Capítulo 2
Sicilia es la isla más grande de Italia, separada del continente por el estrecho de Messina y bañada por el Mar Jónico, el mar Tirreno y el Mediterráneo.
Es una de las joyas del sur de Italia, que se puede descubrir, conocer y vivir a través de una serie de rutas, dependiendo de los gustos y necesidades, se pueden desarrollar a través de la naturaleza, la historia o la tradición.
La naturaleza parece haber destinado a esta tierra todas sus maravillas: montañas, colinas y, especialmente, el mar, En esta tierra, el Mediterráneo ofrece escenarios, olores y sabores únicos e intensos.
Pero además de poseer toda esta belleza, guarda un secreto mayor, en algún lugar de sus territorio, la familia Santoro ha sabido manejar todos sus negocios y pasar desapercibidos, o por lo menos el jefe de la mafia así lo hizo, Alessandro Santoro, quienes muchos conocen por el apodo de l’ombra o la sombra en castellano, lleva una vida intachable para muchos, bajo la fachada de respetado empresario, el hombre de 30 años logro llevar el negocio familiar a su más alto alcance, mientras que para la sociedad en general, solo es un viudo amable, rico, respetado, que cría a su hija Estefanía de 7 años y quien se hizo cargo de terminar de criar a su hermano menor Luis cuando sus padres murieron, si, para todo el mundo Alessandro Santoro es un buen hombre, pero sus más allegados saben quién es realmente.
Alessandro Santoro se ganó su apodo a pulso, ninguno de sus enemigos conoce su rostro, y quienes lo han visto, han muerto, algo que aprendió de su padre, su identidad es lo más valioso a guardar y proteger, es lo único que garantizara que sus hijos vivan tanto como para tomar su lugar en la mafia y que sus hijas puedan hacer una vida normal lejos de todo ese ambiente, el único rostro visible que tiene su organización es su mano derecha, Fabrizzio, quien fue detenido hace dos meses gracias a la intervención de Eros Zabet, actual esposo de Lucero Bach, algo que lo tiene de muy mal humor, sabe que si quiere seguir llevando una vida más o menos normal, tiene que liberar a Fabrizzio y lo hará, cueste lo que cueste, le pese a quien le pese.
— Alessandro, está es toda la información que pudimos recaudar en estos dos meses.
Uno de sus hombres de confianza dejo una serie de carpetas sobre su escritorio de madera de roble, llamando la atención del hombre caucásico de estatura alta y cabello negro. Alessandro dejo de ver por la ventana como su pequeña hija jugaba en el jardín, para clavar sus ojos marrones con motas negras en su empleado.
— Ahórrame el trabajo de leer toda esa mierda y dime a quien debemos matar para que Eros liberé a Fabrizzio. — Su voz fría denotaba cansancio, luego de pasar una noche torturando a un infiltrado para finalmente matarlo, no estaba de humor para lidiar con cosas como esas.
— Su mujer y su hijo son intocables, atacar a un Bach no solo es una misión suicida, es algo realmente imposible, por lo que investigamos a sus padres y hermanos.
— Te noto inquieto y me están inquietando y sabes mejor que nadie que eso no es bueno. — el jefe miro a su empleado como si estuviera decidiendo si matarlo o no.
— No me gustaría inquietarlo jefe, pero luego de investigar descubrimos que Eros Zabet es sobrino del Ángel de la muerte. — el joven tenía gotas de sudor en la frente, mientras rezaba porque la pequeña Estefanía se le ocurriera visitar a su padre en el despacho, solo así saldría vivo.
— Y yo soy la sombra, ¿acaso crees que alguien podría conmigo? — el golpe que le dio al escritorio le dejo claro su falta, por lo que bajo la cabeza de inmediato.
— No, por supuesto que no, solo… tendremos demasiadas perdidas si atacamos el hogar de los Zabet, sus hermanos están en diferentes universidades, pero atacarlos seria iniciar una guerra con otras organizaciones, el ángel de la muerte pidió a distintos clanes que los protegieran, están en Canadá, China, Rusia y la única que está a nuestro alcance es Ámbar que está en España, pero está viviendo en el mismo edificio que los mellizos Constantini Zabrek.
