Capítulo 2

Gaspard - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

Era el atardecer, el momento del día en que comenzaba a sentirse más activo, aunque en algunas oportunidades subía durante el día para mostrarse con los empleados o hacer algún trabajo con Cami, en general trabajaba por las noches.

Los contingentes estaban regresando de sus recorridos para la cena. Los podía ver y oír desde allí.

Las ventanas de su despacho le daban una vista amplia, tanto de la entrada del complejo, como de la lejanía donde podía divisar un lago entre las montañas. El paisaje aquí era muy parecido a su tierra natal, lo que le provocaba un poco de melancolía y recuerdos del pasado.

La directora de su establecimiento, Camila, era muy parecida a su querida Anne Marie; tenía los mismos ojos, aunque su personalidad era muy diferente, pero quién sabe si Anne Marie hubiera vivido hasta alcanzar los veintinueve años; hubiera cambiado su audacia juvenil por una tranquilidad adulta.

Camila era responsable, seria y madura, muy capaz y proactiva en lo que se refería al trabajo. Lo hacía muy bien, manejaba perfectamente a los turistas en el caso de tener que hacerlo. Pero en lo personal era bastante tímida e introvertida, hasta temerosa se diría. En su puesto como Directora se desempeñaba con soltura. ¿Podría ser ella una encarnación de Anne Marie? Después de todo pertenecían a la misma familia.

En el pasado, cuando era religioso, jamás se habría planteado esto, pero luego de la guerra y de que su condición lo dejara fuera de cualquier culto cristiano, había empezado un camino diferente y en él aprendió otras cosas que le permitieron entender la vida de una forma mucho más profunda y mucho más allá de lo que en su juventud hubiera imaginado.

Estos pensamientos fueron opacados por otra preocupación que rondaba su cabeza: los ataques de “puma” que se repetían cada mes o mes y medio. Aunque fingía que era algo perfectamente natural, en el fondo intuía que algo malo pasaba dentro de su círculo cercano. Debería haberlo informado a Xander, sabía que se estaba saltando los protocolos; como también sabía que una vez que su superior se enterara de que sucedían estas cosas y además que incumplía las leyes, tendría un castigo. Pero, aunque todos los días se proponía llamar a Xander, por algún motivo terminaba retrasándolo, quizá esperaba que el asunto se resolviera solo, y dilataba lo inevitable por aquella intuición que lo atormentaba.

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Camila - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

Hacía ya casi dos meses que había llegado al complejo Vex-Argentina, se sentía a gusto, el trabajo era bueno, ya le habían pagado su primer sueldo y conseguía cumplir las reglas con facilidad.

El lugar estaba siempre lleno de gente, por lo que también había podido “olvidar” su mal de amores, pues estaba siempre ocupada.

Esta semana, además habían tenido que poner carteles por todo el predio referido a los pumas, ya que, aunque nadie había visto ninguno se habían registrado algunos ataques, incluso decían que habían encontrado una chica muerta, pero sólo eran rumores.

Hoy había nevado muchísimo, lo que había generado, no sólo que las actividades se interrumpieran, sino que también que algunos empleados hubieran tenido que salir para atender a los turistas que no podían desplazarse de sus cabañas.

Al estar ociosa, se dio cuenta de que, aunque parecía haber pasado el tiempo, sus heridas no cerraban todavía, en su cabeza seguían rondando los recuerdos de lo que había sucedido:

“Iván, Andrea y Camila se habían conocido en la secundaria, habían estudiado juntos hasta la universidad, Iván y Camila se pusieron de novios antes de quinto año, cuando tenían dieciséis años. Andrea, por su parte, se puso de novia como a los veinte con Alberto, con quien convivió bastante tiempo.

Terminaron la secundaria y ella tuvo que conseguir un trabajo para ayudar a su abuela y poder pagarse todo lo de la universidad, porque su abuela sólo tenía una pensión, ya que era viuda y nunca había trabajado. Esto hizo que no pudiera terminar la carrera en los años que estaba previsto y se le alargara un poco más.

Cuando tenían veinticinco, la abuela de Camila, Elisa, murió; era quien la había criado, ya que sus padres murieron cuando Cami tenía cuatro años en un accidente automovilístico. Al perder a su abuela, la chica se aferró a su novio y también a su mejor amiga, que eran los afectos más cercanos que tenía.

