Capítulo 2

La mirada de todos los dioses se posa sobre Mat, el dios creado, cargada de expectación. El secreto que guarda es algo que todos ansían descubrir. Sobre todo Thot, el dios de la sabiduría, que no puede comprender cómo un ser como Mat, un dios no nacido, ha podido realizar tal proeza que solo el gran creador Ra es capaz de hacer.

La sala está llena de un silencio expectante, cada uno de los dioses esperando que Mat revele su misterio. Pero Mat permanece en silencio, su rostro imperturbable bajo la intensa mirada de los dioses. Su silencio solo sirve para aumentar el misterio, haciendo que la curiosidad de los dioses crezca aún más.

Thot, en particular, parece tener dificultades para aceptar lo que ha ocurrido. Como dios de la sabiduría, siempre ha creído que todo tiene una explicación lógica. Pero lo que Mat ha hecho parece desafiar todas las leyes y reglas que él conoce.

Y mientras el misterio se profundiza, una pregunta persiste en la mente de todos: ¿Cómo pudo Mat, un dios no nacido, realizar una proeza que solo Ra, el gran creador, es capaz de hacer?

— Imposible es para mí responder a tal pregunta, poderoso Ra— declara Mat.

— ¿Por qué? Solo necesitas explicar cómo lo hiciste —insiste algo agraviado Thot.

— Lo cierto es, gran Ra, que no sé cómo ocurrió —sigue el dios creado Mat esquivando responder.

— ¿A qué te refieres con eso? —pregunta ahora el propio Ra.

— Simplemente... aconteció.

— Mat, necesito más detalles.

— Durante la lucha con Isfet, mi Luna, poseída por la diosa Isis, la tenía sujeta por el cuello. Yo, en la forma del Alfa Supremo junto a mi humano, buscaba evitar que cometiera un crimen. De alguna manera, emergí del cuerpo del Alfa Supremo en forma de lobo, dejando en él todos mis poderes.

— ¿Hiciste eso? — interroga Ra, notando el murmullo creciente entre los dioses.

— Así es, gran Ra. Luego, cuando yo mismo estaba a punto de cometer un error bajo mi ceguera, Isis abandonó el cuerpo de mi Luna y vino a persuadirme para que no lo hiciera. Ascendí con ella e Isfet en mi forma de dios Mat, dejando a mi humano abajo con todos mis poderes. — Mat culmina su relato, dirigiendo su mirada hacia Isis, quien se adelanta y realiza una reverencia solicitando la palabra.

— ¿Qué tienes que decir, Isis?

— Solo corroborar y dar fe de lo que Mat ha dicho. Yo misma presencié cómo sucedió. Creo que alguien muy poderoso debió haber intervenido, no Mat — un silencio se apodera de la sala mientras Ra aparta su mirada de Mat para recorrer a todos los dioses presentes. Comienza a sospechar que es verdad; solo un dios de gran poder podría haber hecho tal cosa. Thot se adelanta.

— Ra, no es que dude de la palabra de Isis. Pero tengo entendido que eso solo puede suceder si el dios permite que lo hagan — Ra vuelve a dirigir su mirada a Mat.

— Mat, ¿alguien se acercó a ti ofreciéndote ayuda?

La mirada de Ra se desplaza lentamente por la sala, estudiando cada rostro, cada expresión. Los dioses se miran entre sí, intercambiando miradas de sospecha y desconcierto. El aire en el gran salón se tensa, llenándose de una atmósfera de inquietud y desconfianza.

¿Quién entre ellos podría haber hecho tal cosa? ¿Quién poseía el poder y la audacia para realizar tal hazaña? ¿Y por qué? Las preguntas se multiplican, pero las respuestas parecen esquivas e insuficientes.

La tensión en la sala se hace casi palpable, como una cuerda tensada al límite, lista para romperse en cualquier momento. Los dioses, normalmente tan seguros y confiados, parecen incómodos y desconcertados, su inmortalidad no los protege de la incertidumbre y la sospecha.

Los murmullos llenan el aire, cada dios especulando en voz baja, tejiendo teorías y suposiciones. Pero a pesar de toda su sabiduría y conocimiento, no pueden llegar a una conclusión definitiva. El misterio que envuelve a Mat permanece intacto, su secreto aún sin descubrir.

La desconfianza crece con cada minuto que pasa, alimentada por la falta de respuestas. Los dioses comienzan a preguntarse si alguno de ellos podría ser responsable, si alguno de ellos podría haber traicionado su confianza.

