Capítulo 2

5 años después

Jana Bruce.

—Hoy atenderás en urgencias, podrás salir antes, aunque tendrás que estar pendiente de todo lo que se necesite por aquí ¿bien?

—Bien —contestó, la dueña del hospital es una mujer preciosa, tiene el cabello negro y los ojos enormes del mismo color, siempre se viste de colores pasteles y los tacones que usa son divinos. Realmente, es una mujer que sabe vestirse.

—Hay un nuevo jefe de cirugía, el será el encargado de decirte lo que debes hacer, debería llegar en unos minutos. Procurara no hacerle enfadar Jana, todos sabemos cómo eres con los nuevos.

—Si señorita Hamilton, lamento los inconvenientes que haya causado —ella me sonríe y niega con la cabeza.

—Ni que lo digas, todo está bien por ahora.

—Gracias —murmuró.

Veo a la dueña desaparecer y me relajo, debido a que es un hospital privado no vienen tantos clientes, unos días solemos estar mas llenos que otros, el equipo y yo solemos hablar entre nosotros y reírnos, pero no somos cercanos, pocas veces salimos después del trabajo o nos contamos cosas. Supongo que lo nuestro es mas profesional que otra cosa. Camino por los pasillos buscando con la mirada a alguien que luzca como jefe de cirugía, pero no veo nada. Detesto a las personas impuntuales, es una señal de que no son totalmente responsables.

Bufo y me quito los guantes, los clientes que han llegado son de emergencia, pediatría y algunos por dolores comunes. Mientras camino hacia la salida para observar el panorama choco con alguien, quien me tira café helado encima.

Gruño y alzo la mirada.

Es un hombre de mi edad, con el cabello largo de color negro, ojos grises, tez blanca y un tatuaje cubriendo su muñeca con forma de serpiente. Lleva ropa informal por lo que deduzco que es un cliente, intento sonreír, pero sale más como una mueca. Luego de romper con Bruno y haberme alejado de mi mejor amiga, me volví una persona amargada, he intentado tener citas, pero algo siempre sale mal, como si no pudiera mantener una conversación con alguien sin antes imaginarme como mi ex me juro amor y luego me dejo plantada en el altar.

El chico frente a mi tiene rasgos duros y masculinos, es guapo, pero sigo enfadada por lo del café. Espero que se disculpe o me diga algo, pero solo dice:

—Sal del camino.

—No, discúlpate.

—¿Disculparme? —pregunta como si le estuviera diciendo algo de otro mundo, lo miro sin dejarme intimidar y me quedo de pie frente a el—. No tengo porque disculparme estabas en el medio.

—¿Eres cliente? Porque si es así, te pido que te retires y busques otro hospital donde puedan atenderte con gusto.

Frunce el ceño y suelta una sonora carcajada. El lo esta disfrutando, disfruta de lo confundida y molesta que parezco. No le veo la gracia a la situación, quiero que este hombre desaparezca de mi vista y deje de actuar como un completo idiota. Veo la hora en mi reloj y ruedo los ojos cuando no veo señal del nuevo empleado.

—Soy el nuevo jefe de cirugía ¿Y tú eres?

Mierda, no puede ser. ¿Por qué él? ¿Por qué un tío bueno y antipático? ¿Por qué tiene que ser justo el imbécil que me acaba de lanzar café encima? Creo que estoy pagando algún tipo de karma, pero la vida debió equivocarse. No fui yo la que cancelo una boda y no fui yo la que le quito el prometido a su mejor amiga. La vida debería hacer mejor su trabajo e informarse bien de a quien debe lanzarle todas las cosas malas. No es justo que me pasen a mí, no cuando todo lo que hago es tratar de salir adelante y tener un mejor futuro.

—Estoy especializada en cirugía y estaré bajo tu cargo.

—Entonces, solo eres mi empleada.

—No soy tu empleada, te recuerdo que ambos somos empleados en este hospital.

—¿Trabajas para mi o no?

—Si, pero…

—No hay peros que valgan. Lamento haberte lanzado el café helado encima, fue un accidente.

—Hemos empezado con el pie izquierdo —susurro.

—Ha sido tu culpa, fuiste la que me insulto sin razón.

—¿Sin razón?

Sonríe, pero no responde, me entrega sus cosas y se va. Lo veo desaparecer por el enorme hospital y llevo todo lo que me ha dado hasta su oficina, es un idiota, creo que cualquier persona con dos dedos de frente podría darse cuenta de que es un imbécil sin remedio Podría deducir su vida solo con la actitud que tiene, es de padres millonarios, siempre lo apoyaron en lo que quisieron o puede que solo estudio medicina por obligación y vive la carrera de forma frustrada. También pienso que vive solo, esta necesitado de un buen sexo y es una persona con pocos amigos.