Después de superar ese golpe tan duro, todo marchaba bien y la ilusión de formar una familia con Iván la llenaba de fuerza, ya que estaban proyectando casarse. Él se había recibido de Licenciado en Turismo un año antes del fallecimiento de la abuela Elisa y había empezado a trabajar en un hotel de una cadena internacional. Camila, en ese momento, trabajaba en una tienda de ropa en la Peatonal San Martín en Paraná. Ya estaban por cumplir veintinueve, los dos tenían trabajo y muchos planes, no necesitaban alquilar porque Cami había heredado la casa de su abuela, hasta que…

...Un día, afortunado o desafortunado, estaba por cerrar el local que atendía, cuando apareció Soledad; ella también había terminado la secundaria junto con todos ellos, pero después se dejaron de ver, aunque esporádicamente la encontraban en algún pub:

- Recién los vi a Iván y Andrea acá cerca.

- ¿Ah sí? - preguntó Camila sin sospechar nada.

- Me alegra que por fin lo dejaras, todos pensábamos que no te ibas a dar cuenta nunca - la chica se estaba midiendo ropa en el probador, por lo que no pudo ver la cara de Camila mientras la escuchaba. - Me acuerdo en la última fiesta de la escuela, que se besaron cuando vos estabas de espalda, yo no podía creerlo, después siempre disimularon, pero bueno ahora andaban bien abrazaditos, la verdad que se merecen el uno al otro, dos mierdas son…”

En ese momento las lágrimas se le escaparon y volvió a la realidad. Lo peor era que Gaspard estaba ahí, preguntándole si estaba bien, “¿En qué momento había entrado en su oficina?” se preguntó. Era silencioso como un fantasma, de repente, simplemente aparecía.

Agarró unos pañuelitos que había sobre el escritorio y se los llevó a la cara poniéndose de pie de un salto para darle la espalda. “¡Qué vergüenza!” resonaba en su cabeza.

- Sí - habló con voz quebrada, tragando fuerte para pasar el nudo que se le había hecho en la garganta. - Disculpá, no te oí entrar.

Él ya había avanzado y rodeado el escritorio para pasarle la mano por los hombros. Era muy alto.

- No parece que estés bien…

- No... no pasa nada, fue un lapsus - se excusó. - Estaba… recordando cosas.

- Si quieres hablar…

- No, gracias, de verdad estoy bien - dijo alejándose y ya mirándolo de frente. Con toda su fuerza de voluntad había logrado rearmarse.

- Por qué no te tomás el resto del día - ofreció Gaspard.

- No, gracias - intentó sonreír. - Estoy bien.

- ¿Estás segura?

- Sí. ¿Qué necesitabas?

- Te quería invitar a almorzar, como no hay nadie, y es poco el trabajo…

Camila lo miró dubitativa. Él, seguramente había venido por algo del trabajo, pero quería consolarla y por eso le estaba haciendo esta propuesta; de todas maneras, era verdad que no había nada que hacer, así que, para distraerse de sus negros pensamientos, decidió aceptar.

- Sí, la verdad, me gustaría - esta vez su sonrisa fue mucho más real.

El hombre agarró el teléfono y marcó el número diecinueve:

- Lola, ¿podrías bajar el almuerzo para mí y para Camila al segundo subsuelo? - Él se mantuvo oyendo en el teléfono y luego dijo: - Sí, para mí también.

Cortó y él la guio por las escaleras mientras le hablaba del clima que se esperaba para los próximos días. A lo mejor era un intento más de distraerla, y funcionó, porque en esos minutos que bajaban hasta el segundo subsuelo, ella logró recomponerse. Se suponía que nadie podía bajar hasta allí, pero eso excluía a quienes fueran acompañados por Gaspard o Raphael.

Al terminar de bajar las escaleras, se encontró en una especie de sala de recreo, tenía estantes llenos de libros en una pared, unos sofás y divanes que se veían muy cómodos y una mesa de pool.

- ¡Qué copado! - dijo.

