Capítulo 3

Helena pasó los días siguientes sumergida en su trabajo. Cada tarea que Ricardo le encomendaba era más desafiante que la anterior. Pronto, se dio cuenta de que su vida ya no consistía solo en organizar agendas o gestionar llamadas. Su trabajo iba más allá de lo que imaginaba. Su mente siempre estaba ocupada, anticipando cada detalle, sin espacio para errores.

Sin embargo, había algo más que la inquietaba. La mirada de Ricardo cuando hablaba de "no fallar". Era una amenaza oculta, disfrazada de instrucciones. Helena había sentido la presión de manera más palpable cuando él mencionó, aquella tarde, que ella no era solo su secretaria, sino su sombra.

La tarde que cambió todo llegó sin previo aviso. Helena estaba sentada frente a su computadora, revisando un par de documentos cuando la puerta de su oficina se abrió de golpe. Ricardo entró, su figura alta y elegante como siempre, pero con un aire distinto. Hoy no llevaba el mismo uniforme de autoridad. Su mirada no era fría ni distante, sino intensa, calculadora.

-Helena -dijo él, y su tono parecía más serio que nunca. -Ven, tenemos que hablar.

Helena levantó la mirada, un poco sorprendida, pero sin mostrarlo. Lejos de sentirse intimidada, ahora estaba acostumbrada a sus cambios de humor. Sabía que no debía dar demasiadas pistas de su nerviosismo.

Se levantó de su escritorio, caminó hacia él y lo siguió hasta la sala de juntas. Ricardo le hizo un gesto para que tomara asiento frente a él. A pesar de la formalidad del lugar, el ambiente ahora parecía cargado de algo más. Helena sintió una pequeña punzada de ansiedad al ver la expresión que él tenía en su rostro.

-¿Algo pasa, señor Ferrari? -preguntó Helena, manteniendo la calma.

Ricardo se sentó con tranquilidad y se quedó observándola por unos segundos. El silencio llenó la habitación antes de que él hablara.

-Hay una fusión que se está llevando a cabo entre Ferrari Hotels y una cadena de hoteles rival. El acuerdo está casi cerrado, pero hay un pequeño detalle que podría hacer que todo se derrumbe. -Ricardo hizo una pausa, asegurándose de que Helena prestara atención. -El director ejecutivo de la cadena rival es un hombre muy poderoso, y necesita ver que nuestro liderazgo es estable, tanto interna como externamente.

Helena frunció el ceño, confundida.

-No entiendo, señor. ¿Cómo afecta esto mi trabajo? -preguntó, sintiendo que la conversación tomaba un giro inesperado.

Ricardo la miró con una mezcla de concentración y... ¿desafío?

-La situación es simple. Quiero que seas mi prometida, al menos por un tiempo. Necesito que el director vea que mi vida personal está en orden, que no soy solo un hombre de negocios, sino alguien con estabilidad emocional. Si él piensa que soy un hombre de familia, entonces la fusión se sellará sin problemas.

Helena parpadeó varias veces, intentando procesar lo que acababa de escuchar. Las palabras de Ricardo no parecían tener sentido.

-¿Mi... qué? -preguntó, desconcertada. -¿Está usted sugiriendo que me haga pasar por su prometida?

Ricardo asintió, sin perder la compostura.

-Exactamente. No estoy pidiendo mucho. Solo que juegues el papel de mi prometida hasta que la fusión se concrete. Un par de cenas, reuniones con el director, mostrar una imagen perfecta. Eres la persona más adecuada para este trabajo, no solo porque confío en ti, sino porque sabes cómo manejar las expectativas. La apariencia lo es todo en este mundo.

Helena se quedó en silencio, digiriendo la propuesta. Nunca imaginó que su vida en Ferrari Hotels podría involucrar algo tan... personal. Pero había algo en la oferta que la hizo dudar. Sabía que una decisión como esta podría cambiar su vida por completo, para bien o para mal.

-Pero... -comenzó a decir, con una ligera tensión en la voz. -¿Y qué pasa después? ¿Una vez que la fusión se complete, qué sucede conmigo?

Ricardo la miró fijamente, sin mostrar una pizca de emoción en su rostro.

-Después de eso, puedes irte, si eso es lo que quieres. No te estoy pidiendo que cambies tu vida para siempre, solo que juegues un papel temporal. Esto no tiene nada que ver con nosotros personalmente. Es solo un trato de negocios.

Helena sentía que cada palabra de Ricardo era medida, pensada para que ella no tuviera margen de elección. Pero, al mismo tiempo, algo en su interior le decía que no podía rechazarlo. A lo largo de su vida, había tenido que hacer sacrificios. ¿Por qué no uno más?

-¿Y si digo que no? -preguntó, aunque sabía la respuesta. ¿Qué alternativa tenía?

Ricardo la observó durante un largo momento, con una calma inquietante.

-Si decides no hacerlo, perderíamos la fusión, y eso podría afectar la estabilidad de todo Ferrari Hotels. Pero más allá de eso, perderías mi confianza. Y esa es una moneda que pocos tienen la oportunidad de ganar, Helena.

Helena pensó durante un minuto. Sabía que este tipo de ofertas no se hacían todos los días, y aunque la situación era incómoda, también era tentadora. La fusión era importante para Ferrari Hotels, y ella no podía ignorar la responsabilidad que ahora tenía.

-Lo haré -dijo finalmente, con una mezcla de resignación y determinación. -Lo haré, pero quiero dejar claro que esto es solo un trato de negocios. No esperaré nada más de esta... ¿relación?

Ricardo sonrió ligeramente, como si hubiera anticipado su respuesta.

-No espero nada más, Helena. Solo que hagas lo que sabes hacer mejor: ser discreta, profesional, y perfecta.

Helena asintió, sin saber si lo que acababa de aceptar era una victoria o una condena. A partir de ese momento, su vida cambiaría por completo. Y aunque no lo dijera en voz alta, un temor persistente crecía en su interior. Lo que empezaba como una fachada para un trato de negocios, pronto podría transformarse en algo mucho más complicado.

Cuando se levantó de la silla para salir de la sala de reuniones, Ricardo la siguió con la mirada. Helena sabía que había tomado una decisión que no podría deshacer tan fácilmente. Pero mientras caminaba hacia la puerta, su mente ya comenzaba a trabajar en el siguiente paso. La propuesta de Ricardo era solo el principio. No sabía hasta dónde la llevaría, pero estaba dispuesta a jugar.

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