Capítulo 2

Todavía su corazón estaba herido, no tenía idea de cómo pudo ocultarlo por tanto tiempo.  Sabía que era una osadía de su, pero no tenía más opción. Pensaba que era lo mejor para todos, pero no podía negar que despedirse de todos sus afectos era la parte más difícil.

Dio un largo suspiro antes de cruzar la puerta, pero justo en el momento en que iba a darle la vuelta al pomo, una voz resonó en su espalda.

-Siento tu angustia, Astrea.

-¿Mamá? -ella estaba confundida, porque no sabía que era tan transparente.

-Ven aquí, cariño -extendió su mano para que se sentara a su lado durante unos segundos-. Algo te está haciendo sufrir, y no puedo soportarlo más.  

-Mamá... yo... -balbuceó todavía no era capaz de contarle lo sucedido. 

-Cariño, sea lo que sea será pasajero -le sonrió con cariño-. Y estoy muy segura de que lo solucionarás. 

Astrea frunció el ceño, puesto que su intuición de madre era muy asertiva. 

-Sé que estás un poco triste, porque ni tu lobo ni tu compañero han aparecido -le besó la frente-. Pero estoy segura de que eso sucederá muy pronto -la añoranza estaba reflejada en su voz-. Como bien sabes, mi marido fue el Gamma de la manada, un hombre fuerte y carismático -dio un suspiro- Harry fue el amor de mi vida...

-Ya lo sé mamá...

-Tú has sido una bendición en mi vida -la mujer se relamió los labios-, llegaste a mi mundo cuando pensé que nada tenía sentido en mi vida, puesto que mi Harry había muerto en la emboscada.

-Mamá... no vale la pena recordar momentos tan tristes -miró a los lados, se le estaba haciendo tarde.

-Astrea... eres mi niña y te amo y amaré hasta mi último aliento, todo lo que he hecho has sido por ti y no me arrepiento. Si tuviera que retroceder el tiempo, lo haría de nuevo. 

Aquellas palabras terminaron de desangrar su frágil corazón, porque pensó en lo desolada que estaría cuando se fuera de casa. 

-¿Podemos tener esta conversación más tarde? -Astrea le pidió. 

Por alguna razón extraña, cada uno de los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.

-Sí, cariño -la abrazó fuertemente- ¿Te parece bien esta noche? 

-Mamá, te lo juro que me estás asustando -Astrea soltó una risita nerviosa. 

-Esta noche tendremos una conversación de adultos...

-¿Es sobre tu nueva pareja? -ella no pudo evitar preguntar. 

-Te he cuidado porque ha sido mi deber, pero ahora acabo de encontrar en Héctor mi segunda oportunidad de amar -chasqueó los dientes-. Creo que la diosa Luna lo ha enviado como mi premio por hacerlo todos estos años.

-Entonces, disfruta tu amor mamá. 

Su madre le hizo señas para que le dejara continuar.

-No, antes quiero que encuentres a tu compañero, el que te cuide...

Astrea respiró profundo, pensaba en contarle. Pero justo en el momento en que iba a abril la boca, el sonido del claxon se escuchó. Era Wayne, su vecino de toda la vida y quien iba todos los días a la universidad.

En ese momento el sonido de la lluvia se hizo más intensa y al caer las gotas chocaban con el vidrio de la ventana.

-Como volver a casa, si ese nunca ha sido mi hogar -susurró siguiendo con el dedo índice el camino de una gota al otro lado de la ventana.

Sacudió la cabeza, no quería que recuerdos tristes la invadieran. En la actualidad era una chica independiente, y fuerte. Ya no era aquella a la que sus amigos tenía que defender, siempre se sintió una carga para ellos. Por eso decidió en ese tiempo visitar a su madre, solo por dos semanas estaría en Silverpine. No podía ser tan malo, ¿o sí?

Aunque al decir siete años era mucho tiempo, no tenía miedo en dar aquel paso. ¿Cuántas veces tendría que comenzar de nuevo? No lo sabía, porque con esta había perdido la cuenta. Camino hasta su mesita de noche y sacó su medicina. La que había estado tomando, durante siete años. Al punto de que había aprendido como hacerla, ya que era necesario para continuar viviendo, como lo hacía, entre humanos. 

-Un bicho raro, siempre será un bicho raro, no importa en la comunidad que esté -se rio de su propio insulto.

Tomó un sorbo de agua de su botella, y luego la puso sobre el desayunador. Se cerró su chaqueta, lo mejor era correr unos kilómetros. No importaba que estuviera lloviendo, puesto que su parte lobuna amaba hacerlo. El olor a tierra húmeda, le encantaba. Lo único malo era que lo hacía en su forma humana, por el hecho de que nunca se había transformado. 

A pesar de que le dolía profundamente el hecho de que su propio lobo la rechazaba, y tampoco conocía el motivo. Decidió avanzar y no quedarse estancada preguntando el porqué.

