Capítulo 2
Me costó mucho conciliar el sueño a raíz de lo ocurrido en la cena familiar. La bronca e indignación que sentía hervía en mi interior, y me parecía inaudito lo que la abuela Mae había dicho. Así que según ella, el hecho que una mujer tenga senos grandes era una clarísima evidencia que había sido abusada de niña… Pero que estupidez… Logré dormirme luego de sufrir un ataque de acidez estomacal producto de mi ira, y cuando estaba logrando entrar en un sueño profundo, me despertaron unos golpes suaves pero firmes en la puerta. Toc, toc, toc... Luego silencio... Quizás había escuchado mal así que simplemente cerré los ojos e intenté volver a dormirme.
Toc, toc, toc...
No era mi imaginación, alguien estaba golpeando la puerta de mi habitación, me incorporé y restregué mis ojos mientras intentaba desperezarme... Toc, toc, toc, otra vez.
—Ya voy —mascullé de mala manera, pero luego recordé que estaba en Irlanda, así que repetí lo que dije anteriormente en inglés. Acomodé un poco mi cabello que ya estaba con su rebeldía de todas las mañanas y abrí la puerta mientras rechazaba un bostezo; del otro lado de la puerta me observaba mi madre, estaba como yo, ojerosa y con sus cabellos revueltos por todos lados, me sonrió con amabilidad.
—Parece que tú también tienes problemas con el jetlag —susurró con una sonrisa, me acarició el rostro con dulzura—. Es hora de bajar a desayunar, cariño.
—¿Qué hora es? —pregunté mientras me desperezaba y me dirigía hacia el equipaje para buscar un conjunto de ropa limpia.
—Son las nueve de la mañana de la hora local —respondió mi madre. Gruñí, eran cinco horas menos en casa, deseaba volver a meterme en la cama y dormir todo el día pero sabía que eso no iba a caerle nada en gracia a la abuela de mi novio, así que le dije a mi madre que bajaría una vez que me arreglara. Pese a que sabía que Mae no veía con buenos ojos a las mujeres que usaban jeans tomé unos y me los calcé; si ella ya aseguraba que una mujer pechugona era una niña abusada poco y nada me importaba lo que piense de mi por usar pantalones de mezclilla. Así que me vestí con un look grunge que seguramente la escandalizaría e intenté ocultar un poco mis ojeras con maquillaje, pero no importaba lo que hiciera, todavía se notaban, me peiné mi castaño y largo cabello en una coleta y luego bajé las escaleras.
En el salón comedor estaba mi padre conversando animadamente con el abuelo Rick, se escuchaba la voz de Kentin y su abuela riendo mientras cocinaban, estaba muy dolida con él por haber permitido ese trato de su abuela así que me fui a sentar en un sofá; al hacerlo un perrito blanco, de patas cortas, chaparro y bigotes largos hechos con su pelaje apareció, era un Terrier escocés, que me movía su cola amigablemente saludando.
—Hola, ¿quién eres tú? —pregunté mientras le acariciaba las orejas.
—Es Winston III —dijo Rick mientras se acercaba un poco inseguro en su caminar—, o mejor conocido por mis nietos como “Winny”.
—Me gusta Winston —dije mientras Winston me miraba con sus ojos pequeños, como nueces.
—¿Qué vas a hacer hoy, Annie? —preguntó Rick mientras se sentaba con dificultad en el sofá, a mi lado.
—Nada en especial —le respondí, Winston se acomodó en mi regazo.
—¿Te gustaría acompañar a este viejo decrépito a un torneo de ajedrez? —Preguntó con su sonrisa dibujada en una fina línea, yo le sonreí.
—No es decrépito y sí, me encantaría acompañarlo —accedí con gusto, al menos el abuelo era muy simpático y accesible, no como la Reina. En ese momento entraron Kentin y Mae. La mirada que la abuela de mi novio me dirigió fue mortal: Era obvio que no estaba de acuerdo en los pantalones que estaba usando, ni en mis zapatillas Converse o en la camisa a cuadros holgada, arremangada y anudada al frente, yo la miré desafiante, y en vez de decirme algo dirigió su reto a su esposo.
