Capítulo 2

Elizabeth.-

Bebo un sorbo de agua mientras mis pies se mueven sobre los pedales con intensidad, observo mi reflejo en el espejo, el sudor adorna mi frente y mi pecho, veo como las gotas se deslizan por mi cuerpo.

Cierro los ojos mientras sigo pedaleando sobre la bicicleta estática recordando lo sucedido anoche, sintiendo de nuevo la impotencia recorrer mi sistema así que mis pies se mueven con más rapidez, no sé cómo me pude paralizar ante ese idiota que me atacó, sé defenderme, pero el miedo... el miedo se apoderó de mi como nunca y luego... mi salvador ese hombre, la oscuridad en su aura era evidente.

- ¿Cómo pude reaccionar así? –detengo el movimiento de mis pies alzando la mirada de nuevo hacía la mujer que se reflejaba frente a mí.

Yo no soy una mujer superficial, lo importante para mí es lo que la persona lleva en su interior.

"¿Por qué fui tan gallina?"

Después de correr como una cobarde me sentí tan mal, siempre trato de enseñarles a mis niños que cuidar el cuerpo es para el bienestar y salud del mismo, no por el físico perfecto que los demás se creen con derecho de juzgar y ahí voy yo a actuar de manera contraria.

No puedo dejar de pensar en él, algo me resultó familiar no sé por qué.

La puerta del gimnasio se abrió dejando ante mis ojos la figura de mi madre, Tatiana Sullivan una mujer de cincuenta años obsesionada con la belleza, con siempre estar delgada y tener un buen cuerpo más allá de estar solo saludable.

Crecí en una familia donde el físico es lo principal en una mujer, no su inteligencia, no sus habilidades, no su manera de pensar, tu cuerpo es lo que te llevará al éxito nada más, me exigieron desde muy pequeña a verme bien, siempre estar de punta en blanco, dientes blancos, cabello perfecto nunca grasoso ni con puntas abiertas, piel perfecta.

Y en cierto modo te vuelves también adicta, todas las generaciones de las mujeres de mi familia han estado en la pasarela como modelos o participado en certámenes de belleza, mi madre fue una de ellas al ganar el "Miss Star Beauty Chicago" a los veinte años y desde entonces nunca se quitó la corona, una reina porque... lo es, ya que mi padre siempre la ha consentido en todo.

- Madre –digo bajándome de la bicicleta, con un saludo algo tosco.

Está de más decir que no somos unidas veo la vida de manera diferente lo mío es ayudar a las personas, en especial a los niños, desde que tengo uso de razón supe lo que quería ser en la vida.

Soy una activista social, lucho por defender los derechos de los más vulnerables, con apenas veintiún años logre fundar mi fundación para los niños de bajos recursos, con un gran comedor y a ayudarlos a encontrar un hogar estable donde consigan amor y felicidad, eso ya hace tres años.

Obviamente mi familia no apoya mi vida altruista mi padre siempre me recrimina que debo ser como mi hermana mayor Teressa también una miss. Participó hace cuatro años en el concurso y ganó sorprendentemente aunque según dicen que usó algo más que su pose para ganar, metiéndose en la cama de uno de los hijos del dueño del certamen.

Desde luego ser bonita y tener un cuerpo perfecto me ha abierto las puertas, un guiño por aquí y una sonrisa seductora por allá me ha hecho conseguir donaciones para mi centro, puedo aprovechar mi 1.75 de altura y unos ojos grises heredados de mi padre y si debo hacerlo para algo bueno y ayudar lo haré.

- Mi lizzie –ese apodo no lo había escuchado en años, es obvio que algo se trae entre manos–. Estuve conversando con tu padre, ha pasado mucho y sigues en tu empeño de seguir con... esos niños.

- Es mi trabajo y lo amo –me giro cruzando los brazos sobre mi pecho, ya me sé la cantaleta que se viene.

- No vamos a seguir apoyándote –suelto un bufido.

- ¿Cuándo me han apoyado? –esperé solo un segundo su respuesta–. Nunca y eso no es novedad.

- Voy a ir al grano, tu padre está interesado en hacer negocios con los Walker.

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo? –pregunto sin darle importancia a su mención.

- Este año tendrás que participar en el certamen –me quedo mirándola fijamente sin parpadear–. Estoy segura que ganarías, además uniría a las empresas Walker y Sullivan, la recesión económica ha sido bastante fuerte para todos así que estamos obligados a hacer alianzas.