Y en medio de todo esto, Ra permanece en silencio, su mirada intensa y pensativa. Sabe que debe llegar al fondo de este misterio, que debe descubrir la verdad. Pero por ahora, solo puede esperar y observar, mientras la tensión en el gran salón sigue creciendo.

Ra se quedó en silencio antes de ponerse de pie lentamente. Caminó con calma hacia dónde Mat estaba arrodillado y, sin previo aviso, le lanzó un rayo poderoso a la frente. Una nube de niebla se abrió delante de ellos y todas las memorias de Mat comenzaron a ser expuestas. Sin embargo, no vieron nada, ni a nadie que se acercara a Mat, solo a Isis. Ra volvió a su trono.

— Muy bien, Mat —dijo Ra—, veo que dices la verdad. Pero te pregunto una vez más, ¿no deseas quedarte aquí?

Mat, desconcertado por cómo pudo resistir el rayo de la verdad de Ra, miró a Isis. La diosa le sonrió levemente. También vio a la diosa Yat y a la diosa Ma'at. No sabía cómo lo habían logrado, pero entre las tres habían impedido que se revelara su secreto.

— Mi respuesta sigue siendo la misma, poderoso Ra —respondió Mat.

Ra asintió.

— Entonces deberás pasar por el ciclo de la vida, hasta que los lobos te reconozcan como su Alfa Supremo. Hasta que eso ocurra, no podrás regresar aquí. Deberás vivir el ciclo de vida y muerte de los lobos. Tu humano tendrá el derecho a decidir si quiere otra alma lobuna. Si acepta otra mitad, tú desaparecerás para siempre. ¿Estás seguro de que aún quieres hacer esto? —preguntó Ra nuevamente.

— Sí, estoy seguro, poderoso Ra —afirmó Mat.

Ra lo miró fijamente.

— ¿Tienes tanta fe en que tu humano te esperará una eternidad?

Mat asintió resueltamente.

— Sí, poderoso Ra. Horus me esperará eternamente, al igual que mi Luna —respondió.

Ra lo miró con incredulidad, no creía que un simple humano hiciera tal cosa. Luego se giró hacia Yat.

— Yat, ¿qué opinas de todo esto? — pregunta Ra, dirigiendo su mirada hacia la diosa.

Yat se mantiene en silencio por un momento antes de responder. Su rostro es una máscara de serenidad, pero sus ojos revelan una chispa de inquietud.

— Creo que Mat está diciendo la verdad, poderoso Ra. Su fe en su humano es fuerte y no hay duda en su corazón. Pero también creo que está tomando una decisión muy arriesgada. La vida de un lobo es dura y llena de desafíos, y no hay garantía de que su humano lo espere una eternidad — dice Yat, su voz llena de una sabiduría tranquila.

Ra asiente lentamente, considerando las palabras de Yat. Luego vuelve a mirar a Mat, sus ojos llenos de una mezcla de respeto y preocupación.

— Mat, tu decisión es valiente y admirable. Pero también es peligrosa. Estás arriesgando todo por la posibilidad de que tu humano te espere. Espero que tu fe en él esté bien fundada — dice Ra, su voz grave y llena de autoridad.

Mat asiente, su rostro decidido y lleno de determinación.

— Lo sé, poderoso Ra. Pero estoy dispuesto a correr ese riesgo. Mi fe en Horus es inquebrantable — responde Mat, su voz llena de convicción.

Ra asiente una vez más, aceptando la decisión de Mat. Luego se levanta de su trono, su figura imponente llenando el salón.

— Muy bien, Mat. Que así sea. Que los dioses te acompañen en tu viaje — declara Ra, su voz resonando en el gran salón. — Yat, cada vez que el humano te pida que le regreses a Mat, deberás ofrecerle otra mitad de lobo. Y si el humano la acepta, deberás otorgársela. Es una orden.

— Sí, poderoso Ra—. Responde Yat inclinándose.

— Ningún dios, tiene permiso para ayudar a Mat, en todos los años que realice el ciclo de la vida y muerte. Si alguien incumple, será castigado de la misma manera—. Sentencia Ra molesto, por no haber podido convencer a Mat, de que se quede.

—Poderoso Ra— se adelanta Thot—, ¿deberé borrar todas sus memorias? ¿Tendrá los poderes su humano?

— Permiso poderoso Ra— se adelanta el dios Sobek — mi descendiente, es el Beta del Alfa Supremo, no permitiré que corra peligro. Por eso pido que el humano siga con sus poderes.