—Richard, te he dicho un millón de veces que no dejes que Winston se suba a los muebles —masculló Mae mientras dejaba la bandeja con varias tazas humeantes en la mesa, entorné los ojos. «No soy un mueble», pensé.
Kentin me miró y me sonrió, pero le desvié la mirada y me concentré en seguir acariciando a Winston. Mi madre y Thomas bajaron y nos reunimos a la mesa a desayunar, Mae había preparado el mismo té para todos, yo honestamente prefería café.
—Disculpe, Rick. ¿Tiene café para convidarme? —pregunté con amabilidad pero Mae habló.
—En esta casa no hay café, Annie, solo té —dijo con dureza, yo levanté una ceja.
—Desde que me operaron del corazón que me han prohibido que fume y beba café —me explicó Rick con dulzura—. Así que Mary se encargó de que no haya nada de esas cosas en esta casa, aunque bien sabe Dios lo mucho que deseo una buena taza de café humeante en las mañanas, no tanto un cigarrillo pero sí una excelente taza de café.
Yo me presioné el puente de la nariz mientras Mae y Rick iniciaban una discusión sobre la salud del anciano y lo mucho que a Mae le había costado; terminé de beberme ese asqueroso té, di gracias por la comida mientras levantaba mi taza y regresé a mi habitación a seguir durmiendo. Abrí la puerta y arrastrando los pies me dejé caer en mi cama, cuando quise cerrar los ojos volvieron a tocar la puerta; rezongando entre dientes, me levanté y abrí la puerta, allí estaba Kentin, como mala cara y de brazos cruzados, yo parpadeé.
—¿A qué viene todo ese maldito comportamiento que realizaste anoche en la cena y hoy? —preguntó, yo volví a parpadear, aturdida e incapaz de comprenderle.
—¿De qué hablas? —pregunté.
—De tu actitud, Annie, de eso hablo —me respondió—: De tu actitud de mierda de salir corriendo en la cena y hoy dejar la mesa en pleno desayuno familiar, ¿acaso tus padres no te enseñaron modales?
Yo blanquee los ojos mientras me volvía a tumbar en la cama.
—¡Te estoy hablando, maldita sea! —gritó Kentin, si algo no soportaba era que me levante la voz como si fuese uno de los reclutas de su pelotón.
—Primero que nada, me bajas el tono de voz, cretino —le dije mientras me ponía de pie y lo enfrentaba—. Que aquí no eres el Sargento O’Connor, eres mi prometido y futuro marido y a mí me debes respeto.
—Te respetaré en la medida que me respetes a mí y a los que forman parte de mi familia.
—Pues entonces ve y muéstrale los dientes a tu abuela, si te atreves.
—¿De qué carajos estás hablando?
—¡Pues que ella me faltó el respeto primero y no hiciste nada! ¿Cómo no quieres que no me vaya de la mesa si tus abuelos se ponen a discutir o si tu abuela asegura que fui abusada de niña sólo por el tamaño de mis senos?
Kentin se envaró.
—Ella no... No quiso... Estás exagerando las cosas—dijo Kentin, quitándole importancia a mi comentario, no pude evitar dejar salir una risa de incredulidad—. Tienes que entender que ella viene de otra época, de una crianza sumamente machista donde las mujeres muy pechugonas sólo podían trabajar en un burdel o ser una rompe hogares, y porque en ese momento pensaba que toda mujer que elegía ese camino era porque había sufrido un abuso.
—Vamos, sigue tratando de justificar lo injustificable —gruñí con una sonrisa irónica—. Tan sólo di «mierda, amor… Mi abuela sí que la cagó. Te pido disculpas por no defenderte». No te van a quitar la medalla al mejor recluta por eso.
