Capítulo 2
Estábamos esperando a que Elisa terminara de cerrar la persiana del restaurante para poder irnos de allí, habíamos ayudado a recoger todo el local mientras a ella le hacía efecto la tila que había tomado. No voy a mentir, al verla así de nerviosa por ese hombre me recordó a cosas que había vivido con los variados novios de mamá, me hervía la sangre solo de pensarlo. Saqué las llaves de mi coche mientras Elisa cerraba con candado la persiana.
—¿Podemos hablar un momento de lo que ha pasado? —dejé mostrar mi confusión
—No ha sido gran cosa, estoy acostumbrada. Ser camarera a veces tiene estas cosas. —buscó los ojos de papá mientras contestaba
—Yo creo que sí ha sido gran cosa. —Elisa fue a hablar sin saber qué decirme, abría y cerraba la boca sin ninguna palabra saliente
—No ha pasado nada, que es lo que importa. —papá puso sus manos en mis hombros
Al darme por vencida con el tema, me encaminé al coche esperando que ellos me siguieran, pero solo lo hizo papá. Elisa estaba caminando hacia el otro lado de la carretera y miré a papá incrédulo
—No te creo —dije en voz alta y una ceja levantada— ¿En serio?
—¿Qué pasa? —di un gran suspiro e hice ruidos bruscos al salir del coche —¿Qué he hecho ahora!?
—Elisa! —grité y ella se volteó para mirarme— Sube, ni hablar, vas a ir tú sola después de lo de hoy — con una sonrisa agradecida cruzó la calle y subió al coche dándome las gracias a cada rato.
Con una mirada asesina miré a papá, él se encogió de hombros y mirándome fijamente, podía oír el "Pero que pasa ahora?", en sus ojos, devolví el gesto moviendo la cabeza hacia atrás, donde se encontraba Elisa y parecía que por fin, pilló la indirecta
—Vamos a ir a tomar algo al nuevo sitio que han abierto, ¿Te apetece venir?
Sonreí como una mala perra al conseguir lo que quería, aunque ella rechazó la invitación, ya que mañana tenía turno de mañana. Una vez la dejamos en casa, papá salió del coche y ambos se despidieron con las manos y sonrisas. Una vez que Elisa cerró su puerta principal estuve mirando a papá fijamente hasta que me miró
—Jericho, tienes que dejar de mirarme así porque no-te-entiendo —su sonrisa se desvaneció mientras hablaba y yo no pude parar de reírme, aceleré y nos encaminamos al nuevo bar de la ciudad.
Una vez entramos por la puerta pude oír a papá maldecir entre palabras, al olor, a hierba quemada, había gente tirada en los sofás y otros platicando de pie. Juraría que parecía que se separaban por secciones, las porretas y los "sanos"
—Santa mierda, ¿Dónde me has traído?
—Unas cervezas y nos vamos, ¿Sí? —dije después de pedir unas cervezas a la camarera que, por cierto, parecía una diosa del Olimpo
—¿Queréis ver la lista de canciones para el karaoke? —dijo la camarera al traernos la orden — Solo tienen que llamarme y listo! —se marchó entre la barra
Mis ojos brillaron al ver la sección de canciones que tenían, soy una muy buena fan del rock clásico y ver todas mis favoritas me hizo replantearme el subir
—¿Subes? —Dijo papá haciéndome volver a la realidad
—Lo dudo —respondí
—Aquí tienes una oportunidad, no veo gente conocida
—Ya, bueno —intenté disimular mi decepción — Otra vez será
Recuerdo que cuando me volví a mudar con papá creamos una regla en la que nunca volveríamos a hablar de esto, dejé claro que no quería revivir ese maldito momento de nuevo, pero joder, hasta yo lo echo en falta.
Un rato después de hablar un poco de todo, papá decidió que se retiraba
—Me voy a descansar ya —dijo papá terminando su botellín
—Pero si son solo la una de la mañana —lo miré graciosa
—Por esa razón es por la que me voy —dejó un billete para que pudiera pagar mientras se levantaba
—Un día estás de empalme y otro día te retiras a escasas la una... la vejez —reí para meterme con él
—In dii istis di impilmi y itri dii ti ritiris i iscisis li ini — burló y me dejó, riéndome a carcajada limpia en la silla — adiós imbécil, despiértame cuando llegues.
