Capítulo 2
Cuando las primeras luces del día iluminaron el campamento, la tribu entera comenzó sus actividades, cada uno de los integrantes de aquel grupo, se movía de manera coordinada realizando lo que les correspondía por el bien del conjunto.
Kenay, permanecía en su tipi, esperando el gran momento, sabía que debía meditar lo más profundo que pudiera, sobre lo que le esperaba, debía reencontrarse con él mismo y analizar lo que era mejor para todos.
Así que aprovechando la soledad que lo rodeaba, se sentó sobre sus talones, con sus manos sobre sus muslos y cerró los ojos, dejando que su mente comenzara a vagar entre las sombras en busca de una respuesta, y con claridad le vinieron las palabras que recibiera en sus primeras enseñanzas.
«—Las virtudes que un guerrero Sioux debe tener en su camino del guerrero, para desarrollar su carácter y conocerse a sí mismo son seis —decía el jefe brujo, frente al grupo de jóvenes que se preparaban para ser útiles a la tribu y siguió hablando:
»—El Silencio es primordial para la iluminación:
» El Sioux debe evitar trivialidades y hablar sólo cuando sea importante. Los jóvenes no deben hablar a sus mayores en absoluto a menos que se le solicite. La virtud del silencio es una parte de una serie más amplia de la “etiqueta Santee”
» Nadie que esté del todo familiarizado con el Sioux en su casa, puede negar que somos un pueblo educado. Como regla general, el guerrero que inspira el mayor terror en los corazones de sus enemigos es un hombre de una dulzura ejemplar, y de refinamiento casi femenino entre su familia y amigos.
» Una voz baja y suave se considera una cosa excelente en el hombre, así como en la mujer. De hecho, la intimidad en el tipi, sería intolerable si no fuera por esos instintos reservados y delicados; es infalible para el establecimiento del lugar y las posesiones de todos los demás miembros del establecido círculo familiar, esa habitual calma, el orden, el decoro y eso nos lleva a:
» —El Amor es la virtud del carácter
» El amor de un varón Sioux no gira en torno a un sentimentalismo romántico, más bien se muestra mediante la adhesión a un servicio y al deber:
» Todo niño, desde el principio de su formación, es un servidor público embrión. Las lecciones se ponen en práctica diariamente, de esta manera se convierten en parte de sí mismo. No hay salarios, no hay consejos, no hay premios por trabajar.
» Él (el Sioux) toma como pago el reconocimiento de la comunidad y la conciencia de servicio desinteresado.
» Es el mejor amor que un hombre puede desarrollar por sus semejantes; se considera que la amistad “es la prueba más severa de carácter”:
» Pensamos que es fácil ser leales, a la familia y al clan, cuya sangre está en nuestras propias venas. El amor entre el hombre y la mujer se basa en el instinto de apareamiento y no está libre del deseo y el egoísmo.
» Más, tener un amigo y ser uno de verdad, bajo cualquier y todas las pruebas, ¡esa es la marca de un hombre! El tipo más elevado de la amistad es la relación de ‘hermano-amigo’ o ‘amigo en la vida o muerte’.
» Este vínculo es entre el hombre y el hombre, por lo general se forma en la primera juventud, y sólo puede ser roto por la muerte. Es la esencia de la camaradería y el amor fraterno, sin pensar en el placer o la ganancia, sino más bien en el apoyo moral y la inspiración.
» Cada uno se compromete a morir por el otro, si es necesario, y nada les niega el hermano-amigo, pero tampoco se requiere nada que no esté de acuerdo con los conceptos más elevados de la mente Santee.
» La Reverencia es el orden del universo
» La religión es la base de toda la formación Santee, y la espiritualidad de un guerrero Sioux está íntimamente ligada a la conciencia del mundo natural, que creemos es sagrado. Todos los seres vivos tienen un alma, no de la misma naturaleza que el hombre, aunque es un espíritu hecho por el Creador.