—Ya te dije que no lo dijo en serio. No tiene la culpa de que la hayan criado así, Annie— dijo Kentin con cara seria, yo no pude evitar reírme pues me parecía la excusa más patética que había escuchado en mi vida, pues siguiendo esa misma lógica de pensamiento había que perdonar las atrocidades de todo el mundo que haya sido criado en un ambiente poco favorable. Kentin se apretó el puente de la nariz, molesto— Esta bien, ¿sabes qué? Haz lo que quieras, mi abuela no tiene nada contra ti, así que deja de montarte la película que estas montando.
—Entonces dile a tu abuela que deje de audicionar para el papel de bruja —le respondí, mi prometido frunció el ceño y salió de la habitación, dando un portazo.
Acompañé al abuelo Rick a su torneo de ajedrez, era en un viejo pub irlandés donde todos los martes era exclusivo para su grupo de amigos.
—El nieto de uno de mis amigos es el dueño del pub. —me contó Rick mientras entrabamos al local, se llamaba “Shamrock”, era un lugar cálido, donde la madera oscura y lustrada era la protagonista, había una barra con varios taburetes, un video juego a fichas del Pac-Man, mesas y sillas haciendo juego con la madera, un poster de Bono y otro de AC/DC y varias fotos—. Así que gracias a él nos juntamos aquí todos los martes a jugar unas partidas de ajedrez acompañados por una Guinness y cacahuates.
—Creí que Mae no lo dejaba tomar alcohol —dije con una sonrisa pícara.
—No, no me deja, por eso será nuestro secreto —susurró y me guiñó un ojo mientras sacaba la punta de la lengua.
En el fondo del local estaban esperándolos sus amigos, abuelos de su edad muy animados, se notaba que los años no les había alcanzado el alma; al principio me pareció entretenido ver como aquellos viejitos se estuvieran disputando Europa en ese tablero a cuadros blanco y negro pero luego me aburrí y fui a probar suerte con el Pac-Man; sin embargo no tenía fichas y no sabía cómo funcionaba, de repente una mano golpeó dos veces el costado de la máquina y esta instante ya estaba lista para que juegue.
Me giré y vi a un muchacho de más o menos unos treinta años, de estatura media pero hombros y espalda anchos, al parecer jugaba al rugby o algún otro deporte de alto impacto, tenía el cabello negro, un poco largo y rizado, ojos azules, nariz un poco prominente y barba de tres días que le cubría desde los pómulos hasta debajo del cuello.
—Hay que ser un poco rudo con ella desde que una ficha se quedó atascada dentro —rio con un acento irlandés bien marcado.
—Gracias —le dije con una sonrisa, inicié la partida y mientras me divertía, ese sujeto me observaba de cerca, haciéndome poner incómoda.
—No eres irlandesa, ¿no es así? —preguntó el muchacho, yo le dirigí una rápida mirada de soslayo.
—No, no soy de aquí —le respondí y le conté de donde era—. ¿Cómo te diste cuenta de que no soy irlandesa?
—Fácil, todas las chicas irlandesas comprometidas usan el anillo de Claddagh en la mano izquierda —respondió mientras señalaba mi anillo de compromiso, el cual era un hermoso diamante—. Tú, en cambio, usas una joya.
—¿El anillo de Claddagh? —repetí, curiosa por saber que era.
—Es una de las más antiguas y románticas tradiciones de aquí —me respondió—: Simboliza el amor y la amistad eterna, observa.
El muchacho extendió su mano derecha y vi que llevaba un anillo de plata, eran dos manos sosteniendo un corazón coronado.
—La persona que lo lleva en la mano derecha, mirando hacia afuera, está soltera —explicó mientras se sacaba el anillo y se lo colocaba, esta vez, mirando hacia adentro—. Si lo usas de esta forma, indica que tu corazón está ocupado.
Yo miré el anillo, embobada por lo hermoso y romántico que era, y me pregunté si Kentin realmente deseaba que forme parte de su vida, de su cultura y, allí estaba mi mayor duda, de su familia.
—Me llamo Gaeil, por cierto —se presentó mientras me extendía la mano como saludo.
—Annie —dije mientras se la tomaba.
—¿Y quién es el afortunado, Annie? —preguntó, con media sonrisa.
—Kentin O'Connor —respondí mientras mis dedos jugueteaban nerviosos en mi anillo de compromiso.
—Sí lo conozco, es un buen chico —dijo, se estiró y luego se dirigió a la barra—. Debo volver al trabajo, avísame cuando te cases.
Yo parpadeé sorprendida ante este pedido.
—¿Por qué quieres que te avise? —pregunté.
—Porque es de buena suerte que te felicite un hombre que no es de tu círculo de amigos —rio Gaeil y se perdió tras una cortina de cuentas de madera.
Me sorprendió lo buena onda que había sido conmigo, pese a que no me conocía de nada. Seguramente era amigo de Kentin, aunque me gustaría saber qué hacía mi novio frecuentando a un hombre de treinta años y por qué jamás me había comentado que tenía amigos aquí. Posiblemente sea un primo suyo, aunque no recuerdo haberlo visto en la recepción que nos hicieron en casa de sus abuelos.
Al regresar a la casa de la abuela Mae busqué a Kentin para contarle lo sucedido, estaba sentado en una silla del jardín disfrutando un poco del aire fresco.
—Ya volví —le dije mientras me sentaba a su lado, él me saludó con un gruñido. ¿Acaso seguía molesto?—. ¿Estás bien?
Él no respondió, sólo se limitó a decir que sí con la cabeza, yo me crucé de piernas y brazos, molesta.
—¿No vas a preguntarme como nos fue? —pregunté mientras lo miraba.
—Seguramente vendrá mi abuelo a contarme —masculló. Chasqueé la lengua, molesta y me levanté, dejándolo solo. Cuando estaba entrando en el salón para dirigirme a mi habitación apareció el abuelo Rick.
—Annie, ¿a qué viene esa cara de asesina? —preguntó divertido.
—Nada, es sólo Kentin que continua molesto —suspiré mientras lo señalaba con la cabeza—. Ni siquiera me preguntó cómo me fue, y yo que quería preguntarle de dónde conoce a Gaeil.
El abuelo Rick se envaró y por primera vez vi que tenía miedo en los ojos.
—No le digas ni una palabra que conociste a Gaeil —me advirtió en un susurro, yo parpadeé sorprendida y levanté una ceja.
—¿Acaso son enemigos? —quise saber, el abuelo Rick meneó la cabeza de lado a lado.
—Peor que eso —respondió—: Gaeil es el medio hermano mayor de Kentin.
Capítulo 3
Parpadeé varias veces incapaz de creer lo que me había confesado el abuelo Rick, al principio creí que era una broma pero estaba siendo 100% sincero conmigo; aunque honestamente no entendía cuál era el problema, pero si Kentin jamás me había dicho nada acerca que tenía un medio hermano mayor luego de casi tres años de noviazgo, era porque NO quería decírmelo; es más… él siempre hablaba de sí mismo como si fuese hijo único. Richard me tomó de la mano y nos sentamos en el salón a conversar más tranquilos.
—Cuando Thomas tenía diecisiete años, empezó a salir con una compañera suya del instituto, Lorelei —empezó a relatar Rick—. Se llevaban muy bien y eran una linda pareja, incluso a Mae le gustaba. Pero todo cambió cuando Lorelei quedó embarazada de Thomas con solo dieciocho años y aún ninguno de los dos había acabado los estudios. El padre de Lorelei, el cual es uno de los señores que estuvieron hoy en el pub, quiso obligar a Thomas y Lorelei a que se casen, en aquella época era una deshonra quedar embarazada antes del matrimonio; Thomas aceptó pero Lorelei se negó y provocó la ira de Mae cuando mi esposa se enteró que planeaba interrumpir el embarazo.
