Capítulo 2
—¡Creo que iré por más té! —Afirma con labios temblorosos Lucia, después de escuchar a Santiago, y escapa a la cocina, donde no puede parar de llorar. De pronto, siente como una mano toca su espalda, y se gira con algo de esperanza, creyendo que puede ser su esposo, que fue a buscarla arrepentido por lo que dijo, pero es Lorena. Sin poder evitarlo, se lanza sobre los brazos de su hermana, con quien no tiene una relación muy cercana desde que eran adolescentes, debido a las inseguridades de Lorena en ese entonces. Sin embargo, para Lucia, ella sería por siempre su hermana, y desde que volvió de Europa hace un año, derrotada por una fallida relación, donde un hombre rompió su corazón, su única intención ha sido ayudarla a resurgir. Ahora es el rostro de Rose Green, y su carrera como modelo, va viento en popa. —¿Por qué lloras así? ¿Acaso alguien se murió? No deberías darle el gusto a ninguno de ellos de que te vean así. —Le dice Lorena, que la aparta con sus manos y la mira fijamente a los ojos. —¿Eh? ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Acaso no escuchaste lo que me dijo? ¡Santiago me pidió el divorcio! —¿Y? Si lo hizo es porque ya no te quiere. No deberías seguir rebajándote de esa manera. Lo mejor que puedes hacer es desistir de estar con una persona que ya no siente nada por ti. —¿¡Qué!? ¡No! ¡Él me quiere! Simplemente, dijo eso porque estaba enojado. Pero cuando se le pase el enojo, todo estará bien entre nosotros. —Limpia sus lágrimas —No lo creo, hermana. Varias amigas, me han dicho que lo han visto con otra mujer. —¡No! ¡Eso no es cierto! —Afirma Lucia, que siente como si su mundo se termina de derrumbar con cada palabra de Lorena. —Está bien si no me crees, pero deberías investigar. Santiago ya no te quiere, y lo mejor que puedes hacer es dejarle el camino libre. No deberías retener a alguien que no quiere estar a tu lado. —Hablas como si quisieras que me divorciara de él. —Solo digo lo que pienso. —Afirma la mujer que tiene un único cometido, y es lograr que Santiago se separe de Lucia, y se quede con Rose Green. *** —¿Tienes que hacer tanto drama para divorciarte de la gorda de tu esposa? —Le dice Rosaura a su hijo, que parece genuinamente arrepentido de haber sido tan impulsivo. —Hablemos después, mamá, debo disculparme con Lucia. —Intenta ir a la cocina luego de ver a Lorena ir en esa dirección, temeroso de que pudiera decir o hacer algo imprudente, pero Rosaura lo detiene. —Ni se te ocurra. Llevas meses acobardándote con esto, y ahora que finalmente lo has hecho, no dejaré que retrocedas. —Me divorciaré madre, eso está decidido, pero no quiero hacerle daño a Lucia. —Eso debiste pensarlo antes de romper tu voto de fidelidad. Ahora, céntrate en lo realmente importante. La empresa. ¿Lucia firmó los papeles? —Sí. Legalmente, todo es mío, ella ni siquiera lo sospecha. Confía mucho en mí. —¡Vaya idiota! —Exclama Irma, una de sus hermanas, burlándose de Lucia. —¡No que muy inteligente! —Comenta Celina, su otra hermana. —¿Podrían cerrar la boca? —Las regaña fuertemente. —¿Y la casa?, ¿y el auto? —Sigue preguntando Rosaura. —Están a mi nombre, pero con el divorcio, la mitad de todo legalmente le pertenece. —Entonces, debes buscar la manera de que, al igual que la empresa, Lucia renuncie a todo. Hazla firmar un acuerdo postnupcial… o yo qué sé… —¡Mamá! ¿Acaso quieres que la deje en la calle? —Ya la engañaste, y si se entera y demuestra tu infidelidad, es ella quien te dejará a ti en la calle. Se acerca a su hijo, que parece indeciso. —No te preocupes… Se recuperará. Nadie se ha muerto de amor… —Mamá, me estás pidiendo que la estafe. —¡Ya lo hiciste! Le quitaste la empresa, la casa y el auto, son solo premios de consolación. —Entonces debería dejárselos… —Has lo que quieras. Siempre tan débil. —Dice Rosaura. —¡Vámonos niñas! —Sale, sin despedirse de Lucia y Lorena, decepcionada de su hijo, que incluso ahora muestra cierta vacilación, a la hora de tomar decisiones, demostrando lo débil de carácter que puede ser, tal y como