—Bienvenido a mi fiesta, señor Miller. ¡Es un honor para la familia Smith que estén aquí hoy en nuestra humilde casa! —exclama la señora Vanessa.
—Pensé que ya no vendrían, pero gracias por hacerse presentes en una fecha tan importante para mí y mi hijo. Ven, ven —le dice la señora Vanessa mientras mueve las manos hacia Gaspar.
—Mucho gusto, soy el joven amo de la familia Smith —dice Gaspar, extendiendo la mano hacia el joven que está junto al señor Jackson.
El joven solo lo deja con las manos extendidas, hasta que interviene el señor Jackson.
—Me disculpo por los modales de mi nieto… Es un poco quisquilloso con la limpieza —les menciona.
—¡Oh, no, oh, no!… No hay ningún problema, señor Miller. Mi hijo comprende muy bien a su nieto —dice la señora Vanessa.
—Bueno… seré directo y no me andaré con rodeos… Les comento la razón por la que hoy me encuentro aquí.
Estoy aquí, no por su fiesta, estoy aquí porque vengo a llevar a casa al jovencito Dylan Brown… ¡Me imagino que es su sobrino!… ¿Verdad? —le dice el señor Jackson Miller a la señora Vanessa.
—Bueno, sí es mi sobrino, pero en este momento él no está dispuesto a recibirlo —dice un poco desconcertada la señora Vanessa, ya que no sabe cómo su sobrino conoce a los Miller.
—Disculpen, yo soy el joven Dylan Brown, pero no recuerdo conocerlo, así que por favor dígame en qué puedo ayudarle.
—Tú eres el pequeño Dylan entonces. Yo conocía a tu padre, por eso estoy aquí hoy —le dice el señor Jackson.
—Estoy aquí porque quiero que te cases con mi nieto —dice el señor Jackson, dejando a todos los presentes sorprendidos por tan abierta propuesta.
No se sorprenden por el hecho de que se le esté proponiendo matrimonio a otro hombre, sino por el hecho de que ya han muerto tres prometidas anteriores.
Aunque nadie sabe que anteriormente también murió un chico, por eso se dice que aquel jovencito está maldito y nunca disfrutará del amor.
—Será mejor que hablemos en un lugar privado, sin tantos espectadores —les dice el señor Miller.
—Sí, sí, claro, síganos a nuestro estudio —dice la señora Vanessa mientras les muestra el camino.
Ya en el estudio se encuentran la señora Vanessa con su hijo, el señor Miller y su nieto.
El último en entrar a la habitación fue Dylan, a quien la propuesta del señor Miller no parecía sorprenderle.
—Señor Miller, discúlpeme, pero mi sobrino apenas tiene 17 años. Además, tengo su custodia legalmente, así que no puede simplemente venir y llevárselo. Él es mi sangre y debe estar conmigo.
—Escuche lo que tengo que decir y luego decida si me permite llevar a su sobrino o no. Pero necesito que estemos a solas, usted y yo —dijo el señor Miller.
Escuchando la orden del señor Miller, todos salieron del estudio dejando a las dos personas solas.
—Soy una persona directa y no me gusta alargar las cosas. Sé que hace 15 años usted saboteó los frenos del auto de su hermana, con el único propósito de obtener el dinero que la señora Estela dejó como herencia para el pequeño Dylan.
También sé que le ha mentido a su sobrino toda su vida acerca de sus padres, y que no le ha dado ni un centavo de la cuenta que fue creada especialmente para él. Esa cuenta existe desde antes de que Dylan naciera, y fui yo quien ordenó que se le enviara una cantidad de dinero mensual para su crianza.
Fue por mi culpa que su padre falleció antes de poder conocerlo. Él murió sin ver a su esposa de nuevo y no quiso saber el sexo del bebé que esperaban, quería que fuera una sorpresa al regresar.
Mi amigo estaba convencido de que sería una niña, por eso le prometí casar a mi único nieto, el hijo de mi hijo varón ya fallecido, con su hija. Aunque tengo más nietos varones, ninguno lleva el apellido Miller.
