Capítulo 2
Jasper salió disparado de la habitación.
Ariana se quedó sacada de onda. ¿Y a este qué mosca le picó? ¿A poco se había despertado Theodore?
Se dio la vuelta de inmediato, pero no vio nada raro. Su esposo seguía acostado en la cama, con la respiración tan tranquila y pareja como siempre.
La única diferencia era que una de sus manos se había salido de la cobija.
La joven ladeó la cabeza y se quedó viendo la mano un rato. Se veía lacia, sin fuerza, así que supuso que seguro se le había caído cuando ella se golpeó con el borde de la cama al tratar de esquivar a Jasper.
¿Theodore?, lo llamó con algo de duda.
No hubo respuesta.
Se inclinó un poco más y gritó con más fuerza: "¡Oye, Theodore!".
Tampoco contestó.
Ariana tragó saliva y caminó despacio hasta la orilla de la cama. Con mucho cuidado le tomó la mano y se la volvió a meter bajo la cobija, y como el otro ni se inmutó en todo el proceso, ella se tranquilizó un montón. Al parecer, seguía en un coma profundo.
Quizás Jasper, con lo borracho que andaba, nomás había alucinado.
La chica se sobó el pecho, soltando un suspiro de alivio.
El cuarto volvió a quedar en silencio, pero a ella el corazón todavía le latía a mil por hora. Por alguna extraña razón, le daba pavor que Theodore abriera los ojos de repente. Se sentó en la orilla de la cama y se le quedó viendo fijamente hasta que, un rato después, el cansancio la venció y se quedó dormida.
Al día siguiente, Ariana se despertó y se dio cuenta de que estaba acostada en el borde de la cama. Giró la cabeza rápido para ver a Theodore y, para su alivio, parecía no haberse movido ni un centímetro en toda la noche. Sintió como si se quitara un peso de encima.
Por fin descartaba la posibilidad de que Jasper de verdad hubiera visto a Theodore moverse anoche. Al parecer, el borracho solo estaba viendo visiones.
Ariana se fue al baño a lavarse y, mientras se cepillaba los dientes, sus ojos se toparon con una marca roja en su cuello que antes no estaba ahí. Parecía como si alguien la hubiera pellizcado con fuerza recientemente.
Al recordar el forcejeo con Jasper de la noche anterior, razonó que la marca era obra suya.
Un asco profundo le revolvió el estómago al pensar en ese traidor.
Ariana dejó el cepillo de dientes y regresó a la recámara. Se puso una blusa de cuello alto para taparse la marca.
Ya que estuvo lista, bajó las escaleras.
Apenas había llegado al último escalón cuando Jasper apareció de la nada y la jaló hacia un cuartito que estaba cerca.
¿Se despertó Theodore anoche?, le preguntó en voz baja al oído, con miedo de que alguien los escuchara.
A Ariana le dio un asco terrible nomás de verlo, así que dio dos pasos para atrás y le contestó sin expresión alguna: "No, no se despertó".
Qué bueno. Anoche tomé de más y creo que mis ojos me engañaron. Por un segundo juré que Theodore había abierto los ojos y me estaba mirando como si quisiera matarme. Menos mal que solo fue una ilusión.
Jasper respiró hondo, aliviado, y le dedicó esa sonrisa de siempre, la que antes a ella le encantaba, pero que ahora odiaba con toda su alma.
Ariana bajó la mirada para que él no viera el rencor en sus ojos.
El hombre, sin cachar la verdadera razón, pensó que estaba molesta por lo de anoche y se disculpó: "Perdón por lo de anoche, Aria. El vino se me subió; no quise ponerme rudo contigo".
La otra forzó una sonrisa. "No te preocupes; está bien".
Luego inventó cualquier pretexto para poder salirse de ahí lo más rápido posible.
Cuando llegó al comedor, vio que Darian ya estaba sentado en la mesa. Era un hombre muy serio que casi nunca sonreía, y cuando Ariana lo saludó, él apenas asintió con la cabeza, con su típica aura fría y distante.
En cambio, Sharon, la madrastra de Theodore, se portó superentusiasta. Como era la mamá de Jasper, seguro sabía de su plan, y esa era la única explicación lógica para que se portara tan exageradamente cálida y amigable.
Ariana se sintió incómoda durante todo el desayuno.
En cuanto terminaron de comer, Darian la llevó al hospital privado de la familia Anderson.
Jasper fue con ellos. Cuando estaban metiendo a Ariana al quirófano, él le lanzó una mirada cómplice.
La joven captó la indirecta.
