Capítulo 2

—¿Tomas la píldora?

—Si, te quiero sin nada, no quiero que uses preservativo, quiero recordar esta primera vez.

—No suenes triste, no será la única.

—Lo será o como mucho tendremos unas noches más, porque así eres, las mujeres son algo fugaz en tu vida.

—No tu Anna, no te compares con ellas.

—Ámame solo esta noche, por favor.

—No me crees, pero hablo en serio. Seguiré en tu vida Anna, en la posición que me permitas.

Los embistes de Luka eran poderosos, su pene, grueso y carnoso, se deslizaba dentro de ella sin necesidad de lubricante, ella estaba empapada, por él.

—Mas fuerte, por favor.

Mirándola con adoración, mostrando sus sentimientos y siendo vulnerable, cosa que nunca había hecho con otra mujer, golpeo fuerte, tanto que pensó que ella se quejaría pero ella era una amante increíble, la mejor que había tenido porque le gustaba rudo y él amada hacerlo rudo.

Anna se puso de pie, mirando el endurecido y chorreante pene de su jefe, lleno de su semen, de su humedad, y se acercó a él, sujetó la base con fuerza, su mano, no podía siquiera rodear el pene de Luka.

—Eres grande…necesito probarte.

Ninguna mujer nunca había hecho algo así, siempre era él quien les daba placer…y dinero y joyas.

Anna saco la lengua y la paso por el eje de su pene y él gimió mientras hacia su cabeza hacia atrás.

—Anna…

Ella introdujo su pene dentro de su boca y aunque no pudo manejarlo todo, tenía más de la mitad dentro. Empezó a mover la cabeza adelante y atrás fallándolo con avidez.

Al mismo tiempo ella deslizó las manos entre sus pliegues y se abandonó a una estimulación lenta.

—Anna, voy a correrme…

Cuando ella lo liberó para hablarle, se sintió vació, extrañaba la sensación de su boca sobre su piel.

—Eso espero, que me dejes tragar tu semilla.

—La quiero en tu vientre Anna, quiero llenarte…

—Lo quero también. Pero esta primera vez lo tragaré, vamos Luka, dime que no deseas mi lengua golpeteando tu punta palpitante, mis labios recogiendo la humedad que sale de tu pene.

—Anna…

—Déjame tenerte, déjame chuparte Luka, dame eso.

Anna no espero su respuesta, soplo suavemente sobre su punta, y lo introdujo en su boca, pero Luka, el no se quedaría así, lo necesitaba duro y sabría si ella podía manejar su novel de dominio y sadismo.

Le agarro el pelo, sostuvo su cabeza y bombeo con fuerza, metiendo un tanto más, su vaina dentro de la boca de Anna.

Los sonidos de ahogo lo ponían a mil, so rostro enrojecido por la falta de aire, se sacudía, ayudándolo a aumentar el ritmo de los embistes.

—Sigue así, mi pequeña putita, fóllame fuerte con esos labios, muéstrale a tu dueño como sabes chupar…

Anna hacia gemidos de placer y Luka sintió el orgasmo golpear. Ella tragó, tragó absolutamente todo.

La levantó con calma y la beso, no importaba si acababa de tener uno de los orgasmos más fuertes de su vida, seguía duro y ella, sus ojos no tenían el color azul claro de siempre, sino más bien un azul oscuro, su miraba aun nublada por el placer le mostraba que ella estaba lejos de terminar.

La llevo a la cama y entro en ella, con fuerza y mientras la escuchaba gritar, se abandonó a un nuevo orgasmo.

Capítulo 3

Anna despertó desnuda sobre su jefe quien no dormía, solo la sostenía.

—Anna, después de lo de hoy no te dejaré ir.

—Mi boda…

—Ya sé que no es por amor, lo he sabido siempre.