— ¿Los nietos de Marco Constantini? ¿Qué hacen dos niños de 12 años en España?
— Están de vacaciones y si atacamos ese lugar no solo Marco podría creer que es un atentado a ellos, también Noha Zabrek vendría por nosotros, ya sabe que acabo con los Rizzo solo por amenazar a su esposa.
— Entiendo y tienes razón, Noha no es muy compasivo, menos cuando se trata de su familia, además tenemos varios negocios con él. — el dolor de cabeza aparecía una vez más en Alessandro, mientras tomaba las carpetas y le daba una ojeada, debía encontrar algo, alguien importante para quitarle, una lección para que nunca olvide que con LA SOMBRA no debía meterse, ni él ni nadie...
— Zafiro esta con Neri, tampoco nos sirve. ¿Y esto? Aquí dice que tiene hermanos quintillizos, ¿por qué solo hay información de cuatro en las universidades?
— Victoria es ciega, ella no sale de su mansión, por lo menos no la hace seguido, ni siquiera pudimos obtener una fotografía de ella.
— ¡Maldición! — Renzo se veía muerto de un momento al otro, por lo que se apresuró a hablar.
— Pero podemos ir por la adoptada, Rosita, ella está trabajando en la empresa de Vincent Bach, vive en un departamento sin seguridad.
— No le afectara la muerte de una joven que no lleva su sangre. — Alessandro miro por un momento su arma, mientras pensaba donde estaba su hija y si escucharía cuando le volara la cabeza a su empleado.
— Tengo entendido que la aprecian, quizás si la secuestramos podamos conseguir resultados rápidos, si él la ve sufrir, si oye sus gritos, estoy seguro de que sedera.
La mente del mafioso comenzó a trabajar, trazando un plan de torturas al que estaba más que seguro Eros sedería a lo que él le pidiera y por fin después de dos meses, Alessandro sonrió.
— Prepara todo, tendremos una invitada, pero no será la adoptada, quiero a la ciega.
— Pero Alessandro… — Renzo dejo de hablar cuando el mafioso dejo su arma arriba del escritorio.
— No me importa cuánto tengan que esperar, en algún momento saldrá y será ahí cuando actúen, la traerán directamente aquí.
— ¡A la finca!
— Si, estará en esta casa, nadie sabe quién soy y nadie nunca lo sabrá, si ella es ciega jamás vera mi rostro.
— Creo que es mejor llevarla a la otra residencia.
— Así atraparon a Fabrizzio ¿Quién dice que no tengan todas las direcciones de nuestros lugares? Solo esta finca es segura. Ahora escucha bien lo que te diré, esperaremos un poco más, si en un tiempo ella no sale, la obligaremos a hacerlo.
— Pero ¿cómo?
— Un incendio, un terremoto, lo que sea, ¡pero tienes dos meses máximo para traerla!
— Lo entiendo.
— Eso espero.
— Papi. — La voz de su hija lo alerto de que debía cambiar su expresión, ella jamás debía saber quién era él y mucho menos lo que le hizo a su madre.
Alessandro era un hombre de sangre fría, despiadado, un ser sin alma, la razón, había nacido sin ella, pero cuando su hija nació, descubrió que quizás si tenía un poco de humanidad, solo un poco, no lo suficiente como para perdonarle la vida a Fabiola, la joven que fue su novia y juro amarlo en aquella iglesia, pero que lo traiciono poco tiempo después de dar a luz, no solo durmió con otro hombre, sino que también tenía todo organizado para desarmar la organización, de un momento a otro Fabiola quería dejar aquella vida, él la hubiera dejado marchar, pero la joven era codiciosa, y creyó que si entregaba a Alessandro, ella podría quedarse con todo, lo único que consiguió fue que el mismo hombre que juro protegerla, la matara de un disparo limpio y certero.
