Capítulo 2
No tiene sentido luchar contra la corriente, que pase lo que tenga que pasar, eso si, con
Mila, que no se meta. La voy a defender con mi vida si es necesario.
Creo que lo lógico es que nos vayamos a casa de mi mamá y poner tierra de por medio.
Debo salvar a la niña, allá están mis hermanos, no estaremos desprotegidas. Y esa casa es
una fortaleza, tiene vigilancia permanente y no entra nadie si no es invitado. No hay sitio
más seguro que ese.
Aunque, pensándolo bien, quizás huir no sea la mejor opción. Igual ese tipo debe saber todo
de nosotros, pondría en riesgo a mi gente allá.
Bueno, voy a quedarme esta noche hasta tarde. Me voy a fumar un tabaco y a ver que me
dicen los muertos.
—Duerme tú a la niña que necesito espacio. Me doy un baño y me meto en mi cuarto a
trabajar. Quiero estar en calma y concentrada. No me interrumpas, que si todo sale bien,
tendremos ayuda del más allá. Así tenga que invocar al mismísimo satanás.
—Si mami, yo me encargo de ella, tranquila y gracias por ser tan comprensiva, tenía miedo
de tu reacción ¡Perdóname!
—En las buenas y en las malas mijo ¡Quédate quieto!
La mañana me cogió rezando. En el tabaco se vio todo clarito, una sombra oscura cada vez
más cerca de nosotros. Aunque se ve una salida. No lo mostró claro esta vez.
La angustia no me deja vivir, me veo en el espejo y se me nota. Como es difícil ocultar las
penas del alma. Si no fuera por Mila, que me hace tan feliz, preferiría morirme de una vez
por todas. Estoy descoñetada, ya ni ganas de estar con mi esposo me dan.
Transcurrieron dos años, en medio de la incertidumbre de no saber que va a pasar. A veces
nos olvidamos del tema por días hasta que aparece un extraño cerca de la puerta o un carro
con papel ahumado y comienza de nuevo nuestra mente a imaginar lo peor. Hemos sufrido
harto. La incertidumbre es como un cáncer. Te va carcomiendo las entrañas hasta que acaba
con uno.
La situación económica es cada vez más agobiante, estamos pasando trabajo y nos faltan
muchas cosas. Lo que me parte el alma es mi muchacha. Tan bonita y sin nada, somos muy
pobres, después de haberlo tenido todo. Los ahorros se esfumaron los primeros meses. No
duraron mucho al quedar desempleado mi marido. Puro sacar sin meter nada a la cuenta. En
mala hora nos cambió la vida de esta manera.
Cada vez que Elvis sale a rebuscarse por ahí, quedo yo con el alma en un hilo, esperándolo
sin dormir aterrada de que no vuelva. Nos encerramos y no asomamos ni la nariz a la
puerta.
Yo me arreglo bien con la lectura de tarot, la gente es viciosa de conocer el futuro y hay
tanta superstición que gracias a la virgencita el pan nunca nos falta. Apretados pero pa´
lante. Hasta con trueque me pagan algunos clientes de confianza.
El trajín ha sido fuerte, hay bastante trabajo. Lo cobro barato para que la gente pueda
consultarse. Ya compuse y separé matrimonios. Curé enfermos y encontré cosas perdidas.
Develé traiciones y, sobre todo, mantuve unida a mi familia. A punta de rezo, el fulano, ese
que nos amenaza de perdió de aquí.
Me di a conocer entre la gente que llega con fe a consulta. Tengo mi clientela fija que viene
a la casa y otras que he captado en las redes sociales. Y Mila allí, siempre a mi lado
jugando la inocente. No es ambiente para una nena.
Mi muñequita está grande ya, hoy cumple 12 años y este día sucedió algo muy extraño. Se
presentó un tipo bien elegante. Con pinta de plata, ropa buena, zapatos y una camioneta que
me dejó pasmada.
—Elvis, ¿quién es ese tipo que llego allí?
»Que te pasa, por qué pones esa cara.
—Mami, ese es el patrón, al que le debo los riales. Bendito sea Dios, ¡Ha regresado!
—¡Virgen del Valle!, agarra a la niña que si pregunta por ti le voy a decir que no estás.
Métete en la habitación y no salgas.
Me sacudí la ropa y me puse a arreglar el frente. Cuando él entró me preguntó, con cortesía,
si era la casa de Elvis. Yo nunca lo vi antes, pero al parecer el sí a mí.
—¿De parte de quien?
—Soy Hernán, un placer ¿Usted es Rebeca, verdad?
—Sí, ¿me conoce de donde?
—Su marido siempre la menciona.
—¿A mí?
—Sí, fue empleado mío.
—Nunca me dijo el nombre del patrón, salía a trabajar y yo no preguntaba nada.
—Se ve que es una buena mujer ¿Le puede decir que he venido, que necesito que salga para
conversar?
—No, pues es que él no se encuentra. Si me deja su número de teléfono con gusto le doy su
mensaje.
—Entiendo, basta con que le diga que Hernán quiere hablar con él. Lo demás ya él lo sabe.