El hecho de tener dinero hace que las personas se sientan seguras, la mayoría de las veces se vuelven arrogantes y odiosas, me salgo de la oficina y veo mi teléfono, en Instagram veo varias fotos de Maya y Bruno, se ven felices juntos, han hecho muchos viajes. Maya me ha escrito en varias ocasiones, al principio no le contestaba, no quería saber nada de ella, me dolía lo que había hecho, todavía me duele y se que no puedo vivir toda la vida odiándola. Lo pensé mientras estaba acostada en mi cama, con dos nuevos mensajes de ella, los miré con remordimiento y respondí.

Aquella noche no hablamos mucho, se sorprendió de que le respondiera y me agradeció repetidas veces, Maya creyó que ya lo había superado y que estaba lista para volver a ser su amiga y llevarme bien con Bruno. Sin embargo, dudo que algún día este lista para eso. Cuando conversé con ella me di cuenta que seguía doliendo, todavía el dolor no se había ido del todo, me abrumaba recordar la escena en la que supe que ella era la que se acostaba con mi prometido.

Una mujer no puede olvidar algo como eso tan rápido, ame a Bruno mas que a ninguno, fue mi primer amor y no he vuelto a amar a nadie. Mis citas nunca salen bien, creí que nuestro amor iba a durar toda la vida, ya había imaginado como seria tener dos hermosos bebes, pero me quede sin su cariño, no se lo reprocho, tampoco quiero que vuelva, lo único que me hubiera gustado saber es en qué momento comenzó a sentir cosas por Maya.

Me hubiera gustado saber que estaba mal conmigo, siempre intente que nos llevemos bien, pensaba que su amor valía la pena, le di todo de mí, le entregue incluso mi amor propio, sentía que quería salir corriendo y decirle que volviera. Fue un placer conocerlo, aunque solo hayamos durado algunos años, fueron los mejores años de mi vida y a pesar de que nunca me dijo que era el amor de su vida, cuando me fui supe que él nunca pensó que yo era la indicada. No sé por qué motivo me pidió matrimonio si no sentía todo lo que yo estaba sintiendo. Quizás lo nuestro solo fue casualidad, puede que estábamos destinados a terminar, él se iba y yo me quedaba aquí, pensando en que falle. Estoy sentada en mi escritorio y sigo viendo la foto de ellos en e ultimo viaje que hicieron, bebo un poco del café que me ha traído una de las secretarias y me llega un mensaje de Bruno, toso por la sorpresa y lo abro de inmediato.

Tiene que ser una estúpida broma.

No es cualquier mensaje, ni cualquier cosa que esta diciendo, tampoco es un simple saludo. Ojalá lo fuera, hubiera sido mil veces mejor que fuera un saludo, pero esto… es demasiado, incluso me parece cínico, es una invitación a la boda de Maya y suya. Una estúpida invitación a su boda ¿En que estaba pensando cuando me mando esto? ¿Creyó que me haría feliz, que estaría bien con todo esto?

Mensaje de Bruno:

Espero que asistas, Maya esta muy ilusionada con la boda, pero a la vez se ha sentido mal. Jana, ella quiere que su mejor amiga este ahí. Tienes que ir, no puedes estar molesta conmigo toda la vida y menos con ella. Fueron amigas durante años, piénsalo.

Maya te necesita ese día allí.

¿Por qué debería importarme lo que Maya esta sintiendo en estos momentos? El mensaje de Bruno hace que mis buenos ánimos desaparezcan, no puedo creer que lo haya dicho como si no fuera nada. ¿Acaso su cariño hacia mi fue tan poco y miserable?

Mensaje de Bruno.

En unas horas llegaremos a Los Ángeles, han sido una locura los últimos días.

Ignoro todos sus mensajes y apago la pantalla del teléfono, no quiero saber mas sobre sus vidas, no estoy interesada en saber como les va o si van a casarse. Tampoco me interesa saber que a partir de las próximas horas volveremos a estar en la misma ciudad. Después de que ellos se fueron y Bruno me dio los papeles de la casa, la vendí. Tuve la fortuna de poder venderla a un precio alto, me compre un lindo apartamento y un lindo auto que me permite movilizarme a donde quiera.

Capítulo 3

En esos momentos me sentía menos triste, intentaba convencerme a mí misma de que al menos había tenido una compensación por mi corazón roto, días después no se sintió así, yo ayude a pagar la casa donde vivía con Bruno, ayude a comprar todas las cosas materiales que teníamos y siempre estaba pendiente de todo. Así que no, no era una compensación era como si me estuvieran devolviendo todo el dinero que gastamos cuando estábamos en la relación.