—Hola princesa.
— Hola Papi, hola, Renzo.
—Hola pequeña, bueno, yo me retiro.
— Bien y no te olvides de conseguir a la niñera que te pedí. — La cara de Renzo por un momento se arrugo, pero entendió al siguiente.
— Ha, si, bien, hare todo lo que pueda.
— Y lo que no también. — Si, Alessandro no estaba acostumbrado a que no se cumpliera lo que él decía.
— ¿Por qué tendré una niñera? Ya soy grande. — contradijo la pequeña.
— No es una niñera común, es una joven ciega, y tú serás su niñera, tómalo como un nuevo juguete.
— ¡Poder elegir su ropa y darle de comer! — el entusiasmo de la pequeña morena de rizos negros brotaba por los poros.
— Si podrás hacerlo y si ella se niega, podrás castigarla. — Alessandro sabía que para toda joven rica y mimada no había nada peor que ser tratada como un juguete, un cachorro, él no solo la torturaría físicamente, la sombra destruiría su mente poco a poco y su inocente hija lo ayudaría, aun sin darse cuenta.
— ¿Cómo que castigarla?
— Recuerdas cuando Rodolfo era cachorro y mordía las cosas, ¿Qué le hacía para que aprendiera a comportarse?
— Lo golpeabas con el periódico en el hocicó.
— Muy bien, tú podrás golpearla con la fusta de tu caballo.
La niña solo sonrió, no estaba muy segura de poderlo hacer, después de todo, tampoco le gusto ver cuando su padre le pegaba a Rodolfo, por suerte tiempo después Rodolfo escapo a la granja donde viven los perros, o eso fue lo que su padre le dijo, ya que en realidad el pobre cachorro había mordido unos documentos importantes para Alessandro y decidió dormirlo mientras su hija estaba en el colegio.
Alessandro Santoro, disfrutaba viendo sufrir a sus enemigos, y Victoria Zabet sin saberlo se había convertido en el medio para llegar a su hermano Eros.
Luego de que su pequeña Estefanía se durmiera, salió con destino a uno de los más lujos hoteles de la ciudad, fue directo a la habitación que siempre tenía reservada y donde siempre lo esperaba una mujer, cada noche una joven distinta era llevada a aquel lugar, la traían de cualquier otra cuidad, solo las mejores y las más dispuestas a hacer cualquier cosa que él quisiera.
— Quítate todo y recuéstate boca abajo. — ordeno apenas ingreso, casi sin ver a la pelirroja que allí se encontraba, apenas cubierta con unas diminutas bragas.
— Lo que digas.
— No hables. — la mujer simplemente obedeció, Alessandro prendió unas velas aromáticas que se encontraban en aquel lugar y procedió a desvestirse.
Una vez que se liberó de todas sus prendas, tomo de uno de los cajones unas correas de cuero, sin decir palabra alguna sujeto una mano de la pelirroja puso una de la correa en su muñeca y el otro extremo lo ato en el tobillo, repitió la misma acción con las otras extremidades. Dio unos pasos atrás y se quedó viendo inmovilizada a la joven quien quedo con las rodillas dobladas haciendo presión en sus pechos, la cara a un lado completamente apoyada en la cómoda cama y su trasero y vagina expuesto a él, tomo una de las velas y con la otra mano libre corrió el cabello de la mujer, a quien ni siquiera le pregunto el nombre, pues no le importaba.
Bajo con esa misma mano por la espalda pecosa y suave, hasta llegar a su trasero, el cual acaricio para luego dar una nalgada, que provoco que un leve gemido saliera de los labios carnosos de la pelirroja.
— Sí que te gusta, ya estas mojada. — lo dijo con cierta burla, mientras su pene crecía de tamaño, le excitaba saber que tanto se calentaban las mujeres cuando las sometía.
— Veamos que tenemos aquí. — Mientras hablaba ingreso dos dedos en su vagina, como si realmente estuviera buscando algo, y la mujer no pudo evitar gemir, y cuando lo hizo Alessandro dejo caer un poco de cera en su espalda.