» El hombre Sioux siente un parentesco con la tierra y los animales que viven en ella, y debemos estar agradecidos por la ropa y alimentos que nos proporciona el mundo natural.
» Debemos conservar ese gesto de asombro y maravillarnos en cada descubrimiento que hacemos día con día, durante toda la vida a través de esta conexión.
» El esplendor de la vida se destaca por excelencia, mientras que más allá de todo y en todos, habita el gran misterio, sin resolver e insoluble, a excepción de aquellas cosas de las que es bueno para nuestro propio espíritu saber.
» La Generosidad es invaluable en la tribu, porque todos somos uno
» El Santee cree que, el amor por las posesiones es una debilidad que hay que superar. Ya que el afán de adquirir, fue pensado para debilitar la propia virilidad y obstaculizar el crecimiento espiritual.
» Para superar el apego a los bienes, y mantener un estilo de vida mínima, la ofrenda pública es una parte prominente de las bodas, nacimientos, funerales, y cualquier otra ocasión en la que un miembro de la tribu es especialmente honrado.
» Durante estas ceremonias, los Sioux deben dar de manera generosa, hasta el punto de empobrecimiento absoluto.
» El Sioux en su simplicidad, literalmente regala todo lo que tiene, a los parientes, a los huéspedes de otra tribu o clan, pero sobre todo a los pobres y las personas de edad, de la que se puede esperar no retornen.
» Por último, el regalo a Wakantanka, la ofrenda religiosa, puede ser de poco valor en sí mismo, aunque el propio pensamiento del donante debe llevar el significado y la recompensa del verdadero sacrificio.
» El experto cazador invita, con frecuencia, a los ancianos de la tribu a las celebraciones y banquetes con él y su familia; a cambio, los viejos entretienen y edifican el hogar con sus historias de los días pasados.
» Al mostrarse a sí mismo como un anfitrión generoso, su reputación aumenta, reconociéndolo como un gran cazador y un creador de festejos, y casi tan famoso en su camino como el gran guerrero, aquel que tiene un nombre reconocido y con una buena reputación de ‘hombre de paz'.
» El Valor y el coraje se necesitan para avanzar
» La importancia del valor de un Sioux se basa en la capacidad de olvidarse de sí mismo en la búsqueda del deber y el deseo de servir y proteger a los demás.
» La concepción Sioux de la valentía hace de ella una alta virtud moral, porque para el guerrero no consiste tanto en la autoafirmación agresiva, como en el absoluto control de sí mismo:
» El hombre en verdad valiente, no se rinde ante el miedo, ni ante la ira, el deseo, ni la agonía; él en todo momento es dueño de sí mismo; su valor se eleva a las alturas de la caballerosidad, patriotismo y heroísmo real.
» —‘Que ni el frío, ni el hambre, ni el dolor, ni las sombras, ni el calor intenso del sol, ni el temor a todos ellos, ni los dientes erizados de peligros, ni las garras de la muerte misma, te impidan hacer una buena acción’ —dijo el viejo jefe brujo con verdadero énfasis y determinación.
» La Castidad da más valor a la conquista
» La castidad no sólo es muy apreciada en una mujer Sioux, en un hombre Santee tiene mucha importancia. Ciertas fiestas se llevan a cabo para ustedes, los hombres jóvenes, que desde niños nunca han hablado con una chica en el cortejo.
» Demostrar la valía como hombre es considerado un requisito previo para hacerse uno mismo elegible para ser un pretendiente.
» Se considera ridículo hacerlo antes de alcanzar algo de honor como guerrero, y los novatos se enorgullecen en gran medida de su autocontrol.
» El más alto honor es para el hombre que ha ganado alguna distinción en la guerra y la caza, sobre todo al haber sido invitado a un asiento en el consejo, antes de hablar con cualquier chica y salvar a su propia hermana.
» Parte del efecto de saludo, de la formación física, vigorosa, de los jóvenes participantes, es la forma en que estos deportes y juegos sirven como una liberación para su energía sexual, de modo que puedan mantener un dominio valiente de sí mismos en esa área de su vida también.
