Capítulo 2

Dejo el maletín sobre el inmenso sofá de la sala y voy hasta la habitación de mi madre. Ésta casa siempre huele a limpio, me gusta lo grande y hermosa que es, fue buena elección de mi parte, para regalo de su cumpleaños, hace 10 años, cuando tenía 16.

—Hola madre —digo acercándome a ella para besar su frente.

—Hola Lorenzo, tú por aquí tan temprano.

—Si, tengo una cena importante en una hora.

—Lo imaginé  —dice dejando el celular a un lado —Bianca me tiene la galería llena de tantas fotos de vestidos de novia que me envía —dice frotando sus sienes.

—Haz como yo, bloquéala.

—Por Dios hijo, que cruel eres. Dime  aque se debe tu visita.

—Ya casi la empresa de Hanna Cruz, es mía —digo sentándome en el bench.

—¿Cuántos le ofreciste? —pregunta mi madre mirándome con acusación.

—6 millones de dólares.

—Quedamos que eran 8, Lorenzo Lombardi. —me reprocha.

—Le dije que le pagaría la liquidación a cada uno de sus empleados, sólo son 15, tienen poco tiempo, además de ahí pagaré el abogado, sumando todo, sería 8.5 millones de dólares. Todo fue bien calculado madre —digo sonriendo con malicia.

—No sé que haré contigo, eres tremendo —dice riendo.

—Si si, también te amo —digo levantándome —debo irme, si Bianca pregunta por mi, le dices que me fui a Colombia en yola.

—¡Por Dios Lorenzo! —dice mi madre poniendo su mano en la frente.

—Es que me tiene hastiado —digo besando se frente para marcharme.

Llego a mi apartamento y preparo algo de comer mientras escucho las canciones de Andrea Bocelli. Amo la cocina, aunque tengo poco tiempo, el cuál lo distribuyo entre el gimnasio, mi madre, mi novia y las putas.

Después de comer y ducharme, me visto y voy hasta el estacionamiento en donde está mi chofer, me abre la puerta  y subo.

Llegamos a la casa de  Hanna y yo entro cuando la puerta se abre.

—Muy bonita y segura tu casa —digo observando todos los cuadros.

—Gracias, siéntete cómodo —dice tomando una botella de vino.

Me siento y dejo mi celular sobre la mesa delante de mi.

Ella extiende la copa y yo la tomo, se sienta a mi lado y observo sus piernas delicadas. Ella la cruza y habla haciendo que la mire.

—¿Qué tiempo tienes con Bianca?

—Más o menos un año —digo luego de dar un sorbo.

—Interesante —dice dejando la copa en la mesa y yo hago lo mismo.

Se levanta y se saca el vestido dejando su ropa interior blanca bastante sexy; ami vista.

—Mmmm linda pieza —digo acercándome como un tigre a su presa.

—Me la puedes quitar —dice acariciando mi hombro.

La levanto por la cintura y la coloco en la mía, la pego a pared, la acerco y hundo mi cara en su cuello. Huele delicioso.

Lamo todo su cuello y el lóbulo de su oreja, sintiendo mi miembro reaccionar a dicho acto. Ella con sus manos nerviosas empieza a desabrochar mi camisa, la bajo y la hago arrodillarse ante mi. Ella me mira y luego quita el cinturón y el botón de mi pantalón.

Me saca los zapatos, el pantalón y el bóxer.

—Ya sabes lo que debes hacer —digo mirando mi miembro levantado ante ella.

En un vaivén de lamidas y chupadas me hace un rico oral.

Después de más de media hora arrodillada frente a mi, me corro en su boca. La sostengo por el pelo para que no se me escape.

—Estás muy delgada, necesitas vitamina. Tómatelo todo —digo entrando más mi pene en su garganta.

Se levanta y la hago lamerse los labios, se acerca para besarme, pero la detengo y la giro con un movimiento. La pongo recostada sobre el espaldar del sofá. Le doy una  nalgada. Voy hasta mi pantalón y saco un condón.  Me lo pongo y de golpe entro en ella haciendo que chille y se aferre al sofá con todas sus fuerzas.

—No haz sido muy buena mamando, tendré que castigarte —digo moviéndome rápido  sosteniendola de los hombros.

Doy estocadas fuerte y ella gime pidiendo más.  Me muevo sin salir de ella, como si de una ametralladora se tratara mi cintura. Ella grita y pide qe pare, pero no lo hago.  La agarro por el pelo y la levanto un poco.

—¿Te gusta?

—Si, me... encanta —dice entre cortado me muevo saliendo lento y entrando violento.

Ella jadea y grita mi nombre mientras le doy estocadas. Aprieto sus senos y peñisco sus pezones duros. Ella vuelve a gritar y se corre. Yo continúo mis movimientos a pesar de que ella me pide que pare.

Después de dejar su culo adolorido y rojo por las nalgadas me corro y lamo su cuello.

Me visto y me despido de ella.

—Mañana mi abogado pasará a traerte unos papeles para que firmes y a las 10 te deposito todo el dinero —digo besando su mejilla.

—¿Ya te vas? —pregunta recostada de la puerta.

—No, dormiré en el jardín  —digo con sarcasmo yendo hasta la salida para entrar en el auto.

