Capítulo 2
Ha pasado casi un año desde que decidí venirme a Madrid. Sigo trabajando con mi hermano, hago de todo un poco; masajes, reducciones de barriga y estrías con láser, aprendí a inyectar bótox, aumento de glúteos y todo lo que conlleva este tipo de cosas. Además, arreglo uñas y en ocasiones ayudo a José a administrar el negocio. Como les dije, trabajaría en varias cosas. También escribo, soy algo así como un redactor FreeLancer. Mi horario de trabajo es bastante flexible, todos los días hago diferentes cosas, a veces trabajo en el turno de la mañana o en la tarde, depende de lo que me toque hacer, este trabajo lo realizo más que todo al llegar a casa, así mantengo la mente ocupada.
También comencé a hacer ejercicio y tomo clases de baile. He logrado reunir algo de dinero no solo para el pasaje de mi madre, también para tener mi propio espacio y mudarme en cuanto mi mamá se venga. No es que no me guste estar con mi hermano, es solo que cuando mi mamá decida venirse, no quiero que sienta que le quitamos espacio, aunque él dice que no hace falta que me vaya, pero igual lo haré.
En unos días mi hermana comenzará la universidad así que su familia ha hecho una reservación en un restaurante muy lujoso. Todavía no estoy segura de ir y todos saben el motivo. En este tiempo he cambiado mucho. Mi aspecto físico ya no es el mismo, ahora tengo el cabello largo, en las puntas lo he pintado de un color claro y lo tengo por la cintura. Mi cuerpo está firme gracias a los ejercicios. Y mi alimentación es más sana que antes.
Todavía no he tenido mucho éxito al querer dejar atrás lo que me pasó. Trato de mantenerme ocupada todo lo que puedo para que mi mente no me traicione. Sin embargo, a la hora de dormir fracaso, los recuerdos continúan al igual que las pesadillas.
Me encuentro en el trabajo, hoy me toca arreglar uñas. Acabo de terminar con un cliente cuando veo que llega una señora con aires de grandeza. Veo que mira hacia los lados y al no encontrar lo que desea se dirige a la recepción para preguntarle a Raquel por Miranda, una compañera muy buena en su trabajo. Raquel le indica amablemente que Miranda tiene el día libre. A lo cual la doña frunce el ceño y le dice que la llame que tiene que atenderla. Raquel se pone nerviosa y no sé por qué. Me dirijo sutilmente a la recepción y pregunto qué pasa, ella me explica.
Yo le sonrió a Raquel para que se tranquilice y con la mirada le transmito que yo me hago cargo. Ella se relaja visiblemente y yo vuelco mi atención hacia la señora que me mira como un bicho raro. Un poco intimidada le sonrió y le digo:
—Discúlpeme, pero Miranda pidió exclusivamente el día de hoy por una urgencia familiar así que me temo no podrá venir a atenderla.
— ¿Y tú quién eres? ¿A caso no sabes quién soy yo?
—Mucho gusto, Señora. Soy Verónica la suplente del administrador del local, ¿Y usted es?
Me observa de arriba abajo como si estuviera escaneándome.
— ¿Cómo es posible que no sepas quién soy? ¿A caso la dueña no te ha dicho que cuando yo vengo para acá, mi atención debe ser exclusiva? Soy una persona de alto rango político en el país. Así que te sugiero llames a Miranda y le digas que venga a atenderme.
—Bueno, señora lamento informarle que no será posible llamarla, su móvil se encuentra desconectado por lo que ya le comenté antes. ¿Por qué no deja que otra chica la atienda?
— ¡No! A mí solamente me atiende Miranda. ¡Llámela ahora!
—A ver señora hagamos lo siguiente, yo la atenderé. Si no le gusta mi trabajo, no cancela nada e incluso puede hablar con la dueña y mandarme a despedir.
No se ve muy convencida de lo dije.
— ¿Estás segura de eso?
—Sí. Usted decida.
—Muy bien. Pero si no me gusta me aseguraré de que nadie te contrate en ningún lado.