Reflexionando sobre todas esas enseñanzas y la forma en que fue asimilando cada una de ellas a medida que avanzaba en su formación para guerrero, Kenay, salió de su meditación, ahora se sentía diferente, estaba preparado para lo que se le presentara y sabía lo que debía hacer según se le presentaran las cosas.
En ese momento, se abrió el tipi y apareció el dulce rostro de Aiyana, se veía preocupada y nerviosa, además en sus facciones había huellas de que no había pasado bien la noche, no obstante, trataba de sonreír de aquella manera tan tierna y candorosa en que lo hacía.
—¿Interrumpo algo? —le dijo tratando de aparentar tranquilidad.
—No… ya he terminado —le respondió el invitándola a pasar
—Quería hablar contigo antes de que… pasen las cosas.
—De acuerdo… ¿qué necesitas?
—Decirte que pase lo que pase el día de hoy, siempre te voy a amar, eres lo único que me importa en este mundo y no quiero que nada malo te suceda.
—Tú también eres lo que más me importa en este mundo y no va a pasar sino lo que tiene que pasar, así que no ganas nada angustiándote.
—Es que tengo tanto miedo por ti.
—Wakantanka, nos dará la señal de lo que tiene que ser, así que confía y espera por las señales que se nos envíen, siempre serán lo mejor para nosotros.
—Lo sé… creo y confió, aun así, no dejo de sentir miedo.
—Nuestro amor está por encima de todo y es el que dirá la última palabra.
—Así es como lo espero… sólo te pido que tengas mucho cuidado…
—No te preocupes… ahora vete y trata de encontrar la paz dentro de ti.
—Es lo que voy a hacer… hablar contigo me ha ayudado mucho.
Aiyana, salió del tipi y Kenay, suspiró fuerte, el sentimiento que ella le despertaba era más grande del que él mismo podía imaginar y precisamente por esa emoción, era que tenía que luchar hasta morir, aunque eso no le importaba en verdad.
Lo que en realidad le atormentaba era el saber que, si moría, ella quedaría sola, a merced de aquel altanero y potente guerrero que, no sabría tratarla con el cariño y la suavidad que ella se merecía, era algo que no podía tolerar.
El sonido de los tambores en el centro de la aldea, lo hicieron salir de sus cavilaciones, el momento había llegado, los tambores llamaban a la batalla.
Sin prisa alguna se acomodó su taparrabos y se ciñó bien el cuchillo que llevaba colgado a un lado de su cintura, sus mocasines estaban bien atados y él se sentía listo para aquella contienda que sería feroz y contundente.
Con paso firme salió de su tipi y caminó hacia su destino, a su paso algunos de sus amigos lanzaban gritos de apoyo, en primera fila estaban Sahale, «halcón» Cholena, «pájaro» y Tadi, «viento», sus mejores y leales amigos.
Sin voltear a ver a nadie, avanzó hasta el centro de la aldea, Unkas Hoksila, ya se encontraba ahí, vestido con su taparrabos y sus mocasines, se veía más imponente que nunca y en su rostro serio se notaba la determinación.
Se situó frente a él, a pocos pasos de distancia, los tambores callaron y el gran jefe levantó su lanza al aire, todos voltearon a verlo, incluyendo a los contrincantes, por unos segundos toda la aldea quedó en completo silencio, era el momento de la verdad y ya no había vuelta atrás.
Capítulo 3
El gran jefe, bajó el brazo con determinación y su lanza golpeó en el suelo con fuerza, como si aquella fuera la señal que esperaba, Unkcas, se lanzó sobre Kenay, embistiendo como si fuera un búfalo embravecido y dispuesto a todo.
Kenay, alcanzó a verlo por el rabillo de su ojo derecho, llevaba el cuchillo en la mano y arremetía contra él decidido a terminar con todo de una buena vez.
Los reflejos del enamorado reaccionaron al instante y con un ágil movimiento de caderas y de cuerpo pudo eludir a su atacante que se fue sin haberlo alcanzado, lo que lo hizo enfurecer y darse la vuelta más decidido que nunca.