— ¡Dios! — se quejó al sentir el calor bajar por su espalda.
— No finjas que no te gusta, mira cómo te pones. — y en ese momento ingreso un tercer dedo, que comenzó a mover hacia abajo, presionando su interior, lo que provocó que ella volviera a gemir.
— ¿Lo ves? No eres más que una puta y una muy buena. — hizo su observación cuando ella comenzó a mecerse, buscado más de sus dedos.
La siguió torturando con cera y sus dedos hasta que ella se dejó ir, esta mujer jamás había tenido un orgasmo como ese, estaba adolorida, con gotas de sudor por todo su cuerpo, mientras sus manos y piernas, temblaban por la posición, sin embargo él recién comenzaba, fue hasta el cajón de uno de los muebles y se colocó un preservativo, a la vez que tomaba lubricante y un butt plug negro de un tamaño medio, del momento que vio su asterisco rosado supo que ella ya tenía experiencia sexual en la penetración anal.
Subió a la cama y se posiciono entre sus piernas que por cómo estaba atada estaban abiertas, dejo caer abundante lubricante entre sus nalgas y luego unto el plug.
— ¿Qué es eso? — Alessandro dejo salir una carcajada, ante la aparente inocencia de la pelirroja.
— Esto es lo que te han colocado más de una vez, tantas… que mira con la facilidad que entra.
Y mientras hablaba lo introdujo, sin vacilación alguna, ejerciendo apenas un poco de presión la lleno con el juguete sexual, mientras la mujer solo gemía en respuesta, una vez que quedo en su lugar comenzó a penetrarla, lleno su vagina y ella simplemente comenzó a moverse, pidiendo más, Alessandro la embestía fuerte y rápido al igual que las nalgadas que le daba, solo los gemidos de ella pidiendo más llenaban el lugar, mientras él solo mordía sus labios, jamás le había gustado hablar al momento de tener sexo, ni siquiera con Fabiola lo había hecho, para Alessandro el sexo era que ellas giman y griten y mientras más fuerte mejor, así de esta forma se vació dentro del preservativo luego de que ella lo hiciera dos veces más.
Definitivamente Alessandro era un hombre peculiar y un poco sádico, solo a su hermano Luis de 18 años y a su hija de 7 años le mostraba la poca luz que poseía.
Este hombre tenía muchos fetiches, no solo disfrutaba inmovilizando a sus acompañantes sexuales, también le encantaba vendarle los ojos, el verlas mover su rostro desorientadas, y la desesperación por tratar de saber lo que le haría lo calentaba a niveles insospechados, en los siguientes días, disfruto cada noche como siempre lo hizo, de las mujeres más osadas y predispuestas a entregarse a él, pero aún más, se divirtió equipando el cuarto donde se hospedaría su próxima víctima, definitivamente Alessandro se divertiría con la ciega, como la llamaba, pero mejor aún se vengaría de Eros Zabet, jamás le quedarían ganas de volver a meterse con su gente, si todo salía bien, Alessandro le regresaría a Victoria a cambio de que liberara a Fabrizzio, aunque él no podía garantizar que la joven siguiera siendo la misma, después de todo, al lado de la sombra, reinaba la oscuridad.
Capítulo 3
Los días que siguieron en la mansión Zabet, Victoria se encargó de despedirse de sus hermanos y darle consejos, los cuales deberían seguir al pie de la letra. La primera en salir con sus maletas fue Ámbar, su destino España.
— Ámbar, por lo que más quieras, recuerda que, si llevas un escote provocador, lo demás debe estar cubierto, no muestres de más o te verás vulgar.
— Vicky tu naciste con la decencia y yo con el descaro. — Ambas jóvenes rieron por sus comentarios.
— Solo no olvides de usar condón y si sucede algo, regresa a casa, no cometas los errores de Zafiro.
— No lo haría, yo jamás podría hacer eso.
— Deja de juzgarla, ella estaba asustada.