«Thomas se lo contó a todo el pueblo y Lorelei, entre la espada y la pared, tuvo a Gaeil, al nacer ella se desligó de sus responsabilidades de madre y lo dejó al cuidado de Thomas. Gaeil creció en esta casa hasta que mi hijo se casó con Rachel y tuvieron a Kentin; en ese momento, Mae dejó de ver a Gaeil como a un nieto y pasó a ser un bastardo sin madre ni familia. Gaeil dejó de vivir con nosotros y fue recibido por los padres de su madre, eso es algo que nunca le perdonaré a mi esposa, el hecho que haya negado a un miembro de nuestra sangre.
Rick se quedó en silencio mientras el dolor atravesaba su cara surcada de arrugas; sus manos, que estaban juntas, posada una sobre la otra, temblaban como hojas al viento.
—Cuando Rachel falleció, Mae le llenó la cabeza a Kentin de un vil hermano mayor que no lo quería —continuó Rick con su relato—. Mi nieto se creyó esas historias y pese al evidente interés que Gaeil sentía (y siente) hacia su hermano menor, Kentin continúa llamándolo bastardo, como si haber nacido en un matrimonio legal te diera más o menos derechos.
—No es por los derechos, abuelo —dijo la voz de Kentin desde la puerta del jardín. Rick y yo nos giramos para verlo, se lo notaba sumamente molesto y sus ojos verdes brillaban con malicia, fríos y calculadores—; sino porque la abuela tiene razón con todo lo que me dijo acerca de Gaeil.
Rick y yo nos quedamos callados, yo me paralicé incrédula de ver ese costado oscuro y siniestro de mi prometido, el hombre con quien quería pasar toda la vida; pero ¿lo quería así?, ¿quería pasar la vida con un muchacho como él?
—Y en cuanto a ti —gruñó Kentin señalándome—: Que no me entere que volviste a ver a ese bastardo, y créeme cuando te digo que me enteraré si lo haces.
Kentin se retiró y yo le saqué la lengua a sus espaldas.
El abuelo Rick suspiró frustrado. De repente había dejado de ser un hombre vigoroso y alegre para transformarse en un anciano débil y enclenque. Al parecer no soportaba ver que sus dos nietos se peleen así.
—Se nota que es muy doloroso para usted, Rick —susurré tomando sus manos entre las mías—. No puedo ni imaginar lo que está pasando.
—Todo el mundo piensa que Kentin es mi nieto favorito —confesó—, pero yo me hice abuelo gracias a Gaeil. Fue él quien me dio ese título, y Kentin fue el segundo en nacer, pero era tan pequeño y débil que no esperábamos que viva más allá de los tres meses de vida. Siempre digo que amo a todos mis nietos, pero Gaeil y Kentin son mi corazón y pulmones: Si me falta uno de ellos yo no podría vivir. Y verlos así, peleados desde hace años, sin dirigirse la palabra… Y todo por culpa de mi esposa… Es algo que me parte el corazón.
Me quedé muda. Jamás había escuchado de esa definición de amor, comparando a sus nietos con su corazón y pulmones… Era un tipo de amor demasiado visceral, y que sólo una persona con hijos podría entender.
Entré a Shamrock, el ambiente estaba cargado de tabaco y calor, era sofocante y me costaba respirar, me senté en la barra y esperé a que Gaeil me atienda, me saqué mi chaqueta de cuero negro y me crucé de piernas mientras veía a la gente a mi alrededor.
—¡Pero si es la futura novia! —exclamó la voz de Gaeil, yo me giré, Gaeil llevaba puesto unos anteojos de montura cuadrada y marco grueso. No me había dado cuenta que llevaba un piercing en el labio inferior del costado derecho, y me sonreía— ¿Qué le sirvo a la princesa?
—¿Qué tal una Coca-Cola, O'Connor? —pregunté con una sonrisa, Gaeil se envaró, yo le sonreí para tranquilizarlo—. Richard me lo contó todo, no te preocupes.