Me hubiera gustado no desperdiciar tantos años de mi vida con alguien como el, tal vez hubiera conocido a otra persona. La puerta de mi oficina se abre y arrugo el entrecejo, estoy por decir algo, pero es el nuevo jefe de cirugía así que me quedo en silencio. En mi vida solo atraigo hombres idiotas e insensibles.

—¿Y mis cosas?

—Las he dejado en tu oficina, soy Jana, por cierto. —digo con la mirada metida en el ordenador, mi voz ha salido en un tono mas bajo de lo usual, debe ser porque no me siento bien.

—Mi nombre es Dante, ¿Ocurrió algo?

—Nada fuera de lo usual.

Asiente, está por irse, pero vuelve a abrir la puerta y rueda los ojos. Se queda unos minutos en la puerta como si no quisiera soltar lo que está pensando y yo solo veo mi ordenador. Ya no tengo fuerzas para discutir con Dante, el seguro que puede hacer lo que guste con su vida. No creo que tenga problemas con las chicas y dudo que este enamorado. Sus ojos son inexpresivos, como si solo fuera un tonto robot diciendo tonterías.

—Levántate, iremos al restaurante quiero hablar contigo sobre algo que ha dicho Alexa.

Alexa es la dueña del hospital, es tan joven como nosotros, pero su padre murió de cáncer y ahora quedo ella manejando todo el hospital. Muchos se preguntan como hace para mantener todo esto sola siendo tan joven, cuando comencé a trabajar aquí me preguntaba lo mismo, se me hacía extraño e intrigante que una persona pudiera con algo tan grande sola.

En las entrevistas ella afirma que ha pensado en vender el hospital, hubo días en los que sentía que ya no podía más y eso hacía que su vida fuera un poco menos feliz. Sin embargo, ha podido irse acostumbrando con el tiempo, se ha adaptado a manejar todo sola y las cosas que hace siempre son revisadas por expertos que ella misma contrato para asesoría. Es una mujer increíble, el mundo necesita de más mujeres como ella.

Ladeo la cabeza y me levanto, no me fascina la idea de ir a comer con Dante, pero son cosas de trabajo y no me pienso quejar. Es lo único que me queda de mi antigua vida, mi trabajo y el esfuerzo que le he echado durante toda mi carrera laboral.

—Creí que ibas a quejarte.

—No me conoces —escupo con frialdad—. No puedes pretender conocer cosas sobre mí.

—La primera vez que hablamos actuaste como alguien que discute con todos, por eso asumí que siempre eras así.

—Me lanzaste café helado encima, Dante ¿Qué esperabas?

—No lo sé, no esperaba nada en concreto, pero ahora no te he lanzado nada y luces como si quisieras arrancarme la cabeza. Dudo que un hombre pueda tolerar a una mujer como tú, de seguro por eso estas soltera porque nadie quiere casarse contigo.

Me ha dolido, pero no voy a admitirlo o eso es lo que creo, mi plan de no reaccionar ante su comentario sale mal cuando comienzo a llorar desenfrenadamente, las lágrimas caen sin parar como si fuera lo que necesitaba hace un tiempo. Puede que llorar es lo que me ayude a olvidar todo el dolor que pase. Puede que expulsando todas las lágrimas que hay dentro de mí, vuelva a ser la misma de antes.

Dante agranda los ojos cuando escucha mis pequeños sollozos, estamos en la calle frente al hospital y ya íbamos de camino al restaurante, el chico se voltea a verme y me abraza, no dice nada y no hace cosas innecesarias como acariciar mi cabello, solo está ahí sosteniéndome. No esperaba que lo hiciera, que fuera la clase de chico que piensa en los demás, ni siquiera se si eso es lo que está haciendo con exactitud, pero se lo agradezco.

Odio que me vean llorar, lo he odiado desde pequeña, sentir todas las miradas puestas en ti y que algunos te crean patética es lo peor que puede ocurrir. Logro calmarme y me separo de el, no subo la cabeza, solo limpio mis lagrimas con el antebrazo y camino derecho en dirección al restaurante mas cercano que hay.

Dante me sigue sin rechistar, pero me agarra del brazo y me jala hacia atrás haciendo que mi espalda pegue contra su pecho.

—¿Qué cojones?

—Eso mismo te pregunto yo a ti ¿No has visto el auto?

—No yo…

—Jana, no llevo ni veinticuatro horas conociéndote y ya has llorado frente a mí, te he salvado de morir y te he hecho cabrear. ¿Cuántas personas han logrado eso?

—Solo tú, y no he llorado frente a ti —aclaro—. Tú me has hecho llorar.

—Lo supuse, solo quería confirmarlo. Lamento si me pase de la raya, eres una chica guapa no debes tomarte enserio mis comentarios de neandertal.

