Capítulo 3

"Entonces, ¿recién te acuerdas de que tienes padres?", dijo casi a gritos Erick Harper, el padre de Corynn, con una mirada furiosa.

Su esposa, Shirley Harper, le lanzó una mirada reproche y se acercó a su hija. "Corynn", dijo agarrando su mano. "Me alegra tenerte de vuelta. Entra y siéntate".

Sus padres estaban enterados de las noticias sobre Elliot, por lo que sabían muy bien que él se casaría pronto.

Erick echó un vistazo a su devastada hija y se enojó aún más: "Yo te dije muchas veces que no te involucraras con ese hombre, ¡pero tú nunca me escuchaste! ¿Ahora estás feliz?".

"¿Qué dices, Erick? ¿No ves lo alterada que está?".

"¿Tienes idea de lo que dice la gente sobre nuestra familia? ¡Nos llaman ilusos y desvergonzados por pensar que algún día convertiríamos parte de la prominente familia Andrews!".

Por supuesto, Shirley lo sabía, pero no entendía por qué se debía culpar a Corynn de todo.

"Ahora entiendo lo equivocada que estaba", murmuró esta última y bajó la cabeza, arrepintiéndose de su comportamiento pasado.

Erick resopló y bufó. Quería decir algo más, pero su celular empezó a sonar.

"¿Qué dijiste?", exclamó en cuanto atendió la llamada. De un salto, se puso de pie con el rostro marcado de preocupación.

"¿Qué pasó?". Tanto Shirley como Corynn lo miraron ansiosamente.

"Algo va mal en la empresa", explicó Erick una vez que terminó la llamada. "La familia Mason incumplió el contrato y se retiró del proyecto antes de que terminara".

Esas colaboraciones solían requerir muchos contratos para garantizar un buen funcionamiento. En este caso, la familia Mason debería pagar una multa. No parecía haber ningún problema, pero la empresa de Erick había utilizado todos los fondos restantes para comprar los materiales para el proyecto. Si fracasaba, esos materiales se desperdiciarían y la empresa jamás recuperaría su dinero.

"¿Qué hacemos?", preguntó Shirley ansiosamente. "¿No saben que deberían pagar una multa para retirarse?".

"Claro que sí. Pero lo que van a pagar no son nada en comparación con las pérdidas en las que nosotros incurriremos. Necesito reunirme con la familia Mason para que conversemos".

Si Erick no lograba convencerlos para que siguieran en el proyecto, no tendría más remedio que declararse en quiebra.

Corynn observó cómo su padre realizar varias llamadas. Tras escuchar sus humildes súplicas y suspiros de resignación, se dio cuenta de que la familia Mason no iba a cambiar su opinión.

Shirley agarró la mano de su hija mientras esperaban el veredicto. "¿Cómo fue todo?", preguntó después de casi una hora de que su esposo caminara de un lado a otro.

Derrotado, él simplemente sacudió la cabeza.

Un pesado silencio cayó sobre la habitación, roto solo por los sollozos de Shirley. Pero incluso entonces no dejaba de consolar a su hija: "No te preocupes, Corynn. Saldremos juntos de esto".

Corynn asintió, pues no quería cargar más a sus padres con sus problemas.

Más tarde esa noche, salió de la casa.

Le había enviado un mensaje a Elliot, pero como él no respondió, decidió ir a buscarlo.

Durante horas, esperó en la Villa Lark, pero no había señales de él.

Ya era tarde cuando se dio cuenta de que debía estar con su prometida. Por supuesto, ¿qué razón tendría para regresar aquí?

Ya estaba en la puerta para irse cuando esta se abrió desde afuera.

"¿Por qué sigues aquí?", fue lo primero que Elliot le dijo.

Sus palabras fueron como dagas apuñalando el corazón de Corynn. ¿Tanto no quería verla?

"Tengo que hablar contigo".

"El cheque y la escritura de propiedad para ti están sobre la mesa. Puedes llevártelos si has cambiado de opinión". Tras decir esto, Elliot pasó junto a ella con una expresión indiferente, Corynn esbozó una sonrisa forzada: "No vine por dinero".

"Entonces, ¿qué te trae por aquí?".

"La empresa de mi familia está teniendo problemas, así que necesito que me ayudes a convencer a la familia Mason de que no se retiren del contrato, al menos hasta que el proyecto esté terminado".

"No puedo interferir en eso. Los Mason están siendo respaldados por Jeremy, el padre de Amanda", dijo como si dictara una sentencia.

Corynn jadeó profundamente. Jeremy Willis, el futuro suegro de Elliot. Ahora todo tenía sentido. No le extrañaba que él se negara a ayudarla. La familia de su prometida quería destruirla, y él simplemente estaba observando desde un lado.

No podía creerlo.

"Por lo tanto, en lugar de esperar a que tu familia quiebre, te sugiero que aceptes el dinero y las propiedades que te ofrezco y los utilices para mantener a tus padres, Corynn".

Pero ella no podía creer lo que estaba escuchando. Como si lo estuviera viendo por primera vez, parpadeó hacia Elliot. Fue entonces cuando entendió que nunca lo había conocido.

"Lo supiste desde el principio, ¿no?", susurró curvando los labios en una sonrisa amarga.

Durante tres años, pensó que ocupaba un lugar especial en su corazón, por muy pequeño que fuera. Pero ahora la dura realidad de su posición le estaba dando una bofetada.

"Mira, Corynn, no deberías involucrarte en eso. Sigue mi consejo, acepta la compensación y vete".

A pesar de que la pasión encendía las sábanas toda la noche, cuando salían de la cama, Elliot era tan frío e insensible hacia ella como siempre.

Corynn retrocedió unos pasos instintivamente. Solo entonces comprendió realmente qué significaba que le rompieran el corazón.

¿Por qué había creído que podría suavizar un corazón que nunca había existido?

"¿Y si estoy embarazada?", preguntó mientras su voz temblaba. "¿Seguirás negándote a ayudarme?".

"Creo que ayer te lo dejé claro, no quiero un hijo ilegítimo". Al principio, Elliot habló con paciencia, pero luego hizo una pausa y entrecerró los ojos: "¿Estás embarazada?".

Corynn hizo una mueca burlona: "Si siempre te aseguraste de que tomara las pastillas, ¿cómo podría quedar embarazada?".

Estaba bastante desilusionada. Nunca debería haberle entregado su corazón a Elliot.

"Si no puedes ayudarme, me voy ahora mismo. Buena suerte con tu futura boda. Espero que... que seas feliz para siempre".

Corynn nunca había sido una persona rencorosa, por lo que no imaginó que llegaría un día en el que le costaría tanto darle sus buenos deseos a alguien.

Las palabras casi se le atascaron en la garganta, pero reprimió sus quejas y se repitió que debía superar el dolor.

"Yo también te deseo lo mejor", respondió él con tranquilidad.

Corynn abrió la puerta, pero antes de salir, murmuró suavemente: "Si pudiera regresar al pasado, no volvería a amarte, Elliot".

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