Capítulo 2
Ivy Wilder nació bajo el cielo estrellado de una reserva natural en Montana, hija única de los líderes de la manada Wilder, respetados por su sabiduría y fuerza. Desde pequeña, Ivy se vio envuelta en las tradiciones de su gente, aprendiendo a abrazar su naturaleza lupina con orgullo. Sin embargo, la reserva no solo era un refugio de serenidad, sino también un crisol de antiguas leyendas y profundos secretos sobre el poder que los lobos albergaban.
Dado su entorno único y su precoz curiosidad, Ivy fue educada tanto en las viejas tradiciones de su manada como en el conocimiento moderno. Sus padres, innovadores y visionarios, integraron enseñanzas de fuera de la reserva, permitiendo que Ivy asistiera a una escuela en la ciudad bajo estrictas precauciones. Allí, Ivy destacó en ciencias y tecnología, mostrando un especial interés en la Inteligencia Artificial (IA), una herramienta que veía podría unir mundos y proteger el suyo.
Durante sus años universitarios, Ivy conoció a Alex, un compañero de estudios con ojos verdes como el bosque primaveral y una sonrisa que parecía encender la noche. Compartían una pasión ferviente por la conservación del medio ambiente, y esa pasión pronto se convirtió en algo más íntimo y profundo. La atracción entre ellos era palpable, y cada conversación, cada encuentro, los acercaba más.
Una noche de otoño, después de meses de tensión creciente, decidieron ceder a sus deseos. Se encontraron en el pequeño apartamento de Alex, donde las sombras danzaban suavemente al ritmo de las velas encendidas. Ivy, nerviosa pero decidida, llevaba una blusa simple y unos jeans ajustados, que pronto se encontrarían en el suelo de la habitación. Debajo, su ropa interior de encaje blanca contrastaba con su piel, iluminada solo por la luz tenue de las velas.
Alex la atrajo hacia él, sus manos grandes pero gentiles explorando la curva de su espalda, deslizando lentamente el cierre de su blusa. Los besos eran profundos, llenos de la promesa de lo que estaba por venir. Ivy respondió con igual fervor, sus manos recorriendo el torso bien definido de Alex, sintiendo cada línea y cada contorno. Sus labios se encontraron en un beso que selló su destino, un beso que hablaba de noches no dormidas y secretos compartidos.
La noche se desplegó en un lienzo de caricias y exploraciones. Ivy se entregó a la experiencia, cada toque de Alex enviaba ondas de calor a través de su cuerpo, cada susurro era un escalofrío que prometía no dejar parte alguna sin descubrir. La pasión los consumió, uniendo dos mundos en un momento de completa vulnerabilidad y conexión intensa.
Sin embargo, detrás de la niebla del deseo, Ivy sabía que había líneas que no podía cruzar, secretos de su naturaleza lupina que no podía revelar. Esta noche de pasión marcó el comienzo del fin de su relación, pues aunque su corazón anhelaba más, su deber hacia su identidad y su comunidad pesaba más.
Inspirada por su éxito y el apoyo de su manada, Ivy fundó WilderTech, una empresa dedicada a desarrollar tecnología avanzada para la gestión y protección de entornos naturales. Su liderazgo y enfoque en la sostenibilidad atrajeron a jóvenes talentosos y visionarios de todo el mundo, estableciendo a WilderTech como una pionera en tecnología verde e IA.
Ivy veía cada innovación de WilderTech como una extensión de su misión para proteger no solo a su manada sino también el mundo natural que consideraba sagrado. Su ambición no se limitaba a la prosperidad de su empresa, sino que aspiraba a cambiar la relación entre la tecnología y el medio ambiente, demostrando que ambos podían coexistir en armonía.
Capítulo 3
Corvin Ward creció en las afueras de Boston, en un hogar modesto pero lleno de amor. Hijo único de padres académicos, su infancia estuvo marcada por la tragedia cuando perdió a ambos en un accidente de coche a la temprana edad de ocho años. Tras el accidente, fue criado por su abuela, una mujer de gran inteligencia y amabilidad, que le inculcó una pasión por el aprendizaje y un profundo respeto por el conocimiento.
Desde muy joven, Corvin mostró un talento excepcional para las ciencias y la matemática. Su abuela, reconociendo su potencial, utilizó sus modestos ahorros para enviarlo a las mejores escuelas. Corvin sobresalió académicamente, ganando becas que lo llevaron finalmente a Harvard, donde estudió biología molecular. En la universidad, se obsesionó con la idea de desentrañar los misterios del ADN humano, lo que lo llevó a realizar investigaciones que atrajeron la atención de prominentes científicos en el campo.
Los primeros desafíos de Corvin no solo fueron académicos, sino también personales. La intensidad de su dedicación a la ciencia lo aisló socialmente de sus compañeros, y luchó con la soledad y la presión de vivir hasta las expectativas de su legado familiar. Durante su doctorado, enfrentó un desafío significativo cuando una de sus experimentaciones falló espectacularmente, casi llevando a la ruina su carrera. Este incidente le enseñó la importancia de la perseverancia y la humildad en la ciencia.
Después de su doctorado, Corvin fue reclutado por Adrian Mortem para unirse a Mortem Biotech. Impresionado por la visión de Adrian y por la oportunidad de trabajar en aplicaciones prácticas de sus investigaciones, Corvin ascendió rápidamente en la empresa. Pronto se convirtió en el asistente de dirección, jugando un papel crucial en varios proyectos innovadores que pusieron a la empresa en el mapa de la biotecnología mundial.
Corvin está motivado por su deseo de hacer contribuciones significativas a la ciencia, especialmente en áreas que podrían prevenir enfermedades genéticas y mejorar la calidad de vida. Su ambición es liderar su propio equipo de investigación y desarrollo, creando soluciones que no solo sean innovadoras sino también éticamente responsables. Ve su trabajo en Mortem Biotech como un paso hacia ese futuro, donde puede dejar un legado que honre la memoria de sus padres y el sacrificio de su abuela.