— ¿En verdad? Vamos, conoce a nuestra madre…
— Ella le temía a lo que Neizan pudiera pensar.
— Sabes que aún no lo termino de aceptar, en fin, yo no podría abortar.
— Deja de juzgarla, es fácil criticar el camino que uno no ha recorrido, mejor mira bien tu camino y trata de no tropezar con ninguna piedra, aunque si llegas a caer, solo llámame e iré a ayudarte.
— Tienes razón, y tú no hagas nada interesante en mi ausencia.
— ¿Qué podría hacer?
— Tú… eres la más astuta de todos y la más hermosa, por lo tanto, quiero que me prometas que te cuidaras, regresare pronto.
— Lo hare Ámbar, lo hare.
El día siguiente se fue Felipe.
— Por favor, no hagas nada imprudente, recuerda que vas a China.
— ¿Yo? Sería incapaz.
— Por favor, Feli promételo.
— No te preocupes, el Felipe bromista se queda aquí a tu lado cuidándote, cuando regrese seré un hombre tan aburrido como papá.
Victoria extrañaría las historias de su hermano, con el pasar de los años, la joven había aprendido a ver el mundo a través de sus ojos, pero debían seguir adelante, mientras ella quedaba estancada allí, en su hogar, en su casa de cristal.
Luego, llego el turno de Stefano.
— Stefano Zabet, te prohíbo que pelees, me oyes, si me llego a enterar que te involucras en un solo pleito iré a Rusia y te traer de una oreja. — le advirtió mientras lo apuntaba con un dedo y su hermano se colocaba delante de ella, sin decirle que estaba apuntando al aire minutos antes.
—… — Stefano no pudo decir palabra alguna, solo la abrazo, tan fuerte, como queriendo dejar una parte de él en ella, un pedazo de su ser para proteger a su pequeña hermana.
— No me pasara nada, me quedo con papá y mamá, ellos me cuidaran. — se apresuró a decir, ella conocía a sus hermanos.
— De todos, tú eres la más fuerte. — le susurro en el oído, para luego subir al vehículo que lo llevaría al aeropuerto.
Mateo estuvo escapando de ella toda la semana, y la joven sabía muy bien porque lo hacía. Por lo que uso uno de sus trucos, no le gustaba jugar sucio pero llegado el caso no tenía escrúpulos, camino decidida en dirección a la piscina, sabiendo que su hermano estaba en algún lugar del enorme jardín trasero.
Mateo escucho el chapoteo en el agua junto con el grito de Vicky, no lo pensó dos veces y salto a la piscina, llego a su lado en solo unos segundos, sabía que Victoria sabía nadar, pero desde su pérdida de visión a la joven no había poder humano que la haga entrar al agua, el hecho de quedar sumergida y privado del sentido del oído era más que suficiente para que se alterara y tuviera algún ataque de pánico.
— ¡Vicky! ¿Estás bien hermana?
— Si, si, no fue nada.
— ¿Pero qué rayos hacías?
— Llamaba tu atención. — respondió tiritando de frio y su hermano se apresuró a cubrirla con una bata.
— ¡Estás loca!
— No, solo desesperada, ¿acaso te iras como ladrón en la noche? ¿No piensas despedirte de mí?
El silencio se hizo presente y la joven supo que su hermano estaba llorando en silencio, Mateo era el más serio de todos, pero si se trataba de Victoria, él era el más sensible, al igual que Amir no soportaba ver a su hermana viviendo en la oscuridad.
— No voy a irme. — dijo finalmente con la voz rota.
— ¿De qué hablas? Debes ir a Canadá, la universidad…
— Yo no te voy a dejarte, jure que sería tus ojos, y lo voy a cumplir.
— Bien, porque si es así, debes ir a estudiar a Canadá, yo te esperare aquí y tú me contaras como es todo, quiero que cundo vengan de visita me describan como es el mundo.
— Ven conmigo. — suplico como lo habían hecho cada uno de sus hermanos.