Él sonrió, pero no respondió nada y le pidió que lo siguiera hacia la derecha, donde había una puerta de madera grande. Él la tocó y ésta hizo un ruidito como si se activara una cerradura electrónica; la verdad que no entendió cómo la abrió, pero ingresaron. El lugar tenía una distribución parecida a la de su piso, pero mucho más amplio. Era un salón largo con un living comedor grande y del lado izquierdo había dos puertas.

- ¿Puedo pasar al baño? - preguntó, pensando que se le debía haber corrido el maquillaje

- Claro - dijo señalando la primera entrada a la izquierda.

El baño era soñado, todo de mármol negro, con detalles dorados, además era enorme, y estaba dividido en tres habitaciones, una con una especie de jacuzzi ovalado, otra con una ducha, el inodoro y el bidet, y a la entrada había un vañitory doble y muebles con toallas y batas.

El maquillaje no se había corrido, igual no tenía demasiado, ya que, las empleadas debían verse naturales, pues el lema era “una experiencia campestre”. Además de eso, también tenían un convenio con quién sabe qué organismo ambiental, por lo que todo debía ser ecológico, orgánico y natural.

El aire del lugar tenía el perfume de Gaspard, y contrariamente a lo que pensaba que iba a ser denso estar tan abajo, no era así. Al mirar hacia arriba, pudo ver accesos de ventilación.

Salió y vio que la comida estaba en la mesa.

- Ya el almuerzo está servido. - dijo alejando una silla de la mesa, a modo de invitación.

Caminó hacia él, cruzando por una sala de estar y se sentó.

- Gracias.

- No hemos tenido oportunidad de hablar desde que llegaste. ¿Te estás adaptando bien?

- Sí, es entretenido - Ella esperó a que él empezara a comer para agarrar los cubiertos.

El almuerzo constaba de una variedad de verduras frescas con predominio de la zanahoria y un filete grande de salmón. Se había acostumbrado a esta dieta; aunque al principio le costó no comerse de vez en cuando un plato de tallarines, acá no consumían harina de trigo; Gaspard decía que eso no era sano. También tomaba mucho menos mate que en Entre Ríos, aunque siempre compartía algunos con Lola. Y también había empezado a adelgazar, seguramente por el cambio de alimentación y el trajín del trabajo.

- Me alegra que te guste, sólo te queda un mes a prueba y vas muy bien.

- Es que son reglas muy fáciles de seguir, y el trabajo, es para lo que yo estudié.

- Sí, pero, ¿es lo que te gusta hacer?

- Bueno es lo que estudié - repitió confundida.

- Y si no tuvieras que trabajar, ¿estarías haciendo esto?

- Si no tuviera que trabajar no trabajaría supongo.

- ¿Y qué te gusta hacer cuando no trabajas?

- Leer, ver pelis o series, sacar fotos... ¿y a vos?

- Leer sin duda, pero también me gusta viajar.

Ella sonrió.

- Sería lindo viajar - dijo, y después curiosa preguntó: - ¿Por qué estás acá abajo, con lo hermoso que es el paisaje?

- Tengo oídos sensibles y aquí hay suficiente silencio para descansar bien - explicó. - Además, así no se oyen los gritos de placer de mis amantes - agregó mirándola con picardía a lo que ella se sonrojó violentamente.

- Pero si nunca… - comenzó a decir recordando que no había visto a nadie visitarlo, y a su vez, al mirarlo, imágenes fantasiosas de su cuerpo desnudo vinieron a su mente; pero al ver que él sonreía, se dio cuenta de que era una broma. - Estás haciendo un chiste - dijo sintiéndose más relajada.

- ¿Por qué tu legajo dice que no tienes familia? - preguntó él.

- Bueno, yo soy huérfana, mis papás murieron en un accidente de auto cuando yo tenía cuatro años y me crio mi única abuela, que también murió.

- ¿O sea que, ni primos, ni tíos, ni nada?

- No, mi papa no tenía familia y mi mamá era hija única.

- ¿Y dejaste amigos en tu ciudad?

- Algunos pocos - respondió evitando mirar sus ojos, que parecían sondearla hasta las entrañas.

- ¿Te hablas con ellos?

- A veces, por las redes sociales. ¿Vos tenés familia?

- Muy poca y lejana. Raphael y Alba son más cercanos a mí que mi propia familia.