Capítulo 3

En el instante en que las puertas de vidrio se abrieron y puso un pie fuera del aeropuerto. Había olvidado que hombres lobos y humanos pocas veces se mezclaban. Astrea sintió que una energía le recorría el cuerpo. La primera vez que lo sintió fue cuando llegó al Echo Guards. Durante la primera semana sintió que aquel era su lugar, pero cuando llegó la tercera luna llena después de su cumpleaños de manera amable le pidieron que se fuera del campamento. Por el hecho de que ella era un híbrido muy peligroso, y no querían correr riesgos. 

El claxon de un auto de lujo, le hizo girar el rostro. Chasqueó los dientes, el hecho de que en el lugar en donde creció ella fuera tímida, no significaba que volviera a serlo después de tantos años. Negó con la cabeza, y cerró los ojos por un instante. Una suave brisa le acarició el rostro. 

La tierra baila, los árboles despiertan. Los pájaros cantan hermosas melodías, por el hecho de que tu ausencia mucho les dolía.

Durante unos segundos sintió que le faltaba la respiración, un nuevo canto se le venía a la cabeza, y no estaba dormida. A lo lejos vio un taxi y lo detuvo, se subió a él y se dirigió a casa. Mientras iba por de camino, se dio cuenta de lo mucho que había extrañado la ciudad, y por supuesto, lo mucho que se había desarrollado. Estaba completamente maravillada, hasta que el conductor ralentizó el vehículo y observó que había una aglomeración de personas. 

-¿Otra vez? -se quejó el taxista. 

-¿Qué sucede? 

El sujeto la miró por encima del hombro. 

-Es obvio que no es de por aquí -respondió con desdén. 

A Astrea no le gustó su comentario. 

-Si soy o no soy de aquí, es lo de menos, solo le estoy preguntado qué sucede. 

El hombre se dio cuenta de su error. 

-Hoy nuestro Alfa tiene una rueda de prensa para hablar de lo sucedido en la colina -le señaló con el dedo hacia el frente. 

-¿Algo grave pasó en Cave of Wolf? -quiso saber, puesto que en ese lugar lo frecuentaba mucho con sus amigos. 

-Sí, han asesinado cuatro de los nuestros...

-¡Eso no puede ser! -exclamó sorprendida.

De pronto sintió un pitido en su oído derecho, aquello le trajo recuerdos. Fue lo mismo que sintió cuando emboscaron a su equipo en el medio oriente. 

-Deténgase un momento y espéreme aquí -dijo al conductor-Volveré en menos de lo que se imagina -cuando vio que el hombre iba a decir algo-. No se preocupe, le pagaré el doble. 

Se bajó y algo la impulsó, la impulsó a mezclarse entre la gente. Cuando giró la cabeza, lo vio. Había un hombre apuntando hacia el podium improvisado, fue cuando entonces se dio cuenta de lo que iba a suceder. Comenzó a correr entre las personas, hasta que llegó al cordón de seguridad. 

-El Alfa -Astrea se acercó a uno de los hombres trajeados y que la miraba con desconfianza- ¿En dónde está? 

El guardia de seguridad no decía, ni siquiera se inmutó, se acercó un poco más. 

-Él no puede salir, es peligroso. 

-Deje de estorbar... -la empujó. 

Y en ese momento todo pasó en cámara lenta, el Alfa salió de donde estaba y saludó a su pueblo con una sonrisa. Astrea tenía una destreza increíble, despojó de su arma al guardia de seguridad. Aquello era gracias a sus años de entrenamiento en el ejército, además de que no era cualquier soldado, era una teniente de las fuerzas especiales. Cuando todos los presentes se dieron cuenta de que tenía un arma enseguida corrieron a resguardarse. 

Fue justo en ese segundo, en que disparó al dron que venía hacia donde ellos se encontraban, derribándolo en el segundo en que este comenzaba a disparar. Luego, con una precisión exacta, accionó de nuevo el arma, pero esa vez a una de las ventanas del edificio que estaba diagonal a donde se encontraban, todos vieron cuando el hombre cayó. Al mismo tiempo, Astrea se desplomó en el piso, puesto que sintió como recibía una descarga eléctrica, y la oscuridad la envolvió. 

Hogar, hogar, dulce lugar en donde nunca querrás marchar. 

No supo cuanto tiempo estuvo inconsciente, solo cuando sintió que alguien lanzaba agua fría sobre su rostro. Abrió los ojos de golpe e intento sentarse, pero estaba encadenada. 

-Ya estás despierta, bella durmiente -le dijo el hombre de seguridad que no le había hecho caso-. El Alfa quiere verte ahora mismo.

Ella les hizo una mueca de fastidio, cuando le hizo señas de que estaba encadenada. El guardia la soltó y le advirtió que no tratara de hacer algo estúpido. Miró a los lados y se dio cuenta de que estaban en una especie de calabozo, vio unas escaleras y luego una puerta. 

Iba escoltada por cuatro sujetos, caminaron por un pasillo. De pronto su corazón comenzó a latir como si fuera a salirse de su pecho. 

-¡En estos momentos te estoy hablando como tu hijo! -exclamó una voz que hacía notar que la persona estaba furiosa. 

-Afortunadamente, esa chica estaba ahí...

-¡Papá, cómo puedes confiar en ella! -espetó.

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EL CANTO DE LA LUNA ©

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