Capítulo 3
Más tarde ese día, me presenté al aeropuerto, estaba un empleado vestido pulcramente, esperando en la entrada de descargue. Me vio y sonrió.
—Señorita Morgan, el Sr. Garth lo está esperando.
Asentí, luego me escoltó hacia un jet privado.
Mi familia tiene mucho dinero y he visto los caprichos de las personas que están entre los cinco por cientos más adinerados por lo que no se me cayó la quijada al suelo, este avión privado tenía todas las comodidades y lujos que hay y por haber.
Sin embargo actué sin previas sorpresas, mi jefe me miró y dijo: —"¿has viajado antes en vuelos privados?" ¿Por que no te sorprende lo que ves?
—¡Ah! —Dije—tranquilo, también he viajado a la Luna y no me deslumbra un diseño de interiores de un avión de alguien rico y adinerado.
—"Aha" —dijo, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
—Hazlo! —Me ordenó.
—¿Que cosa? —Pregunté, aunque ya sabía a que se refería.
—No quiero cuidar de una niña grande—me dijo, viendo hacia adelante.
—¡Claro, no es necesario! —Le dije. Tomé unas revistas y empecé a hojear sus paginas.
No había nada que me llamara la atención de la revista, pero quería hacer eso en ves de tener al Sr. Donovan Garth de frente.
Justo la revista cuyo libro en mis manos, estaban al revés y no me percatara. Mi jefe dijo.
—¡Tranquila! Tus habilidades son muy buenas, ya que hasta sabes leer al derecho y al revés.
Sentí algo de verguenza, pero desapareció en un instante.
—Está bien. ¿Que deseas?
—Presta atención —me dijo, al arrivar a Montreal Canadá, nos recibirá entre los ejecutivos y gerentes una mujer hermosa, actuarás como mi novia y un repelente para que ella no se me acerque con cursilerías baratas.
—No quiero que permitas que tenga un momento a solas junto a mi... —lo miré y casi quería despotricarlo.
—Espera, no me digas que esta es la clase de trabajo que haré para ti. Es tan vergonzoso!—Continúe.
—"¡¿Que es lo vergonzoso?!" —Preguntó casi sin expresión.
—Tranquilo, por esta vez lo haré, pero no es este el tipo de trabajo que puedo desempeñar.—le dije.
—No dudo de tus habilidades y preparación, sólo quiero que me ayudes a mantener lejos a personas que no deseo cerca—espetó.
—Esta bien—Respondí.
Quería hacerlo molestar así que maquiné bien mi mente y Zas le lancé una pregunta muy indiscreta.
—¿Eres gay, así que no quieres mujeres cerca de ti?
En cuánto dije tal oración, sentí un arrepentimiento profundo, sus ojos me miraron de forma aguda.
Sentí la sangre congelarse dentro de mi. Lo miré, y dije suelo trágame.
—No tengo problemas en mostrarte que no soy gay.—me responde.
—"Simplemente no como cualquier cosa"—Lo dice todo arrogante, me mira con detenimiento.
—Ahora contigo, puedo hacer una excepción y regalarte unas horas de pasión. ¡Para todo hay excepciones a las reglas! ¿no?
—Tranquilo, solo bromeaba contigo—Dije algo fuera de mis cabales.
—Pues puedes escribir esto, te daré una lección.—A qué lección se refería.
Me dije a mi misma, tranquila, después de todo, tu no estarás trabajando bajo su yugo pa siempre.
Cuando volví a ver al suntuoso caballero por el rabillo del ojo, se veía espectacular, tan atractivo su rostro, sus facciones que por un momento pensé que si quería procrear a un bebé, el sería el del gen perfecto, pero cuando asimilé su carácter, este le restaba en gran manera sus puntos.
Las azafatas que estaban trabajando se acercaron a él y ofrecieron todo tipo de frutas exquisitas y manjares, eran muy coquetas, yo no sabía por qué, pero esa escena me era demasiado incómoda, así que me volví hacia las dos mujeres y les dije.
—Si ya sirvieron pueden retirarse, si deseamos algo mas se le llamará. Pueden estar pendientes.
De mala gana salieron de allí, lanzando unas miradas insatisfechas. Mi jefe sonrió satisfactoriamente, me volvió a ver. Levanté los hombros e hice un gesto con mis labios hacia abajo y dije.
—Empecé a practicar antes de llegar con la zorrita. ¿Cariño, soy un repelente bueno? —El volvió a verme y dijo.
—Serás buena, hasta que lo considere así.
—¡Bien!—Respondí.
Aterrizamos después de varias horas, siempre he viajado tantas horas, pero hoy en particular no sentí que el viaje fuera largo y cansado, eran ya las doce de la noche y nuestra reunión de empresarios y ejecutivos era a las una de la mañana. Mi jefe me tomó de la muñeca y me jaló hacia él, puso sus manos envueltas a mi cintura y me susurró al oído y dijo.
—Uno, dos, y tres ...
Apareció una mujer alta de un metro 70 centímetros, cabello rubio castaño, sus tacones altos de diez centímetros la hacia ver como una modelo con largas piernas.
Estaba hermosamente vestida, se veía que hizo mucho esfuerzo en su apariencia para deslumbrar a alguien esta noche. Sin embargo, esa persona estaba enloqueciendo por sus demostraciones de amor y cariño.
De repente me vió a mi con fijeza, y dijo la mujer.
—Dear - cariño, ¿quien es esta intrusa que viene pegada a ti? —Sus ojos estaban rojos. Casi hace rabietas, cuando mi jefe no me soltó y siguió guiándome hacia adelante ignorándola.
Me dió pesar ajeno, sólo pensé que el amor era cruel y que el amor no correspondido era como un cáncer que carcomía el alma de las personas.
—¡Cariño, Cariño!, sollozó la hermosa chica detrás de él corriendo.
—¡No soy tu cariño, no soy nada de ti! ¿Podrías prestarte atención a tu forma de actuar?
—¡Estoy acompañado de mi prometida y tu me recibes haciendo un show!
—¡Eso no es verdad! —Gritó la Chica, a estas alturas ella ya no se veía hermosa, tenía los ojos llorosos, el delineador corrido, pataleaba sin sesar.
—Si Chica, él es mi Chico, el futuro padre de mis hijos, no te acerques a lo que es mío, sugiero que busques tu propio pez, el mar abarca demasiados peces, ve y encuentra el tuyo. —le dije, ella me vió y se sacudió, pasó por mi lado ignorándome, se acercó a mi jefe y se colgó de su cuello.
En este punto mi jefe estaba con la cara oscura de tanto enojo que sentía.
Me miró como queriendo decirme, "haz algo con esta loca".
Me acerqué y arranqué dedo a dedo ala mujer colgada como un cohala abrazando a mi chico, sentí una gran felicidad quitarla de encima a él.
Yo sabia que estaba montando una farsa, pero sentía que era real que él era mi hombre y yo estaba defendiendo mi posición a su lado.
Cuando otros ayudaron a apartar a la Chica, Donovan y yo estábamos abrazados como uña y mugre.
Nisiquiera nos percatamos que ya la habían llevado a la enloquecida mujer y que ya no era necesario estar enganchados.