lo era su padre. … Lucia, que finalmente decide irse a su habitación, evita la mirada de Santiago, al verlo en la sala. —¿Tu familia ya se fue? —Le pregunta al hombre que está inmerso en sus pensamientos. —Sí. Acaban de marcharse. No se despidieron, porque creyeron que estabas enojada. —Las excusa —¿Por qué habría de estarlo? Entiendo, que los dos estábamos muy ofuscados en ese momento, y dijimos cosas sin querer. Libera un gran suspiro de frustración ante la negación de su esposa. —Lucia, lamento si te hice daño con mis palabras. —Se acerca y coge su barbilla y levanta su rostro para que lo mire, viendo sus ojos rojos e hinchados por el llanto. —Pero, lo que dije, es la verdad. Quiero el divorcio. —Debo irme… Macarena me está esperando, para ver unas telas. —Intenta escapar nuevamente para evadir la conversación, y Lorena, que se esconde tras la pared, observa atenta. —¡Lucia! —La toma del brazo. —No cambiaré de opinión, así que no evadas más el tema. He tomado una decisión y espero, la aceptes. —¿Aceptar? ¿Me pides que acepte que ahora después de 15 años de estar juntos me quieres dejar? Él libera un gran suspiro sintiéndose mal, pues si bien es cierto que por mucho tiempo estuvo enamorado de su esposa, también es cierto, que ahora está enamorado de otra mujer. —Te pido que aceptes, que a veces las cosas cambian. —¿Qué cambió? —Lo mira muy alterada, y al ver su silencio, se llena de ira, y lo empuja con sus manos. —Dime, ¿qué cambio? —El amor. Ya no estoy enamorado de ti. —Lucia siente como su corazón, su alma y todo su ser, se destrozan. Una opresión en el pecho, la hace sentir un dolor inexplicable, como si le faltara el aire… Por un momento, siente como sus piernas tambalean, pero se queda estática, intentando entender el porqué ya Santiago no la ama. Y su única explicación, es su cuerpo. —¿Acaso es por qué ya no soy tan bonita como antes? Mi cuerpo descuidado y con kilos de más no te agrada. ¿Es eso? ¿Ya no te parezco linda, ni atractiva? —No… No es eso… —Dice sintiéndose mal, porque la realidad es que desde hace mucho dejo de desear a Lucia. Es cierto que no le parecí atractiva, y que en muchas ocasiones le daba vergüenza que la vieran con ella. —Sí, lo es… puedo verlo en tus ojos. Y por eso no puedo aceptar que te divorcies de mí. Volveré a ser la mujer de antes, y haré que te vuelvas a enamorar de mí. Sale, de la casa, con nada más que el teléfono que estaba en su bolsillo, sin esperar a que Santiago le diga algo. Llama a su amiga Macarena, y se encuentra con ella, para sentirse de alguna manera apoyada, en la decisión que acaba de tomar. … —¿Por qué estamos aquí? —Pregunta Macarena, al ver que están en una clínica estética. —¡Porque quiero volver a ser linda! —Afirma Lucia, que se acerca a la recepción, donde le informan que el doctor no podrá atenderla, porque para realizar una valoración inicial, debe tener cita previa, por lo que aprovecha entonces para agendarla. —¿Esto lo estás haciendo por Santiago? —Pregunta Maca cuando salen de allí. —No… —Afirma sin mirarla a la cara y sigue caminando… —¿Ah, no? ¿Entonces por quién? Porque hasta donde sé, tú eres la persona más cobarde que conozco, y sé que jamás te someterías a este tipo de cirugías, por voluntad propia. Dime, ¿acaso él te lo pidió? —¡Claro que no! —Afirma y por primera vez ve a su amiga a los ojos que se fija en la hinchazón de su rostro, denotando que había llorado. —¿Estuviste llorando? —Pregunta, y Lucia, sin poder contenerse más, se le llenan los ojos de lágrimas y se arroja sobre su amiga… —Lucia, ¿qué ha pasado? ¿Por qué lloras? ¿Tanto quieres esa cirugía?, si es por eso, está bien… te apoyaré. Aunque, no necesitas de esto, con un poco de ejercicio, podrás estar en forma de nuevo. Además, me retracto de lo que dije, Santiago es un tonto, pero tú siempre has dicho, que a él no le importa tu peso. Lucia al escuchar estas palabras llora aún más fuerte, con desconsuelo, y algunas personas que pasan por ahí la observan mientras Macarena no entiende qué pasa. —Lucia ya no llores por favor. ¡Me tienes preocupada! —San… Santiago… me… me… —¿Te qué?