— Está bien Sobek, es cierto que el Alfa Supremo, ha hecho un gran trabajo. No se puede quedar desvalido, se quedará con los poderes que le otorgó Mat, pero irán desapareciendo con el transcurrir del tiempo, hasta volverse un humano común. Sus hijos no heredarán la esencia lobuna hasta que Mat regrese, si lo hace algún día. Ningún dios deberá revelar a los lobos que si proclaman a Mat como Alfa Supremo, podrán hacerlo regresar. Si alguien se atreve a incumplir con eso, será castigado por mí directamente—. Dice en tono amenazante, levanta una mano y pasa una energía por todos los dioses—. Los he marcado, si alguien incumple, lo sabré yo mismo.

— Padre— se adelanta la diosa Ma’at—. Estoy de acuerdo que Mat cumpla ese castigo, pero me opongo a que le borren sus memorias y le quiten sus poderes.

— Yo también me opongo, poderoso Ra — se adelanta Yat.

— Creo poderoso Ra, que Mat debe mantener todos sus poderes, pero cada vez que renazca, tendrá que aprender a usarlos—.  Se adelanta Isis.

Ra mira a todos los dioses, que están visiblemente de acuerdo con ello. Él también lo está, no quiere dejarlo tan desvalido.

 — Muy bien Mat, mantendrás tus poderes de dios, pero no podrás emplearlos para crecer más rápido, y mucho menos para imponerte, lo harás para defenderte o defender a alguien que lo necesite. No podrás buscar a tu humano, aun cuando lo veas a tu lado, ni a tu familia. Debido a eso, tu humano podrá sentirte y tú a él. ¿Todavía quieres pasar por ello Mat?

— Sí, poderoso Ra, estoy decidido.

— Muy bien, a partir de este momento empieza tu castigo, si en algún momento te arrepientes, puedes pedir ser un dios—. Extiende su mano derecha hacia Mat, lo convierte en un espíritu de lobo común y lo desaparece. ¿A dónde lo habrá mandado Ra? ¿Cuál será la primera vida de Mat? Se preguntan todos.

Mat regresa a la realidad que lo rodea, al sentir cómo lo agarran por el cuello y sacude la cabeza. En ese instante, una loba majestuosa se acerca a él. Lo olfatea con curiosidad antes de tomarlo por el cuello y llevarlo a una cueva. Mientras gruñe ferozmente a los demás cachorros, Mat la reconoce como su madre loba.

La loba lo deposita junto a dos lobeznas pequeñas que comienzan a lamerlo con cariño. Sin embargo, Mat sigue confundido. Debería ser capaz de entenderlas, pero las palabras que pronuncian le resultan incomprensibles.

Decidido, se concentra en buscar en sus recuerdos el lenguaje lobuno. Mientras lo hace, se sumerge en un sueño intranquilo, su mente llena de preguntas sin respuesta. ¿Dónde estará? ¿Su humano y su luna estarán bien? ¿los podrá volver a ver en esta vida?

Capítulo 3

Finalmente amanece. Mat sale sigilosamente de la cueva junto a sus juguetonas hermanas, observando su alrededor. La manada no es grande, pero el Alfa es poderoso. Todos se transforman en humanos y es entonces cuando Mat se da cuenta de que está en una manada de cazadores. Maldice a Ra por hacerle pasar por esto.

Sin embargo, también comprende que ya puede entenderlos perfectamente y que su poder de curación funciona; su pata está sana. Lo que le confunde es por qué es un lobo y no un bebé humano.

— Oana, recoge a los cachorros y vamos —le grita el que parece ser el Alfa. Mat se da cuenta de que es el hijo del Alfa de la manada—. Dame a Ionut, el inútil, necesita endurecerse.

— Velkan, no te daré a Ionut. Es un cachorro, fue el último en nacer. Tienes que darle tiempo —responde Oana.

Mat, ahora conocido como Ionut, observa cómo los ojos de Velkan se tornan rojos. Se desprende de los brazos de su madre y corre hacia él. Ve cómo el mismo cachorro de la noche anterior intenta interponerse en su camino, pero arremete con todas sus fuerzas contra él y lo lanza lejos. Luego se sienta frente a su padre.

— Ja, ja, ja, ja… Ese es mi hijo. Bravo, Ionut. Ven, te llevaré conmigo. No debes temer a nadie. Eres mi hijo, el futuro Alfa de la manada de los Velkan Rojos. Hoy te enseñaré a rastrear vampiros, hijo —le dice Velkan mientras avanza con Ionut (Mat) en sus brazos hasta llegar a un sendero. Toda la manada los sigue, observándolos.