— No, este es mi lugar, aquí siempre estaré esperando a que regresen, mis hermanos, mis amigos, descubre el mundo por mí y luego ven a contarme como es.
Mateo obedeció a su hermana, cada uno de los cuatro salió de esa mansión dejando un pedazo de su alma en aquel lugar, era la primera vez en 18 años que los quintillizos se separaban, a cada uno le esperaba una aventura diferente, incluso a Victoria.
Cuatro meses habían pasado, todo estaba bien, como de costumbre, Candy solo tenía a Victoria en casa, ya que Rosita había comenzado a trabajar para Vincent Bach y tuvo que mudarse a Chicago, la joven morena quería valerse por sí misma y Candy lo respetaba, pero para Amir era otro golpe, el patriarca de la familia era el más apegado a sus hijos, en especial a sus hijas, ya Eros se había casado unos años atrás, Zafiro también se había marchado con su ruso mafioso y si bien Amir detestaba que su Zafiro estuviera lejos, se conformaba con tener nietos, eso le encantaba, que lo llamaran abuelo Amir, el hombre se sentía caminar en las nubes cada vez que sus nietos lo iban a visitar, pero la mansión se sentía muy vacía y grande, en aquel lugar crecieron diez niños que corrían, gritaba y jugaban por todas partes, ahora solo les quedaba su pequeña Victoria.
— Mamá, sabes que no me gusta salir de casa. — se quejó ante la insistencia de su madre.
— Hija, es la boda de las primas de Lucero.
— Es normal que Eros tenga que ir porque es primo político de Linda y Rene, pero yo no tengo nada que ver con los Bach.
— Lucero es tu cuñada.
— Sabes a lo que me refiero, no conozco a nadie.
— ¡Pero mira que caprichosa se ha vuelto! — el grito de Rosita la hizo girar con dirección a la puerta.
— Hermana. — respondió mientras abría los brazos y esperaba que Rosita llegara a ella. Luego de fundirse en un abrazo, tomaron asiento.
— Bien, como sé que Rosita te convencerá, yo saldré con Mel a comprar unos lindos vestidos para este fin de semana. — Candy dejo a sus hijas sola y Rosita aprovecho para poder hablar con su hermana.
— Necesito que estés en esa boda. — dijo la morena en tono preocupado.
— Rosita, sabes que no me gusta salir, sé que me ven con lastima y no me gusta.
— Hazlo por mí.
— Tú te divertirás más si yo no voy.
— Tengo una relación con Vincent Bach. — Termino confesando la mayor, mientras el silencio reino por unos segundos.
— ¿Estas bromeando?
— No.
— ¿Tu jefe?
— Si.
— ¿El primo de la madre de Lucero?
— Si.
— ¡El que te lleva más de 20 años!
— Deja de gritar. — Rosita miro a todos lados, hacia dos meses habían aumentado la seguridad en la mansión, Eros había ayudado en la captura de uno de los mafiosos más buscado y todos estaba en peligro.
— ¿Pero en que rayos estás pensando? La ciega y desesperada soy yo no tú.
— ¿A qué te refieres?
— Que yo me conforme con un vejestorio estaría bien, después de todo quien querría a una ciega, ¿pero tu Rosita?
— Deja de decir idioteces o te golpeare, eres hermosa cualquier hombre seria afortunado de tenerte y Vincent es… Dios tan sexy, con sus músculos duros y esos labios, y ese pe… estoy perdida.
— ¿Ibas a decir pene? — las risas de Victoria llenaron la sala, y a Rosita no le importo, era su hermana y con ellas no tenía secretos, bueno al menos con Ámbar y Victoria.
— ¿Terminaste de burlarte?
— Sí, lo juro, ahora dime, ya lo han hecho.
—… Si y es uff, no sé cómo describirlo.
— No lo hagas, ya Ámbar me traumo lo suficiente.
— En verdad Vicky, estoy perdida, él no quiere nada serio conmigo, sé que solo soy su juguete, pero…
— Estas enamorada. — la joven era ciega, pero no tonta, ya había oído ese tipo de miel en la voz de su hermano mayor y de su Hermana Zafiro cuando hablaban de los que hoy eran sus parejas.