Gaeil se quedó un momento en silencio y me hizo señas con el índice para que lo siguiera, levantó la barra y abrió una puerta para que pase y juntos atravesamos la cortina de cuentas de madera; llegamos a un pequeño despacho, Gaeil, cerró la puerta y me invitó a tomar asiento.
—¿Rick te contó todo? —me preguntó, yo asentí.
—Todos y cada uno de los detalles de la historia —le respondí—, incluido lo de Mae.
Gaeil inspiró profundamente mientras se presionaba el puente de la nariz.
—La verdad te compadezco, de todas las familias de Irlanda tenías que enamorarte de un O'Connor —suspiró con una sonrisa de pena y compasión.
—No sería tan difícil si Mae dejara de actuar como una bruja —gruñí mientras me acomodaba el cabello.
—Es que no actúa, es una bruja —me corrigió Gaeil y nos reímos con ganas—. Qué bueno es ver que mi hermanito ha conseguido una buena chica, si tan solo no fuese tan manipulable y tozudo...
—No es manipulable, es solo que no sabe confiar en las personas indicadas —le corregí.
—¿Y cómo fue que mi hermano se convirtió en el tanque irlandés que es ahora? —preguntó en medio de una risa, yo también me reí y pasé a contarle toda la historia.
Empecé por el principio, con mi llegada al pueblo y mi inscripción en Sweet Armonis, como Kentin (en aquél tiempo el enano de grandes gafas) me había seguido hasta el instituto, los abusos que había sufrido allí, cómo había sido trasladado por su padre a la escuela militar, su regreso transformado en el actual soldado todo terreno, cómo él me había brindado siempre su apoyo incondicional y cómo lentamente me fui enamorando de él.
—Cuando te escucho decir todo esto casi casi me creo que existe el amor verdadero —confesó con una sonrisa, no pude evitar reírme.
—Existe, sólo que no cualquiera puede verlo —dije—. Lo esencial es invisible a los ojos.
Gaeil se rio con ganas, me invitó una bebida (sin alcohol, por pedido mío) y a reunirnos en un café mañana para conversar, yo acepté encantada y regresé a la casa de los abuelos de mi prometido.
—¿Cuándo regresarás al pueblo? —me preguntó Rosemary del otro lado del mundo, estábamos en reunión en Skype, en la llamada también estaban Keyla, Melany, Ida y Lila.
—En una semana, más o menos —le respondí, Las chicas estaban preparándose para salir, se habían juntado todas en casa de Leigh y Louis para salir en grupo, mis amigas estaban muy guapas—. Kentin quiere ver todos los preparativos para la boda.
—Te extrañamos —dijo Ida, haciendo pucherito y acercándose a la cámara, yo me reí—. ¿Me prometes que cuando vengas saldremos todas juntas?
—Claro que sí —les prometí mientras levantaba ambos pulgares.
—¡Ah! Cierto, casi me olvido —recordó Rose mientras me guiñaba un ojo—. A que no adivinas quién finalmente conquistó al delegado...
Yo me envaré, sorprendida.
—¿Melany? —pregunté. La aludida asintió con energía, roja de la vergüenza pero radiante—¿Estás saliendo con Nicholas? ¿De verdad?
—¡Sí! —exclamó muy contenta mientras sonreía con su hermosa sonrisa— ¡Tomó su tiempo pero lo conseguí!
—¡Eso es genial! —exclamé con una sonrisa, me alegraba mucho por ella. Melany había estado enamorada de Nicholas desde que ingresé al Instituto aunque el hecho de pensar que me había acostado con su actual novio era un secreto que pensaba llevármelo a la tumba.
—Quizás con un poco de amor y dedicación pueda hacer que el viejo Nicholas vuelva. —se la veía muy segura que el antiguo yo del exdelegado regrese, ese chico que vestía formal y elegante, que no era mujeriego y aplicado para sus estudios.
—¡Y eso no es todo! —dijo Keyla tratando de desviar el tema— Rose se casa en un mes y seremos sus madrinas en la boda.