Luna Oana se acerca con las niñas. Junto a ella están el beta, su esposa y dos hijos que miran a Ionut con burla.

— Vamos, Ionut. Muéstrales a los demás que lo tienes en ti, que eres un Alfa dominante. Hoy tienes que demostrar que tu olfato es el mejor de todos. Encuentra el rastro del vampiro, hijo —lo incita Velkan, colocándolo en el suelo.

Ionut (Mat) ya ha localizado al vampiro hace tiempo, pero sabe que tiene que seguirle el juego a su padre. Comienza a olfatear alrededor y rápidamente señala a su padre el rastro de los vampiros.

— ¡No lo puedo creer, mi hijo lo ha descubierto en tiempo récord! ¡Vean, amigos, mi Ionut está creciendo! ¡Bravo, hijo, es correcto! Ahora, deberemos ir en la otra dirección. Aunque el Alfa Supremo hizo un tratado con ellos, todavía nos atacan —dice Velkan.

Al escuchar hablar de Jacking, Mat levanta sus orejas. Ojalá pudiera verlo, piensa, suspirando.

— Eso es verdad, mi Alfa. Maramures está por allá. El Alfa Costel, que es el Alfa de Alfas, nos invitó a la ceremonia de la boda de una hija suya. Aunque dicen que todos ellos, después de que los vampiros hicieron ese experimento con ellos, son mitad vampiros —comenta el beta Ilion.

— ¡Deja de decir esas cosas, Ilion! Nunca habíamos tenido tanta paz como ahora. Nos respetan como una raza más, y eso es gracias al Celta Bennu, de la manada La Maat Ra. Él ha demostrado que nosotros los cazadores somos una raza de lobos como todas las demás —reprende Velkan.

—Sí, mi Alfa, en eso tiene razón. ¿Podrá Ionut convertirse ya en bebé? —pregunta Ilion.

—No lo sé, desde que nació ha sido el más débil, pero hoy parece más fuerte. Vamos, hijo, transfórmate en humano —ordena Velkan.

Mat lo mira sin comprender. Según su entendimiento, los hombres lobos nacen como bebés humanos y luego se transforman en lobos. Pero ahora él es un lobo. Cierra los ojos, se concentra y se transforma en humano.

—¡Oana, Oana, mira! ¡Ionut se transformó en un niño! —grita Velkan emocionado, alzando a Mat sobre sus hombros.

Todos en la manada están asombrados con los progresos del pequeño. Excepto uno de los cachorros, el que le mordió la pata la noche anterior. Es fuerte y el Alfa siempre lo elogia por ello.

Avanzan tranquilamente entre la espesa vegetación. Mat comienza a sentir que los siguen. Da un salto, bajando del cuello de su padre y se transforma en lobo. Gira hacia la retaguardia gruñendo, con los ojos rojos y todo su pelaje erizado.

—¿Qué tienes, Ionut? ¿Qué pasa, hijo? —pregunta Velkan, sorprendido por la actitud del cachorro. Pero cuando todos giran en dirección de donde Mat gruñe, su olfato les advierte del peligro.

—¡Vampiros demonios, papá, nos persiguen! —avisa Mat, sin dejar de gruñir.

—¡Oana, corre con los cachorros, adelántate! No falta mucho para llegar, pide ayuda a Costel, nosotros los retrasaremos —ordena Velkan mientras toma a Mat y se lo lanza a su esposa. Ella lo recibe en el aire y echa a correr. Pero Mat se desprende de su agarre y corre junto a su padre, que no se da cuenta y ya ha empezado a luchar con un demonio vampiro.

—¡Ionut, Ionut! —lo llama la Luna Oana. Pero al ver que él no le hace caso, sigue corriendo. Su responsabilidad es seguir la orden de su Alfa y poner a salvo a la manada. Le da una última mirada a su pequeño hijo y se aleja con el corazón oprimido.

Velkan se convierte en lobo, al igual que todos los demás. Mat corre al lado de su padre a gran velocidad. Un vampiro lo atrapa por el cuello riéndose.

—Ja, ja, ja… Miren lo que tenemos aquí, el cachorro del Alfa —grita el que lo sostiene por el cuello, mostrándolo a todos triunfante.

Mat ve cómo hieren a Velkan, que quiere venir en su ayuda, pero un demonio vampiro se lo impide.

—¡Ionut, hijo! ¡Todos, salven a mi hijo! —ordena el Alfa Velkan en un agudo grito, mientras es mordido por un vampiro.