El padre de Dylan salvó mi vida cuando cometí un error que le costó la vida a él. Aunque al final su hijo nació siendo un varón, parece que mi nieto quedó maldito y todas sus parejas han muerto en accidentes.
Queremos romper la maldición casando a su sobrino con mi nieto, aunque la promesa se hizo antes de saber que sería un niño. Según el chamán al que suelo acudir, la maldición se rompe al casar a las personas comprometidas, porque ese fuerte lazo impide que mi nieto sea feliz en el amor.
Espero que después de escuchar mi historia, su sobrino pueda venir conmigo —dijo el señor Miller, dejando a la señora Vanessa petrificada.
—No, no, no. ¿Cómo cree que sería capaz de intervenir para que su familia rompa una maldición tan fuerte? —respondió la señora Vanessa, convertida en un manojo de nervios.
La señora Vanessa era una mujer hermosa y de buena presencia, pero cruel y ambiciosa, capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Durante 15 años había estafado a Dylan.
Ahora que se sentía descubierta, le importaba muy poco lo que le pudiera pasar a su sobrino. Si no rompía la maldición y terminaba muriendo, como todas las anteriores parejas del nieto del señor Miller.
Capítulo 3
Después de un rato de conversación, Vanessa y el señor Miller hicieron pasar a los demás al estudio.
—Sobrino, he decidido que lo mejor será que vayas a casa del señor Miller —dijo Vanessa.
—Pero tía…
—¡Sin peros! Harás lo que te diga. Recuerda que aún tengo tu custodia, así que yo daré la autorización para que te puedas casar antes de cumplir los 18 años —interrumpió Vanessa.
—No tienes por qué tener miedo. Como te dije anteriormente, conocí a tu padre hace 18 años.
Lastimosamente, él se nos adelantó muriendo en una misión. Yo era el teniente coronel en aquel momento, así que estoy en deuda con tu padre —explicó el señor Miller.
—Le agradezco que pensara en mí después de tanto tiempo de su deuda, pero ya han pasado 18 años. Esa deuda ya no es necesario que la pague. Debería olvidarla.
Además, ¡es tan descabellado que tenga que casarme con otro hombre! No tengo nada en contra de eso, pero ya tengo una novia —respondió Dylan.
—Por eso no hay problema. Solo estarían casados en papel. No es necesario que ustedes dos consuman su matrimonio. Solo tendrías que vivir con nosotros y después del matrimonio mantener tus relaciones extramatrimoniales en silencio.
Serías ante todos los demás el nuevo miembro de la familia Miller. Este matrimonio debe durar al menos 3 años. Después de eso, cada uno puede tomar su propio camino —explicó el señor Miller, tratando de persuadir tanto a Dylan como a su nieto, quien aún no estaba muy de acuerdo con la idea.
—¡Aun así, no acepto! Prometí que me casaría por amor, no sé si en el futuro será con un chico, pero lo haré por amor —declaró Dylan.
En ese momento, habló el nieto del señor, quien tenía una voz profunda y dominante. Era el único descendiente con derecho a la herencia del abuelo.
Aunque tenía primos hijos de tías, él era el único nieto de un hijo varón, por lo que toda la herencia sería suya al fallecer el abuelo, quien lo había criado desde los 3 años. Por lo tanto, tenía muchos enemigos que buscaban derrocarlo.
Pero nadie había podido con él aún, excepto por la maldición que lo acechaba. Eso lo hacía estar solo, y el abuelo sentía que aquello le dolía a Leví, quien cada vez se volvía más solitario y gruñón. Por eso, no le importaba con quién se casara su nieto, solo quería que fuera alguien que lo hiciera feliz.
—Abuelo, será mejor que nos vayamos. No es necesario esto. Ya dije que no. Será mejor que te rindas —dijo Leví.
—Pero nieto, no quiero que el día que yo falte estés tan solo —respondió el señor Miller.
—Abuelo, no te preocupes, por eso estoy seguro de que encontraré a mi pareja, ya sea él o alguien más. Vamos a encontrar a alguien que rompa la maldición —le decía Leví.
—Bueno, será mejor que nos vayamos entonces. Ustedes pueden continuar con su celebración.
