Capítulo 2
¡He perdido!
Son las tres de la mañana, llevo horas ganando dinero y al final consigue que lo pierda todo, es un experto y yo una ilusa.
—Lo tenías apañado —le acuso furiosa.
Doy vueltas en círculos por su habitación de juegos y estoy descalza y furiosa. A medida que la noche avanzaba me sentí más cómoda con él, terminé sin zapatos y Alessandro —así se llama— sin corbata ni saco.
—Soy un gran jugador, querida —da un sorbo a su copa sin dejar de mirarme.
—No lo has negado. Maldito canalla.
Sonríe dentro del cristal de su bebida y le doy la espalda molesta por su descaro, y también perdida en la forma en que sus labios húmedos de congac hacen un inocente pero pecaminoso puchero.
—Quiero verte esta noche de nuevo.
Me toma por sorpresa la seriedad con que me habla. Me observa severo y se acaba la copa de un tirón, da un golpe seco sobre la madera del bar donde la deja y camina hasta mí con actitud salvaje. Retrocedo impresionada.
—Tengo que decirte...
—No voy a aceptar excusas —me interrumpe.
No sé lo que me pasó antes. Ciertamente asumo que su magnetismo me haya obnubilado, o que la zona idiota de mi cabeza haya hecho maratón pero el resultado es el mismo: nunca debí aceptar una apuesta que no podré cumplir.
No vivo en su ciudad. No puedo volver cada vez que él quiera verme y tampoco puedo renunciar al dinero. Lo necesito para esta misma noche y he perdido mi oportunidad de ganarlo aquí, justamente por estar jugando con él a un absurdo juego que antes de empezar ya tenía perdido, no debí sobrestimarme tanto.
Recibo un mensaje de Lyla para irnos. Le había dicho que estaba jugando en una sala privada, ella dejó que el tiempo pasara y ahora está aquí, llamándome.
—¡Escucha...!—reclama y luego maldice —¡Joder! —gruñe frustrado —. Espera un segundo, tengo que atender algo.
Cuando sale de la habitación tomo mis cosas y el dinero que no puedo dejar atrás y me largo. Solamente me llevo los quince mil que debo darle a mi tía, es una medida desesperada pero los otos cinco mil se los dejo como prueba de que poco a poco iré saldando mi deuda con él.
Era un dinero que me dió por participar en algo en lo que no podré cumplir, así que solo veo la posibilidad de tomarlo prestado y poco a poco iré enviando aquí mismo los cheques para ir cancelando el préstamo que le he obligado a darme. De cierta forma ha sido así.
Tomo las escaleras porque el maldito ascensor no va a abrirme sin la llave que él usó y tampoco tengo tiempo de esperarlo. Bajo corriendo un montón de pisos y en el camino llamo a mi amiga.
—¿Dónde estás?¡Tengo que salir de aquí, ya! —me explica ella con cierta turbación. Es exactamente la frase que tenía preparada para ella. Menuda sincronización.
—Estoy llegando, espérame en el coche y arrancado por favor.
Mi desesperación se mezcla con la suya y sigo bajando sin parar. Nadie me sigue así que asumo que no se ha dado cuenta de mi huída y cuando finalmente casi sin poder respirar llego al lobby, mis ojos ven de lejos a Jerry...¿Qué hace aquí?
Madre mía.
¿Me habrá seguido?
Decido ignorar todo y salgo corriendo de allí antes de que pueda verme y todo se complique todavía más. He dejado atrás el Casino Royal de Alessandro... como se llame, y me marcho como una delincuente. Ya buscaré la manera de devolver el dinero.
—¿Me quieres decir de qué huías tú?
Cuestiono a Lyla que permanece sentada frente a mí en el interior del avión. Hemos despegado y me siento a salvo del guapo hechicero con el que pasé la noche jugando al póquer.
—He conocido al hombre de mi vida —confiesa suspirando.
Me mira por encima de los dedos de sus dos manos que ha llevado a cubrir su rostro en un gesto tan infantil como dulce.
—Y huías de él, ¿ porque...? —la incito a hablar con un ademán de mi mano.
—Tía, es un badboy, nunca podría tener una historia con él pero es el hombre de mi vida. Perfecto para mí, lo único que le pediría a Dios. Sin embargo es uno de los mayores enemigos de mi hermano.
Cierto. Ella buscaba a su hermano pero la noche ha sido tan veloz e intensa que no hemos podido ni vernos. Menudo capítulo para mis memorias.
—Pero sigo sin entender por qué huías.
—Follamos en un reservado y se quedó tan alucinado que quería más, pero cuando llamó a mi hermano mientras yo me tomaba una copa, salí huyendo. Si Ale me ve allí me mata. Y menos con él.
—Bueno, mira —mascullo más para mí que para ella —, al final las dos salimos huyendo.
El resto del viaje lo paso pensando en él. En cómo se habrá sentido cuando descubrió que me fuí y me llevé una parte de su dinero. No puedo dejar de pensar en sus labios, la manera tan comedida en que se mordisqueaba las comisuras y la chispa que habita en sus ojos extremadamente azules. ¡Dios, es un hombre precioso!
Ni Lyla dice nada más ni yo le cuento de mi situación. Simplemente decido engavetar esta noche y seguir con mi vida.
(...)
Han pasado dos días desde lo de Montecarlo y no sé si sentirme tranquila porque Alessandro no haya dado conmigo, o dolida por su falta de interés.
