Capítulo 2
El reloj marcaba las 6:30 de la mañana cuando Isabela se sentó en el borde de su pequeña cama, contemplando el traje gris que había colgado en la puerta del armario la noche anterior. Era todo lo que podía permitirse después de semanas de ahorro, pero esperaba que fuera suficiente para dar una buena impresión.
Miró el espejo con una mezcla de nervios y determinación. Este era su primer día en Cain Enterprises, una oportunidad que había llegado en el momento más inesperado. Después de perderlo todo, había aprendido a sobrevivir, pero este empleo representaba algo más: la posibilidad de reconstruir su vida.
"Es solo un trabajo", se recordó mientras ajustaba el cuello de su blusa blanca. Sin embargo, sabía que era más que eso.
A las 8:00 en punto, Isabela cruzó las puertas de cristal del edificio más imponente de la ciudad. Cain Enterprises no solo era una corporación; era un símbolo de poder. La perfección del mármol blanco del vestíbulo, los ascensores dorados que subían sin cesar, y el flujo constante de personas con trajes impecables, todo parecía diseñado para intimidar.
Se acercó al mostrador de recepción, donde una mujer rubia, con una sonrisa profesional, la recibió.
-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
-Buenos días. Soy Isabela Valtieri. Hoy comienzo como secretaria del señor Cain.
La recepcionista asintió, tecleando rápidamente en su computadora.
-Ah, sí, aquí está. Alguien del equipo de Recursos Humanos vendrá por usted en un momento.
Mientras esperaba, Isabela observó a su alrededor. Todo era un espectáculo de eficiencia. Hombres y mujeres caminaban con paso decidido, sujetando tabletas y carpetas, sin perder un segundo. Se sintió pequeña, insignificante, como si estuviera fuera de lugar.
"Concéntrate", se dijo a sí misma, apretando los dedos alrededor de su bolso.
A los pocos minutos, una mujer de mediana edad con gafas y un traje beige apareció frente a ella.
-Señorita Valtieri, soy Laura, del departamento de Recursos Humanos. Bienvenida a Cain Enterprises. Por favor, sígame.
Isabela siguió a Laura a través del vestíbulo y hacia un ascensor privado. Laura presionó un botón que llevaba a uno de los pisos más altos del edificio.
-El señor Cain es un hombre muy ocupado, pero espera profesionalismo y eficiencia de todos sus empleados. Su puesto es de gran importancia, ya que estará asistiendo directamente al CEO.
-Lo entiendo -respondió Isabela, aunque la idea de trabajar tan cerca de un hombre tan poderoso la hacía sentir aún más nerviosa.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Isabela se encontró en un pasillo que parecía sacado de una revista de diseño. Las paredes de vidrio ofrecían vistas espectaculares de la ciudad, y el ambiente estaba impregnado de un silencio solemne.
Laura la guió a una pequeña oficina situada justo fuera del despacho principal de Alexander Cain.
-Esta será su estación de trabajo. Sus tareas principales serán manejar la agenda del señor Cain, coordinar reuniones, y asegurarse de que todo esté en orden.
Isabela asintió, absorbiendo cada palabra. Laura le entregó un paquete con documentos y un manual para empleados.
-Más tarde, tendrá una breve reunión con el señor Cain. Es importante que siempre esté preparada. Ahora, si me disculpa, debo atender otros asuntos.
Isabela se quedó sola, rodeada de muebles modernos y un ordenador último modelo que parecía demasiado sofisticado para sus habilidades básicas. Respiró hondo y encendió el equipo, intentando familiarizarse con los sistemas mientras luchaba contra los nervios.
Poco después del mediodía, recibió una llamada interna.
-Señorita Valtieri, el señor Cain está listo para verla.
El estómago de Isabela dio un vuelco. Se alisó la falda con las manos sudorosas y se dirigió al despacho principal.
La puerta se abrió automáticamente al tocar, revelando una oficina que era tanto un símbolo de poder como una declaración de autoridad. Las ventanas de piso a techo ofrecían una vista inigualable de la ciudad, y el escritorio de madera oscura estaba impecablemente organizado.
Detrás de ese escritorio estaba Alexander Cain.
Isabela había visto su rostro en periódicos y revistas, pero verlo en persona era una experiencia completamente diferente. Alto, con el cabello oscuro perfectamente peinado y una presencia que llenaba la habitación, Alexander levantó la vista de un documento cuando ella entró.
-Señorita Valtieri -dijo, su voz baja pero cargada de autoridad-. Tome asiento.
