Capítulo 3

—Melia Conkinova… —dijo en voz baja posando su dedo índice en sus labios, pensando. Y, al recordar, volvió a hablar. — Contaré una breve historia. — continuó, mientras se sentaba en su silla giratoria color negro frente a la clase. — Hace más de mil años, en un pequeño pueblo a las afueras de Roma, vivía una pequeña familia de tres, los cuales eran odiados y amados con la misma densidad. Según el Señor de gran prestigio, quien fue gobernador de varias naciones, Richard Ford, los que le tenían envidia eran aquellos que no tenían su riqueza ilimitada. Eso causó que muchos intentarán asesinarlo, pero no lo conseguían. Su esposa Karina Conkinova —resaltó— era la mujer más hermosa y de un grandioso corazón que provocaba que nadie le odiara, sino que por el contrario le amaran. Ayudaba, cuidaba, amaba a los demás como nadie, y eso, a su marido le molestaba, le fastidiaba. Pensaba que nadie excepto él, merecía tal afecto. Al pasar varios años, tuvieron una bella bebé llamada…

—Melia Conkinova. —al unísono repitieron todos, prestando mucha atención.

—Exactamente. El día de su nacimiento parecía que una carrera de toros se había desatado. —Dio una risita. — Todos estaban esperando a que dijeran que la heredera de las riquezas de su padre y madre, había nacido. ¡Claro que nació!, entre su llanto eufórico, pero nació. Dicen que, al abrir sus ojos, vieron lo más hermoso que haya existido: Eran oscuros, cafés, con destellos casi en fuego de lo inexistente. Tanto, que todo el que le veía, se veía reflejado en cada detalle de ellos. Su piel bañada por los rayos del sol, le daban el toque perfecto con su cabello ondulado negro y sus rasgos únicos. Les parecía el bebé más hermoso del mundo. Pasaron los años y a eso, Melia creció, cumplía 18 años de edad. Todos estaban felices, —Mientras contaba, su entusiasmo se notaba y era contagioso. — porque cumpliría la hermosa chica que todos deseaban. En su festejo, todos entre risas y bailes le cantaron felicidades y deseos, pero, en eso, todos quedaron en un silencio casi intolerable, sus rostros se llenaron de temor pues frente a ellos y frente a la cumpleañera, con una flecha mataron a su madre. —El aula, ante lo dicho, quedaron anonadados por varios segundos. — Se preguntarán, ¿cómo una simple flecha la mató? Pues…En la punta tenía un poderoso veneno llamado Lordeath- dios de la muerte-, que causaba la muerte con una rapidez casi parecida a una estrella fugaz. Melia entre su llanto desconsolado, pedía que su amada madre no muriera. Richard, su padre, les pidió a los guardias que la sacaran del palacio y la llevaran a la gran cabaña. No quería que viese como su madre moría, no quería que ella le viese llorar por su esposa. Para terminar, porque sinceramente no puedo recordar más, uno de los regalos que su madre le dio a Melia fue un diario forrado en piel de leopardo, pidiéndole en este, que plasmara todos sus pensamientos sin falla alguna.

—Entonces… ¿Por eso se llevó a la tumba aquel diario? —preguntó Elijah y Logan asintió. — Es que…Algo no me cuadra.

—¿Qué no te cuadra?

—El hecho de que se haya llevado a la tumba el diario. —respondió. — Sé que es algo personal, pero, ¿tan malos eran sus pensamientos o eran tan buenos para no leerlos?

—No lo sé, Elijah. —respondió el profesor, soltando un suspiro. — No lo sé, pero lo que sí sé es que, matar a tu madre frente a ti, es y debe de ser lo más traumático del mundo. —El timbre sonó dando final a la clase. — Para mañana traen el cuestionario resuelto, nos vemos luego. —Se despidió tomando su mochila llevando entre sus pensamientos que lo de hoy fue lo más interesante que ha hecho.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Doomsday: El Toque Perfecto.

Capítulo 3
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo