Capítulo 2

"¿Cómo te atreves a entrar a mi habitación sin mi permiso?".

Me levanté enseguida y me dirigí hacia la puerta. El hombre que estaba ahí no era otro que Bryan Morrison.

Tenía un encanto innegable y llamativo.

Pero su gélida mirada me causó un escalofrío que recorrió mi columna. Sus ojos oscuros estaban fijos en mí.

Jadeé y mi mano empezó a temblar. La foto se me escapó de las manos y cayó al suelo sin que pudiera evitarlo.

No sabía que esa era su habitación.

"¡Cu... cuñado!", murmuré con voz temblorosa.

"¿Cuñado? ¿Estoy escuchando bien, Bryan?".

Una mujer entró a la habitación y se puso al lado del hombre.

Era increíblemente hermosa. Tenía una belleza que los hombres adoraban y llevaba un vestido blanco que le llegaba hasta las rodillas. Sus curvas destacaban su figura esbelta y atractiva.

Después de mirarme de la cabeza a los pies, dirigió su atención hacia el hombre.

"¿Es la novia de Bruce…?".

Bryan levantó la mano para callarla y su mirada se dirigió al suelo.

Lentamente bajé la mirada y vi que el cristal del marco se había roto.

Mis ojos se abrieron como platos cuando vi la grieta entre los dos hermanos.

A toda prisa, me agaché y extendí la mano para tocar la foto.

"Voy a limpiarlo".

"Vete", ordenó él.

Me volví para mirarlo. Sus ojos seguían fijos en la foto, como si le molestara mirarme. Y si lo hacía, me mataría.

Tragué saliva e intenté disculparme.

"Lo siento".

"¡Vete!", bramó él.

Me estremecí y un fragmento de vidrio me pinchó el dedo.

Bajé la cabeza y me puse de pie. Salí corriendo mientras intentaba no llorar.

Una vez que estuve afuera, las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas. Me detuve y me mordí el labio inferior para controlarme.

Nadie jamás me había hablado así. Sollozando, me preparaba para irme cuando escuché la voz de la mujer:

"Bryan, esa chica se ve tan pobretona. ¿No viste su vestido?".

Bajé la mirada hacia mi ropa. ¿Qué tenía de malo? Llevaba una prenda decente.

"¿Qué le pasa a nuestro Bruce? ¿De verdad le gusta esa chica? No puedo creerlo. ¡Tiene un gusto pésimo!".

Fruncí el ceño y caminé hacia las escaleras. No quería quedarme ni un segundo más. No había venido para sufrir una humillación.

Bajé las escaleras y me dirigí hacia la puerta principal.

"¿Sophia?".

Alguien me llamó desde atrás. Al darme la vuelta, vi a la madre de Bruce, Juliana Morrison.

La mujer inclinó la cabeza y me sonrió. "¡Hola! ¿Qué haces aquí? ¿Y por qué te marchas?".

Esforzándome por recuperar la compostura, le devolví la sonrisa.

La había visto el año pasado en la fiesta de cumpleaños de Bruce, al igual que a su hermano mayor. Además, mi novio pudo presentarme a sus padres.

Ellos ya me conocían. Su madre era muy amable.

"Luna, ¿cómo se encuentra?", pregunté acercándome a ella.

Ella me tomó de las manos y me pidió que me sentara a su lado en el sofá.

Les lanzó una mirada a las sirvientas que trabajaban ahí. Estas hicieron una reverencia y abandonaron la sala.

La madre de Bruce se rio entre dientes y sacudió la cabeza.

"Ya no soy tu Luna. Mila lo será muy pronto", explicó.

'¿Mila?'. Pensé en ese nombre. Debía ser la prometida de Bryan, la mujer que acababa de ver en su habitación.

Considerando que se casaría pronto con ella, Bruce siempre la llamaba cuñada. De hecho, fue él quien me pidió que tratara a Bryan como mi cuñado. Según él, llamarlo Alfa sonaría extraño, ya que pronto nos convertiríamos en familia.

"Sí", contesté, recordando las humillaciones.

"Es la hija del líder Alfa de la manada Valle de la Luna. Es la mejor opción para mi hijo. Es una mujer decente y tratará bien a toda la manada. Al menos, eso espero". Estaba describiendo a su futura nuera alegremente.

No pude evitar sentirme inquieta. Yo pronto también lo sería, pero no pertenecía a ninguna otra manada ni tenía un estatus alto.

Mi familia era bastante normal. Mi padre no era Alfa siquiera, sino solo un lobo luchador. Murió en un accidente, dejando sola a mi madre con nosotros. Para criarnos a mí y a mi hermano, ella tuvo que trabajar muy duro. A Abraham le costó sangre, sudor y lágrimas conseguir el puesto de Gamma. Y yo estudié mucho para ingresar a la mejor universidad, ya que quería graduarme y hacer que mi madre se sintiera orgullosa. Era todo lo que teníamos. Éramos respetados, pero nada que ver con una alta reputación.

Como si adivinara mis pensamientos, la madre de Bruce puso su mano sobre mi cabeza.

"No pienses que no estoy contenta contigo solo porque hablo de mi otra nuera. Bruce te menciona siempre. Cuando te conocí en la fiesta, supe que había elegido bien. Eres una chica muy bonita. ¿Te trata bien?".

Al mirarla, la ansiedad que sentía desapareció de inmediato. Esbocé una sonrisa y asentí.

"Sí, es muy bueno conmigo. Me considero afortunada de estar con él".

Ella asintió. Su sonrisa jamás abandonó su rostro. Estaba feliz de que sus dos hijos estuvieran con buenas mujeres.

Unas criadas llegaron con bocadillos y los colocaron en la mesa de centro.

"¿Dónde está Bruce, tía?".

"Lo escuché hablando con una chica llamada Luisa. Tal vez esté trabajando afuera".

"Oh".

¿Luisa? ¿De qué estaría hablando con ella?

De repente, recordé que mañana era mi cumpleaños. ¿Estaban planeando algo para mí?

Me puse de pie.

"Tía, debo retirarme ahora. Tengo que trabajar".

"No comiste nada", comentó ella, alzando las cejas.

"La próxima vez será, tía. Ahora estoy apurada".

"Vendrás mañana con Abraham, ¿no?".

"Sí".

"Trae a tu madre".

Tímidamente bajé la cabeza y asentí.

Luego, salí de la casa de la manada y marqué el número de Luisa, pero ella seguía sin contestarme.

Por lo tanto, tomé un taxi hacia su casa.

'¿Estarán planeando una sorpresa para mí y pensaron que nunca lo sabría?', me pregunté con una risita.

Sin embargo, no quería arruinarles el plan. Solo iría a su casa para ver si estaba bien, ya que no había ido a la universidad.

Además, no tenía idea de dónde estaba Bruce. Pero como me había mentido, supuse que estaba tramando algo.

Pronto llegué a la casa de Luisa. Una sirvienta abrió la puerta.

"Hola. ¿Dónde está Luisa?".

"Está en su dormitorio".

"Bueno, voy para allá", dije y subí las escaleras.

Hoy me sentía feliz. ¿Por qué no? Había escuchado los elogios de mi futura suegra.

Me detuve frente a la puerta de Luisa. Me sorprendí cuando la abrí.

Mi amiga estaba revisando su celular. ¿No la había llamado muchas veces? ¿Por qué no me contestó?

Sin embargo, vi que su cuerpo estaba cubierto con una manta.

Entré en la habitación y pregunté:

"¿Luisa? ¿Tienes fiebre?".

Ella se sobresaltó cuando me vio, como si viera a un fantasma.

"¡Tú! ¿Qué haces aquí?", preguntó. Inmediatamente trató de cubrirse el cuello y los brazos con la manta.

No entendía su reacción. De repente, escuché a alguien abriendo una puerta.

Giré la cabeza hacia el baño. Fue entonces cuando vi salir a un hombre con el cabello mojado y vestido con una bata blanca.

No podía creer lo que estaba viendo. Mi corazón empezó a doler. Mis ojos se llenaron de lágrimas.

"¿Bruce?", susurré.

Capítulo 3

Sentí como si el suelo se derrumbara bajo mis pies. Habría preferido enterrarme con vida antes que ver esto.

"¿Sophia?".

Bruce me miró aturdido. ¿Qué estaba pensando? ¿Creía que podría seguir engañándome y que yo no no me enteraría de nada?

"¿Cómo pudiste?". Retrocedí un paso. Mi pecho se sentía pesado.

¡La persona en quien más confiaba me había traicionado!

Siempre había deseado pasar el resto de mi vida a su lado. Había pensado que era afortunada por tenerlo, pero ¿qué obtuve a cambio?

¿Un engaño?

"Sophia, lo que sea que estés pensando, no es eso, mi amor".

Bruce intentó acercarse a mí, pero levanté la mano para detenerlo. Negué con la cabeza, sintiendo que me desmayaría.

Me volví hacia Luisa, quien tenía la cabeza gacha. ¿Cómo pudo hacerme eso? ¿No era mi mejor amiga?

"¿Y tú?", murmuré.

Ella me miró y meneó la cabeza. Había olvidado que estaba envuelta en una manta y esta se había caído de su cuerpo.

Las marcas en su piel desnuda se hicieron visibles.

Cuando vi eso, estuve a punto de derrumbarme.

Me quedé sin palabras. ¿Cómo pudieron traicionarme de esta forma?

"Sophia, lo siento. Por favor, perdóname, mi amor".

Bruce se acercó y agarró mi mano. Pero yo me sentí asqueada cuando me tocó.

Me zafé de su agarre y le di una bofetada.

"¿Por cuánto tiempo?", pregunté.

Bruce se quedó callado. ¿Por qué? ¿Por qué no decía nada? Teníamos una relación de dos años, y él me prometió fidelidad. Me prometió que me marcaría y me haría su pareja.

Hace unos años, fui a la casa de la manada con mi hermano, quien todavía no era Gamma. Fue entonces cuando lo conocí y empezó a ir a mi escuela para conocerme mejor. Unos meses después, empezamos a salir. En ese momento, él ya había rechazado a su pareja porque ella lo había engañado.

¿Y qué estaba haciendo exactamente ahora?

"¡Les pregunté que por cuánto tiempo!", exclamé.

Bruce permaneció en silencio, sin querer mirarme.

Me volví hacia Luisa. "Tú respóndeme. ¿Cuánto tiempo llevas con él a mis espaldas?".

Quería saber el tiempo en que me habían tratado como una tonta.

"Un año", respondió ella mientras se daba la vuelta.

Me mordí el labio hasta casi sangrar. No podía soportar más puñaladas en mi corazón.

"Yo no quería hacer eso, Sophia. Solo te amo a ti", insistió Bruce.

¿Todavía se atrevía a hablar?

No pude evitar burlarme. Después de lo que hizo, ¿se atrevía a decir eso?

"¿Por qué me engañaste?".

"Nunca me dejabas tocarte. Yo soy un Alfa y tengo necesidades que satisfacer, así que tuve que tomar otro camino".

"Estaba esperando cumplir dieciocho años. Quería ser tu pareja y esposa. Antes de llegar más lejos, quería formalizar nuestra relación. Nunca pensé en otro hombre. Te estaba esperando solo a ti. ¿Y tú no pudiste hacerlo? ¿Ni siquiera un año? ¿Empezaste a engañarme después de solo un año de relación?".

Apreté los puños y respiré profundamente.

"Todo ha terminado, lo nuestro ha terminado", declaré.