Yo no pude evitar gritar de la emoción, Rose hizo la aplaudió entusiasmada y sonrió de oreja a oreja.
—¡Bueno, sólo falta que digan que una de ustedes está embarazada y hacemos un babyshower! —bromeé con una sonrisa, las chicas se quedaron calladas, yo abrí los ojos como platos... ¿Era así?— ¿Quién de ustedes...?
—Allison —respondió Melany, estaba roja como un tomate—. Allison está embarazada de ocho semanas.
Yo me quedé dura, quizás cuando cursaba el instituto seguramente no me hubiera sorprendido una noticia así ya que la rubia era la más rápida de todo el colegio, pero ahora la sorpresa me había caído como un yunque en la cabeza.
—¿Y el bebé es de... —pregunté pero se me adelantaron.
—De Chester, así es —respondió Lila.
Yo todavía no salía de mi asombro: Chester y Allison serían padres, Melany salía con Nicholas y Rose se casaría con Leon en unas semanas... ¿Acaso el mundo avanzó un par de años luz en mi ausencia?
—Por favor, no me digan que Louis está saliendo con Lila porque ahí sí que me shockean de por vida —supliqué, Lila se puso colorada mientras se reía nerviosa.
—No, Annie, ambos seguimos solteros —rio Lila con una sonrisa—. Creo que él sigue esperándote.
—Y tú sigues esperando a que Ayaka se vuelva hetero —le dijo Keyla mientras le sacudía el cabello con una mano—. Mejor te traigo un banquito, que si esperas de pie, te cansarás.
—¿No hay nadie que te guste, Lila? —le pregunté, ella negó con la cabeza.
—Honestamente, no —respondió ruborizada mientras jugaba con sus dedos—, pero espero poder conocer a alguien, quiero vivir lo que están viviendo tú, Mel y Rose.
—No es la gran cosa, al principio lo amas y lo luego lo quieres matar —reí con cara de circunstancia, Rose estalló en una carcajada.
—Te amo, te odio, te amo, te odio —dijo Rose—: Así es el amor.
—Bueno, pequeña, te dejamos porque Louis, Chester y la embarazada están esperándonos abajo —dijo Keyla saludándome con la mano.
—No dejen que Allison beba —les recordé, me despedí de las chicas y corté la videollamada.
Al día siguiente me reuní con Gaeil en una café del centro a conversar, llegué puntual y mi cuñado ya estaba esperándome sentado en una mesa, un poco apartada de la ventana, al verme se puso de pie y me sonrió.
—Hola, Gaeil —lo saludé mientras tiritaba de frio, no terminaba de adaptarme al clima de Brai—. ¿Hace mucho que esperas?
—No, llegué hace apenas unos minutos —dijo con una sonrisa. Nos pusimos a conversar animadamente mientras el resto de las personas estaban enfrascadas en sus propios mundillos, pedimos una cerveza y un capuchino caliente, luego de unos minutos me animé a preguntarle.
—¿Por qué quisiste que nos reuniéramos? —quise saber, Gaeil antes de responder miró hacia los costados, comprobando que nadie nos escuchaba,
—Porque quiero pedirte un favor —dijo, yo esperé a que continué—: Quiero pedirte que me ayudes a que mi hermano y yo nos llevemos mejor.
—¿Quieres que te ayude a fortalecer tus lazos con Kentin? —Pregunté, no sólo ya tenía la muy ardua tarea de gustarle a la abuela Mae, si no que ahora se me sumaba esto.
—A cambio de eso te diré cómo hacer para que Mae te dé su aprobación —susurró mientras me guiñaba un ojo, yo tragué saliva, debía de estar muy desesperada para inmiscuirme en problemas familiares, pero todo sea por la felicidad de mi novio y mi aceptación como miembro de su familia.
—Está bien lo haré —respondí, Gaeil me sonrió complacido y se acercó un poco más hacia mí, bajando la voz.