Kenay, ya lo esperaba con el cuchillo en su diestra, así que Unkas, ya no se lanzó sobre de él, ahora los dos quedaron frente a frente a corta distancia, mientras de movían de un lado a otro, estudiándose con atención y esperando el momento apropiado para iniciar un ataque definitivo.
Mientras danzaban, la mano derecha de Unkas, tiraba pequeños golpes tratando de sorprenderlo, sólo que, Kenay, no presentaba un blanco fácil y no lograba alcanzarlo, fue en uno de esos movimientos en los que ambos se trenzaron, la mano izquierda de Unkas sujetaba la mano derecha de Kenay, para impedir que le hiciera daño con su cuchillo, Kenay, también le sujetaba la diestra con su siniestra, mientras sus piernas se movían con agilidad y fuerza.
Parecían dos titanes enfrentados a muerte, el resto de la tribu los veía forcejear sin atreverse a elegir a un ganador, si bien era cierto que, Unkas, se veía más fuerte y poderoso, también era cierto que, Kenay, no retrocedía ni se arredraba ante aquello.
La fuerza de Unkas, comenzó a doblegar la resistencia de Kenay, quién supo que no podía permitirle tomar ventaja, así que sin que el otro se lo esperara, se dejó caer de espaldas al piso, al tiempo que levantaba su pierna derecha y la clavaba en el musculoso vientre de su oponente, lanzándolo por sobre su cuerpo, varios metros hacia atrás, con mucha fuerza.
La caída de Unkas, fue aparatosa y dolorosa, el guerrero despechado, sintió que todo el aire se escapaba de sus pulmones, mientras su cuerpo se estremecía de dolor, no obstante, su orgullo y su coraje eran superiores, así que rodó por el suelo para luego ponerse de pie frente a su contrincante que ya lo esperaba en guardia.
De nuevo comenzaron a moverse de un lado a otro, estudiando los movimientos del contrincante, de pronto, Unkas, hizo algo que Kenay, no se esperaba, se cambió el cuchillo de mano, aventándolo al aire, una y otra vez, como si lo estuviera hipnotizando con aquellos sincronizados movimientos.
Y cuando menos se lo esperaba, lanzó una cuchillada que se clavó en el costado izquierdo del cuerpo de Kenay, al que había tomado por sorpresa, el dolor fue intenso, pero no lo suficiente como para que el joven enamorado perdiera el control y siguió moviéndose a pesar de que sentía la sangre que emanaba de su herida.
Unkas, seguro de lo que hacía, volvió a cambiar el cuchillo de mano a mano mientras veía fijamente a su rival, quien hacia esfuerzos desesperados para encontrar el momento propicio de lanzarse al ataque.
Una vez más, Unkas, lo sorprendió lanzando una cuchillada sorpresiva y la filosa hoja se clavó en el costado derecho de Kenay, quién por instinto se movió hacia atrás sin perder de vista a su agresor.
Aiyana, no podía soportar ver todo aquello, el cuerpo de su amado sangraba por ambos costados y ni siquiera había podido herir a su contrincante, pese a su extremo control, dos lagrimas rodaron por sus hermosas mejillas, mientras los veía seguir danzando, frente a frente, como dos animales furiosos y Unkas, moviendo su afilado cuchillo de mano a mano, lanzándolo en el aire y tomándolo con precisión.
Kenay, sabía que tenía que ser más inteligente y astuto que su contrincante, se desangraba y herido como estaba, no iba a durar mucho, así que sin que Unkas, se lo esperara, en uno de los movimientos que hacía con sus manos con el cuchillo en el aire, Kenay, lanzó una fuerte patada y le pegó al cuchillo, botándolo a un lado.