Luego, miré a Luisa, a quien solía ver como mi mejor amiga. "Y tú no vuelvas a aparecer delante de mí".

Ella no intentó justificarse, como si no supiera qué decir.

Me di la vuelta para irme y bajé las escaleras llorando.

"¡Sophia!".

Bruce también bajó corriendo y me agarró del brazo.

"No me toques".

"¿Cómo te atreves a romper conmigo? No puedes hacerlo, nadie te aceptará. Todo el mundo sabe que eres mi novia. Y eres una débil Omega. Nadie te convertirá en su esposa, no serás más que un juguete. Deberías estar feliz de que esté enamorado de ti. Olvídate de todo y haz como si no hubieras visto nada".

Me quedé mirándolo. ¿Cómo era posible que ese hombre fuera tan desvergonzado? Quería golpearme a mí misma por haberme enamorado de él. Sus palabras me hicieron sentir desprecio.

Lo empujé con fuerza.

"No tienes que pensar en mí. Quédate con Luisa, como lo has estado haciendo todo este tiempo".

Luego, salí de la casa.

Mis piernas temblaban. No sabía a dónde ir. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Qué haría con esa traición?

¿Cómo le explicaría a mi madre y a mi hermano lo de Bruce? Les prometí que se los presentaría. Mi hermano parecía ver a través de las fachadas de la gente. Me había advertido sobre Bruce, pero nunca le presté atención.

¡Qué estúpida fui!

Me dirigí hacia la carretera, pero no tuve fuerzas para esperar un taxi. Estaba confundida.

El día siguiente cumpliría dieciocho años. ¡El destino me hizo un gran regalo!

Había pensado que estarían preparando algo para mi cumpleaños, sin saber que me habían estado engañando durante tanto tiempo.

¿Por qué me pasaba todo esto? Yo era una chica sencilla y feliz con su pequeña familia. ¿Qué hice para merecerme eso?

¡Me llamó una débil Omega! ¿Pensó siempre eso de mí?

Caminé como una loca hacia la carretera. No sabía dónde estaba ni de cuánto tiempo había estado caminando.

Mis pasos se volvieron más lentos a medida que comencé a sentir el sol, y su intensidad casi me enloqueció. Estaba sudando y llorando mientras me ahogaba en un mar de desesperación.

De repente, escuché bocinas detrás de mí.

"¡Oye, chica! Anda a morir en otro lugar. ¡Apártate del camino! Nuestro Alfa llegará tarde".

Tenía la mente tan nublada que no pude escuchar bien al conductor.

Cuando me di la vuelta, me quedé atónita ante una larga fila de autos negros detrás de mí.

Un hombre corpulento salió de un vehículo que estaba en medio de los demás. Luego, abrió la puerta trasera para alguien.

Un hombre con traje negro salió y se acercó a mí.

Debido a la luz del sol, no pude ver bien su rostro.

El hombre avanzó lentamente hasta detenerse frente a mí. Su figura impidió que los rayos del sol cayeran directamente sobre mi rostro.

Parpadeé para verlo mejor.

¡Era Bryan Morrison!

¿Cómo terminé encontrándomelo dos veces el mismo día?

Ahora no sabía cómo llamarlo.

¿Cuñado? ¿Bryan? ¿Alfa?

Él me estaba mirando fijamente con el ceño fruncido. Quizás se preguntaba qué hacía en medio de la carretera.

"Yo...".

Quería contarle lo que su hermano me había hecho, pero antes de que pudiera hacerlo, me sentí muy mal.

La oscuridad comenzó a apoderarse de mi visión y sentí que me estrellaba contra su duro pecho.

Sus fuertes brazos rodearon mi cintura casi de inmediato. Cuando me tocó, sentí algo extraño que jamás había sentido.

Antes de que pudiera entender esa sensación desconocida, me desmayé en sus brazos.

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Destinada a mi gran cuñado

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