Una chica que iba llorando abrió la puerta de golpe dando a papá con la puerta en la cara, con su graciosa boca abierta de dolor me miró para decirme "Es Kat", me levanté corriendo para ir detrás de ella
Katherine fue la primera amiga que hice al llegar, yo no quería ser su amiga, era siempre tan amable conmigo, aunque yo fuera lo peor con ella para que me dejara en paz, hubo un momento que advertí que si no me dejaba en paz mataría a su gato. Lo hubiera hecho perfectamente dadas las circunstancias, pero ella se quedó ahí para todo, incluso cuando decían algo de mí, ella me defendía siempre.
Ella era Katherine Miller, fue la primera chica que me habló nada más llegar. A mí no me interesaba tener amistades por problemas de bullying que tuve en el pasado. Ella fue realmente amable conmigo, el tercer día de conocerla amenacé con matar a su gato de peluche mientras dormía si no me dejaba en paz, pero ella siguió a mi lado desde entonces.
—¿Kat? ¿Qué ocurre!? —pregunté tocando la puerta cerrada del baño, abrió la puerta para dejarme ver sus ojos hinchados y llenos de maquillaje desparramado, al verme empezó a llorar más y más
—Se ha muerto Izzy —rompió a llorar mientras venía caminando hacia mí
—¿Quién es Izzy? — no me sonaba de nada
—Mi-Mi pez!
Me empezó a temblar el puto ojo. Pensaba que era algo peor, la muy cabrona me había dado un susto de muerte, pero aun así… Llorar así por un pez ya podéis daros cuenta de la clase de personita que es. Salimos para el local para tomarnos una bebida para qué se pasará el disgusto. Se acercó un chico a pedir una canción, solo de escuchar el título ya se me revolvió la vida por dentro. Los recuerdos de mi cabeza hacían que estuviera a punto de vomitar. Observé por todo el local en busca de caras conocidas, algunos de clase, otros del pueblo y mira por donde, el chico misterioso de sudadera negra en un sofá. Podía ver relucir sus ojos desde donde estaba, una mirada pasiva y agresiva al mismo tiempo, tenía un mechón de pelo castaño bajando por su frente, la capucha puesta y con el humo de alrededor lo hacía más y más llamativo. Definitivamente, él destacaba entre sus amigos.
—Dos cervezas más! — gritó Kat a la camarera y me giré para mirarla, la pareja que teníamos al lado estaban hablando de lo grande que fue la época de Guns n' roses y de la importancia de que Izzy Strandlin volviera a la reunión por última vez, recé y supliqué para Kat no lo hubiera oído, giré la cabeza mordiendo mi labio para ver unos ojos brillantes y murmurando "Izzy..." Y acto seguido, más llantos y lágrimas.
—Y dos chupitos de tequila, gracias. —dije a la camarera y ambas intercambiamos miradas cómplices.
Venía una noche demasiado larga.
Capítulo 3
Sinceramente no sé cuántas rondas llevamos, yo dejé de contar en la séptima cuando pasamos de las cervezas a los chupitos y de los chupitos a los cubatas. Estábamos bailando cada canción que sonaba y apoyando a los del karaoke, me avisó Kat por señas diciendo que tenía que ir al baño y asiento para pedir otras dos rondas. Me pregunté que hora sería, ¿las 4? ¿Las 5 de la mañana? Tampoco tenía intención de hacer nada al respecto, hoy estaba siendo una noche de descontrol y paz.
Sobre el chico de sudadera negra nos estábamos mirando y haciendo caritas todo el rato hasta que desapareció por unos 20 minutos o más, ya no era divertido si no había nadie a quien hechizar, volteo buscándolo mientras maldigo al pensar dónde estará y me lo encuentro en la barra, con un perfil que duele, joder, ni el mismísimo Apolíneo, me acerqué a la barra a pedir las rondas y mientras espero noté como el chico me comía con la mirada, me reí al observar la sobreexcitación y timidez en el ambiente, la camarera me sirvió las copas.
Justo cuando me animé a decirle cualquier cosa, un hombre me empujó para el costado bruscamente con una repaso entre pervertido y asesina, no supe cómo tomarme la mirada, me reí mientras el misterioso chico de sudadera negra se le tensó la mandíbula al visualizar a ese hombre que sigue con esa mirada. El hombre me miró de reojo y vuelve a empujarme cuando va a salir.
