Capítulo 3
Marco miró a Camila, no con el amor de un padre, sino con la fría molestia de alguien cuyo plan perfecto acaba de ser interrumpido. Se agachó, pero no para abrazarla. Puso sus manos en los pequeños hombros de la niña y la apartó suavemente, como si estuviera quitando un obstáculo del camino.
"Lo siento, pequeña, creo que te confundes de persona" , dijo Marco con una voz falsamente amable, pero sus ojos eran duros como el hielo. Luego miró directamente a Sofía, quien se había acercado para recoger a su hija. "Señora, por favor, controle a su hija. Este es un evento privado" .
Negó a su propia hija. Delante de todos. Delante de su propia madre.
El corazón de Sofía se partió en mil pedazos, pero la ira que sintió fue mucho más fuerte que el dolor. Levantó a Camila en brazos, quien ahora sollozaba desconsoladamente contra su hombro.
La reacción del público fue increíble. En lugar de sentir empatía por una niña rechazada, comenzaron a aplaudir a Marco.
"¡Qué hombre tan paciente!" .
"¡Maneja la situación con tanta clase!" .
"¡Se nota que es un caballero! ¡No como esas arpías!" .
Ximena se acercó a Marco y lo abrazó, lanzándole a Sofía una mirada de triunfo venenoso. Juntos, formaban una imagen de éxito y poder, una mentira que todos en la sala estaban dispuestos a creer.
Sofía, temblando de rabia, se dio la vuelta y se alejó del escenario, cargando a su hija. No podía quedarse allí un segundo más. Cada aplauso era una tortura. Mientras caminaba hacia la salida, su teléfono vibró en su bolsillo. Era un mensaje de Marco.
"Deja de hacer un escándalo, Sofía. Estás arruinando una noche muy importante para mí. Nos vemos en casa y hablaremos. No hagas esto más grande de lo que es" .
Sofía leyó el mensaje y una risa amarga y silenciosa brotó de su pecho. ¿No hacer esto más grande? Él había humillado a su hija y la había negado públicamente, y tenía el descaro de pedirle calma.
En ese momento, la tristeza se evaporó y fue reemplazada por una determinación fría como el acero. Se detuvo en el pasillo desierto, consolando a Camila mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Esto no era una simple infidelidad. Esto era una declaración de guerra.
Sacó su teléfono, pero no para responderle a Marco. Buscó un contacto en su agenda. Arturo. Su director de operaciones, el hombre de su máxima confianza, el único que conocía su verdadera posición en la empresa.
Marcó el número.
"Arturo, soy Sofía" , dijo con voz firme.
"Señora, qué sorpresa. ¿Sucede algo?" .
"Sí. Necesito que vengas ahora mismo al Colegio Westbridge. Trae al equipo de seguridad de la empresa y llama al notario público, al licenciado Benítez. Dile que es una emergencia corporativa" .
Hubo un silencio al otro lado de la línea, y luego la voz profesional de Arturo. "Entendido, señora. Estaremos allí en veinte minutos. ¿Necesita algo más?" .
"Sí. Prepara un comunicado de prensa. Y todos los documentos de la auditoría que te pedí hace un mes. La que le hicimos a Marco" .
"Estará todo listo, señora" .
Colgó. Se sentía extrañamente tranquila. La decisión estaba tomada. Marco había cruzado una línea que no tenía retorno.
Volvió a mirar a Camila, que seguía llorando.
"Mamá, ¿por qué papá dijo que no me conoce?" , preguntó con una voz rota que destrozó el alma de Sofía.
"Porque tu padre, mi amor, ha cometido un error muy, muy grande" , respondió Sofía, su voz llena de una furia contenida.
Justo en ese momento, Leo, el hijo de Ximena, pasó por su lado junto a un grupo de otros niños.
"Mira, es la niña llorona" , dijo Leo con una sonrisa burlona. "Tu mamá es una mentirosa y tú no tienes papá" .
"¡No es cierto!" , gritó Camila. "¡Mi mamá no es mentirosa!" .
"Claro que sí" , intervino otra niña. "Mi mamá dice que solo quieren el dinero del señor Marco. Son unas aprovechadas" .
Los otros niños se rieron. La crueldad de los niños, un reflejo directo de la malicia de sus padres, golpeó a Sofía con la fuerza de un puño. Abrazó a Camila con más fuerza, protegiéndola de las miradas y las palabras hirientes.
La guerra no era solo contra Marco y Ximena. Era contra todos ellos.