— Si, y no sé cómo hacer para no sentir lo que siento. — Rosita estaba sufriendo por amor, parecía que ese era el destino de los Zabet, aunque fuera adoptada.
— Lamento no poder ayudarte con eso, Ámbar es la experta en sacarse a los hombres de encima, pero si has conseguido que mi curiosidad surja, iremos a esa boda, quiero conocer al vejete.
— Deja de llamarlo así. — si hubiera sido Ámbar con la que estuviera hablando la hubiera golpeado, pero contra Vicky no podía hacer nada más que reír.
— Sabes que papá lo matara si se entera que te está despreciando y no hablar de mamá… oh, Dios, Hades va a matarlo. — Su primo quería a Vicky, pero adoraba a Rosita, el joven asesino sentía una deuda eterna con la joven, ya que vio como Miguel moría por protegerlos ese fatídico día, aun sabiendo que Rosita quedaría sola.
—No puedes decir nada, sabia donde me estaba metiendo, Derek, su primo, me lo dijo, Vincent no tiene ninguna responsabilidad conmigo, solo fui yo, me enamoré sin darme cuenta.
— ¿Se están cuidando?
— Sí, él es muy cuidadoso y experimentado.
— Pues claro, si es un hombre de 42 años.
— ¿Crees que es malo enamorarse de alguien mayor?
— No puedo opinar de amor y lo sabes, solo digo que es lo mínimo que debe hacer, tratarte como una princesa.
— Él se colocó una inyección que dura tres meses, por lo que no debemos preocuparnos por tener bebés.
— Eso está bien. Pero quiero que me prometas algo.
— ¿Qué?
— No dejaras que nadie lastime tu corazón Rosita, ni un hombre, ni un pendejo, nadie puede lastimarte.
— No debes preocuparte, no lo permitiré.
Los días pasaron y Victoria se sentía cada vez más sola, ella estaba segura de que jamás experimentaría lo que era el amor, pero por lo menos sabría lo que era el amor por las experiencias de sus hermanas.
El día de la boda llego y un estilista fue a la mansión, para ayudar a Candy y Victoria a lucir más hermosas, si eso fuera posible, llegaron a la boda doble de las hijas de Sam Bach arrancando suspiros, por suerte para Amir su sobrino Hades también se encontraba allí y mientras él espantaba a cualquiera que mirara a su esposa, Hades estaba atento a Victoria.
— ¿Cómo está la niña más hermosa? — dijo el ángel de la muerte dejando un beso en la mejilla suave de su prima.
— Hades, me alegra oír tu voz.
— Perdona pequeña, no he tenido mucho tiempo…
— ¿Para superar a Lucero?
— Vicky, eso ya paso. — dijo avergonzado el pelinegro.
— En algún momento encontraras a tu propia estrella, te lo mereces.
— Eres una pequeña muy lista y hermosa. — no pudo evitar abrazarla.
— Si claro, soy ciega no tonta.
— ¿A qué te refieres?
— Acaso no ves que estoy sola, si fuera hermosa, ¿dónde están los hombres?
Hades dejo salir una suave risa, claro que el joven de 25 años no le diría que ya había espantado con la mirada a varios de los jóvenes Bach y otros niños ricos que estaban deseosos de estar al lado de la joven rubia.
— Podrías disculparme un momento, acabo de ver a Rosita, la iré a traer con nosotros.
— Claro.
— Y no hables con nadie, ¿de acuerdo?
— Hades, ve por Rosita y cierra el pico.
Luego de unos segundos la joven rubia que se había quedado parada junto a la mesa de aperitivos oyó la voz enfadada de su primo, y supo que algo sucedía con Rosita, por lo que con cuidado siguió la larga mesa hasta llegar a donde se encontraban su hermana mayor y su primo.
— ¿Qué sucede? ¿Por qué discuten? — quiso saber, además de hablar para que la ayudaran a llegar a donde ellos estaban.