—No se preocupe, vaya con Dios.
Antes de retirarse sacó un paquete de la camioneta y me lo entregó diciendo:
—Le he traído este regalo su hija, cumple años hoy. Si no me equivoco.
Me quedé boquiabierta y los ojos se me llenaron de lágrimas. Consiguió que el pánico se
apoderara de mí. Y sé que esa fue su verdadera intención.
El hombre que se va y yo que corro a contarle lo que me dijo. Abro la puerta de la
habitación y lo agarro asustada. En lo que le voy a dar el mensaje, la niña sale del cuarto,
menos mal que ya la camioneta había arrancado.
Fue como un aviso y de inmediato capté el mensaje. Mis muertos no me abandonan. No
puedo dejar que vea a la niña. Es mi tesoro, todo lo que tengo. Y es muy bonita, me muero
de terror de que le haga daño.
Elvis se detiene detrás de mí y nos abraza. Yo estoy temblando de miedo, un mensaje
subliminal, sin duda.
—Mija, voy a ir a hablar con él. Además, ha pasado mucho tiempo y no me ha hecho nada.
Puede que me haya perdonado quien sabe si me vino a buscar para trabajar de nuevo con él.
»Seamos optimistas ¿Qué me dices, lo intento?
—Lo que pretendes es una locura. ¿Te vas a entregar? No cometas ese error. Contamos
contigo, ni siquiera soy de acá. Solo te tenemos a ti mi amor. Y ni pienses en meterte otra
vez en ese negocio. No sigas jugando con fuego que el diablo anda suelto. Ve que traerle un
regalo a Mila es la señal de que nada está olvidado.
—Voy a dar la cara, Rebeca. Andar escondiéndome es peor. No me ha agarrado porque no
ha querido. Ese tipo me desaparece con un chasquido de dedos. Si eso quiere. Confiemos.
Mila ya se ha desarrollado y se está convirtiendo en toda una señorita. Alta y espigada,
como una modelo de esas que salen en las revistas. Y con el cabello largo que le llega a la
cintura ya despierta las miradas de los muchachos de por aquí.
Con mucha rabia tocó darle el regalo de ese mal parido. Un estuche de maquillaje juvenil
espectacular. Mila brincaba de alegría. No pude decir la verdad, nos abrazó dándonos las
gracias por tan hermoso detalle de cumpleaños. Mientras su padre y yo nos mirábamos sin
saber que será de nosotros.
Capítulo 3
Otro fin de semana solas, Elvis se ha ido a pescar. Hoy va en busca de algo para almorzar.
En casa ya se nos ha acabado todo.
Estamos animadas, no sabemos con qué llegará y eso nos produce una sensación especial.
Un reto es preparar los contornos y tratar de adivinar cuál será la proteína que tendremos
ese día en la mesa. Jugamos con la imaginación y nos sirve de entretenimiento.
Mi hija me da mucho amor, siempre es tan considerada y dulce. La miro fijamente con ese
vacío en el pecho. Sabiendo que está aquí por un tiempo, hasta que ese mal nacido se la
lleve. Ojalá que mis ojos nunca vean eso, te lo pido, señor.
Cada vez estoy más segura que las cosas suceden por algo, nada es casualidad. A raíz de
que me detectaron el mal ese, que no quiero ni nombrar, Hernán ha espaciado sus visitas.
Al menos le queda algo de humano. No hay nada que me ponga más estresada que ese tipo
aquí en mi casa. Viendo a la niña, porque aunque disimule sé que la ve como hombre.
Le gusta la muchacha, no me respeta los cachetes.
Mila está cada vez más hermosa. Sus curvas se acentúan y tiene forma de mujer, ha dejado
de ser una niña, a pesar de su corta edad. Aquí en San Juan de Las Galdonas hay mucho
pájaro bravo. No es Hernán el único peligro para ella. Todo el que la ve le llama la
atención, se parece a la sirenita.
Lo raro es que no haya tenido novio aún. La he educado bien, pero es algo que va a
suceder, me guste o no. La naturaleza es así, no lo puedo evitar.
Lo malo es que acá algunos ya tienen carro. Más peligroso todavía, más para inventar.
Ruleteando se la pasa el flaco Julio. Un carajito de nada que ya anda en el carro del papá
sonsacando a las muchachitas. Las madres las dejan por su cuenta, allá ellas. Yo sí velo por
el bien de mi hija.
El mes pasado desapareció un muchacho. La familia anda por allí buscándolo, han movido
cielo y tierra. Y es que como hay tanta mafia, los reclutan y después no aparecen. Se caen
en una entrega o los mata la policía y hasta los mismos compañeros.
Por aquí la traición es un espanto que camina a toda hora. Lo que importa es el dinero.
El flaco Julio anda enamorando a Mila desde hace tiempo. Se conocen de la escuela, luego
no se vieron más porque el chamo dejó los estudios para ponerse a trabajar. Al tiempo
apareció muy cambiado. Aparentando marcas y plata.
