Capítulo 3
Ariana y Jasper se quedaron pasmados al enterarse de que Theodore había despertado del coma.
La cara de Jasper se desfiguró de coraje y le apretó el brazo a Ariana, acusándola de tomarle el pelo. "¿Me mentiste? Lo que vi anoche no fue mi imaginación. Sabías que Theodore había despertado, ¿verdad? ¡Por eso andabas tan rara hoy!".
Ella ni se molestó en explicarle. Su expresión se convirtió en una mueca de burla mientras se soltaba de un jalón del agarre del hombre, dejándolo atrás para seguir a la sirvienta.
Jasper hervía de rabia, apretando los puños mientras la veía alejarse. De la pura frustración, le metió una patada a una maceta que estaba cerca y el sonido de la cerámica haciéndose pedazos retumbó en el jardín.
La enorme mansión de los Anderson era un laberinto de pasillos y cuartos, adornados con flores de todos los colores imaginables. Ariana recorrió el pasillo interminable, perdida en sus pensamientos y con el corazón en un puño. Finalmente llegó a la pequeña villa donde Theodore se recuperaba, escondida detrás del frondoso jardín.
El lugar era muy tranquilo y estaba bañado por la luz del sol, lo que contrastaba por completo con el desmadre que la chica traía en la cabeza.
No podía quitarse de encima la preocupación, sin saber si su esposo había despertado durante la noche o si había escuchado su plática con Jasper.
A Ariana se le aceleró el corazón solo de pensar en lo que pasaría si Theodore hubiera oído la conversación entre ella y Jasper.
Se puso pálida como el papel y sus ojos se llenaron de miedo.
Su cónyuge tenía fama de ser cruel y despiadado, con poder y conexiones por todos lados, incluso con la policía y la maña. Los que se atrevían a cruzarse en su camino seguido terminaban muy mal.
Señora, ya llegamos. La voz de la sirvienta la sacó de sus pensamientos.
Ariana respiró hondo para armarse de valor y entró lentamente. Justo en ese momento, Darian se apuró a su encuentro y ambos se saludaron con un gesto rápido.
Y en silencio, cruzaron la entrada de la villa.
Al acercarse, vieron a un grupo de doctores que rodeaban a Theodore en la cama gigante.
Después de revisarlo, el doctor principal suspiró y dijo: "Aunque el señor Theodore Anderson ya recuperó la consciencia, el accidente le dejó secuelas graves en el cuerpo, sobre todo en las piernas. El daño es demasiado grande; nunca volverá a caminar normal. La fisioterapia va a tardar mucho tiempo".
La incredulidad de Darian era obvia. "¿Quiere decir que está... que está discapacitado?".
Ariana frunció el ceño y, para su sorpresa, alcanzó a ver un destello de alivio en la cara de Darian.
Me temo que sí, admitió el doctor con mucho pesar.
Ya veo. Ya pueden irse. Con un movimiento de la muñeca, Darian despidió a los doctores y se volteó hacia su hijo, con una sonrisa extrañamente suave. "Descansa, Theodore. No te preocupes por nada más; yo voy a encontrar al mejor doctor para tratar tus piernas".
Luego, se giró hacia Ariana e indicó: "A partir de ahora, tendrás que hacerte cargo de él".
Ella casi puso los ojos en blanco. No pudo evitar pensar que la estaba poniendo de enfermera de su hijo.
Theodore estaba sentado, recargado en la cabecera, con una mirada de indiferencia tan fría que le helaba la sangre a cualquiera. Se veía distante, ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, con una expresión gélida.
Finalmente, levantó la vista y la clavó en su padre, preguntando con un tono que calaba los huesos: "¿Y esta quién es?".
Esa pregunta tan corta dejó a Ariana de una pieza, sin saber qué contestarle. El corazón le latía a mil por hora y su mente iba todavía más rápido.
No sabía ni cómo presentarse.
La idea de que su esposo pudiera terminar con ese matrimonio arreglado en cualquier momento la hizo temblar.
Tenía que seguir con su plan hasta el final o todo habría sido para nada.
Es tu esposa, Ariana Edwards, explicó Darian.
La expresión de Theodore se volvió aún más fría. "No recuerdo tener esposa. ¿De dónde sacaste a esta mentirosa?", cuestionó, y sus palabras chorreaban desprecio.
Fue un arreglo mío, respondió su padre en un tono inusualmente cortante. "Todo el mundo lo sabe".
Pero el otro no iba a dejarlo pasar así de fácil. "¡Pues me divorcio de ella!", escupió. No cualquiera puede ser mi esposa. Si quieres que alguien me cuide, ¡mejor contrata a una enfermera y ya!".
Las palabras quedaron flotando en el aire, congelando el ambiente que ya de por sí estaba tenso. A Darian le tembló la cara de rabia, pero se contuvo. "El divorcio es imposible", pronunció entre dientes.
Theodore lo miró con burla. "¿Y tú con qué derecho tomas decisiones por mí?".
La tensión en el cuarto se podía cortar con un cuchillo mientras Ariana permanecía de pie. Se sentía como una simple espectadora en la tormentosa relación entre padre e hijo.
La voz de Darian temblaba de furia cuando gruñó: "Ya estaba decidido. Ariana acaba de pasar por la inseminación artificial y existe la posibilidad de que esté esperando un hijo tuyo".
Los ojos de Theodore se clavaron de golpe en la joven, recorriéndola de arriba abajo como si fuera un simple objeto.
Pasó lo que pareció una eternidad antes de que él soltara una risita y le preguntara: "¿Y bien, qué prefieres, aborto quirúrgico o con pastillas?".