—No es por amor, pero seamos honestos, si dejo a mi prometido perderé la oportunidad de casarme y anhelo un hogar, mi propio hogar. El no me es fiel y no me importa. Si tenemos hijos ellos serán mi todo.

—Nunca te dejaré.

—Siempre eres así, cada nueva mujer es la mujer de tu vida. Soy quien les compra flores y las llama cuando te dejan mensajes tras su ruptura. No podría…no podría soportar el peso de esa pérdida.

24 horas después, Anna Harris miraba y miraba a su jefe. Este parecía disfrutar del escrutinio al que lo sometía, pero es que en realidad era fascinante. No solo el sexo del día anterior había sido genial, él era el amor de su vida y cuando su cercanía no fuese más que un recuerdo, solo le bastaba cerrar los ojos y recordar la calidez de su tacto, el sabor de su semen.

A los 42 años, su jefe era uno de los multimillonarios más cotizados del país, su agudeza en los negocios le hacían un enemigo a temer.

Su familia, ellos la amaban, literalmente hablando y sin exagerar. Estaban la abuela paterna Suni, luego los padres, Kimberly a quien todos llamaban Kim, y Rick. También estaba el primo Roland, un rompecorazones que trataba de meterse entre sus bragas. Y lo más extraño era que su jefe parecía disfrutar de esos jugueteos. De solo pensarlo, ya le palpitaba la piel entre sus piernas.

De todas formas esos jugueteos eran todo lo que podía tener, pues estaba comprometida en matrimonio.

—Anna.

—jefe.

—Pasa a mi oficina.

Luka casi siempre le decía cariño, y amaba esas palabras. Verla decirle simplemente Anna, eso la asustó.

—Cierra la puerta con seguro, nadie debe detenernos.

—De acuerdo—no quería sonar tan insegura, pero él la hacía sentir así.

—Tu boda el próximo sábado, ¿sigue en pie?

—Si, jefe.

—He tratado de tener paciencia, pero no puedo más. Anna, esa boda es un error.

—Un error.

Su jefe caminó hacia ella y con temor retrocedió. Él la miraba de forma intensa, sonriendo mientras ¿olfateaba? el aire mirándola con atención.

—Te excita mi cercanía Anna, te mojas con tan solo verme.

—Luka…

—No puedes entregarte a otro hombre, Anna, no cuando tus jugos me indican que me deseas tanto como lo hago yo. Si vieras mi pene ahora, Anna cariño, verías que ya está lubricado, mis bolas duras y necesitadas de tus labios, pequeña mariposa.

Su jefe, su serio y coqueto jefe, empezó a desvestirse, su polla, esa saltó ante sus ojos, larga gruesa, con venas recubriéndola y que la querían tentar. Anna no lo pensó, cayó de rodillas mirando con hambre aquello que le ofrecía su jefe.

—Sé que cogimos ayer, pero de verdad necesito más, Anna. Eres como una droga y mi pene, palpita Anna, ansia y necesita de tus labios, tómame por favor.

—Aquí estoy Luka, úsame.

El estado de ánimo de su jefe no era el normal. Lo supo cuando en una de sus embestidas le rompió el labio. Claro que ella siempre había tenido cierta debilidad en esa zona, según el médico debido a que toda su vida había sido de las que sé los mordía, debilitando la piel.

Fue imposible no gemir con dolor y él, finalmente le puso atención.

—Santo Cristo, Anna ¿Qué he hecho?

Anna se puso de pie y se acercó a el. Pasó el dedo índice por sus labios, jugueteando, introduciéndolo y sacándolo como si se lo estuviese follando.

Él hizo lo mismo solo que al ver la sangre manchando su dedo, lo acerco a su propia boca y lo lamió y aquello enloqueció a Anna. Él lo noto, la tomo en brazos y la desvistió, entro en ella mientras la ponía contra la pared y mientras la embestía, lamió la sangre en sus labios.

—Deliciosa, Anna, deliciosa. Me encanta tu sabor, Anna.

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