… —Me dijo que ya no me ama… —¡Eh! —Es lo único que exclama Macarena, quien abraza a su amiga sintiendo tanta pena, ya que sabía lo mucho que Lucia amaba a su esposo, y era una persona tan buena, que solo merecía recibir amor de los demás. —¡Ay Lucia! … Más tranquila en el apartamento de Macarena, Lucia le explica todo a su amiga que al principio está furiosa, pero luego aconseja a su amiga a que lo mejor es que acepte el divorcio, después de todo aún puede centrarse en su empresa y en su trabajo. —¡No quiero! —¿Por qué? —Tú siempre me has dicho que tengo que luchar por lo que quiero, y yo lo quiero a él… —Lucia, él no es una meta que alcanzar. —No, es más que eso. Es el hombre que amo. *** Durante varios días, Lucia evitó a Santiago, para no tener que hablar sobre el divorcio, por lo menos hasta que se realizará la cirugía que creía haría que su marido, desistiera de separarse de ella. Santiago, se había pasado a dormir a la habitación de huéspedes, aunque siempre buscaba hablar con ella, pues ya había presentado la solicitud de divorcio sin importarle si se quedaba o no con la mitad de la casa y quería avisarle, antes de que le llegara la notificación por escrito. Dos semanas después, con casi todo listo para la cirugía de pérdida de peso, Lucia recibe un sobre en casa. —¡Hola Maca! Mi cirugía es en dos días… ¿Quería saber si puedes acompañarme? —Le pregunta a su amiga por teléfono, mientras abre el sobre. —¡Por supuesto! Jamás te dejaría sola… Las palabras de su amiga la hacen sentir feliz… —¡Gracias, amiga! —No tienes que agradecerme nada. Eres mi mejor amiga. Por cierto, ¿cómo van las cosas con Santiago en casa? —Muy bien, parece que ha desistido del divorcio. Ya no intenta hablarme de ello. —Afirma, intentando creer ella misma que así era. —Saca los papeles del sobre. —Ojalá todo mejore pronto. Últimamente, está hecho un ogro aquí en la empresa. Ya quiero que regreses—Afirma Maca, que de pronto escucha un sollozo a través de la línea. —Lucia, ¿pasa algo? ¿Lucia? —Llama a lucia varías veces, al escuchar que no deja de llorar… —Lo siento Maca, debo colgar… Hay algo que tengo que hacer… —Pero, ¿todo está bien? Te escuché llorar… —Luego te cuento… Cuelga y deja a su mejor amiga bastante preocupada. Lucia observa con detenimiento el papel, que lee varias veces, donde su esposo alega divorciarse por diferencias irreconciliables. Muy afectada, llama al celular de Santiago que es atendido por su hermana. —Lorena, ¿por qué contestas el teléfono de mi esposo? —Eh… es que estamos en un almuerzo de trabajo, pero fue al baño, y dejó su teléfono en la mesa, y como vi que eras tú, te contesté para que no te preocuparas. —Entiendo ¿Podrías por favor decirle que me llame? —Sí, claro… —¡Gracias hermana! Cuelga y sin poder quedarse de brazos cruzados, se le ocurre una pésima idea. Toma su auto, y va a casa de su suegra, desesperada por encontrar ayuda… —¡Vaya!, no esperaba verte aquí. Últimamente, no vienes tan seguido a visitarnos. —Afirma Rosaura delante de sus hijas que no eran más que unas desocupadas, que siempre estaban en casa durmiendo o de fiesta y eran mantenidas por Santiago al igual que su madre. —Lo siento suegra. Prometo que la visitaré más. Pero hoy, necesito su ayuda. ¿Podríamos hablar en privado? —¿Mi ayuda? Ya veo… —Con sus manos la guía hacia una oficina. —Vamos a la antigua oficina de mi difunto esposo, allí nadie nos molestará. Lucia la sigue, mientras no deja de ser mal vista por sus cuñadas. —¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres de mí? —Cierra la puerta Rosaura tras de sí. —Quiero que me ayude a salvar mi matrimonio. —Saca los papeles de divorcio de su bolso y se los muestra. —Yo sé que Santiago la quiere mucho y escucha sus consejos. Por favor ayúdeme… —La toma de las manos y la mira esperanzada. —Está bien… ¡Lo haré! —Afirma la mujer que sorprende a su nuera, pues no la reprochaba, ni le dio un discurso, diciendo que era su culpa. —¿En serio? Lo hará? —Si… solo tengo una condición… —¿Cuál es? La mujer se acerca al escritorio y saca unos documentos que parecía tener listos desde hace mucho tiempo. —Quiero que firmes esto… —Y… ¿Qué es? —La confirmación de que nunca dejarás a mi hijo en la calle… —¿De qué habla? —Aquí renuncias a todo lo que han adquirido en el matrimonio, como la casa, el auto y demás… —¿¡Qué!?