- ¿Y cómo los conociste?

- Es una historia larga, que te aburriría en este momento. Y dime, ¿sabes algo de tus ancestros?

- Una vez intenté entrar a esas páginas para hacer el árbol genealógico, pero me resultó muy engorroso porque casi no conozco datos de mis antecesores.

- Mayoraz es un apellido suizo - declaró Gaspard.

- No lo sabía, no me veo suiza, ellos son rubios, ¿no?

- Algunos…

En ese momento, el celular de Gaspard, que había dejado en medio de la mesa, sonó. Se leía “recepción”.

- ¿Sí? - respondió.

“Perdón que moleste, estuve llamando a la dirección y también al celular de Cami, pero no atiende. Parece que algunos de la cabaña cinco, salieron con la tormenta y se perdieron.” Oyó ella incomodándose por no haber traído su celular. El de él, aunque no estaba en altavoz tenía muy buen sonido.

- Está bien, ya Camila va para allá.

- Perdón… - empezó a decir.

- No ha sido nada, yo te traje sin darte tiempo a pensar. Llama al 911, si no lo hicieron ya. Y después vemos que hacemos.

- Ok - respondió y salió rápido a ocuparse.

Cuando llegó a la escalera, casi se cae por las polleras largas, para bajar haciéndose la princesa detrás de Gaspard, había estado bien, pero subir a las apuradas con esta ropa, era otra cosa. Se levantó el ruedo con las manos y corrió hasta el primer subsuelo y ahí, subió al ascensor.

Cuando llegó a la recepción, no tuvo que hacer nada porque los extraviados aparecieron sin saber cómo se habían perdido, ni cómo habían llegado. No era la primera vez que esto pasaba.

Algunos de los empleados más conspiranoicos, decían que seguramente había cerca alguna base extraterrestre y que abducían a los turistas, otros decían que Gaspard lo sabía y que era un reptiliano camuflado. Pero la verdad para Camila, era que simplemente se perdían con la nieve y daban vueltas hasta que hallaban el camino de regreso.

Ordenó que les prepararan algo caliente y buscó a Raphael para que los llevara de nuevo a su cabaña, pero él no estaba por ninguna parte. Pasaron 15 minutos, hasta que por fin atendió el celular y dijo que se había quedado dormido, por lo que en un rato apareció desde el ascensor.

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Gaspard - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

Con la mano todavía en el teléfono, la preocupación comenzó a crecer en su interior.

Xander le había hablado para pedirle informes sobre los extraños sucesos de la zona. Xander Ackerkrivy, era conocido entre los suyos por ser uno de los tres líderes más poderosos del mundo y a Gaspard le tocaba responder ante él.

Aunque se conocían desde hacía tiempo, no tenían una relación cercana y se consideraba no sólo algo extraño sino también peligroso, recibir un llamado suyo.

Le había dado un mes para resolver los sucesos bajo advertencia de venir a ocuparse él mismo del asunto, dejando entrever que pensaba que tal vez, Alba o Raphael estuvieran involucrados, lo cual no era algo descabellado, pero prefería no pensar al respecto.

Por otro lado, la amenaza de su presencia en Vex Argentina, le inquietaba, ya que sus métodos para resolver estos temas no eran del agrado de Gaspard, y Xander, como la mayoría de los que eran tan antiguos como él, se atenían a las antiguas reglas de manera inconmovible.

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Camila - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

Gaspard le había dicho que cuando tuviera tiempo vaya a su oficina para ver los cv de postulantes para la siguiente temporada. Así que, a la hora de la siesta, que tuvo un rato libre, se dirigió a su oficina.

Algo que parecía una amenaza en un cerrado francés, se filtró por la puerta que estaba entreabierta. Era la voz grave de Gaspard y sonaba dura y fría. Ella no pudo entender lo que decía, aunque sí reconoció el idioma, ya que lo hablaba básicamente para poder comunicarse con los turistas.

Asustada, quiso retroceder, pero Alba salía veloz y aparentemente enojada, y detrás de ella Raphael.

- Buenas tardes - los saludó y haciéndose la que no pasaba nada, caminó entre los dos y entró en el despacho del dueño del lugar: - Permiso - dijo suavemente.