—Ya van dos, espero que no haya una tercera. —advertí mientras me tomaba mi chupito de golpe.
Noté que el hombre se paró y me respondió:
—¿Me dices a mí, niñata?
—De las 40 personas que hay en el puto bar ni una me ha rozado ni un poco. Así que sí, creo que te digo a ti.
Está toda la zona de esa parte del bar mirándonos, de reojo veo que el chico de sudadera ya no está, miré hacia el lado donde estaba y ahí está con sus amigos mirándome fijamente.
Yo sigo de frente sin mirar al hombre cuando lo escucho decir:
—Puta zorra.
¿Que pasó después de eso? Que sonaba Rage Against the machine.
Me reí y con las mismas cojo mi vaso de cerveza me la bebo de trago y sin pensarlo lanzo la botella vacía hacia la cabeza de ese hombre, escuché gritos, cristales en el suelo, un sonido hueco y como un sonido en carne a la misma vez, tenía el pelo en mi cara no veo nada y vi como caía hacia mí y lo conseguí esquivar, lo primero que vi es al chico de sudadera negra sacudiéndose la mano, yo le he había reventado el vaso en la cabeza al mismo tiempo que él le había soltado un puñetazo. Nos miramos confundidos el uno del otro, él suelta un suspiro mientras dice;
—Joder.
Ha sonado a suspiro cachondo.
Volví a mirar al suelo, el hombre estaba intentando levantarse, Kat apareció en una esquina mirándome y riéndose al mismo tiempo, creo que de la tensión y los nervios, cogí las bebidas que había pedido ese hombre, justos 3 chupitos de a saber que.
—Tenemos que irnos, está la policía al llegar. —dijo el misterioso de sudadera negra— Chicas nosotros nos vamos. ¿venís o no?
Lo miré y asientí mientras cogía nuestras cosas, el hombre logró ponerse de pie, me cogío de la muñeca fuerte al intentar irme del local, me paró y endurecí la cara del daño que me estaba haciendo.
—¿No has tenido suficiente?
—Tenías pinta de zorra nada más entrar con tu papaíto cornudo de pacotilla.
Alguien cogió el lado de mi mano y me separó de la del hombre.
—Definitivamente no has tenido suficiente.
—No te metas en esto Myles.
—Tienes 3 minutos para salir pitado del garito, si no sales de aquí te puedo asegurar que el estrellarte un vaso en la cabeza es lo mínimo que te puede pasar.
Dijo firme, sin dejar de mirarlo a los ojos, lo estaba retando y quería con su alma que él aceptará el reto, no podía dejar de mirar la manera en la que lo miraba, pero sobre todo la manera en la que me tenía cogida de la muñeca, un gesto protector.
Sus amigos se acercan al ver que él no hace ni dice nada, entonces bufó y se marchó como si hubiera perdido unos tazos en el colegio, sus amigos se empezaron a dispersar mientras él seguía cogiendo mi muñeca con fuerza.
—¿Me explicas el por qué cada vez que me encuentro contigo acaba un hombre tirado en el suelo?
—Es un don.
Me miró y paró en mis labios, después de unos segundos mirándolos vuelve a mirarme a los ojos. Entre la matiz de los ojos, la iluminación del pub y que estoy viendo el reflejo de las luces de policía, es como si me hubieran hechizado.
Corrimos por la puerta trasera. Los amigos de Myles corrieron mucho antes que nosotros, no por lo que hubieran hecho, si no por lo que llevaban encima. Kat estaba confundida en mitad del bar sin saber que hacer, cuando yo grité su nombre ella reaccionó, me miró y empezó a correr hacia mí, Myles esperó a que pasáramos nosotras primero por la puerta de atrás, corrimos cada uno por un lado, yo pensaba que me seguían y me metí en mi todoterreno, había espacio suficiente para todos, me di cuenta de que Myles estaba mirando hacia nosotras y hacia sus amigos que estaban corriendo hacia el otro lado, la policía nos tocaban los talones. Arranqué mi Jeep y pisé a fondo hacia la dirección donde se encontraban, cuando pasé por su lado grité;
—¡Rápido, subir!
Subieron sin problemas ninguno. Lo cual me hace gracia por qué yo tenía experiencia al conducir de esta manera y ellos tenían experiencias en huir de la misma, me metí por callejuelas sin sentido rezando por qué no hubiera ninguna sin salida hasta que vi carteles de autovía para llegar al monte de la ciudad, después de 10 minutos conduciendo esquivando gatos y perros los pudimos perder a la policía mientras nos reíamos y gritábamos del subidón.