- Ok, uhm... ¿Qué tiene ver eso con que yo participe o gane un concurso de belleza madre?

- Patrocinadores –fue lo único que dijo–. Inversores, después del accidente del heredero de los Walker el mundo de la belleza y el brillo se fue a pique, buscan volverlo a su gloria nuevamente, con todas esas feministas idiotas, feas y gordas criticando y envidiando a las que nacimos con una belleza perfecta muchos han sido los negocios que han sufrido.

Las palabras de mi madre me daban ganas de vomitar, amaba a mis padres solo por eso por ser mis padres, pero su visión sobre el mundo eso era lo que estaba mal.

- No voy a participar –dije determinada dejando clara mi posición una cosa es que a uno la mujer le guste arreglarse el cabello, tener ropa, ir de compras.

Otra es ser expuesta como un pedazo de carne para que los patrocinadores crean que tienen el derecho de poseerte solo por una corona.

- Tu padre te sacará del testamento si no lo haces –me detuve en seco–. Además este año la recompensa para la ganadora será un premio en efectivo de un millón de dólares, piénsalo porque tu padre está dispuesto a cerrarte todas las puertas y a que no consigas que sus amigos empresarios te den más donaciones, es mucho lo que puedes hacer en tu centro con ese dinero.

(...)

Salí del gimnasio furiosa subí las escaleras con rapidez y azoté la puerta de mi habitación con fuerza, maldiciendo cada momento por nacer en esta familia de superficiales y sin sentimientos.

Respiré profundo pensando en sus palabras, tengo veinticuatro años no he salido de esta casa porque siempre anhelé abrir un poco la mente de mi padre para que trabajara conmigo ayudando a los demás, que volviera a ser lo que era antes de conocer a mi madre, pero no, se dejó corromper y lo único que le importa es el estatus, el poder, el dinero.

- Un millón de dólares –susurré–. Ese dinero ayudaría tanto a mis niños, incluso podría ejecutar mi siguiente proyecto enfocado a las adolescentes, pero debe haber otra forma que no sea entrar en ese certamen.

"Otro que ofrezca un millón como premio, imposible ¡Despierta Elizabeth! Ni modo tendré que ser una candidata más"

Capítulo 3

Bastián.-

El sonido del cuero de los guantes al chocar contra el saco de boxeo resuena en el aire, creando una sinfonía de fuerza y determinación, han pasado tres días desde esa noche sin poder evitar pensar en el rostro de esa chica que salvé, no sé porque no puedo olvidarla aunque pensar en ella calma mi atormentada mente, mi mente grabó su voz suave y dulce.

Golpeo una vez más el saco que cuelga en el centro del ring, respiro hondo, inhalando el olor a sudor y a goma, un aroma que ya se ha vuelto familiar y estimulante, hace años que no sé lo que es estar con una mujer, de hecho hace años que no sabía lo que era tener una erección hasta verla a ella, he estado inmerso en mi depresión por tanto tiempo que perdí todo el entusiasmo de sentir atracción por el otro género.

Y eso está lejos de alegrarme, una mujer con esa belleza nunca se fijaría en alguien como yo, sigo teniendo dinero y mucho, solo que no lo utilizo un solo centavo desde hace mucho, pero el solo hecho de dormir con alguien con mi aspecto es impensable para las mujeres a las que siempre estuve acostumbrado, mujeres precisamente como ella.

- Los músculos te van a explotar si sigues ejercitándote así, sabía que estarías aquí –doy un último golpe antes de escuchar la voz de mi hermana Bella.

- ¿Qué haces aquí Bella? –suelto poniendo el amarre del guante en mis labios para soltarlo.

- También me alegra verte –me mira fijamente, sé lo que ve, en este momento no llevo el parche en mi ojo, a pesar de los años no se acostumbra, al igual que yo.

Además que refleja su infelicidad por haberle arrebatado al amor de su vida una noche antes de su boda.

- Tengo el parche allí –le señalé la banqueta–. Dámelo por favor –le pido mientras sigo quitándome las vendas que envuelven mis manos.

- No tienes que ponértelo delante de mí –la miro con seriedad, me bajo del ring y busco yo mismo el parche, me lo coloco dándole la espalda.

- ¿Qué haces aquí? –vuelvo a preguntarle.