Le sonrió para asegurarle que no había olvidado el plan, pero en cuanto se dio la vuelta, su sonrisa se borró y entró al quirófano con una cara de pocos amigos.
El miedo empezó a invadirla poco a poco en ese momento; sin embargo, cuando recordó a Jasper con su hermanastra y cómo la había traicionado, apretó los dientes y los puños. ¡Estaba decidida a cobrar venganza y a recuperar lo que por derecho le pertenecía!
La inseminación duró como una hora. Sacaron a Ariana en una silla de ruedas, pálida como el papel. El doctor se quitó el cubrebocas y le dijo a Darian: "Todo salió bien, señor Anderson. Ahora tenemos que esperar más o menos un mes para confirmar si tuvo éxito".
A Jasper se le ensombreció el rostro en cuanto escuchó eso.
En cambio, la cara normalmente fría de Darian se iluminó con una sonrisa; hasta un ciego se habría dado cuenta de lo contento que estaba con la noticia. Miró a Ariana con una expresión de satisfacción y luego le ordenó a uno de sus choferes que la llevara a ella y a Jasper de regreso a casa.
En el camino, este último tenía la cara roja de coraje, con varias venas marcadas en la frente y en las sienes, pero no dijo ni una sola palabra.
La chica ni se molestó en hablarle; se quedó viendo por la ventana, perdida en sus pensamientos.
En cuanto se bajaron del coche, Jasper explotó. La agarró del brazo y la jaló hacia el jardín para reclamarle.
¡Qué carajos, Ariana! Creí que habíamos quedado en que ibas a arruinar la operación. ¿Por qué no lo hiciste?, gruñó.
Para ella, no le debía ni una explicación a ese traidor; le daba asco. Se soltó de su mano de un tirón y espetó fríamente: "Cuida cómo me hablas, Jasper. ¡Ahora soy tu cuñada!".
Él se agarró la cabeza y dejó escapar una risa de puro coraje, dándole una patada al árbol que tenía cerca. "¿Qué acabas de decir? ¿Me estás jodiendo?".
A Ariana el corazón le dio un vuelco al verle los ojos inyectados en sangre. Se dio la vuelta para irse, pero Jasper la jaló de regreso.
¿Quién te dijo que te fueras? ¡Ni se te ocurra dejarme con la palabra en la boca! ¡No he terminado de hablar contigo!. Chispas de furia ardían en los ojos del hombre.
Ariana estaba entre asustada y harta. Trató de liberarse mientras lo fulminaba con la mirada. "¡Suéltame!".
¡Perra!. Jasper la agarró con las dos manos y se le acercó. "Esto no fue lo que acordamos. ¿Me quieres ver la cara de estúpido ahora que estás casada con Theodore? Para que lo sepas, no te vas a deshacer de mí. Y ni siquiera es seguro que quedes embarazada. Y aunque así fuera, ¡Theodore no va a poder protegerte ni a ti ni a ese pequeño bastardo!".
¡Ja! ¿Y tú cómo estás tan seguro de eso? Theodore sigue vivo, ¿o no?, se burló Ariana. "Pase lo que pase, sigo siendo tu cuñada. ¡Más te vale que te vayas haciendo a la idea!".
Ese comentario sacó de quicio a Jasper, que levantó la mano para darle una bofetada.
Pero antes de que pudiera hacerlo, una de las empleadas salió corriendo de la casa y gritó: "¡Señora! El señor Theodore Anderson acaba de despertar. ¡Quiere verla!".
Capítulo 3
Ariana y Jasper se quedaron pasmados al enterarse de que Theodore había despertado del coma.
La cara de Jasper se desfiguró de coraje y le apretó el brazo a Ariana, acusándola de tomarle el pelo. "¿Me mentiste? Lo que vi anoche no fue mi imaginación. Sabías que Theodore había despertado, ¿verdad? ¡Por eso andabas tan rara hoy!".
Ella ni se molestó en explicarle. Su expresión se convirtió en una mueca de burla mientras se soltaba de un jalón del agarre del hombre, dejándolo atrás para seguir a la sirvienta.
Jasper hervía de rabia, apretando los puños mientras la veía alejarse. De la pura frustración, le metió una patada a una maceta que estaba cerca y el sonido de la cerámica haciéndose pedazos retumbó en el jardín.
La enorme mansión de los Anderson era un laberinto de pasillos y cuartos, adornados con flores de todos los colores imaginables. Ariana recorrió el pasillo interminable, perdida en sus pensamientos y con el corazón en un puño. Finalmente llegó a la pequeña villa donde Theodore se recuperaba, escondida detrás del frondoso jardín.