A Elvis le cae bien el joven y como es de la edad de Mila no dejaba de visitarla. Un día no
vino más, a veces nos lo encontrábamos. En la feria del pescado apareció todo golpeado y
ni nos saludó. En algún lío se habrá metido. Y después de eso, fue que no lo volvimos a
ver.
A mi hija le pegó, se la llevaban bien. En ese sentido, he tenido suerte de que ella sea
tranquila y no haya salido brincona como otras que conozco. Si no se muere el padre que la
cuida tanto o más que yo.
Mis clientas me alientan a meterme de lleno con la internet y crear mi canal de youtube
para subir videos diarios de lectura de tarot. Muchas ya se han vuelto de confianza y por el
chat me dicen que se gana plata. Ando que quiero y no, a la vez. Con lo apasionada que soy
con los nuevos proyectos, si me meto en eso, me la pasaré grabando.
Puede que eso sea lo que me haga falta. Voy a conversarlo con mi hija, A ella se le va
mejor la tecnología, trabajaríamos juntas y eso si sería genial.
—Querida, ven que quiero preguntarte algo importante.
—Dime, mamá.
—Tú sabes como se hace para subir videos a YouTube.
—Si claro, es supersimple. Solo necesitamos el internet. Sin eso se nos acaban los datos en
segundos.
—¿Cuánto cuesta eso?
—Vayamos a la alcaldía que hay wifi gratis, en la plaza. Y nos sentamos allí a averiguar,
¿quieres?
—Sí, me visto y vamos.
Caminamos hasta allá, me explica que las ganancias dependen de la gente que te sigue.
Bueno, tocar la puerta no es entrar. Me embarco en esa y de repente la pego, quien quita.
Por algo se empieza.
—Mamá anota, te voy a decir los nombres de los otros canales de ese tipo, cartas y eso.
—Dale hija, así agarramos referencias. Quiero que el mío sea bien diferente, por eso hay
que ver que es lo que ofrecen las demás.
—Estoy de acuerdo, no vamos a necesitar gran inversión, tú tienes las cartas y el mantel
que usas, con eso va para empezar, mientras más plano mejor sin mucho vericueto.
—Muestra a ver, hija. Yo utilizo las cartas que eran de mi mamá, son antiquísimas, eso no
lo venden ahora.
—Mira, estas son las que emplean.
Nos quedamos bastante rato viendo los videos y la pasamos bien. Nos reímos mucho,
porque hay unas que son demasiado dramáticas. De seguro eso le encanta a la gente.
Yo que soy más formal, hago mi lectura bien discreta. Hay cliente para todo, uno lo que
debe ser es original y crear su estilo.
Ahora, eso de la cámara y el video me da medio corte. Será cuestión de probar hasta que
resulte.
—Hija averigua lo del internet, el precio, todo. A ver si podemos pagarlo con lo que nos
entre en estos días.
En contra de mi voluntad, Elvis le está recibiendo algo a Hernán para la educación de la
niña. Sus libros y sus útiles son el mayor gasto, la escuela es gratuita.
Yo no me opongo del todo porque no tengo ni como comprarle unos zapatos. Y ella no
merece eso, es muy buena. Nada más verle la cara cuando elige sus cosas, da gusto.
Las carencias económicas afectan el espíritu y lo llenan de miseria, hay que reconocerlo. Se
siente uno, un desgraciado, un mendigo.
En ocasiones, me pregunto si llegaré a verla el día de sus quince años. La enfermedad me
lleva consumida y sin esperanzas de mejorar, este mal tienen nombre y apellido.
—Hola, buenas tardes, encanto.
—¿Qué tal?, amor.
—¿Estás hablando sola?
— Ja, Ja, en eso me la paso querido.
—Quiero consultarte algo.
—Dime.
—No, te digo hasta que prometas que no te vas a molestar.
—Te encanta estresarme, acaba de hablar de una buena vez.
—Hernán me ha pedido permiso para llevar a la niña a unos quince que le han invitado.
Como él no tiene hijos, quiere que Mila asista a la celebración y que disfrute.
»Ya se acercan los de la princesa de la casa y por lo que dijo nos va a ayudar con la fiesta
de ella. Además, van muchas niñas de su edad. Tiene derecho a conocer gente y salir.
—Tú parece que acabaras de nacer, ¿cómo se te ocurre?
—Mami, papi, ¿de qué hablan?
—Tu padre, con sus vainas, no le hagas caso.
—No, no me vas a hacer lo de siempre. Yo escuché y quiero ir. Nunca salgo a ningún lado.
—Eres una niña, no tienes permiso.
—Mami, por favor.
—No, hija, no puedo permitirlo. Si quiere que vayas que me lleve a mí también.
—Hecho, vamos los tres y papá se queda en la casa, ¿si papi?
—Por mí si hija convence a tu mamá.
Lo miré con odio por primera vez en la vida. Me estaba achacando a mí la decisión que se
supone es de ambos. Se lava las manos y me pone entre la espada y la pared.
—Que conste que lo hago por ti Mila y que sea la última vez que me pides algo así.
Me abrazó y se me aguaron los ojos, accedí porque quiero verla feliz.