Capítulo 3

Llego a la empresa a la misma hora de siempre. Oprimo el piso 43 para llegar a mi oficina y tomar mi café mientras espero a las dos chicas nuevas que van a ocupar el puesto de la enana. 

Me paro frente a la ventana para observar los edificios y la carretera mientras disfruto del café de mi mejor amigo Lukas. Las mujeres de ésta empresa ni siquiera saben preparar un café como me gusta.

─¿Ansioso por conocer a tus nuevas putas? ─me giro para ver a mi mejor amigo entrar como si de su oficina se tratara.

─Algo así, necesito un coño urgente ─digo tomando haciendo en mi cómoda silla negra, que hace juego con la mesa de vidrio negra no muy grande. 

─No tardan en llegar, quizás ya llegaron y la recepcionista que está encabronada contigo no las deja pasar ─dice riendo.

─Pues deberías de largarte y enviarme una, si ya llegó ─digo señalándole la puerta.

En ese momento la puerta es tocada dos veces y Lukas abre sin que yo le ordene. Entra una chica de pelo rojo, labios pintados del mismo color, una sonrisa de puta y unos senos visiblemente grandes entra y mi amigo me guiña un ojo antes de irse.

─Buenos días señor... ─observa la placa de plata sobre mi escritorio ─Lombardi ─dice extendiendo su mano, pero la ignoro.

─¿Qué edad tiene? ─pregunto observando su cintura.

─Veintitrés ─dice relamiendo sus labios.

─Bien, ¿Sabe preparar café?

─No.

─¿Sabe italiano?

─No, sólo español y árabe.

─No necesito que explotes la empresa, da vergüenza que no sepas inglés y mucho menos masticar chicle ─digo acercándome a ella.

─Me imagino que usted vió mi curriculo ─dice recorriendome con la mirada.

─Créame que si lo había visto, no estuviera aquí, no sabe hacer nada ─digo susurrándole al oído.

─¿Cómo puedo ganarme el trabajo? ─pregunta respirando hondo.

─Arrodillándose ─digo acariciando su espalada.

─¿Quiere que le suplique? ─pregunta con asombro.

No gano nada con que esa estúpida me suplique. Que ingenua.

─No, que me la chupe ─digo desabrochando mi pantalón.

La muy descarada sonríe, se quita los tacones y se arrodilla. Saca mi miembro de la tela elástica y lo lleva a su boca. Me mira con esos ojos verde esmeralda mientras hace su trabajo, muy mal, por cierto.

La tomo por el pelo y la hago tragarse mi pene completo, se le salen las lágrimas y sonrío. Después de unos largos  minutos me corro en su cara y ella me mira enojada.

─El baño ─digo subiendo mis pantalones y mostrándole la puerta blanca.

No sé de donde salió semejante torpeza. Me siento luego de tomar un poco de alcohol. Necesito bajar éste coraje.

─No se ganó el empleo, señorita ─digo al verla salir del baño.

─¿Qué hice mal? ─pregunta enojada.

─Casi me corta el pene con sus dientes, no creo que yo tenga el valor de salir en televisión con semejante cosa ─digo viendo su cara desmaquillada. 

─¡Imbécil! ─dice tomando sus zapatos

Río al escuchar su insulto. ¿Será que las mujeres no saben otro insulto? Ya me los sé todos.

Da un portazo y escucho la risa de Lukas tras la puerta.

─¿Qué le pasó en la cara? ─pregunta asomando su cabeza.

─Estaba muy gordita como para hacer que se trague mi vitamina y la eché en su cara el cual fué un error ─digo a carcajadas.

─Ahí viene tu fiera ─susurra.

¡Maldita sea!

Bianca entra echa una furia y me mira con odio.

─¿Se puede saber en donde estabas ayer? ─pregunta dando un golpe en la mesa.

─En algún lugar de Miami ─digo contestando una llamada del teléfono de la oficina ─Está contratada ─digo a la recepcionista, para avisarme que había otra chica.

─Te llamé un montón de veces y no me contestaste, tu madre no sabía de ti, ¿qué coño te pasa? ─pregunta cruzándose de brazos

─Estás en mi empresa y aquí no vendrás hacerme escenas y segundo, recuerda que lo nuestro es por conveniencia, porque ni me interesas ni te amo, que te quede bien claro. Ahora, largo ─digo levantándome de la silla para abrirle la puerta

─Imbécil ─dice dándome en el pecho antes de irse.    

Y seguimos con la misma palabrita.

Me siento en el computador para ver como van las ventas de mis perfumes en Italia. Las ventas han aumentado un diez por ciento después de la nueva colección  hace 4 días. Veo en mi reloj que son las 12 del medio día y decido parar el trabajo por hoy. Es viernes y mi cuerpo lo sabe.

Primero iré a comer donde mi madre. Y después quien sabe a donde.

Recojo mi  maletín y mi celular y voy hasta la salida para encontrarme con mi chofer.  El camino es lento por el maldito tráfico. Una de las cosas que odio en este mundo.

Por fin llegamos a casa de mi madre y ella me recibe muy alegre. 

─Vayamos al estudio ─dice tomando mi mano.

Ruedo los ojos cuando veo a mi hermano menor sentado como todo un don nadie.

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El italiano despiadado

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