Él levantó la mirada; estaba de pie con las manos apoyadas en el escritorio, como si se sintiera exasperado, un mechón de pelo le caía sobre el rostro. Sus ojos parecía que ardían.

- Pasa por favor - dijo mientras se acomodaba el cabello.

- Si querés puedo volver en otro momento.

- No es necesario.

- La verdad…

- ¿Oíste lo que hablábamos?

- No, yo apenas venía llegando cuando ellos salían… no...

- Está bien, siéntate y trabajemos, por favor.

Ella se sentó y él le alcanzó unos cv que tomó de la impresora que se encontraba a su derecha, debajo de la enorme ventana que había tras su escritorio.

Eran más o menos veinte, Licenciados, con buenos títulos y más experiencia que ella.

- ¿Esto para cuándo es?

- Para la temporada de verano, quiero contratar un jefe de personal, no quiero que tú te sigas ocupando de eso. Esto crece y es momento de delegar. También quisiera una empresa que se ocupe de la limpieza de las cabañas, y algunas de las instalaciones de aquí. Estaba por imprimir algunas referencias, y quiero tercerizar algunas cosas.

- Ok…

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Gaspard - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

Al observar a Camila dormir, Gaspard se preguntaba si podría ella reemplazar a Anne Marie. Cuando la hizo venir, luego de ver su foto y saber su ascendencia, pensaba que sería como recuperar su amor perdido, pero pronto las dudas lo asaltaron, ya que, aunque en aspecto era muy parecida, por dentro era alguien totalmente diferente.

Le gustaba y se sentía muy atraído, en especial cuando ella le dirigía su mirada transparente. Pero no tenía certeza de que pudiese enamorarse.

Los años de desesperanza que había vivido, luego de aquella terrible pérdida, hacía tiempo que habían comenzado a diluirse, y la llegada de Alba y Raphael lograron cambiar su forma de vivir y de ver las cosas.

Desde que ellos estaban en su vida, comenzó a autodisciplinarse, a estudiar, aprender y seguir el ejemplo de los que habían pasado por esto antes que él. De ser un malviviente vagabundo, se convirtió en el empresario Gaspard Jean Genolet Dumarc, se decidió a recuperar las tierras en las que había crecido, el lugar que debería haber pertenecido a Anne Marie y su descendencia, y apenas tuvo oportunidad, así lo hizo.

Ahora, siguiendo las líneas de sangre de la familia de su amada, se trasladó a Argentina y encontró, tal vez por suerte o tal vez por destino, a Camila.

Pero ella… apocada y tímida, lejos estaba de lo que él esperaba encontrar.

Capítulo 3

Camila - Complejo Vex, Prov. de Santa Cruz, Argentina.

El mes pasó rápido y los empleados temporales se fueron. Ese mismo día firmó su contrato permanente en el lugar. Estaba contenta, había logrado conseguir un trabajo espectacular, que le gustaba, donde la gente era buena y además le permitía ahorrar.

De todas maneras, tenía todavía en venta la casa de su abuela que, en un impulso, después de una gran pelea con Andrea e Iván, había puesto en una inmobiliaria para que se ocupen de ella. Cuando tuviera esa plata se iba a comprar un departamento chico y lo otro lo iba a invertir en algo que le permitiera no morirse de hambre si llegaba a perder el trabajo. Lo cual esperaba no sucediera, porque le gustaba estar ahí.

A tres meses de dejarlo todo, parecía que hubiera pasado una eternidad. Ya podía recordar lo que le había sucedido sin llorar y si en algún momento se sentía mal, como por arte de magia aparecía Gaspard, para socorrerla.

Estas últimas semanas, no sabía si era porque hablaban tanto de “las cosas raras que pasaban”, que había empezado a tener sueños intensos. Parecían recuerdos de otras vidas, como si fuera ella otras personas.

A veces se despertaba sobresaltada, sintiendo que alguien la miraba, pero no había nadie; otras veces le parecía que un murciélago golpeaba su ventana, pero tampoco era nada; claro que con el viento descomunal que había ahí la mayor parte del tiempo, parecía que las ventanas iban a explotar, era lógico que sintiera que algo quería entrar.