Isabela obedeció, sentándose en la silla frente a él. Sus ojos se encontraron por un breve instante, y ella sintió como si él estuviera leyendo cada pensamiento que pasaba por su mente.
-Entiendo que este es su primer día aquí -continuó Alexander, entrelazando los dedos sobre el escritorio-. Quiero ser claro desde el principio: espero excelencia de todos mis empleados, y especialmente de aquellos que trabajan directamente conmigo.
-Lo entiendo, señor -respondió Isabela, tratando de mantener la voz firme.
Alexander inclinó la cabeza ligeramente, evaluándola.
-Este puesto requiere discreción absoluta y una capacidad de respuesta inmediata. Si tiene dudas o necesita algo, hable con mi asistente personal, Evelyn. ¿Está claro?
-Sí, señor.
Hubo un breve silencio en el que Alexander pareció estudiarla detenidamente. Isabela sintió que su corazón latía con fuerza, pero se obligó a mantener la compostura.
Finalmente, Alexander asintió.
-Eso será todo por ahora. Puede retirarse.
Isabela se levantó rápidamente, murmurando un "gracias" antes de salir de la oficina.
La tarde transcurrió en un torbellino de tareas administrativas. Isabela revisó correos, organizó la agenda de Alexander y tomó notas sobre las políticas de la empresa. Aunque intentaba concentrarse, no podía sacudirse la sensación de que estaba siendo observada.
Mientras organizaba unos documentos, un hombre alto y de aspecto relajado se acercó a su escritorio.
-Así que tú eres la nueva secretaria del jefe -dijo con una sonrisa.
Isabela levantó la vista, sorprendida. El hombre vestía un traje gris oscuro y tenía una actitud amigable que contrastaba con la formalidad del lugar.
-Soy Adrian Bennett, jefe del departamento de relaciones públicas.
-Isabela Valtieri -respondió ella, estrechando su mano.
Adrian sonrió.
-¿Primer día? Déjame adivinar: ya te sientes como si estuvieras trabajando para un general del ejército.
Isabela no pudo evitar reír.
-Algo así.
-Bueno, si necesitas consejos para sobrevivir aquí, ven a buscarme. -Le guiñó un ojo antes de alejarse, dejando a Isabela con una sensación de alivio.
Al final del día, cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los rascacielos, Isabela apagó su ordenador y recogió sus cosas. Mientras esperaba el ascensor, no pudo evitar mirar hacia el despacho de Alexander.
"¿Qué escondes, Alexander Cain?" pensó.
Era solo el comienzo, pero en su interior sabía que este trabajo sería algo más que una simple oportunidad. Sería el comienzo de una verdad que cambiaría su vida para siempre.
Capítulo 3
El sol apenas despuntaba cuando Isabela se despertó, todavía fatigada por la tensión de su primer día. Mientras se preparaba para su segundo, una pregunta persistente se alojaba en su mente: ¿Por qué había sentido que Alexander Cain la observaba con tanta intensidad?
El día anterior había sido una mezcla de nervios y sorpresas, pero una cosa era clara: trabajar para Alexander Cain no sería sencillo. Se obligó a sacudirse esos pensamientos. Había sobrevivido al primer día, y lo haría nuevamente.
Al llegar al edificio de Cain Enterprises, la atmósfera era tan imponente como siempre. Los empleados caminaban apresuradamente, y el aire estaba cargado con la energía de un nuevo día laboral. Mientras avanzaba hacia su escritorio, un sobresalto la detuvo: alguien había dejado una taza de café y un pequeño post-it.
"Bienvenida. Buena suerte hoy."
La firma en el mensaje era un simple A.
"¿Adrian?", pensó, recordando al hombre de relaciones públicas que había conocido el día anterior. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro antes de guardar el post-it en su bolso. Era un gesto amable en un lugar tan frío como este.
El trabajo se acumulaba rápidamente. Isabela pasó la mañana ajustando la agenda de Alexander, revisando correos electrónicos y asegurándose de que todo estuviera listo para una importante reunión con inversionistas. La mayoría de los empleados que se cruzaban con ella apenas le dedicaban una mirada, pero sentía que siempre había alguien observándola, desde las sombras.
La sensación se intensificó cuando Alexander apareció de repente, saliendo de su despacho sin previo aviso.
-Señorita Valtieri, necesito los documentos para la presentación de esta tarde. ¿Están listos?
Isabela asintió rápidamente.
-Sí, señor. Los tengo aquí.