Fue en ese momento en que, Unkas, vio con sorpresa que se quedaba desarmado, cuando Kenay, le lanzó una potente cuchillada que se clavó en el hombro derecho de su contrincante, el dolor que el guerrero despechado sintió, lo hizo gemir como fiera herida, estiró su mano derecha y sujetó la cabeza de su rival al tiempo que le lanzaba un potente cabezazo que se estrelló contra el pómulo derecho de Kenay, reventándoselo y haciéndolo retroceder.
Con el movimiento que hizo, el guerrero enamorado soltó el cuchillo y Unkas, no esperó a más, se lanzó sobre de él tirándole dos potentes puñetazos, con su mano derecha lo golpeó en el rostro, reventándole la boca y con su mano izquierda lo golpeó en el cuerpo, justo en donde tenía la herida del cuchillo abriéndosela más.
Al verlo descontrolado e indefenso, Unkas, aprovechó el momento para agarrarlo del cuello con ambas manos y comenzó a ahorcarlo, tenía que acabar con él, debía terminar con ese infeliz que se había atrevido a pedir a Aiyana, en matrimonio.
No sólo era su contrincante más peligroso en la preparación para guerrero de la tribu, que muchas veces lo había derrotado, también era su rival en amores y eso ya no podía perdonárselo, así que, si terminaba con él, quedaría como el mejor de todos y se casaría con la hermosa joven que lo tenía enloquecido.
Kenay, sentía que le faltaba el aire, trató de separar aquellas garras, que lo asfixiaban, utilizando sus propias manos, pero no pudo hacerlo ya que la fuerza de Unkas, era superior a la suya, así que le tiró un par de golpes a las costillas, aunque ni siquiera lo movió un poco, el aire le faltaba en sus pulmones y sentía que la cabeza le iba a estallar de manera violenta.
Sin otra alternativa, se dejó caer de espaldas al suelo y levantó ambas piernas para clavarlas en el vientre de su agresor, nuevamente, el cuerpo de Unkas, salió proyectado por el aire y azotó de manera aparatosa a unos metros, soltando a su presa con la inesperada proyección de su cuerpo.
Se levantó tan pronto como pudo y cuando lo hizo vio que Kenay, ya estaba de pie, aunque jalaba aire desesperadamente por la boca, estaba listo para recibirlo, ahora era cuando podía acabar con él, se veía agitado, descontrolado y tal vez sin fuerzas para poder resistir un nuevo ataque que terminara con su vida.
Sin esperar a más, sangrando profusamente de su hombro derecho y aun tratando de recuperar el aire perdido en la brutal caída, Unkas, se acercó a Kenay, dispuesto a terminar con aquel pleito y con su odiado rival.
Cuando lo tuvo a distancia, le lanzó un violento derechazo, Kenay, alcanzó a verlo y con un movimiento de cintura lo eludió al tiempo que clavaba, con todas sus fuerzas, su puño izquierdo en el hígado del frustrado guerrero, el cual acusó de inmediato el impacto, sintiendo que su pierna derecha se le paralizaba y un profundo dolor lo recorría de pies a cabeza.
Al ver que lo había detenido con aquel golpe, Kenay, contraatacó con ambas manos, golpeó a su contrincante en el rostro con el resto de sus fuerzas, izquierda y derecha, con determinación, con coraje.
Una de las cejas, el pómulo y la nariz de Unkas, sangraban producto de los golpes, y aunque lo intentaba no podía moverse, su cuerpo estaba paralizado por el dolor del costado derecho de su cuerpo y su desesperación era completa.
Kenay, decidido a todo, le lanzó un golpe con su mano derecha desde debajo de su ombligo hasta alcanzarle la mandíbula de una manera demoledora, la cabeza de Unkas botó hacia atrás y sin poderlo evitar, su cuerpo cayó, de espaldas, pesadamente en el suelo levantando polvo.
Estaba completamente vencido, casi inconsciente, incapaz de levantarse y mucho menos de protegerse, Kenay, aprovechó aquello para tomar su cuchillo del suelo y con pasos lentos y cansados, fue hasta donde Unkas, permanecía tirado de espaldas, se montó sobre su estómago y con ambas manos sujetó la cacha de su cuchillo para levantarlo sobre su cabeza apuntando directamente al rostro de su contrincante.