Esto hacía que se levantara un poco tarde, más seguido de lo que le gustaría; pero mientras cumpliera sus horas, a Gaspard eso no le importaba. Al recordar lo dura que sonaba su voz el día que él reprendiera a Alba y a Raphael, le parecía como si no fuera la misma persona. Porque con ella siempre se mostraba muy indulgente y amable.

Cuando él empezó a ver cvs de personas con sus mismos títulos y más capacitadas, había tenido miedo de tener que irse al terminar el contrato, pero no fue así. Tal como dijo, ella no rompió las reglas y él la dejó en planta permanente.

Era la temporada baja, así que había mucho menos trabajo. Se encontraba en su dormitorio cuando el teléfono fijo sonó; era Lola preguntando si quería unos mates. Como eran las cinco de la tarde, aceptó y bajó a la cocina.

Ahora que el lugar estaba vacío podía apreciarlo bien: era un salón enorme, con cocinas, mesadas, hornos, freidoras y otros artefactos colocados en todo el derredor y en el centro dos mesas grandes con algunas sillas y bancos.

Lola se había peinado con una cola de caballo bien alta, lo que acentuaba su aspecto juvenil, estaba más o menos en el centro del lugar cargando un termo con una pava (tetera) enorme. Se acercó y ella le hizo una sonrisa tratando de no distraerse de su tarea, el mate estaba preparado al lado de unas fotocopias anilladas y abiertas al medio, así que se puso en un banco alto junto a la chica.

- ¿Cómo estás? - preguntó Camila.

- Bien, estudiando para rendir unas unidades de historia.

Cuando Lola se acercó, pudo ver en su cuello unas marcas raras moradas, como dos puntitos; no era lastimado pero estaba oscuro.

- ¿Qué tenés en el cuello?

- ¿Esto? - Preguntó tocándose. - Es de Rafa - lo dijo con una sonrisa.

- Ah - para ella eso no se veía como un chupón, pero podía ser.

- Me alegra que te quedes, así puedo tener una amiga, si no viste que acá todos vienen y se van.

- ¿Y Alba?

- ¿Alba? No, si esa mujer no se quiere ni ella… - dijo hablando bajito como en secreto.

La verdad era que Alba, no se relacionaba mucho con nadie, no hacía ninguna tarea allí como Gaspard o Raphael y cuando se dejaba ver era para que Raphael la llevara a algún lugar… Ahora no estaban ninguno de ellos, porque iban hasta Gobernador Gregores a buscar un turista vip.

- Sí, me parece que no…

- Shhh - le hizo seña como si alguien las escuchara. - ¿Mejor me ayudas con esta materia?

- Dale.

- Lo leí casi todo - dijo pasándole el apunte - vos anda preguntandomé y yo te digo…

Pasaron así la tarde e incluso cenaron juntas. Se había acostumbrado a estas mateadas, al aire fresco de las montañas, y también a los trajes de paisana.

Estando allí, ni siquiera se había tenido que comprar ropa, con excepción de una campera negra, larga y gruesa con capucha que era para cuando tenía que salir en el invierno, pero salía muy poco.

Al día siguiente supo que el nuevo residente del complejo era un árabe petrolero que había venido con sus consortes, con su propio guía turístico y su traductor, así que, la única asistencia que necesitaba de ellos era el alojamiento y la comida.

Se presentó en la mañana queriendo ver a Gaspard, quien no estaba disponible en ese momento. Por lo que la nueva recepcionista la llamó para que se ocupara del asunto.

El tipo hablaba sólo árabe y no hacía caso al traductor. Intentaba hablar directamente con ella, que a su vez trataba hacerle entender que no podía ver al dueño del complejo ahora; hablando en un perfecto inglés, a lo que el traductor, luego de ser silenciado por el jeque dos veces, ya no tradujo más.

Después de un rato de intentar hacerlo comprender infructuosamente, el tipo dijo:

- Vos es muy bonita.

Sorprendida, no supo que responder por un momento, pero enseguida se recompuso.

- Es muy amable, pero no puede ver al señor Genolet ahora.

- Venir vos conmigo, yo pago oro - le ofreció.

- No, yo no puedo…

- Sí puede - dijo y la agarró de la muñeca.

- ¡No!… - se quiso zafar, pero no podía.

