Capítulo 3

De la nada, Ryan trató de abalanzarse sobre él. Al ver lo que intentaba, Quincy frunció el ceño, hizo una seña con la mano y el hombre de negro jaló a Ryan hacia atrás.

Éste se asustó aún más. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, después bajó la cabeza, como si acabara de firmar su sentencia de muerte.

"¡Señor Qin, tenga piedad de mí! ¡Se lo suplico!", comenzó a implorar.

Quincy solo se le quedó viendo, sonrió y negó con la cabeza. "Ya no te preocupes. A mí no me sirve de nada quitarte la vida".

Mientras decía aquellas palabras, comenzó a mirar a Wanda, quien estaba boquiabierta. Aunque ella no sabía lo que iba a decir aquel hombre, presentía que no sería nada bueno, así que de nuevo sintió que su corazón se hundía en sus entrañas.

"Es posible que tú no puedas devolverme el dinero, pero tu sobrina desde luego que puede. Véndemela y así podrás saldar tu deuda".

Tan pronto como escuchó sus palabras, Ryan sintió que su mundo se había detenido. Abrió los ojos, miró a Quincy y comenzó a preguntarse por qué le había dado tal condición.

A juzgar por la expresión en el rostro de Quincy, sabía que no estaba bromeando.

Wanda se sintió aún más nerviosa y volteó a ver a su tío.

'¿Qué diablos está tratando de hacer?'.

Lo que más la asustaba era que el semblante de su tío parecía más bien de alivio en lugar de que se le viera angustiado. Ante tal situación, ella comenzó a negar con la cabeza. "¡Tío, no, por favor!...".

"Aún no termino...". Los ojos de Quincy comenzaron a brillar mientras continuaba, "Quiero que trabajes para mí, así podrás pagar la deuda de tu tío. ¿O preferirías que le quitara la vida? Tú tienes la última palabra".

Wanda se quedó helada, no sabía qué hacer.

La amenaza subyacente parecía bastante clara. Si ella se negaba, su tío moriría justo frente a sus ojos.

Entonces, respiró hondo y miró al hombre frente a ella.

"¿Trabajar para usted? ¿Y qué tipo de trabajo hay que hacer para hacerme de cinco millones de dólares? Lo único que busca es arruinarme la vida", espetó.

Era como si estuviera vendiendo su alma al mismo diablo.

De hecho, parecía ser incluso peor que el mismísimo diablo. Al ver la mueca en el rostro de Wanda, los labios de Quincy se retorcieron. Definitivamente se trataba de una mujer bastante interesante.

"Esa cantidad no es la gran cosa. cinco millones no es nada para alguien como yo. Si quieres trabajar para mí y lo haces bien, incluso te puedo dar esos cinco millones en un día", dijo él como si nada.

A pesar de lo que pudieran pensar los demás, lo que había dicho era cierto. Aquellos cinco millones no significaban nada para ese hombre.

Wanda guardó silencio.

De pronto, Quincy encendió un cigarrillo y exhaló un anillo de humo que llenó la habitación, sombreando su hermoso rostro.

Ella estaba aturdida con todo lo que había estado escuchando.

Ryan, quien había estado atento a toda su conversación, se puso en acción.

"Ayúdame, por favor, Wanda. Ya no puedo con esta carga", él le suplicó.

Al escuchar sus palabras, ella cerró los ojos y se clavó las uñas en las palmas.

Odiaba encontrarse entre la espada y la pared... Detestaba el hecho de tener que tomar una decisión tan difícil.

Wanda no sabía qué más decir.

Durante todos esos años, la única razón por la que había sido tan dura consigo misma era para poder pagarle a su tío por haberle dado un hogar. Lo que quería era recompensar su amabilidad con el dinero que ganaba.

Ella había trabajado muy duro para poder ganarse el dinero para curarlo.

Pero al final, su tío se había jugado el fruto de sus esfuerzos de un solo tajo.

Parecía que nunca superaría su adicción, incluso si ella intentaba ayudarlo.

Wanda finalmente se dio cuenta de la dura realidad, pues sin siquiera haberle preguntado en qué tipo de trabajo la quería emplear, Ryan ya le había pedido que aceptara el trato. Al parecer, lo único que le importaba era el dinero.

Wanda apretó los dientes en desacuerdo y levantó la frente en alto.

"Definitivamente no estoy de acuerdo en vender mi cuerpo", declaró con toda seriedad.

Al oírla hablar, Quincy sonrió.

"Como ya mencionaste, vivimos en una sociedad regida por la ley. No te obligaré a participar en ese tipo de negocios".

De pronto hizo una pausa y continuó, "Lo que estoy a punto de ofrecerte es un trabajo serio".

Pero, aun con esas palabras, Wanda seguía dudando.

Después de todo, Quincy parecía ser un hombre demasiado astuto. Nadie podría adivinar si en algún momento le jugaría una broma tan pronto ella aceptara la oferta.

Al ver su vacilación, él levantó una mano y comenzó a contar.

"Te daré tres segundos para que lo pienses. Tres... Dos...".

"¡Es un...!", ella apretó la mandíbula. Ahora, no tenía opción.

"Está bien, lo haré".

Ryan, que había estado esperando ansiosamente la respuesta de su sobrina, de repente se sintió aliviado al escucharla aceptar y se derrumbó en el suelo.

"¡Gracias Dios mío! ¡Gracias Dios!".

Obviamente le hombre solo se preocupaba por sí mismo. De hecho, jamás había pensado en el destino de Wanda una vez que se la llevaran de su lado.

Cuando Quincy obtuvo la respuesta que esperaba, apagó el cigarrillo entre sus dedos y asintió con satisfacción. Entonces, se puso de pie.

Ella no se había dado cuenta de lo alto que era.

Si no se hubieran conocido en tales circunstancias, Wanda podría haberse desmayado frente a un hombre tan apuesto para que él la sostuviera entre sus brazos.

Sin embargo, en esos momentos, ella no sentía nada más que odio hacia él.

Quincy bajó la mirada hacia Wanda y le dijo suavemente:

"Anda, vámonos".

Wanda parpadeó rápidamente, estaba muy sorprendida, "¿Ahora mismo?".

Quincy ya estaba en camino hacia la puerta. Entonces se detuvo y le dijo:

"Ahora eres mía, te espero afuera".

"Está bien", contestó ella, que ni siquiera se molestó en oponer resistencia.

Simplemente se secó las lágrimas y corrió hacia su habitación para empacar.

Después de lo que había sucedido, Wanda ni siquiera pudo mirar a su tío.

La única razón por la que había prometido trabajar para Quincy era para poder pagarle a Ryan por haberla acogido durante todo ese tiempo. De haber sido por ella, ya se habría ido.

Una vez que terminó de empacar, salió de la habitación, miró a su tío, quien aún seguía en el suelo.

Éste ni siquiera le dijo nada. De hecho, no se atrevía a mirarla a los ojos.

Wanda solo miró su libreta de ahorro y sonrió con amargura.

"No me importa si conservas la libreta de ahorros para tu cirugía o tu estúpido vicio. De cualquier manera, esta es la última vez que voy a poder ayudarte", le dijo con hosquedad.

Una vez dicho eso, Wanda salió de la casa en la que había vivido durante tantos años sin mirar atrás.

Estaría mintiendo si dijera que no le dolía irse en realidad.

Wanda trató con todas sus fuerzas de contener las lágrimas y salió por la puerta.

Ryan ni siquiera se molestó en ver partir a su sobrina. En lugar de ello, sostuvo la libreta con fuerza entre sus brazos como si se aferrara a su propia vida.

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El Amor Equivocado

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