Capítulo 2

Se trata de un viejo pans negro y una camiseta blanca grande con el pequeño logo de un barco bordado en el lado izquierdo, incluso con las sandalias que solían usar los pacientes no puso mayor sorpresa para ella lograr llegar hacia la puerta, aún conserva su celular y pidió un auto para dirigirse a la empresa familiar.

Pagaría usando el poco saldo que le quedaba en su tarjeta, una parte de ella se negaba a creer que su esposo se casara con su hermana, sería la máxima deshonra a su nombre y orgullo, las lágrimas amenazaban con salir, pero se negó a dejarse vencer sin luchar.

Había sido toda su vía una luchadora, para dejarse vencer por una situación así.

—¿Se encuentra usted bien, señorita? — la voz del conductor la sorprendió por completo, cuando abordo el auto no se atrevió a mirarlo, podía sentir autentica preocupación en su voz y eso saco una pequeña sonrisa de su boca— Pobrecita, usted no se ve muy bien.

—Si— contesto quedadamente para no entrar en detalles, se quedó mirando fijamente por la ventana dándose cuenta que era primavera, el tiempo había pasado tan rápido que ni siquiera sabía en que temporada del año estaban.

—Pronto se sentirá mejor, bueno, recién empieza, la primavera, ¿No? — No hubo respuesta por parte de ella, el hombre se ajustó el marco de sus gafas mirándola por el retrovisor, sintiendo la pena que ella estaba ocultando en su interior.

—Animo, ya sabe lo que dicen… “Hoy es el día que los muertos quieren vivir” — sus palabras parecieron hacer mella en su corazón maltrecho y por primera vez se atrevió a darle una mirada de reojo al hombre, parecía estar cerca de los sesenta años, algo acuerpado, pero no demasiado, se veía como una persona amable, aunque ella no estaba de ánimos como para platicar.

—Si muriera ahora mismo, no habría ninguna diferencia para mí. Vivir un día mas no significa que las cosas se vayan a arreglar.

—Por qué, ¿no? Haga que todo mejore, tenga fe en usted misma— hizo una breve pausa— se ve como una mujer fuerte y mire que, con mis años de profesión, soy bueno juzgando el carácter de las personas— eso hizo que Adally se riera por la generosidad del hombre, una palabra dulce había hecho a su corazón sentirse más libre.

—Gracias no tiene que decir algo así— lo siguiente que ella supo era que habían llegado frente a la recepción del edificio de más de treinta pisos, su celular emitió un mensaje con “error” el pago no había podido reflejarse, en la aplicación— señor, la aplicación me dice que…— no la dejo terminar de hablar cuando se giró para mirarla con una gran sonrisa, puso cincuenta dólares en su mano.

—Tenga. Guárdelo, piense que es un poco de dinero que le dio su padre. Todo va a estar bien, parece realmente necesitarlo ahora — su boca se puso seca y no supo que hacer— Pronto se recuperará, está en plena actividad y será rica. Encontrará a un hombre que le dará todo lo que usted quiera, así que cambie esa cara triste y sea feliz como mi última pasajera— ahora su corazón se encontraba desbordado de emociones, en cuanto se bajó del vehículo y comenzó andar, sintió que algo irreal acaba de pasar, miraba el billete en sus manos como si fuera a desaparecer.

Viendo el imponente monstruo de cemento que se alzaba a su vista no se sintió con miedo, sentía que la ira en su interior estaba ganando, ¿Hace cuando tiempo que no había vuelto? Los cuchicheos de los empleados sonaban a su alrededor, llego al elevador con facilidad, no había pasado tanto tiempo como para que no supieran quien era, pero se dio cuenta que la secretaria levanto el teléfono casi de inmediato para anunciar su presencia.

Para el momento en que subió al último piso, la recepcionista se veía prácticamente blanca como un papel, parecía estar tratando de encontrar palabras.

—Señorita Grey…es un placer verla— Adally solo levanto una ceja dirigiéndose a la oficina de su esposo, fue entonces cuando la mujer corrió hacia ella como si la vida se le fuera en eso, sujetándola del brazo, haciéndola detenerse— no esperábamos su visita y el señor, se encuentra en una reunión fuera de la ciudad— su corazón le dijo que era una vil mentira.

—¿Así? Lo esperare en su oficina hasta que vuelva, porque son muy rápidas para hacer llamadas— haciendo referencia a lo que acaba de pasar—seguramente lo serás, para hacerlo volar en el helicóptero privado, para que venga hasta aquí— cualquier color que tuviera en sus mejillas abandono a esa mujer, con un gesto sutil se liberó de su mano para continuar su camino, los tacones golpeaban contra el frio mármol, algo muy malo la estaba esperando.