El lugar era muy tranquilo y estaba bañado por la luz del sol, lo que contrastaba por completo con el desmadre que la chica traía en la cabeza.
No podía quitarse de encima la preocupación, sin saber si su esposo había despertado durante la noche o si había escuchado su plática con Jasper.
A Ariana se le aceleró el corazón solo de pensar en lo que pasaría si Theodore hubiera oído la conversación entre ella y Jasper.
Se puso pálida como el papel y sus ojos se llenaron de miedo.
Su cónyuge tenía fama de ser cruel y despiadado, con poder y conexiones por todos lados, incluso con la policía y la maña. Los que se atrevían a cruzarse en su camino seguido terminaban muy mal.
Señora, ya llegamos. La voz de la sirvienta la sacó de sus pensamientos.
Ariana respiró hondo para armarse de valor y entró lentamente. Justo en ese momento, Darian se apuró a su encuentro y ambos se saludaron con un gesto rápido.
Y en silencio, cruzaron la entrada de la villa.
Al acercarse, vieron a un grupo de doctores que rodeaban a Theodore en la cama gigante.
Después de revisarlo, el doctor principal suspiró y dijo: "Aunque el señor Theodore Anderson ya recuperó la consciencia, el accidente le dejó secuelas graves en el cuerpo, sobre todo en las piernas. El daño es demasiado grande; nunca volverá a caminar normal. La fisioterapia va a tardar mucho tiempo".
La incredulidad de Darian era obvia. "¿Quiere decir que está... que está discapacitado?".
Ariana frunció el ceño y, para su sorpresa, alcanzó a ver un destello de alivio en la cara de Darian.
Me temo que sí, admitió el doctor con mucho pesar.
Ya veo. Ya pueden irse. Con un movimiento de la muñeca, Darian despidió a los doctores y se volteó hacia su hijo, con una sonrisa extrañamente suave. "Descansa, Theodore. No te preocupes por nada más; yo voy a encontrar al mejor doctor para tratar tus piernas".
Luego, se giró hacia Ariana e indicó: "A partir de ahora, tendrás que hacerte cargo de él".
Ella casi puso los ojos en blanco. No pudo evitar pensar que la estaba poniendo de enfermera de su hijo.
Theodore estaba sentado, recargado en la cabecera, con una mirada de indiferencia tan fría que le helaba la sangre a cualquiera. Se veía distante, ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, con una expresión gélida.
Finalmente, levantó la vista y la clavó en su padre, preguntando con un tono que calaba los huesos: "¿Y esta quién es?".
Esa pregunta tan corta dejó a Ariana de una pieza, sin saber qué contestarle. El corazón le latía a mil por hora y su mente iba todavía más rápido.
No sabía ni cómo presentarse.
La idea de que su esposo pudiera terminar con ese matrimonio arreglado en cualquier momento la hizo temblar.
Tenía que seguir con su plan hasta el final o todo habría sido para nada.
Es tu esposa, Ariana Edwards, explicó Darian.
La expresión de Theodore se volvió aún más fría. "No recuerdo tener esposa. ¿De dónde sacaste a esta mentirosa?", cuestionó, y sus palabras chorreaban desprecio.
Fue un arreglo mío, respondió su padre en un tono inusualmente cortante. "Todo el mundo lo sabe".
Pero el otro no iba a dejarlo pasar así de fácil. "¡Pues me divorcio de ella!", escupió. No cualquiera puede ser mi esposa. Si quieres que alguien me cuide, ¡mejor contrata a una enfermera y ya!".
Las palabras quedaron flotando en el aire, congelando el ambiente que ya de por sí estaba tenso. A Darian le tembló la cara de rabia, pero se contuvo. "El divorcio es imposible", pronunció entre dientes.
Theodore lo miró con burla. "¿Y tú con qué derecho tomas decisiones por mí?".
La tensión en el cuarto se podía cortar con un cuchillo mientras Ariana permanecía de pie. Se sentía como una simple espectadora en la tormentosa relación entre padre e hijo.
La voz de Darian temblaba de furia cuando gruñó: "Ya estaba decidido. Ariana acaba de pasar por la inseminación artificial y existe la posibilidad de que esté esperando un hijo tuyo".
Los ojos de Theodore se clavaron de golpe en la joven, recorriéndola de arriba abajo como si fuera un simple objeto.
Pasó lo que pareció una eternidad antes de que él soltara una risita y le preguntara: "¿Y bien, qué prefieres, aborto quirúrgico o con pastillas?".