Me desvié al ver una tienda, me bajé y compré algo de bebida, compré cerveza, agua, muchas patatas y chocolatinas, no sé por qué, pero sabía que iba a hacer falta algo de comida, Myles está esperándome en la caja, no se ha quitado la capucha de la sudadera, pero esta vez se había puesto una maldita chaqueta de cuero que le sentaba como un guante, estaba mirando al suelo con las piernas cruzadas y su codo apoyado en la barra, el mechón de su pelo sobresalía por su perfecto perfil.
—¿Cuánto es todo? —preguntó Myles.
—15,80 €, por favor.
Cuando fui a sacar mi monedero escucho un 'Bip' y vi que había pagado con tarjeta en el datáfono mientras sonreía al dependiente, cogió la bolsa y juré que pude ver cómo en su brazo le creció un jamón, salí de la tienda junto a él.
—No debiste hacer eso. Podría pagarlo yo, ha sido capricho mío.
—Me lo devolverás. —sonrió asomando un hoyuelo—Estoy seguro.
Jericho, tienes que dejar de pensar cosas sucias y sensuales cuando recién conoces a gente.
—Espero que sea pronto. —di mi sonrisa más juguetona.
Me metí al coche y estábamos todos de acuerdo en irnos al monte. Ahora que lo pienso, me estoy yendo con un grupo de desconocidos a un monte, podría estar muy bien o muy mal, así empezaban las películas de terror.
Me metí al coche y estamos todos de acuerdo en irnos al monte, ahora que lo pienso me estoy yendo con un grupo de desconocidos a un monte, podría estar muy bien o muy mal, he visto películas de terror que empezaban igual. Decidí llevarlos a uno de mis sitios secretos del monte, Estaba un poco escondido y había que andar unos 10 minutos, pero es donde más tranquilos íbamos a estar, saqué unas mantas del coche para poder sentarnos sin que se nos pegaran bichos y ramas, Kat y yo odiamos las arañas con toda nuestra fuerza, pero este sitio era genial, nos hicimos sitio en la naturaleza y nos sentados todos mientras abríamos las cervezas.
—He traído a un grupo de desconocidos a uno de mis sitios favoritos, quiero nombres, edad y aficiones ya. —señalé a uno de ellos— Empiezas tú.
—Ehmm... Soy Samuel, 22 años, estudio biología en universidad.
—Me llaman Ginger, 25 años, trabajo en un sex shop.
—Me lo pido —mencionó Kat aún borracha
Él se sonroja y la sonríe.
—Me llamo Finn, 20 añazos y ni estudio mi trabajo.
Levanté las cejas hacia Myles esperando a que se presentara.
—Soy Myles, 23 años, trabajo ayudando a ginger en el sex shop y también trabajo en una veterinaria, soy peluquero de mascotas, sobre todo de caballos.
Que-in-es-pe-ra-do
—¡Cállate! —exclamó Kat— ¿Peluquero de animales? ¿Puede haber algún trabajo mejor?
—En realidad es una mierda, pero supongo que está bien.
Seguimos debatiendo los oficios de cada uno de ellos, me intrigaba que Myles trabajara en un sex shop, me parecía bastante... ¿Sensual? Giré la cabeza y veo a Kat sacándose un plástico transparente con algo negro, cortó un trozo y cogió su mechero para quemarlo.
—¿Que estás haciendo Kat? ¿De dónde lo has sacado?
—Me lo dio un tío en el baño, vi como se metía unas rayas en el baño de chicas y me lo dio para que me quedara callada —me miró inocente— ¿Por qué?
—Tira eso antes de que acabes con a saber qué en la sangre.
Cogí mi bolso y saqué un poco de polen que tenía desde hace bastantes días, miró con cara de cordero degollado y ya sabía que me lo tenía que liar yo.
—Entonces... ¿Jericho? —alcé la vista para ver quién me ha llamado— ¿Tengo dos nuevas clientes en el sex shop?
—A mi personalmente me gusta más el contacto humano, ya sabes, la lengua, los dedos... —miré a Myles sonriendo pícara— Pero no me importaría comprarme uno para probar. ¿tenéis de esos tamaños xxxl?
—Tenemos hasta tamaño botella de cola de 2l.