En cuanto la presencia de Adally entro en sus campos de visión, comenzaron a retirarse todos los empleados, como si supieran que se avecinaba una tormenta, su instinto les decía que debían tener miedo de la clase de represarías que podría tomar contra ellos por estar ahí simplemente echándole más leña al fuego, cuando claramente era un asunto personal, solo los peores se quedaron para ver que sería capaz de hacer.

Unos cuantos pasos hacia la oficina fueron suficientes para darme cuenta que se encontraba en la compañía de una mujer, la puerta de cristal opaco dejaba ver las formas de sus cuerpos mientras parecían estar en un beso apasionado, las palabras de la enfermera se repitieron en su mente como si se tratara de una máquina de eco “sale con su hermana, van a casarse”, no había si quiera esperado a que su cuerpo estuviera frio para hacer de las suyas.

Sentía que la sangre le hervía en su cuerpo, como si estuviera por sufrir una combustión interna.

Aclaro su garganta después de abrir la puerta, pero su nivel de descaro parecía no tener límites, no parecieron querer separarse. Adally saco su celular para grabarlos, les tomo algunos segundos darse cuenta que se trataba de la presencia de la mujer que podía destruirlos.

Capítulo 3

Inmediatamente el muy cobarde uso su cuerpo para proteger a la tonta de Yura, las intenciones homicidas parecían nacer en su interior.

Inmediatamente después de pensárselo él la soltó, como si estuviera dispuesto a mentir de frente.

—No es lo que parece cariño…— Adally no podía seguir aguantando la situación, no solo la había dejado a morir sola en el hospital, sino que además tenía que estar precisamente con ella, los ojos se pusieron rojos por aguantar las ganas de llorar, odiaba a esos desgraciados con todas las fibras de su corazón, una pequeña sonrisa apareció en la boca de su hermana menor, y quien mantenía sujeto el brazo de su amante, mientras trataba de disimular con una mirada inocente sus verdaderas intenciones, pero cualquier fachada de buena persona había desaparecido, solo quedaba la idea de mosca muerta en el aire.

—Ella ya lo sabe, ya no tenemos que mentir…— comento Yura con una voz dulce y condescendiente, provocando muchas náuseas y repudio para quienes la escuchaban, la cara del hombre que alguna vez amo, estaba ligeramente deformada por la situación, no se explicaba como llego ese hombre de buenos sentimientos a estar enamorado ahora de su hermana — Tienes que saber que nos amamos, lo hacemos desde el primer día— aseguro con un tono más arrogante, como si supiera que estaba clavando cuchillos en su corazón y se sintiera feliz por eso —Cuando te busco aquella noche en la universidad, solo lo hizo porque se equivocó de habitación, estaba buscando mi dormitorio— Adally soltó un sonido ahogado por la incredulidad.

¡Dios! ¿Qué tan lejos quería ir para humillarme? Pensó para entre sí, estaba cansada de ver que su hermana buscara hasta la mínima posibilidad para hacer de su vida un infierno, eso le hizo pensar en cuando llego a la casa con su madre, viéndose como una niña frágil de un matrimonio roto, pero ahora parecía ambicionar todo.

Su antiguo amor estaba aterrado por la situación, sentía miles de ojos sobre él, estaba seguro que algunos empleados estaban filmando, pero no se atrevía hacer ningún movimiento porque después de todo ella tenía cáncer y si armaba un escándalo afectaría a la compañía, perdería dinero, no se daría ese lujo, había trabajado duro para estar allí, la mujer que parecía casi un fantasma con su delgadez ya no le inspiraba nada más que asco y quizás incluso algo de lastima, por ser la sombra de lo que alguna vez fue una hermosa mujer.

El hombre deseaba quitársela de encima, esperaba que entendiera las indirectas sobre las llamadas y ahora los papeles de divorcio, pero aquella mujer estaba sencillamente empecinada en actuar.

—Eso es, ¿verdad? — pregunto en un hilo de voz la enferma mujer, con las lágrimas al borde de salir por sus ojos.

—Así es— comento avergonzado.

—Entonces hubieras ido por ella, no tenías que haberme mentido y continuar con la farsa— el corazón de la mujer termino de destrozarse, cualquier ilusión o alegría que rodeara su corto matrimonio, desapareció. Nada había sido real, ahora entendía la cruel verdad de que siempre jugaron con ella, la solidez de sus hombros desapareció, el cuerpo comenzó a temblarle, las rodillas decidieron aflojarse como si ya no estuvieran dispuestas a sostenerla más, por su mente cruzaban las imágenes de su amor sintiéndose burlada, no podía articular frases coherentes, ya no tenía razones para vivir.