Trago grueso y acierto moviendo la cabeza. La llevo hasta mi mesa y comienzo a atenderla. Luego veo que Raquel le trae una copa de champagne. El lugar donde se encuentra ubicado el negocio es una zona adinerada y con gente de mucho prestigio. Por eso, la atención debe ser perfecta.
Me concentro en mi trabajo y le pregunto qué tipo de diseño y colores querrá en sus uñas.
—Lo dejo a tu criterio, si te equivocas estás fuera.
‹‹Dios, ¿en qué lío me he metido?››, pienso. Quisiera no haber dicho eso, pero José salió y me dejó también al pendiente de todo.
¡Quiero morirme!
Elijo unos tonos claros y le hago unas decoraciones poco peculiares con piedras brillantes. Espero haber acertado. Finalmente, decido colocarle un sellador de esmalte para que la pintura y la decoración no se caigan fácilmente.
Ella mira sus uñas y me mira fijamente. Veo que saca su teléfono y marca un número.
››Hola Perla, ¿Cómo estás?
Se me secó la boca al escucharla, Perla es la dueña, tía de mis hermanos.
—Te llamo porque estoy en el local y Miranda no se encontraba. Te podrás imaginar, me pareció insólito que no estuviera porque precisamente yo venía hoy.
—Sí así me comentaron... En fin, te llamo porque otra chica me atendió, se llama Verónica... Ah ok no sabía que eran parientes. Bueno sabes que soy muy delicada con mis cosas y por eso mismo te llamo. Verónica...
Mis manos sudaban estaba nerviosa no sabía lo que iba a decirle. Miles de cosas pasaban por mi mente en ese instante hasta que escucho lo que sale de sus labios.
—Me ha dejado sin palabras, me encantó como me arreglo las uñas, es una diosa con las manos. Me ha hecho unos masajes de infarto. Estoy súper encantada con ella. Creo que voy a dejar a Miranda y me cambiaré con ella —ríe—. Te lo informo para que estés al tanto, querida.
¿Qué? ¿Mis oídos escucharon bien? Dijo que está encanta.
—Bueno querida te dejo. Debo irme. Tengo muchas cosas por hacer. ¡Adiós!
Me mira con una gran sonrisa.
—Bueno, Vero. ¿Puedo llamarte así?
—Sí claro.
—Estoy más que satisfecha con mis uñas así que te quiero proponer algo; Tengo muchas amigas que estarían súper contentas con tu atención así que me gustaría que para la próxima vez, vayas a mi casa y nos arregles las uñas. Aunque deberá ser por parte porque son muchas —sonríe.
—Oh ¡Claro! Me encantaría. Usted me avisa y con gusto las atiendo.
Se dirige a la caja para cancelar su arreglo y me da una propina que me dejó con la boca abierta. Sin duda, hoy fue un gran día de trabajo.
De camino a casa pienso sobre el día tan intenso que tuve con la "doña" tiene un nombre muy largo así que le pregunté si podía llamarla Marieta y me dijo que sí, es más fácil a decir verdad. Al llegar, noto que José no se encuentra en casa. Dijo que iba a salir; él también se ha dedicado de lleno junto a mí al gimnasio, y ha tenido grandes cambios, ahora es mucho más guapo que antes y las mocosas se le pegan tanto que cansa.
Me baño y me arreglo. Decido prepararme una ensalada cesar para luego trabajar. Enciendo la laptop y comienzo a buscar información sobre el tema que me corresponde hacer. Al finalizarlo me acuesto a dormir, estoy cansada.
Capítulo 3
Llegó el día de la celebración de Ani y aún no estoy muy convencida de ir. Hoy se cumple un año de la perdida más grande que he tenido en mi vida y me siento totalmente destrozada. Anoche no pude dormir, tengo los ojos hinchados de tanto llorar.
Estoy sumida en mis pensamientos cuando escucho que tocan la puerta de mi habitación. Me levanto y al abrir me encuentro a mi hermano con el rostro cabizbajo.