—Guárdame ese. —la voz de niña de Kat hace que sea mas raro todavía. La conversación más absurda del universo.
Después de eso solo hablamos de cómics, de fútbol, de superhéroes y Kat sacó el tema de los comics de Archie, me encantan esos cómics, siempre los veía cuando era pequeña gracias a mi padre y Ian. Hace un tiempo hubo un hombre en casa, novio de mamá que nunca me dejó ver la serie de Riverdale y nunca supe por qué, desde entonces tampoco me ha llamado la atención para verla.
—Cambiando de tema. ¿A que universidad vais? —pregunté
—Myles y yo al West side. —respondío Ginger
—Nos veremos por ahí entonces.
Los chicos y Kat deciden ir a investigar un poco el monte y la zona en la que estamos, nos quedamos Myles y yo solos. Justo lo que quería, su presencia era puro misterio.
—No sé si estar alabado por quedarme a solas contigo o tener miedo de ello.
—Miedo, siempre hay que tener miedo de mí. —reímos y él se acerca un poco más a mí
—La última vez que te vi le diste un derechazo a Zak James en toda la cara y acto seguido hiciste que su cabeza acabará agujereada, había sangre en las primeras mesas.
Ahora sí estoy un poco incómoda. Torcí la mandíbula al recordar ese momento
—De verdad que me reventé la mano, no pude moverla en días. ¿Cómo sabes eso?
—Fui uno de los que te apartaron de él, parecía que tenías un imán hacia él. —me miró serio y una sonrisa de su boca aparece mientras decía —Fue bastante caliente.
—Si supieras el por qué lo hice no te parecía tan caliente. —mi sonrisa fue un poco falsa- Fue abrumador, pero no me arrepiento de nada.
Noté que el está algo incómodo después de mi respuesta y cambio de tema rápidamente, entre el alcohol y los porros estoy en un modo 'sucia', sonreí y solté:
—¿Y bien? ¿Los vibradores son buenos en tu tienda?
Puso los ojos como platos y rio, el color de sus ojos Azules verdosos juntados con el rojo irritado del efecto de la marihuana lo hacen demasiado deseables para mi gusto. Se acercó más a mí y me sonrió
—Seguro que hay más cosas que te exciten más en poco tiempo.
—Muy difícil es que algo me excite en menos de 5 minutos.
Vi cómo se acercaba lentamente rodeando mi cintura con sus brazos pegándome a su cuerpo. Subí mi mirada viendo como sus pupilas se dilatan mientras se muerde el labio. ¿Hace calor o soy yo?
—¿Sabes que quiero? —susurró contra mi cuello.
Me estremecí al sentir su aliento chocar contra mi piel. Pequeños gemidos se me escapan cuando comenzó a besar mi cuello haciendo su típico camino hacía mi boca, donde se proponía desesperarme lamiendo lentamente mis labios. Traté de unir nuestros labios queriendo agarrarlo del pelo pero antes de siquiera moverme me di cuenta que el fue más rápido y tiene sujetas mis dos manos por encima de mi cabeza. Sería buen momento para al menos apoyarme en algún lugar... Como si hubiera adivinado mis pensamientos; nos hizo caminar sin soltarnos hasta que sentí mi espalda chocar contra una superficie rasposa. Giré mi cabeza curiosa por saber donde nos trajo y llegué a visualizar que estamos tras un árbol, un gran árbol.
—¿Creíste que no lo pensé? Me tienes muy inocente, cariño. —se burló cerca de mis labios.
Intenté responderle pero mi voz se apagó cuando presionó con dos de sus dedos ahí abajo. Solté un gemido alto que fue callado con un beso rudo y sucio. Mordí su labio conteniendo un gemido al sentir dos de sus dedos entre mío y otro jugando con mi clítoris. Nos separamos agitados por la falta de respiración y se centró en mi mandíbula repartiendo besos, lamidas y mordidas. Levanté mi cabeza dándole más acceso a toda esa zona. No sé en qué momento fue que cerré mis ojos dejándome llevar por la excitación, dejando que él me someta como quiera sin importar el lugar donde estamos. Traté de juntar mis piernas al sentir mi orgasmo pero puso su pie se interponiéndose a mis planes.
—No tío, no puedo creer eso que acabas de hacer. —se escuchó desde muy lejos, pero cerca para poder oírlos—Has cogido un puto sapo con las dos manos.