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Capítulo 3
—¡No entiendo suegra! —Dice un poco desconcertada Lucia que no entendía el porqué Rosaura tenía unos documentos preparados para que ella le cediera todo a Santiago. —Es simple. —Empieza a caminar de un lado a otro la mujer. —Si Santiago se divorcia de ti, perdería todo, tú tienes una empresa, la mitad de todos los bienes son tuyos. Eres exitosa y puedes salir adelante fácilmente, pero mi niño, ¿mi niño que tiene? Un maldito puesto en tu empresa, gracias a que hizo a un lado sus proyectos por ayudarte a crecer a ti. —¡Yo no le pedí que lo hiciera! —¡Ja! Pero qué desagradecida resultaste. Ya veo que te importa más el dinero y las cosas materiales que mi hijo. ¡No lo mereces! De inmediato, se siente mal Lucia, que había ido allí por ayuda para salvar su matrimonio, pero, en cambio, estaba siendo acusada de no amar a su esposo lo suficiente. ¿Acaso eso era lo que pensaban todos? Incluso Santiago? Recordó cómo en su aniversario, él usó las mismas palabras que ahora usaba Rosaura, acusándola de no valorar el gran esfuerzo que hacía por ella. ¿De verdad estaba siendo tan injusta con su esposo? —¡Está bien, Firmaré!. —No titubea la mujer y toma el bolígrafo que le ofrece su suegra y firma sin perder tiempo en leer el documento. —Una casa no limita el gran amor que siento por su hijo. —Me alegra escuchar eso. —Guarda de inmediato los documentos en un gabinete de su escritorio. —No te preocupes. Hablaré con Santiago, incluso en este momento lo llamaré, para pedir que venga a verme. Te voy a ayudar. —Sonríe con malicia la mujer, que lo único que quería era que su hijo se divorciara de una vez por todas de Lucia, después de todo, ya no había razón para que siguiera al lado de alguien tan poco agradable a la vista. Marca el número de su hijo, y este contesta después de sonar varias veces. —¡Hola mamá! ¿Pasa algo? —Pregunta, apenas descuelga la llamada. —¡Hola querido! No, claro que no mi amor. No pasa nada. Llamaba para saludarte y saber de ti. —Estoy bien mamá, pero ahora estoy algo ocupado. Estoy con Lorena. —Ya veo cariño… Y… ¿Dónde estás? —En el hotel Saint Louis, ¿por qué? —Porque me gustaría hablar más tarde contigo, por lo que me gustaría que vinieras más tarde a mi casa, pero, si estás muy ocupado con el trabajo. —Nada de eso. Lorena me invitó a un pasadía, pues he estado algo estresado estos días. —¡Mmmm! Entiendo cariño. Entonces no quisiera molestarte haciéndote venir. Quizás debería ser yo, quien vaya a verte. —¡Si eso quieres mama! ¿Estás segura de que no ha pasado nada? —Segura, solo me gustaría conversar contigo. Es algo importante. —Afirma, mirando a Lucia y dedicándole una sonrisa que ella inocentemente acepta, mientras espera en silencio que termine de hablar. —De acuerdo, te espero entonces. Ahora estamos en la piscina, tomando algo de sol, pero, por esta noche, nos quedaremos en la habitación 302 —Afirma al otro lado del teléfono. —Muy bien, cariño. Iré a verte entonces. —Cuelga la mujer y Santiago se sorprende un poco, de que su madre ni siquiera le mandara saludos a Lorena, con quien últimamente estaba encantada, ya que afirmaba que su carrera como modelo les iba a dar más exposición, y haría que los conocieran más, y así accederían a una vida social de más nivel, puesto que últimamente era muy cotizada para varios formatos de comerciales y desfiles nacionales, muy importantes, por lo que ya era reconocida en el medio, y estaba adquiéranos algo de fama. Algo que al principio creía de Lucia, que era muy hermosa, e inteligente, pero resultó a su vista ser tan egoísta, que solo se dedicó a su éxito, dejando a su hijo de