Para su fortuna en ese momento, la voz de Gaspard hizo que el hombre la soltara inmediatamente. Él apareció por la escalera, detrás de ella.

- Aquí estoy, perdón la demora, puedes retirarte Cami - le dijo y luego siguió hablando con el árabe en su idioma.

Ante esto, ella no lo pensó dos veces, y se apuró a meterse en el ascensor.

Fue un momento horrible, no entendía como hacía Gaspard para aparecer en el momento justo. Era como si supiera siempre que a ella le pasaba algo.

Se metió a su oficina pensando en eso, pero sus pensamientos la retrajeron al pasado. ¿Por qué Iván no se dio cuenta de lo que a ella le pasaba cuando terminaron? La puso en esa situación de mierda de tener que decirle que ya sabía todo lo que pasaba entre él y Andre. Lo peor es que ni siquiera intentó negarlo, ni le preguntó cómo se enteró, sólo dijo “no queríamos lastimarte”. Seguramente en el fondo estaba aliviado y quería que todo saliera a la luz de una vez, estar tantos años escondiendo algo así, no debía ser fácil, “pero bueno, que se jodan, yo soy la víctima”, se dijo.

Golpearon a la puerta, no alcanzó a responder porque Gaspard entraba ya.

- La próxima vez que pase una situación así, me llamas aunque yo haya dicho que no me molesten. ¿Está bien? - Parecía un poco enojado. Y la miraba con el ceño fruncido como si la estudiase. Incluso con cara de culo le parecía lindo.

- Sí, perdón. No fui capaz de manejar la situación; la verdad es que me acobardé.

- Cualquier mujer se acobardaría en esa situación - dijo ya con la voz más suave. - Los árabes son unos abusadores.

- Eso parece.

- Me voy abajo, ahora sí, no quiero ser molestado, a menos que ocurra otro incidente, dejaré mi celular encendido.

Ella asintió mientras él salía de la oficina.

A la noche, Lola fue a verla para preguntarle lo que había pasado, porque todos hablaban de que el árabe la había querido llevar.

- Me agarró de la muñeca no más, pero justo llegó Gaspard.

- Sí, él siempre está pendiente de vos - le dijo con una sonrisa que insinuaba que algo pasaba.

- No, fue una casualidad no más.

- No creo, cada vez que te pasa algo él siempre está, además te trata diferente que a todos y vos y yo somos las únicas permanentes, ¿no te parece que eso es por algo?

- ¿Y por qué puede ser?

- Para mí, vos le gustás.

- ¡Qué le voy a gustar! No lleno el target para que me dé bola un tipo así - dijo, pero sonrió al pensar en la idea, y se tiró en la cama sintiendo una insipiente fantasía emerger en su mente.

- ¿No te diste cuenta que en tu dormitorio y en tu oficina siempre hay flores frescas? - le recalcó Lola.

- Si, pero… hay en todos lados…

- No, no hay en todos lados, fijate - le dijo antes de irse.

Ella miró en la mesita alta un jarrón con rosas anaranjadas, y había otro igual en su livingcito, al salir del ascensor, y en la oficina también, tal como había dicho Lola. Estaba tan acostumbrada a verlas que no se había dado cuenta ni que las cambiaban antes de que se marchitaran, ni tampoco que en el resto de las estancias del lugar no había flores.

Esto alejó de su mente todo su horrible pasado y la llevó a un futuro que le parecía imposible, pero con el que no podía evitar fantasear.

Desde ese día le costaba no mirar a Gaspard como algo más que su jefe. Él era súper correcto, un caballero en todo, nunca traspasaba la relación de empleador y empleada, pero estaba al pendiente de ella siempre, y tal como le había dicho Lola, aparecía cada vez que lo necesitaba, pero ¿cómo lo hacía? Una vez, en secreto, la chica le había dicho “ellos oyen todo”, no había entendido, pero insinuaba que tanto Gaspard, como Alba y Raphael, las oían en todo momento.

Había empezado a tener sueños sexuales con él, lo veía entrar por la ventana, desnudo, y meterse a su cama. A la mañana, luego de tener esos sueños, le costaba no sonrojarse en su presencia.

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El hechizo de tu sangre

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