Me rio.

—No tengo inseguridades con mi físico. —respondo alzando la cabeza y sonriendo, me siento un poco mejor, me ayuda que Dante no sea tan frio al respecto. No lo conozco, pero siento que ha visto mas facetas de mi que cualquier persona en el hospital. Hemos comenzado a caminar nuevamente en dirección a nuestro destino, los carros pasan y vemos varios edificios, me siento como si hubiera sacado cosas que tenia metidas en la mente y no podía soltar.

—¿Entonces, porque has llorado?

—Son temas personales.

—Dejan de ser temas personales cuando lloras frente a alguien.

—No, Dante. No funciona así.

—En mi mundo funciona así, venga dime que te pasa.

Llegamos al restaurante y abro la puerta rodando los ojos. Solo he llorado no tiene porque meterse donde no lo llaman, es frustrante que crea que debo contarle toda mi vida porque ha hecho un chiste de mal gusto y me lo he tomado personal. Sigo discutiendo con el del porque no debo contarle mi vida hasta que escucho unas voces gritar mi nombre. Dante y yo estábamos a puntos de sentarnos en una de las mesas esquinales, pero se voltea al oír los gritos y yo solo ruedo la silla para sentarme.

—Te están llamando.

—No los mires —demando.

—Parecen amigables.

—Dante, siéntate y no los mires.

Hace lo que le digo y me mira con seriedad.

—¿Quiénes son y porque estas huyendo de ellos?

—No estoy huyendo, solo no quiero hablarles cuando estoy en una reunión de trabajo.

No pasan ni cinco minutos cuando Maya y Bruno se acercan a nuestra mesa. No quiero verlos, tengo la cabeza metida en el menú y se que son ellos porque les he escuchado la voz minutos atrás. Tengo la sensación de que todo me esta saliendo mal en la vida. ¿Cómo es que acabaron justo en el mismo restaurante que yo? Habiendo tantos lugares para comer, tantos puestos de comida rápida ¿Por qué han acabado aquí?

—Jana —dice Maya con alegría y me veo obligada a quitarme el menú de la cara, es allí cuando la veo, tiene el cabello corto y se lo ha pintado de gris, le queda bien, lleva un atuendo elegante que se ajusta a su figura, luego recuerdo como voy yo vestida y me avergüenzo, el uniforme del trabajo no es exactamente el atuendo que tenia en mente para volver a ver a Bruno.

Por otro lado, el sigue luciendo igual a cuando me dejo plantada por otra chica, nada ha cambiado de su apariencia física, me gustaría decir que es un hombre feo, pero no lo es, sus ojos están puestos en los míos, no se como ambos esperan que reaccione, pero luego recuerdo que mi nuevo jefe esta delante de mi y sonrió abiertamente. La sonrisa más falsa y fingida que puedo hacer.

—Maya, Bruno pensé que llegarían a la ciudad más tarde.

—Hemos podido llegar antes, ha sido una suerte porque aún debemos arreglar todo lo de la boda.

—¿Van a casarse? —pregunta el chico a mi lado, joder cuanto desearía que Dante cerrara la boca.

—Si, hace un mes que Bruno decidió proponerme matrimonio, ambos estamos muy felices con la relación.

—¿Podemos sentarnos con ustedes?

—En realidad —comienzo a decir, Dante me ve de forma brusca y se adelanta para comentar un “Claro, adelante”. Si el supiera la historia detrás de todo esto no los estuviera tratando como si fueran amigos de años. Maya habla de su relación como si yo nunca iba a tener una boda con el mismo hombre que ella.

—Este restaurante es increíble, antes solía venir todo el tiempo con Jana.

El camarero viene a pedir la orden y soy la primera en hablar.

—Quiero una pizza.

—Sin salchichón.

—¿Disculpe? —le pregunta el camarero a Bruno, el abre los ojos cuando se da cuenta de lo que ha hecho, pero muerde su labio y finge actuar natural.

—La pizza de Jana sin salchichón, no le gustan.

—Entendido, ¿Algo más?

—Lo mismo que ella —deciden todos.

—Hubiéramos pedido una pizza grande, nos hubiéramos ahorrado dinero.

—Yo puedo pagar mi comida —menciono.

—No hace falta, yo la pagare —responde mi jefe sin verme, Maya lo observa con detenimiento y sonríe, conozco esa sonrisa la he visto cientos de veces ponerse en su rostro.

—¿Eres el novio de Jana? Ahora entiendo porque te veo mas relajada, siempre quise disculparme contigo y que me escucharas.

—Si, Dante es mi nuevo novio y también vamos a casarnos.

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El Corazón Del Doctor.

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