Le entregó la carpeta con manos temblorosas, esperando que todo estuviera en orden. Alexander tomó los documentos y los revisó con la misma precisión que ella esperaba.
-Parece que todo está en orden. -Su mirada se levantó un momento, y sus ojos grises se clavaron en los de Isabela-. Buen trabajo.
Esas dos palabras fueron suficientes para sorprenderla. Era la primera vez que Alexander decía algo positivo sobre su desempeño.
-Gracias, señor.
-No lo arruine. -Con esa última advertencia, Alexander volvió a su despacho.
Poco después, mientras Isabela organizaba unos archivos, Adrian apareció de nuevo.
-¿Cómo va el segundo día? -preguntó, apoyándose en su escritorio con su típica actitud relajada.
-Un poco más intenso de lo que esperaba -respondió ella, sin dejar de escribir en su cuaderno.
Adrian soltó una risa.
-Eso suena como el jefe. Pero no te preocupes, si has sobrevivido hasta ahora, vas por buen camino.
Isabela levantó la mirada, con una ceja levantada.
-¿Siempre es así de... exigente?
Adrian asintió.
-Sí, pero hay algo más en él. Es como si siempre estuviera evaluando a las personas, buscando algo en ellas.
-¿Buscando qué? -preguntó Isabela, sin poder ocultar su curiosidad.
-Quién sabe. Tal vez solo busca saber si eres lo suficientemente fuerte para estar aquí.
Antes de que Isabela pudiera responder, Adrian se enderezó y le guiñó un ojo.
-Suerte, novata.
Al mediodía, Alexander llamó a Isabela a su despacho para revisar algunos puntos clave de la reunión. Mientras ella tomaba notas, el ambiente era extraño. Había algo en la forma en que Alexander la observaba, una mezcla de sospecha y algo más que no podía identificar.
-Señorita Valtieri, ¿ha trabajado antes en una empresa de esta magnitud? -preguntó de repente, interrumpiendo su concentración.
-No, señor. Este es mi primer empleo en una compañía grande.
-¿Y qué la hizo postular aquí?
La pregunta la tomó desprevenida. No era común que un CEO se interesara por los motivos de sus empleados de nivel básico.
-La reputación de Cain Enterprises, señor. Quiero aprender de los mejores.
Alexander asintió, pero sus ojos no mostraban ninguna emoción. Era como si estuviera buscando algo más allá de su respuesta.
-Espero que así sea.
La reunión terminó poco después, pero las palabras de Alexander quedaron grabadas en su mente.
Esa tarde, mientras organizaba más documentos, Isabela volvió a encontrar algo peculiar. Un archivo etiquetado con el nombre de su familia apareció en la lista de documentos históricos de la compañía.
Su corazón se detuvo un momento.
"¿Qué hace esto aquí?", pensó, abriendo el archivo con manos temblorosas.
Eran notas sobre adquisiciones y estrategias empresariales, todas relacionadas con la caída de la empresa de su padre. Aunque los detalles eran escasos, el simple hecho de que Cain Enterprises estuviera involucrada la dejó helada.
Antes de que pudiera procesar lo que había leído, una voz detrás de ella la sacó de su ensimismamiento.
-¿Todo bien?
Isabela cerró el archivo rápidamente y giró en su silla para encontrarse con Dominic, el jefe de seguridad de la empresa. Su presencia era intimidante, con una postura firme y una expresión imperturbable.
-Sí, claro. Solo organizando algunos archivos -respondió, tratando de sonar tranquila.
Dominic asintió lentamente, pero sus ojos permanecieron fijos en ella por unos segundos más de lo necesario antes de marcharse.
Cuando llegó la hora de salir, Isabela estaba exhausta, pero no podía sacarse de la cabeza lo que había descubierto. Mientras caminaba hacia el ascensor, su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido:
"Ten cuidado con lo que buscas."
El miedo recorrió su cuerpo. Miró a su alrededor, pero todos los empleados parecían concentrados en lo suyo. Guardó el teléfono rápidamente y salió del edificio.
Mientras caminaba hacia su apartamento, no podía dejar de sentir que algo se estaba gestando en las sombras, algo que tenía que ver con su pasado.
"¿Por qué siento que todo esto es una trampa?", pensó, con el peso de una verdad oculta aplastando su pecho.
En algún lugar de la ciudad, Alexander Cain observaba el informe de Dominic sobre los movimientos de Isabela. Sus labios formaron una línea dura mientras cerraba el documento.
-Dos días, y ya estás tocando puertas que no deberías abrir.
La intriga apenas comenzaba.