La furia se apodera de Mat, quien se concentra en buscar su poder interior. Lo siente fuerte, tan fuerte que electrocuta al vampiro que lo sujeta y lanza un rayo potente que pulveriza al vampiro que está hiriendo a Velkan. Todos se detienen en la lucha, mirando a Mat, que se gira hacia los enemigos con los ojos rojos. Todo su cuerpo está erizado y desprende electricidad.

Una franja dorada aparece desde su cabeza hasta su cola. Camina amenazante, lanzando rayos contra los demonios vampiros, que se quedan estupefactos al ver a ese pequeño lobo con tanto poder. Los miembros de su manada tampoco entienden lo que está sucediendo, pero rápidamente reaccionan y comienzan a matar a los vampiros, que empiezan a desaparecer.

Todos miran asombrados a Ionut, quien se acerca a su padre y le pasa la lengua por las heridas, que poco a poco comienzan a sanar. —¡Mi Alfa, su hijo es muy poderoso! Algo debe haberle pasado anoche durante la lluvia. Tiene poderes que solo los de la gran manada La Maat Ra poseen —exclama el beta Ilion, verdaderamente asombrado. Hasta el día anterior, Ionut era un cachorro débil.

—Ilion —responde Velkan, levantándose y cargando a Mat— te he venido diciendo que, según el Celta Bennu, nuestros ancestros poseían grandes poderes, pero los fueron olvidando por dedicarnos solo a la caza. Al parecer, la diosa Luna quiere recordárnoslos a través de mi hijo.

—Sí, mi Alfa, debe ser eso —acepta Ilion.

—Pero hijo —dice Velkan dirigiéndose a Mat— jamás vuelvas a desobedecerme. Soy, además de tu padre, tu Alfa. Tu prioridad siempre será proteger a tu madre y hermanas por encima de mí. Te dejaré pasar esta vez, pero la próxima te castigaré.

—Disculpa, papá —responde Mat, bajando la cabeza. Pero puede observar que su padre lo mira con mucho orgullo.

Luego todos salen a correr hasta alcanzar al grueso de la manada, que ya está en los límites de la manada Satu Mare.

—¡Oana! ¿Están todos bien? —pregunta Velkan.

—¡Velkan! ¡Oh por Dios, Ionut, hijo! ¡Nunca más hagas algo como eso! —exclama Oana y toma a Mat de los brazos del Alfa, lo abraza y besa.

—¡Oana, deja de hacer eso! ¡Dámelo! Él es un lobo poderoso, nos acaba de salvar a todos. No dejaré que lo conviertas en un debilucho con tantos mimos. ¡Vamos, Ionut! —la reprende Velkan, le quita a Mat de los brazos y camina al encuentro del Alfa Costel, con Mat en sus brazos convertido en lobo.

Al llegar, son recibidos con grandes honores. Velkan es invitado a la casa del Alfa Costel y él lleva a Mat con él. Mat se asombra al reconocer a todos los presentes.

—Bienvenidos, amigos —saluda Costel, adelantándose para abrazar a Velkan— Me informaron que tuvieron un percance con los vampiros demonios.

—Sí, pero mi hijo tiene grandes poderes —responde Velkan, mostrando a Mat con mucho orgullo.

—¿En serio? ¿Tan pequeño? —se asombra y pregunta el Alfa Costel mientras le pasa la mano por la cabeza a Mat, que ronronea feliz.

—Con su permiso, mi Alfa —interrumpe una mujer— los de la manada La Maat Ra acaban de llegar. Los Alfas Supremos están aquí.

—¿El Alfa Supremo llegó? —pregunta Velkan, sorprendido por la noticia. La llegada de los Alfas Supremos es un evento de gran importancia, que sin duda cambiará el curso de los acontecimientos.

Al escuchar las palabras "El Alfa Supremo llegó", Mat siente una oleada de emoción que le recorre todo el cuerpo. Su corazón late con fuerza en su pecho, como si quisiera escapar. El aire parece escaparse de sus pulmones y tiene que hacer un esfuerzo para recordar cómo respirar.

Una mezcla de asombro y alegría lo inunda, tan fuerte que casi puede saborearla. Es una sensación dulce, como la miel, pero también un poco amarga, como la piel de una naranja. Es una emoción tan intensa que le hace temblar las patas y le pone la piel de gallina.

Pero también hay un toque de nerviosismo en su alegría. Un cosquilleo en el estómago, como mariposas revoloteando. Es la emoción de lo desconocido, de lo que está por venir. Es la emoción de la anticipación. ¿Lo reconocerán?

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El Alfa Supremo

Capítulo 2
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