Capítulo 3

Mi mundo se vino abajo en un piso franco de Carabanchel.

El olor a polvo y humedad se mezclaba con el de la sangre seca de mi herida. Llevaba dos días escondido, moviéndome entre las sombras, esquivando a sicarios de poca monta que parecían saber cada uno de mis movimientos.

Mi teléfono sonó. Era Sergio.

"Javi, tienes que ver esto. Es grave".

Me envió un enlace a la dark web.

Mi corazón se detuvo.

Mi foto. Mi nombre real. Mi historial en el GEO. Todo estaba allí.

"Javier, alias 'El Fantasma'. Identidad completa: 9,99€".

"Ubicación de sus tres pisos francos en Madrid: 6,66€".

"Análisis de debilidades (su prometida, Isabela Montenegro) y hábitos: 3,33€".

Los precios eran un insulto, una broma macabra. Me estaban vendiendo por piezas, como a un animal en el matadero. Mi vida entera, mi seguridad, todo valía menos que una cena barata.

Sentí un frío que no venía de la humedad del piso. Era el frío de la traición.

Solo una persona tenía toda esa información.

Isabela.

Necesitaba una prueba, una confirmación, aunque mi alma ya lo sabía. Usando una vieja red de contactos, localicé su móvil. Estaba en la terraza de un hotel de lujo en la Gran Vía, el mismo donde le pedí que se casara conmigo.

Conseguí acceder al micrófono de su teléfono.

La oí reír. Una risa clara y despreocupada.

"Sí, tía, una lección de humildad. Se creía intocable, el muy idiota".

Era la voz de Isabela.

"¿Pero vender sus datos en la dark web? Isa, eso es muy fuerte", dijo una de sus amigas.

"Fuerte fue cómo humilló a mi hermano delante de todos. Nadie toca a Mateo. Nadie", respondió Isabela con una frialdad que me heló la sangre. "Además, ¿qué importa? Es mi perro guardián. A veces hay que ponerles el bozal para que recuerden quién es el amo. Ahora está por ahí, escondido como una rata, mientras unos matones de tres al cuarto le dan caza. Es hasta poético".

Sus amigas rieron con ella.

Apagué el teléfono.

El dolor fue físico. Un nudo en el estómago, una presión en el pecho que me impedía respirar.

Recordé todas las veces que arriesgué mi vida por ellos. El secuestro del patriarca Montenegro en México. El intento de atentado en Mónaco. Cada bala que esquivé, cada noche sin dormir.

Para ellos, no era familia.

Era una herramienta.

Un perro.

Y ahora, un perro al que habían soltado en la calle para que lo mataran.

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De Perro Guardián a Lobo Libre

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