—Hola, Vero buenos días. —Nos dimos un abrazo fuerte y comencé a llorar como una niña.
Mi hermano no pudo resistir el nudo de emociones y también cedió al llanto. No sé cuánto tiempo pasó, pero ese abrazo me ayudó mucho. Nos separamos y solo nos miramos cabizbajos. José suelta un suspiro.
—Sé que no es un día fácil. Pero quería saber si ibas a ir a lo de Ani. Hablé con ella hace un momento y se siente igual que nosotros, deseó que no hubiera sido hoy lo de su celebración, pero como ya sabes, fue tía Perla la que hizo la reservación y cuando intentó cambiarla no había para otro día. Lo siento.
—No te preocupes. Entiendo, pero la verdad no me siento con ganas de salir de la casa.
—No te preocupes, es entendible. Bueno yo iré a comprarle algo a la peleona; cualquier cosa me llamas por favor.
—Está bien.
Me vuelvo a tumbar en la cama y lloro de nuevo. Paso toda la mañana metida en mi burbuja hasta que escucho ruido afuera. Ya llegó José, de seguro se está arreglando para irse, pienso. Salgo de la habitación y lo veo a punto de salir.
—Pero que guapo estás, muñeco. —Digo.
—Gracias, muñeca. He estado pensando mucho y creo que sería bueno que nos acompañaras, te ayudaría a despejar la mente porque de seguro pasarás el resto del día llorando, ¿o me equivoco?
Bajo la cabeza sin responder. Ya se imagina mi respuesta.
—Bueno, no insisto más… igual sabes donde se llevará a cabo, piénsalo un poco ¿vale?
Asiento cabizbaja.
Nos despedimos y él se va, dejándome completamente sola. Me siento fatal, no sé qué hacer, así que decido volver a la habitación. No he comido nada y no me siento con ganas de hacerlo. Comienzo a dar vueltas en la cama y luego me siento en el borde de ella. Pienso en lo que me dijo José antes de irse y sé que tiene razón, está salida podría ayudarme a despejar mi mente.
Decido levantarme y arreglarme lo más rápido posible. Mi hermana irá a la universidad y debo apoyarla, ella ha pasado por mucho y se merece el apoyo de todos nosotros. Ani nació con problemas en la cadera, el hueso de la pierna derecha lo tenía por encima del fémur, así que tenía una pierna más larga que la otra. Le hicieron varias operaciones cuando estaba pequeña pero ninguna resultó.
Cuando tenía al redor de 16 años decidieron venirse a España porque su tío había encontrado la forma de realizarle la operación. Él es un traumatólogo reconocido en el país, así que hizo todo lo imposible por arreglar su deformidad y así fue. Ahora no cojea y estoy muy contenta por ella, desde muy pequeña le costaba valerse por sí misma, pero ahora ha logrado cosas que antes no podía por su discapacidad. Es la pequeña de los hermanos así que siempre la hemos cuidado y protegido. Este logro significa mucho para ella, así que siento que debo acompañarla en este momento.
Luego de bañarme, aliso mi cabello y hago unas ondas en las puntas. Me coloco un enterizo con botones al frente y mangas tres cuarto, de color vinotinto. Es un poco suelta pero arruchada en la cintura y en los tobillos. Uso unos tacones cerrados color beige. Tomo un bolso de mano que hace juego con los tacones y guardo mis cosas personales. Mi maquillaje es cálido, pero pinto mis labios del mismo color del enterizo, vinotinto; completo el look con unos accesorios sencillos.
Tomo un Uber y después de indicarle la dirección comenzamos a andar. Al llegar frente al restaurante, le pago al conductor y me bajo. Me quedó plasmada al ver el lugar, es impresionante, un plato de comida aquí debe valer una fortuna, pienso.
