Capítulo 3

—Necesito el trabajo, pero antes de firmar ese acuerdo necesito pedirle que no acepte ningún familiar o conocido mío a su casa, no quiero tener ningún contacto, puede que suene tan ruda y grosera, pero es que necesito estar lejos de ellos —lentamente alzo la mirada, fijando mis ojos hacia los suyos—. Sé que es mucho que pedir, pero si usted cumple con mi petición le puedo prometer que cumpliré todo lo que está pidiendo.

Maldición, estoy sonando tan desesperada, él se puede aprovechar de eso, hasta me puede correr porque mis nervios y mis palabras lo pondrán a pensar. ¡Chica, problemática!

—Perfecto, me gustaría que empezara hoy, que no espere mi llamada, ya está aquí, se queda aquí.

—Claro.

—Excelente, le mostraré su habitación —me señala la puerta.

—Gracias.

¡Gracias, señor! ¡Ya tengo trabajo y una vida sin problemas!

Al principio, como la torpe que soy iba adelante, todo sin saber dónde estaba ubicada mi habitación. Me detuve y esperé que él me dirigiera.

—Después de unos minutos una señora llegará a su habitación y ella será la encargada de decirle lo que hará de hoy en adelante, ¿está de acuerdo?

—No tengo problema de que usted o ella me digan lo que debo hacer, espere, ¿cuándo firmaría el contrato?

—Luego la buscaré para que firme, desde este momento usted no pude salir de esta casa.

¿Hmmm?

Debo tranquilizarme, lo mejor para mí es quedarme aquí encerrada y no andar por ahí exhibiéndome, ya que mi hermano me puede encontrar y salirse con la suya.

*

—¡Por Dios! —la puerta de mi habitación se abre de par en par, sin querer me dejo llevar y corro hacia la ventana, me detengo a contemplar los picos nevados de montañas distantes veladas por una neblina azulada.

—¿Te gusta?

—Muchísimo, pero no estoy aquí de vacaciones, lo siento, me distraje por un momento.

Él asiente mientras me regala una sonrisa en cantadora. Dios mío, necesito toda mi capacidad para permanecer en el lugar y encontrarme con su expresión brillante como un tigre. Mi corazón se acelera con fuerza en mi pecho, sin embargo, una brisa llena de energía parece evaporarse entre nosotros, las partículas de aire adquieren una carga eléctrica. Mis membranas nerviosas se estremecen con él, acelerando mi pulso y provocando que mi respiración sea superficial y desigual.

¡Estoy acabada!

Este hombre, que me atrae y me aterroriza, es mi única esperanza de salvación y cualquier obstáculo que enfrente en este lugar.

Sus ojos brillan con una intensa diversión mientras hago un paso atrás y luego otro, y de nuevo tengo la inquietante sensación de que está observando a través de mí, que de alguna manera siente tanto mi miedo como mi vergonzosa atracción por él.

Obligándome a tomar la vuelta, observé a mi alrededor, experimentando un gran interés en lo que me rodea, como si algo en este lugar pudiera ser tan fascinante como él.

—No se preocupe, hoy puede descansar.

—Gracias, es muy linda mi habitación —miro un televisor grande que cuelga del techo sobre la cama, luego camino hacia una puerta frente a la que da al pasillo. Conduce a un elegante baño blanco con una cabina de ducha de vidrio lo suficientemente grande como para acomodar a cinco personas. Otra puerta resulta esconder un vestidor del tamaño de mi dormitorio de la universidad, todo vacío y esperando mis escasas pertenencias.

Es un lujo que solo he visto en películas y me suma a mi malestar.

¿Hmmm? Ahora que lo pienso bien y me encuentro tranquila. ¿Por qué necesitan tanta seguridad en un lugar tan remoto?

No quería pensar demasiado en nada de esto antes, mi enfoque estaba en obtener el trabajo, pero ahora que estoy aquí, ahora que esto es real, no puedo evitar cuestionarme en qué me he metido...

Mafia.

Me vuelvo para mirar al señor Petrova, con el corazón martilleando. Me observa con la misma inquietante diversión, y de pronto me siento como un ratón con el que juega un gato grande y hermoso.

—Mañana, la dama de llaves le llenará el closet, por ahora acomódate —esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca para dar media vuelta y salir lentamente de mi habitación.

Respirando profundamente, no me percaté de qué estaba conteniendo. Colapsé en la cama. Dado que la entrevista ha terminado, la adrenalina que me sostenía está cayendo y me siento exhausta, tan completamente agotada que todo lo que puedo hacer es quedarme ahí y observar fijamente al techo alto. Tras un lapso de tiempo, me recupero suficientemente para registrar el hecho de que la colcha blanca que se encuentra en mi interior está compuesta de un material suave y difuso, y extiendo mis palmas sobre ella, acariciándola como si fuera una mascota.

Un impacto en la puerta me devuelve de mi estado de estado semi-catatónico. Sentándome, grito:

—¡Entre!

Un hombre del tamaño de un oso entra en las cavernas en compañía de una señora mayor.

Me concentré en el hombre y lo escaneé de arriba hacia abajo. Los tatuajes se ubican en los extremos superiores de su enorme cuello, mientras que sus ojos grises me recuerdan a las balas derretidas.

—Hola —digo, esbozando una sonrisa mientras me pongo de pie.

—Soy la señora Estela y él es el joven Raúl, nosotros seremos sus jefes directos —la señora muy amable se dirige hacia mí—. Él le dará el reglamento que usted debe cumplir y yo le informaré lo que tiene que hacer.

—Empiece usted señora Estela, yo puedo escuchar y esperar, no tengo nada de prisa —dice el grandullón oso tatuado.

—Gracias, joven —ella asiente—. Usted empezará a trabajar conmigo mañana, su horario es de cinco de la mañana hasta las doce de la noche, su puesto es ser la segunda ama de llaves; se encargará de que todo esté en orden, que los empleados cumplan con sus deberes y sobre todo, servirle al jefe de la casa, al señor Petrova. Ah, no se preocupe por el horario, usted tendrá horas de descanso, no crea que aquí la explotaremos.

No, no pienso nada de eso, es obvio que al trabajar en una casa con dormida adentro se puede esperar ese tipo de horario.

Puf, no me quejo, al contrario, me impresiona el puesto que me han otorgado. ¡Ama de llaves!

Waooo, parece que me he ganado la lotería sin comprarla.

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Dominada por el Mafioso

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