— No es nada. — se apresuró a decir Rosita.
— ¿No es nada? Acaba de insinuar, mejor dicho, decir que saltas de cama en cama, le volare la cabeza y me importa una mierda que sea tu jefe o un Bach. —Hades estaba a punto de mostrar su verdadero rostro, el asesino estaba rasguñando por salir a la superficie.
— Dios. — dijo la rubia llevando una mano a su cabeza.
— ¿Qué sucede Vicky? — preguntaron al unísono sus acompañantes.
— Me duele la cabeza, Rosita, ¿me acompañarías a casa? — Rosita supo que la estaba ayudando a su manera, y se lo agradeció internamente, si había algo que hiciera desistir a Hades de matar a alguien eran ellas.
—Claro vamos.
— Les avisare a los tíos, vallan directo a la mansión las alcanzare en unos minutos.
Hades amaba viajar en su moto de cilindrada grande, por lo que las jóvenes irían en la camioneta, él les informaría a sus tíos y luego seguiría discutiendo con Rosita hasta que le explicara lo que había sucedido, una vez en la camioneta Vicky dejo de actuar, mientras el chofer conducía.
— ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué Hades esta tan decidido a matar a un Bach?
— Es Vincent, creo que se molestó por verme con Hades. — Los nervios de Rosita eran visibles aun para Victoria.
— ¿Se molestó? ¿Ustedes tienen o no una relación además del sexo? — Vicky estaba confundida, pero antes que Rosita le aclarara algo, un automóvil las impacto de un lado, provocando que la camioneta se volcara y deslizara unos metros
— ¡Dios! ¡Vicky ¿estas bien?!
—Sí, sí y ¿tu? — respondió la rubia moviendo sus manos con desespero para tocar a Rosita.
— Estoy bien, pero el chofer esta inconsciente.
Antes que las jóvenes pudieran decir algo más, unos hombres aparecieron, abrieron la puerta de la camioneta y las bajaron sin nada de delicadeza, solo para ingresarlas a otro vehículo.
— ¿Qué sucede? — el terror en la voz de Victoria era palpable.
— Creo que nos están secuestrando, estos hombres están encapuchados. — en el momento que Rosita hablo uno de los hombres saco un teléfono y hablo. Mientras otro coloco unas esposas sujetando una mano de Vicky y otra a Rosita.
— Jefe, tenemos a las hermanas Zabet, vamos en camino. — Victoria sabía muy bien lo que sucedería, debía salvar a su hermana, se lo debía después de todo, si Miguel no hubiera salvado a su madre Candy, ni ella ni sus hermanos existirían.
— No te preocupes Vicky, no te dejare sola. — susurro Rosita con nerviosismo.
— No, eso es precisamente lo que va a suceder, debes dejarme sola.
— ¿De qué hablas?
— Mira el mundo por mí. — Rosita miro asustada a su hermana, eso sonaba como una despedida y no le gustaba.
— Ustedes dos, silencio.
Victoria sabía que Rosita estaba del lado de la puerta, ella en el medio y un hombre a su lado, se suponía que una ciega no causaría problemas y se suponía que Rosita no intentaría nada al estar atada a una inútil ciega, pero Victoria no era inútil y más que ella, importaba Rosita, por lo que en el momento que oyó la moto de su primo acercarse, se disloco la unión del hueso del pulgar, mordiendo sus labios aguantando el dolor, saco la mano y en un movimiento rápido abrió la puerta del automóvil empujando a la vez a su hermana.
El automóvil recién comenzaba su marcha, y mientras el hombre que iba a su lado la tomaba del cabello evitando que Victoria también callera por la puerta, los primeros disparos se hicieron presentes.
— ¡Hades! — grito por solo fastidiar, sabía que su primo era tan conocido como su tío, como también era consiente que Hades no dejaría tirada en aquella autopista a Rosita. El automóvil aumento la velocidad y la moto de su primo ya no se oía, estaba sola, por primera vez en la vida, estaba sola.