Capítulo 3

"Te pedí que trajeras el borrador del discurso del señor Liang. ¿Por qué tardaste tanto? ¿Eres un caracol o algo así?". Una voz aguda se escuchó en la entrada del hotel, en medio de la gente que iba y venía.

El J Grand Hotel era el mejor hotel de A City, y la gala benéfica que el alcalde había organizado estaba en pleno apogeo.

"Lo siento, Liza, me quedé atrapada en el tráfico", se disculpó Anne mientras se secaba el sudor de la frente.

"¿Un embotellamiento? Esa no es una excusa suficiente para tu pobre desempeño", se burló Liza. Resopló y miró a Anne con desdén. 'No sirve para nada', pensó.

"Lo siento mucho, Liza, prometo que no volverá a suceder". Anne se veía tan tranquila, no parecían importarle las miradas de los transeúntes.

Liza quería regañarla más, pero un auto de lujo se detuvo frente a ellas; se abrió la puerta y del interior salió un hombre guapo y de aspecto frío, sus piernas eran largas y rectas y sus rasgos delicados.

Miró a Anne, que estaba parada con la cabeza gacha, y preguntó con frialdad: "¿Qué pasa?".

La expresión de Liza se suavizó de inmediato y dijo en voz baja: "No es nada, señor Liang; es solo que Anne fue tan negligente que se olvidó de darme antes el borrador del discurso que usted va a dar luego, y ahora casi llega tarde".

Anne permaneció en silencio pero en su interior se mofó: '¡Ja!, es su culpa, él fue quien no me despertó esta tarde.

Después de un rato, dijo: "Lo lamento, señor Liang". Aunque no quería, tuvo que tragarse su orgullo y disculparse con George, bajo la mirada severa de Liza.

"El señor Liang no tiene tiempo para preocuparse por personas como tú, simplemente haz tu trabajo y sé más inteligente la próxima vez", intervino Liza; luego de hacerle una advertencia con la mirada, miró su reloj y agregó: "La ceremonia de apertura comenzará en cinco minutos, entremos, señor Liang".

Sin embargo, George no se movió;

sus ojos estaban fijos en el rostro frío de Anne y le preguntó en voz baja: "¿Qué pasa? ¿Nuestra empresa no te trata bien?".

El fuego de su mirada incomodó a la joven, que levantó la cabeza y respondió: "No, no".

Los ojos de George se oscurecieron y con un toque de impaciencia en la voz, dijo en un tono más fuerte: "Entonces, ¿por qué te vistes así?, hasta yo me siento avergonzado".

Anne miró su vestido floreado y se preguntó cuál era el problema; ella era solo una asistente con un salario de seis mil dólares. ¿Qué tipo de ropa quería que usara? Quería refutarle: 'No es asunto tuyo', sin embargo, no quería provocar problemas, así que, mientras no la presionara demasiado, no reaccionaría. Lo miró y dijo: "Entendido, señor Liang".

Pero George aún no había terminado; dio un paso y se acercó a ella; con su aura de frialdad y nobleza la obligó a retroceder involuntariamente.

"Ya que lo sabes, ¿por qué no vas y te cambias?", demandó.

"¿Qué? ¿Dónde me voy a cambiar?", Anne levantó la cabeza y lo miró aturdida.

"Liza, llévala a una tienda cercana para que se cambie de ropa", ordenó con frialdad.

"Pero, señor Liang, la fiesta está por comenzar"; Liza miró a Anne con recelo y luego a él con cautela.

George bajó la cabeza y miró la hora. "Entraré primero". Después de decir esto, se dio la vuelta y caminó solo hacia el corredor.

"¿Por qué te quedas parada ahí? ¡Ve a cambiarte!", gritó Liza mientras se acomodaba los anteojos en el puente de la nariz de su rostro gordo. Se veía feroz.

Como Anne no quería hablar con la anciana malhumorada, la siguió en silencio.

La actitud de Liza era desagradable y grosera, pero tenía un buen sentido de la moda; escogió al azar tres vestidos para que se los probara, y Anne pareció transformarse en una persona totalmente diferente en un instante; era una mujer muy bella.

"Llevaremos este, no te lo quites. Señorita, por favor quite la etiqueta", le ordenó muy seria a la vendedora.

"Muy bien; cuesta siete mil seiscientos dólares con el descuento", dijo la vendedora con una sonrisa.

Liza se volvió para mirar a Anne, que ahora llevaba un vestido azul, y dijo con frialdad: "¿Por qué sigues ahí parada?, paga la cuenta".

Anne estaba totalmente consternada. '¡Dios mío! ¿Siete mil seiscientos dólares?', gritó mentalmente. Ni siquiera su salario completo más el bono le alcanzaban para pagarlo.

"Es demasiado costoso. ¿Podemos buscar algo más barato?", dijo Anne con tristeza; le dolía el bolsillo.

"Ya lo tienes puesto y le sacaron la etiqueta; ¿Cómo podrías no comprarlo? ¡Date prisa!, el señor Liang nos está esperando", espetó con impaciencia; en seguida se dio la vuelta y salió de la tienda.

Dejó a Anne, que se sentía agraviada, sola con la vendedora. '¡Maldición!', protestó para sí, pero no tuvo otra opción que pagar con tristeza la cuenta y salir detrás de Liza.

Cuando entraron en el salón, el alcalde ya estaba dando su discurso en el escenario; la audiencia aplaudía ruidosamente y nadie las notó.

Anne siguió a Liza hasta el asiento junto a George; él la miró y sus ojos se detuvieron en su escote, luego le dijo en voz baja: "Siéntate a mi lado".

Liza, que estaba a punto de sentarse junto a George, se sintió avergonzada y fulminó a la joven con la mirada.

Anne se sintió muy incómoda y se sentó, con expresión rígida; sentía como si estuviera sentada sobre alfileres y agujas; ni siquiera podía oír lo que decía el alcalde.

George era el representante de los empresarios, así que después de que el alcalde terminó, subió al escenario para dar su discurso. Anne exhaló un suspiro de alivio mientras lo miraba.

"¿Cuándo te enrollaste con el señor Liang?", preguntó Liza en voz baja, con tono de sospecha.

Anne se puso rígida por un momento y su rostro se puso pálido, hasta que logró balbucear: "¿Qué? ¿Qué acabas de decir?".

La mirada de Liza reflejaba su disgusto. "Te pregunto cuál es tu relación con el señor Liang".

Anne negó con la cabeza y respondió con franqueza: "Nada, no tengo ninguna relación con él".

Liza estaba a punto de decir algo más, pero al ver que George estaba a punto de bajar del escenario, la miró con incredulidad y no dijo nada.

Anne realmente no quería sentarse junto a George; la asustaba tanto sentirse observada por él que agarró su bolso antes de que volviera a su asiento, y le dijo a Liza: "Iré al baño, llámeme si necesita algo".

De alguna manera, se sintió aliviada cuando entró al baño; luego, mientras se estaba lavando la cara, escuchó una voz suave y gentil detrás de sí.

"¡Hola! ¿Usted es del C Grupo?".

Anne se secó la cara con papel que sacó del aparato que estaba en la pared, y cuando se dio la vuelta, vio a una mujer hermosa y muy bien maquillada parada detrás de ella, que la miraba con una sonrisa suave en el rostro.

"Sí. ¿Qué sucede?". Anne adoptó una actitud distante, y su tono de voz era frío.

"Bueno, el asunto es el siguiente. ¿Conoce a George Liang, el CEO de su empresa?", preguntó Queenie Liu con timidez.

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