Toda la tribu había guardado silencio, era el momento de la verdad, todos sabían que nada iba a evitar que Unkas, muriera en ese momento, Aiyana, aún dentro de la alegría que le producía ver a su amado a punto de lograr la victoria, se estremeció ya que tampoco le deseaba la muerte a Unkas.
Kenay, con ambas manos sobre su cabeza y la punta del puñal apuntando hacia el cuello de su rival, vio los ojos de este y notó que se resignaba a emprender el viaje hacia sus antepasados, no había temor, ni miedo en sus facciones, sólo resignación y derrota, así que, sabiendo que todos esperaban la culminación de aquello, bajó sus manos con todas sus fuerzas llevando el puñal por delante.
El grito de exclamación de la tribu se convirtió en un grito de sorpresa al ver que el cuchillo se había clavado en el polvo, a un lado del cuello de Unkas, que con los ojos abiertos no alcanzaba a comprender lo que había pasado.
Kenay, se levantó y poniéndose de pie frente a Unkas, le ofreció su mano, este, se agarró del antebrazo de su contrincante y aprovechó el jalón que le daba para ponerse de pie, lo abrazó por la cintura y lo hizo caminar hacia el tipi del jefe brujo.
Todos en la tribu comenzaron a gritar de alegría, y Aiyana, no pudiendo aguantar más, corrió hacia ellos y viendo que el jefe brujo sujetaba a Unkas, para conducirlo al interior de su tipi, se abrazó a Kenay, con todo el amor que sentía por él, el joven guerrero le correspondió soportando el dolor que le provocaba en sus heridas, con aquel cálido abrazo.
—Nunca había tenido tanto miedo como el día de hoy… —le dijo ella amorosa— pensé que te iba a matar, te hirió muy feo.
—Tu amor me hizo seguir adelante, no podía dejar que nadie más te tuviera, ni muerto lo hubiera podido soportar —respondió Kenay, a su oído.
—También tuve temor de que lo mataras… —confesó ella— no quería que él muriera por sus acciones, no deseaba ver que lo sacrificaras.
—Yo tampoco lo deseaba… —siguió él hablándole al oído— por eso no lo hice, no era necesario acabar con él… la vida de un guerrero no tiene precio, por lo mismo no se puede desperdiciar de esa manera.
Muy pronto se les reunieron Sahale, «halcón», Cholena, «pájaro» y Tadi, «viento», todos felicitándolo por lo que acababa de hacer y con la honestidad que les daba la amistad que se tenían, le confesaron abiertamente que, no esperaban que pudiera vencerlo, Unkas, no sólo era un gran guerrero, sino un excelente luchador y así lo había demostrado a lo largo de los años.
Curado de sus heridas, Unkas, salió del tipi del jefe brujo, los vio y estuvo a punto de agachar la cabeza y marcharse a su tipi, pero se detuvo y sin que nadie se lo esperara, extendió su mano hacia Kenay, que lo agarró por el antebrazo.
Sin mediar palabra se abrazaron con sinceridad, como viejos amigos, luego se separaron y Unkas, caminó hacia su tipi, sin voltear a ver a ninguno de ellos, incluso ignoró a Aiyana, que no entendía su proceder.
No pudo preguntarle nada a su amado ya que el jefe brujo, había salido por él y lo conducía al interior de su tipi para restaurar sus heridas.
Sahale, Cholona y Tadi, se despidieron de ella para ir a realizar sus actividades y la muchacha permaneció a la puerta del tipi, para esperar a su enamorado, ahora más que nunca se sentía la mujer más orgullosa del mundo, su amado no sólo había demostrado ser todo un valiente, sino además fue justo y generoso.
Y eso mismo pensaba el gran jefe Ohiyesa, meditando con su consejo de sabios en el interior del tipi, aquello que habían presenciado era una prueba indiscutible de la nobleza, generosidad y sobre todo del valor sobresaliente de un guerrero.