lado, para luego convertirse en un hipopótamo con dinero, ya ni siquiera para mostrarla en sociedad era útil, y todo lo que había conseguido, para ella, lo merecería Santiago, quien había estado a su sombra durante todo este tiempo para que ella tuviera éxito. … —Suegra, ¿qué dijo? —Pregunta ansiosa Lucia, queriendo que la mujer le confirmara lo que ella misma escuchó. —Que hablará conmigo. No te preocupes querida, ya verás que lo convenceré. Más tarde iré al hotel Saint Louis a verlo. —Comenta adrede la mujer, con la intención de que Lucia sepa donde está Santiago, pues si ya no había más que su gorda, descuidada y fea nuera, pudiera ofrecer, ¿por qué dejaría que siguiera siendo la esposa de su hijo? Si no quería firmar los papeles, la obligaría a hacerlo… —¿Al hotel Saint Louis? ¿Y qué hace allá? —Me dijo que estaba por trabajo, aunque no entendí ¿por qué habló de quedarse esta noche? Incluso reservó una habitación. Me dijo que lo buscara en la habitación 302. —Comenta Rosaura con mala intención, de forma insidiosa. —¿Trabajo? ¿Por qué se quedaría a dormir una noche en un hotel de la ciudad por trabajo? —No sé hija, eso fue lo que Santiago me dijo. —Comenta, avivando la duda en Lucia, que sonríe, y agradece a su suegra por ayudarla. Y apenas sale de la casa de Rosaura, sin dudarlo llama a Macarena, para preguntarle si hay algún evento del que ella no esté enterada, pero Macarena, le asegura que no, asegurándole cuando pregunta por su esposo, que él dijo que se tomaría el resto del día libre, lo que la hace sospechar que Santiago quizás está con alguien más. Con los celos apoderándose de ella, y las inseguridades saliendo a flote, no le cuenta nada a su amiga, hasta no estar segura de sus afirmaciones. Ya sabía donde estaba su esposo, así que lo único que tenía que hacer, era ir y confirmar por sí misma, si realmente había una tercera en discordia, y esa era la verdadera razón por la que él quería el divorcio. Maneja a toda prisa, sintiendo como los latidos de su corazón se aceleran a medida que va llegando al lugar. Cuando llega al hotel, siente como un escalofrío recorre su espalda. Algo que jamás había sentido. Era como si su cuerpo le estuviera diciendo que algo está a punto de pasar. Llega a la recepción y sin dudarlo pregunta por su esposo, de quien le confirman su estancia. —Señorita, ¿podría darme la llave de su habitación? Soy su esposa y quedamos en vernos aquí. —¿Su esposa? ¿Usted es la señora Nashville? —Sí, así es. —Se sorprende un poco Lucia, que se ilusiona un poco creyendo que tal vez su esposo había planeado reconciliarse con ella, y por eso reservó esa habitación de hotel. Sin embargo, la recepcionista sabe su apellido, porque la que aparece registrada como su esposa es Lorena Nashville. La recepcionista le entrega la llave, y Lucia toma el ascensor y sube, mientras otra de las recepcionistas, que recuerda haber registrado en la mañana al hombre, le comenta a la mujer que acaba de atender a Lucia que él se había registrado con otra mujer. —Entonces debemos estar atentas, por si se presenta un escándalo. ¡Hombres! ¡Definitivamente, son todos iguales! —Comenta la mujer. —¿Pero no viste a su esposa? Es gorda y poco agraciada. Se ve, incluso, mayor que él. Mientras que la otra mujer, parece modelo. —Eso no importa. Si no la quiere es mejor decirlo a engañarla. —Comenta la chica, que es callada por el supervisor, que las observa hablando mientras otros huéspedes acaban de llegar. … Lucia, que sube emocionada al tercer piso, entra a la habitación, y observa sobre la cama, algunas prendas de ropa de hombre, y un pequeño bolso de mujer, que de inmediato va a revisar, encontrando la cartera de su hermana. —¿Qué hace el bolso de Lorena aquí? —Se pregunta para sí misma en voz alta, creando varias teorías en su mente. De pronto, escucha voces en el pasillo, y por instinto se esconde en el closet, donde escucha el sonido de la puerta abrirse, La voz de su esposo y de su hermana, ocupan la habitación, y las reconoce al instante. —Cariño, ven aquí… No