- Vine a verte, te extraño hermano ¿Cuándo saldrás de esta depresión? Han pasado tres años

- ¿Crees que no llevo el tiempo? –el tono de mi voz sale de manera brusca–. Tres años, seis meses, veinticinco días, doce horas y treinta minutos ¿Quieres que te diga los segundos también?

Me giro y veo su semblante sus ojos llenos de lágrimas

- ¿Por qué me martirizas con tu presencia? –abrió los ojos sorprendida, por el gesto una lágrima se deslizó por su mejilla–. arruiné tu vida y la de Cory, deja de preocuparte por mí, deja de gastar tu dinero en buscarme por las calles de Chicago.

- Fue un accidente y nunca te he culpado –su tono un poco entrecortado reflejaba el dolor de su perdida, pero a pesar de eso su sentir era sincero al decir esas palabras.

- Pues deberías, porque fue mi culpa todo lo que sucedió esa noche, nadie volvió a ser el mismo por mis decisiones y Cory... –solo decir su nombre me quitaba el aliento–. Nunca volvió.

- Tienes razón Bastián nadie olvidará ese día, es doloroso, siempre lo será, pero... tú y yo seguimos aquí Cory no habría querido esto –insiste con suplica dando un paso hacía mí.

- ¿De verdad? Porque hasta ahora no he sabido que salgas con alguien más ¿Crees que no sé qué visitas su tumba diariamente? –se quedó en silencio con la mirada en el suelo–. No me hables de avances Bella, porque al igual que yo no superas su muerte.

Me dolía profundamente en el alma su sufrimiento incluso podía sentirlo, somos gemelos sentimos lo que le pasa al otro, por eso quería alejarla de mí lo más que pudiera, quería que ella avanzara, que hiciera su vida con otro hombre, ella creía en el amor y después de esa noche dejó de hacerlo.

- Vine porque el tío A.J tiene pensado realizar el concurso este año –comenta cambiando drásticamente el tema recomponiendo el tono de su voz–. Tenemos muchas empresas, pero Star Beauty era la base de todos nuestros negocios, no creo que él sepa manejarlo como lo hacías tú, deberías ocupar tu puesto, nuestro padre querría eso.

- Pero nuestra madre no ¿O se te olvidaron sus palabras? Un hombre hecho un monstruo no puede dirigir una empresa donde la belleza es lo más importante.

- Ella no es quien para decidir Bastián tú y yo somos los únicos herederos, no debiste firmar ese poder.

- No se hablará más del tema hagan lo que quieran, A.J es quien está a cargo –le pasé por un lado dejándola en medio del gimnasio.

Cuando mi madre vio en lo que me había convertido fue un shock para ella, podía sentir como se avergonzaba de mí, no dejaba que nadie entrara a mi habitación en la casa familiar, ni siquiera me miraba cuando me hablaba.

Fue doloroso, la mujer que se supone debía amarme sin ninguna condición me evitaba y esas palabras las que le dije a Bella las escuché una noche cuando hablaba con mi tío A.J y le suplicaba que se hiciera cargo de la empresa.

Fue cuando decidí traspasar parte de la fortuna que había heredado de mi padre a un fondo de inversiones uno que mi hermana siempre supervisa y cuando logra conseguirme me mantiene al tanto de eso, mas que por mi lo hice por ella con la esperanza de que algun día forme una familia al lado de alguien que la amé como ella quiere.

Y mi madre siempre ha sido superficial... fue ella quien me enseñó a hacer lo que era, un hombre sin respeto por los sentimientos.

(...)

Entré a la ducha dejando caer el agua fría sobre mis músculos una vez más el rostro de esa chica aparece en mi mente mi cuerpo reacciona de inmediato, más que sentirme feliz por saber que sigue activo lo que se hace presente es la frustración, no me queda de otra que rodear mi longitud con mi mano y empiezo a bombear con desesperación, cierro mis ojos pensando en los suyos imaginando lo que sería tenerla en mi cama, la necesidad de sentir su piel junto a la mía, mi agarre se intensifica dejando escapar toda mi semilla sobre el azulejo un rugido sale de mi garganta por la pequeña satisfacción que mi cuerpo siente en este momento.

- Debo olvidarme de ella, tengo que hacerlo, nunca se fijaría en un monstruo como yo es hora de que lo acepté de una vez.

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El Amor De Una Reina

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