Como el muchacho no quiere, no lo obligaré a nada, pero aquí tienes la tarjeta de presentación de mi nieto por si cambias de opinión.
Llámalo o ven a buscarme a mi mansión si lo necesitas —dijo el señor Miller, entregando la tarjeta a Dylan, quien la guardó en el bolsillo de su pantalón.
Ambas personas se despidieron y fueron encaminadas por Gaspar, mientras Dylan se quedaba en el estudio junto a su tía.
Sin previo aviso, Dylan sintió un fuerte golpe en el rostro, proveniente de su tía.
—¿Tía, qué te pasa? ¿Por qué me estás golpeando ahora? —preguntó Dylan, sorprendido y con dolor en el rostro.
—¿Cómo te atreves a desobedecerme? Eres un malcriado que merece un correctivo. No aprenderás que aquí la que manda soy yo. Mientras vivas bajo este techo, harás lo que yo te diga, ¿entiendes? —dijo Vanessa, furiosa.
—Tía, te he permitido durante los últimos 15 años hacer lo que quieras conmigo, porque aún soy menor de edad y la ley me obliga a estar contigo.
Pero respecto a mi matrimonio, es algo que decidiré yo y no quiero que intervengas o, peor aún, elijas a la persona con la que deseo pasar el resto de mi vida. Además, solo tengo 17 años y ni siquiera se me había cruzado por la cabeza, algo tan absurdo como el matrimonio —respondió Dylan, con determinación en su voz.
—¿Crees que tus decisiones te llevarán a un lugar mejor? Ya lo veremos —dijo Vanessa, con una sonrisa sarcástica que hizo estremecer a Dylan, quien sabía que no le esperaba nada bueno.
Unas horas después, la fiesta llegaba a su fin y Dylan se quedaba a limpiar todo. Sus familiares le ordenaron que no hiciera ruido, ya que su primo y Vanessa querían descansar.
—Sabes lo agotador que fue tener que dar explicaciones después de la fiesta, ¿por qué estaba aquí el señor Miller? Oh, ¿por qué te quiere casar con su nieto? ¿Cómo voy a saber yo por qué ese viejo desgraciado querría que alguien tan insignificante como tú se case con su nieto? —le dijo Vanessa a Dylan con desprecio.
—Madre, el joven amo Miller ni siquiera miró a mi primo de reojo. Yo estuve pendiente para ver si estaba interesado en él, ¡pero al parecer se interesó por mí! ¿Viste cómo me miraba? Si no fuera por su pánico a los gérmenes, seguro que no solo me habría estrechado la mano —dijo Gaspar, con orgullo en su voz.
Dylan solo sonreía mientras tomaba la cubeta para limpiar el piso y, colocándose los auriculares, ignoraba a sus familiares. Aunque no podía sacarse de la cabeza las palabras de su primo. ¿Sería verdad que el joven amo Miller se había interesado en Gaspar? Dylan no podía evitar preguntarse si Gaspar estaba diciendo la verdad o simplemente estaba tratando de burlarse de él una vez más.
Mientras limpiaba, Dylan se sumergió en sus pensamientos. Recordó todas las veces que su primo había sido cruel con él, burlándose de su apariencia, de su falta de popularidad y de su personalidad introvertida. Siempre había sido el blanco de las burlas de Gaspar, y ahora esto parecía ser solo otro intento de lastimarlo.
Decidió que no iba a dejar que esto lo afectara. No importaba si el joven amo Miller realmente se había interesado en Gaspar en lugar de él. Dylan no tenía intención de casarse con nadie en ese momento, y mucho menos con alguien elegido por su tía Vanessa.
Terminó de limpiar y se dirigió a su habitación. Se tumbó en la cama y sacó la tarjeta de presentación del bolsillo de su pantalón. La miró por un momento y luego la guardó en un cajón. No tenía intención de llamar al joven amo Miller, ni de buscar su ayuda. Prefería enfrentar sus problemas por sí mismo.
Dylan se prometió a sí mismo que no dejaría que la manipulación de su tía ni las burlas de su primo lo afectaran más. Estaba decidido a encontrar su propia felicidad y tomar sus propias decisiones, incluso si eso significaba enfrentarse a ellos.