sabes cuánto he esperado por este momento. —Lo llama Lorena, y al ver por las rendijas de las puertas del closet, cómo Santiago se acerca a ella, y la besa de forma apasionada, siente como si un cuchillo estuviera atravesando su pecho. Totalmente petrificada, no se mueve ni dice nada, tampoco puede dejar de observar la escena que para ella es aberrante y asqueante. Santiago no pierde tiempo, quitándole la ropa a su amante, y ella en entregársele por completo. Desnudos en la cama, Lucia los observa tener sexo, y las ganas de vomitar se apoderan de ella. Los gemidos de los traidores, llenan sus oídos, y las ganas de querer matarlos, finalmente aparecen. Llena de ira, abre las puertas del closet de par en par, poniéndose frente a la pareja que se asusta de inmediato, e intentan cubrirse con las sábanas de la cama. —¡Lu-Lu-Lucia! —Dice Santiago, que no sabe qué hacer, mientras Lorena, observa el rostro de su hermana, segura de que Lucia merecía este sufrimiento. —¡¡¡Malditos bastardos!!! ¡¡¡Desgraciados!!!—Grita alterada y ataca con su bolso a Santiago, que deja que lo golpee, y no hace nada, hasta que Lucia, intenta atacar a Lorena. Entonces, interviene, deteniendo sus manos, sin importarle que la sabana que cubría su cuerpo se cayera al suelo. —¡¡Suéltame!! ¡Le voy a dar su merecido a esa zorra! —Lucia… yo… —Intenta hablar Lorena… —¡Cállate! ¡Ni siquiera digas mi nombre, traidora! —Intenta soltarse del agarre de su esposo, pero este, por primera vez en 5 años, la zarandea. —¡Ya basta Lucia! ¡Ni se te ocurra lastimar a Lorena, o seguir ofendiéndola, porque no respondo de mí! —La amenaza con firmeza, lo que agrada a Lorena, quien al principio lo sedujo para lastimar a su hermana, pero ahora estaba realmente enamorada de él. —¿Te atreves a defenderla? ¡Yo soy tu esposa, no ella! —Hace semanas te pedí el divorcio, te dije que ya no te amaba, pero no quisiste escucharme. —¿Semanas? Sí, desde hace semanas me pediste el divorcio… es cierto, pero dime, ¿desde cuándo me has estado engañando con mi propia hermana? —Lucia, por favor… —Hermana, las cosas se dieron… yo…—Intenta hablar nuevamente Lorena. —¡Te dije que cerraras la maldita boca! —Y yo te dije que no siguieras ofendiéndola. Lorena no es culpable, si hay un responsable aquí soy yo. —Se gira hacia Lorena. —Por favor sal, y déjame hablar con Lucia. Lorena asiente, toma su ropa del suelo, y se la coloca rápidamente, mientras Lucia es bloqueada por Santiago, para que Lorena pueda salir. —¡Suéltame! —Le exige esta vez, y él accede, ya que Lorena se ha ido. —Mira Lucia, sé que no debías enterarte de esta manera, pero ya lo sabes, y no hay nada que pueda hacer para evitarte el dolor que sientes ahora… —¿Dolor? —Lo mira con los ojos llenos de lágrimas. —Acabas de destruirme la vida Santiago. ¡Es mi hermana! ¿Pero qué grado de maldad pueden tener ambos para hacerme esto? —¿Crees acaso que lo planeamos? Solo sucedió… Me juzgas a mí, y a Lorena, pero esto también es culpa tuya. —En serio eres un descarado. ¿Cómo te atreves siquiera a insinuarlo? —¿Descarado? ¿Por decir la verdad? —Toma su ropa y empieza a vestirse. —Desde que nos casamos no hiciste más que trabajar. Abandonaste este matrimonio desde el principio, y luego te abandonaste tú misma. Mírate, no solo se volvió aburrido para mí vivir contigo, sino incómodo. Ya no te deseaba como mujer. No me inspirabas nada, y eso lo ocasionaste tú misma. Lucia, que no puede seguir escuchándolo, lo abofetea con toda la fuerza que sus brazos pueden tener. —¡Ya cállate! Si quieres el maldito divorcio te lo daré. Esto que me han hecho, no tiene perdón. Yo misma presentaré una nueva demanda por infidelidad, y espero tengas un buen abogado, porque planeo dejarte sin nada. —Afirma la mujer llena de odio. —No lo creo Lucia, ya que tú voluntariamente me entregaste la empresa, y por un mensaje que recibí de mi madre hace un momento, parece que también la casa y el auto. ¡Así que no tienes nada! —Se defiende Santiago, que también está muy alterado. —¿Qué carajos acabas de decir?