Todos la habían abandonado.

Viendo los ojos de su hermanastra lo supo, todo fue su plan desde el principio y ella solo había caído en su trampa.

—Trato de hacerlo, pero tu padre convenció a su familia que serias un gran negocio si lograban casarse, les ofreció una fuerte suma para que se casara contigo— un nudo se formó en la garganta de la mujer, que no entendía cuan desesperada era su nueva situación sabiendo todo, se trataban todo de mentiras tras otras.

Levanto su cabeza, determinada a escucharlo de la boca de él, necesitaba que se lo dijera.

—¿Te casaste por dinero? — sus ojos se desviaron hacia el suelo, el hombre entonces sintió algo de culpa pensando en aquel momento, en realidad, seguía siendo parte de la conspiración de Yura, aunque su familia si atravesaba una mala situación, el podría haberse reusado al matrimonio, pero había sido la misma mujer que ahora lo tomaba por el brazo quien le sugirió tomar la opción, asegurándole que tendría la vida de sus sueños y que nunca más tendría que volver a pasar por una necesidad en su vida, esa era la única razón por la que el hombre tomo esa opción.

Había visto a Adally como un medio para llegar a un fin, se aprovechó de sus sentimientos para lucrarse económicamente, ahora viendo su situación, pensó en que, si no hubiera interferido en su vida, quizás ella podría estar bien, se sacudió internamente de aquella idea, todos eran adultos, ella asumió sus propias decisiones, no podía venir a culparlo ahora.

—Eres el más hijo de puta de todos, venderte como si fueras una ramera y cambiarlo todo por unas promesas vacías— le dijo sumergida en la rabia de su corazón que estaba nublando su juicio—Si crees que ella va a amarte o protegerte, estas equivocado, ella solo ama hacerme daño, no eres más que una ficha en su partida, cuando yo ya no te quiera, perderá todo el interés en ti porque no podrá lastimarme y entonces te arrojara a la basura como un muñeco viejo.

Fue entonces que la leve paciencia que tenía Yura desapareció, detestaba a la mujer que tenía en frente, había tramado en su mente muchas maneras de acabar con su vida, se alegraba que fuera el destino quien acabara con ella, aunque le había dado un empujón a la vida, cuando se negó a pagar por sus tratamientos médicos y había ocultado los resultados de manera que cuando se enterara fuera sencillamente demasiado tarde.

Levanto su mano para abofetearla deseando borrarla con un golpe de la tierra, una risa histérica salió de su boca sin que pudiera contenerla, deseaba acabar con ella con todas las fuerzas de su cuerpo, ver como las lágrimas escapaban de sus ojos no era suficiente para acallar los sentimientos que había reprimido por años.

Aun podía escuchar en su cabeza las comparaciones, Adally la buena, la dulce e inteligente, la niña prodigio, reducida a una piltrafa humana.

El golpe en su mejilla fue tan fuerte que trastabillo hasta que termino en el suelo, ya no le importaba quien pudiera ver sus acciones, solo deseaba que muriera de una sola vez.

—Si murieras de una vez a nadie le importaría, de hecho, todos lo disfrutaríamos— le susurro en su oído agachándose junto a ella.

Cuando trato de levantarse para irse de aquel lugar, fue cuando todo se desato. El hombre inmóvil al lado de Yura actuó y termino por tomarla con fuerza por su brazo para sacarla de la habitación y posiblemente de la empresa el mismo si era necesario, entonces tratando de liberarse Adally, cayo hacia atrás golpeándose con el borde de una mesa.

Una sensación de calor lleno su cabeza, como si todo comenzara a dar vueltas.

Sentía mucho dolor en el cuerpo, pero nada como lo que experimentaba en su interior atormentado, deseaba borrar lo que había pasado los últimos cinco años, si tan solo pudiera volver al pasado, pero era imposible, se sentía arrepentida por haberle dedicado tanto amor y tiempo a un hombre que simplemente jamás valió la pena y no alejarse a tiempo de una mujer como Yura.

Unos brazos fuertes la tomaron del suelo, unas manos comenzaron a acariciar su rostro, como si buscaran darse consuelo, la sensación de gotas saladas cayendo por su cara, la dejo desconcertada, manchas blancas habían aparecido en su vista, ya no estaba segura de poder distinguir nada con seguridad

—Por favor, quédate conmigo— su voz se hacía conocida, pero no podía decir quién era.

Un sentimiento quedo en su corazón, al menos alguien la había amado.

Lee la historia completa ahora
Apoya al autor e inspíralo a crear más historias increíbles en Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Cásate con mi esposo

Capítulo 2
Capítulos
Personalizar
Siguiente capítulo