Capítulo 3
3
Su madre, le había insistido, tenía que volver a vivir. Pese a que ella se negaba a hacerlo.
Al ingresar, dió un leve golpeteo y sus labios fueron mordidos por sus finos dientes, una hilera blanca y derecha.
—B-buen día, soy Camila —comentó tímida.
—Mucho gusto, soy su jefe —dijo.
Aunque ella no vió un rostro. Sus ojos solo apreciaron, el respaldo de una silla de color oscuro. Y unos pies, que estaban cruzados, sin embargo no vio nada más.
No pudo contemplar rostros, y mucho menos a una persona.
—Es un gusto para mí.
—Sobre el escritorio te dejé todas las carpetas que tienes que revisar, te sugiero que lo hagas lo más antes posible —demando, sin ningún tipo de temblor en la voz.
Ella, levanta una ceja, aquel sonido le pareció brevemente conocido. Sin embargo pensó que estaba teniendo un poco de alucinaciones, movió la cabeza de un lado al otro para olvidar.
—¿Sigues ahí..? —preguntó.
—Estoy aquí Señor.
—Muy bien, ahora necesito que te marches a trabajar —comentó y ella asintió
No había esperado, aquello de parte del, su corazón revoloteo con fuerza. Obligándose a ser consciente de la realidad. Una realidad extraña, oscura y en parte gris. Su jefe, al parecer era mandón, y un poco extraño.
De igual forma, llegó a su escritorio con una sonrisa.
—¿Qué te pareció nuestro jefe?, es bastante gruñón —dijo divertida.
—Lo es, incluso me sorprendió la manera en la cual me revisó.
—Tranquila. Ya verás que con el tiempo, eso vuelve un poco, un centímetro, un milímetro más amable.
—Entonces... No sé si sentirme más calmada o aterrada —comentó con gracia.
—Tranquila todo saldrá bien.