Entro y le indico a la chica de la recepción sobre la reservación. Me hace un gesto para que la acompañe y eso hago. Comienzo a mirar a los lados y siento que todos me observan, aunque no sé por qué. De la nada me fijo en una mesa donde hay dos hombres y uno de ellos llama mi atención. Tiene una mirada fuerte, ojos azules, alto, robusto, pelo oscuro. Viste un traje de 3 piezas que le queda fantástico. Decido no darle importancia y volteo la mirada, me dirijo al lugar donde se encuentra mi familia y estos al verme llegar, se asombran. Mi hermana se levanta corriendo hacia mí y me abraza fuerte.
— ¡No sabes lo feliz que me hace verte aquí hoy! Deseaba tanto que vinieras… Sé que es un día triste para todos, pero también es un día especial para mí. Estaba segura de que podía contar contigo, Vero. ¡Eres la mejor hermana!
—Te amo y haría lo imposible por ti, princesa. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu vida. Espero que logres todo lo que te propones y llegues a ser una gran emprendedora.
Dejamos de abrazarnos y saludo a todos desde la distancia.
— ¡Hola, Vero! —Dijeron todos.
José se levanta, me abraza.
—Gracias por venir. Ya verás que la pasarás bien.
Asiento. Y me dan un lugar al lado de mi hermano. Todos comienzan a hablar y yo sigo en silencio detallando este increíble lugar. Ani está feliz y eso me contenta.
Cuando sirven la comida, Antonio y Perla comienzan a decir unas palabras alentadoras para Ani y todos aplaudimos. Veo mi plato y sinceramente no quiero comerlo. Soy la aguafiestas de la celebración, lo sé, pero no tengo ánimos de nada más. Únicamente vine por acompañar a Ani, pero creo que no está saliendo como pensé.
La vista me traiciona haciendo que me fije en una familia que acaba de entrar y se sienta frente a nosotros; tienen un niño pequeño y comienzan a jugar con él en la mesa. Poco a poco comienzo a desmoronarme, así que me levanto rápidamente para ir al baño. Me quedo un buen rato y lloro desconsoladamente. Al cabo de un rato, decido salir, pero antes lavo mi rostro y vuelvo a tratar de maquillarme para que no se notara lo que estuve haciendo. Al salir, choco con alguien, levanto la cabeza para disculparme y noto que es el mismo sujeto que vi al entrar. De cerca es mucho más guapo, pienso.
—Disculpe, no lo vi. —Digo.
—No te preocupes, te estaba esperando.
Lo miro confundida.
—Lo siento, pero no lo conozco.
—Mi nombre es Massimo. Sé que no me conoces, por eso estoy aquí, para presentarme. Me pareces bellísima. Apenas te vi entrar por la puerta del restaurante supe que debía acercarme a ti.
Me quedé confundida, no sabía qué decir.
—Gracias por el halago, pero pierdes tu tiempo. No estoy interesada en conocer ningún hombre.
— ¿A caso eres lesbiana?
—No, no lo soy. Solo que no estoy interesada en conocer a nadie ni mucho menos tener algún tipo de relaciones.
Me miró con el ceño fruncido.
—Permíteme decirte que yo no soy nadie. Soy Massimo Gagliano un hombre muy importante en Italia y estoy seguro de que una vez me conozcas en la cama, se te hará imposible olvidarme. Te daré el mejor sexo de tu vida.
¿Qué ha dicho este idiota? Pero, ¿quién demonios se cree?
Sonrío antes de responder.
—Pues, señor Massimo le aseguro que no me interesa y como ya le dije antes, pierde su tiempo. ¡Adiós! —salgo de allí dejándolo confundido.
—Serás mía, ya lo verás... —escucho que dice en un tono muy bajo. Qué equivocado está.
Seguí caminando y no presté atención a su palabrería. Los hombres son unos tontos cuando se lo proponen. No aceptan nunca un no por respuesta, pareciera que eso les afectara su ego. No lo niego es guapo, pero no es nadie para hablarme de esa forma. Tomo asiento de nuevo y siento una mirada penetrarme. Miró en busca de respuestas y me doy cuenta de que es mismo hombre, no me quita los ojos de encima. Ruedo los ojos y lo ignoro, decido concentrarme en mi familia.