—Escuché algo —exclamé con la voz ahogada sintiendo otro dedo dentro mío.
—¿Acaso quieres quedarte con las ganas? —murmuró mordiendo mi barbilla.
Va a matarme.
Me calló besándome de una manera lenta y tranquila, como si no me tuviera a su merced con tres dedos suyos dentro mío. Gruñó dándome pequeños besos cuando empujo mis caderas hacía él y le mordí el labio inferior saboreando un gusto metálico, sangre. Jadeó excitándome más. Escucharlo igual de extasiado que yo solo por darme placer es algo que me volvía loca. Hizo movimientos más rápidos que me hacían temblar las piernas, mis gemidos eran más caóticos y él solo aumentaba la velocidad mientras abría un poco los ojos encontrándome con los suyos que me devoraban. No pude evitarlo, volví a cerrar los ojos dejándome llevar olvidando que hace momento escuchamos ruido cerca. Él soltó mis manos para taparme la boca acallando los gemidos inevitables que se me escapaban y yo aproveché aferrarme a su sudadera.
Al cabo de unos minutos, quitó su mano de mi boca atacándola con la suya mientras la apoyaba a un costado de mi cabeza en el tronco. Sus labios ahora eran bruscos, salvajes y duros. Cuando pensé que podría desfallecer en este momento sentí que otro dedo más se unía a la fiesta haciéndome casi gritar por la impresión. Los dos sabemos que estoy cerca de llegar, sus movimientos no son más que rápidos; mete, saca, gira y cierra sus dedos sin piedad. No pude evitar morder mi labio cuando dirige su boca a mi oído para susurrarme las palabras más guarras y calientes que alguna vez me dijeran en una situación así;
—Me gusta escucharte gemir por mi, sentirte con mis dedos y saborearte entera.
Me besó por última vez sintiendo mis espasmos llegar y me sujetó con su otra mano, que estaba apoyada en el tronco, por la cintura para no caer. Mis piernas seguían temblando mientras él se ocupaba de quitar su mano de ahí metiéndose uno por uno de sus dedos llenos de mis jugos en la boca chupando y limpiándolos en el proceso. Quedé hipnotizada viendo cómo hacía eso tranquilamente y sentí que podría tener otro orgasmo solo por esa mirada que él me daba.
Me sonrió acercando su cara a la mía y pude notar su labio inferior roto, donde le mordí anteriormente. Lamió mis labios por encima notando que tenía un poco de su sangre seca en los míos.
—¿Sigues prefiriendo un consolador?
Gemí al notar que sus dedos habían salido ya de mí, pero seguían tocando el círculo, Cuando escuchamos a los chicos más cerca, Myles hizo el amago de mirar a otro lado, pero le cogí la mano, la termino de sacar de mi ropa interior, le miré y le chupé los dedos por encima de mis ojos verdosos claros y sé que eso le ha gustado más de lo que ha hecho en estos... Maldita sea han sido 5 minutos justos.
Se mordió el labio mirándome como chupaba sus largos dedos hasta que los chicos entraban de nuevo mientras hablan algo de un sapo.
Después de fumar estábamos todos riéndonos y jugando a juegos mentales con mi móvil, Myles me pidió el mechero mientras era su turno en el móvil, mi prestigioso mechero de Sailor moon lo tenía más que vigilado porque sabía que me lo intentarían ro...
Después de fumar estábamos todos riéndonos y jugando a juegos mentales con mi móvil, Myles me pidió el mechero mientras era su turno en el móvil, mi prestigioso mechero de Sailor moon lo tenía más que vigilado porque sabía que me lo intentarían robar, sonó un teléfono móvil, era el de Myles y él decidió rechazar la llamada, al minuto alguien llamaba a Ginger y lo cogió sin mirar, puso el altavoz y sonó una voz femenina, Myles levantó la cabeza con tal rapidez que ni flash. Cerró los ojos y le dio otra calada al porro mas intensa que la anterior.
—Ehmm.. Si está aquí conmig...
—Ayayay! -Gritó Kat y miré asustada por saber que pasa
—¡Jericho! ¡Mátala! ¡Es más grande que mi puta mano!
—Ya voy! No veo nada. Myles dame mi móvil.
Myles levantó las manos hacia la boca como diciéndome que me callara y no lo pillé hasta que escuché:
—¿Quien coño es esa?