De alguna manera quería volver a verlo, y explicarle lo que no tuve tiempo o no pude debido a su interrupción. Sin embargo por otro lado no sería muy conveniente, me metería en problemas y él pensaría que soy una cazafortunas o una estafadora. Como mínimo, una mujer sin palabra.
—Esta noche necesito que me acompañes a una fiesta —brama Lyla tirando su mochila sobre la barra de la cafetería en la que trabajo.
Trabajar aquí es lo que sostiene mi casa. Cuando no tengo clases, cubro turnos que paguen las cuentas del cochambroso sitio en el que vivo.
—No estoy de humor para eso, nena.
Me pone cara de cachorro mientras yo intento seguir con mi ajetreado día y entre eso y que le debo mil favores, no consigo sostener mi negativa. Soltando una larga inspiración claudico y por mi expresión capta mi rendición.
—Por favor. Necesito verle —junta las manos como rezando.
Mi jefe me mira desde la cocina y le sirvo un café a ella, para que no me regañen por estar de cháchara.
—¿A quién? —pregunto tomando el pedido del siguiente cliente.
—A él —murmura ella endulzando su café —. Me encontró, Bethany. Anoche me llamó y fue tan excitante que le prometí verlo. Tiene una fiesta de negocios y me ha invitado, por favor ve conmigo. No quiero ir sola.
—¿Me estás pidiendo que sea una especie de...carabina?
Tomo el siguiente pedido en modo automático y sopeso mis posibilidades de escapar de la capacidad que tiene Lyla para conseguir lo que se propone.
—¡Vale! —consiento suspirando —. Pero si veo que estás a gusto y a salvo, me largo. Mañana tengo clases temprano.
—Gracias, tía, eres la mejor.
Y sí, lo soy.
Luego de darle la cena a mi madre y cambiar su ropa de cama para acostarla, me visto con un ceñido vestido verde, escotado en forma de uve pero con mangas cortas sobre los hombros, y la espalda descubierta. Largo hasta encima de los muslos y tacones negros. Solo llevo el dni y el móvil dentro del monedero de noche. Poco más que las bragas.
Mi tía está bastante tranquila teniendo en cuenta que su cuenta de adeudo vuelve a estar en blanco y en estos momentos no me está molestando para nada.
Jerry hace esos mismos dos días que no me contacta y puedo respirar con tranquilidad.
—Por fin —refunfuña la pelirroja cuando llego —. Vamos sube que llego tarde. Estoy tan nerviosa,tía.
Siempre que salimos le pido que me recoja unas calles más abajo para que mi tía no la vea y empiece a atar cabos.
—Lo que estás es loca. ¿Sabe tu madre que estás yendo a verte con un desconocido?
Niega y me sorprende. La madre de Lyla es maravillosa, siempre dulce y atenta cuando hablamos por teléfono y tener a su hija en otro país en un curso de intercambio la asusta, aunque le da cierta libertad, confía en ella. Pero si supiera lo que está haciendo, confiaría menos.
—Te dije que es un enemigo de mi hermano. Mi madre vendría aquí, si lo supiera. Me sacarían de las clases.
—Nunca me has presentado a tu hermano —analizo en voz alta mientras el chófer conduce.
—Tiene treinta y seis años, es un estirado y muy estricto, no te caería bien y además, no le gusta que le presente a mis amigas. Es super pijo.
¡Uff! Suena a un tío un poco imbécil.
Ya no quiero conocerlo. De todos modos cuando ella se marche no creo que nos podamos volver a ver.
—Oye, pero tengo otro hermano, Logan, ese sí que te encantará —farfulla con alegría.
Me consta que está muy ligada a su hermano mayor, hablan todos los días pero es tal vez como una figura paterna para ella. Puede que por eso le vea más serio que a Logan.
Entre unas cosas y otras llegamos a la casa de la fiesta.
Hay una cantidad impresionante de luces cegadoras por todo el impactante jardín. Es una mansión enorme y muchísima gente elegante está en ella, bebiendo y charlando, prácticamente nadie baila y la mayoría de los hombres parecen hacer negocios con exuberantes mujeres colgando de sus brazos. Un poco pijo todo.
—Parece que estoy en una de las fiestas de mi hermano —se queja Lyla.
—Yo creo que mejor me voy.
—No tía, coño. Prometiste quedarte...
¡Hostias!
De pronto lo veo...es Jerry, está aquí. Maldita sea.
¿Por qué aparece en todos los sitios a los que voy de pronto?
Me agacho y ella hace lo mismo que yo, caminamos juntas hasta detrás de algún arbusto que nos cobija y le digo...
—El prestamista de mi tía está aquí, tengo que irme.
—Joder, que mala suerte. Mi hermano también está aquí, también me voy pero antes tengo que verle a él, decirle que me voy. Que nos veamos en otro sitio más privado.
Nos miramos asombradas. Su hermano vive en Montecarlo. Es evidente que no se refiere a Logan, sino no se escondería. Está claro que es el otro el que está aquí, no sabemos por qué.
—Te espero en el coche. No te demores.
—Sí —responde y saca su móvil supongo que para llamar a su misterioso enamorado —. Ahora voy, dame un segundo.
Me aparto de ella y comienzo mi huida, no pretendo que se me multipliquen los problemas y entre ellos estaría explicar cómo estoy en una fiesta como esta, un lugar al que no pertenezco.
Sorteo algunos adoquines y cuando veo el coche siento que estoy a salvo, unos pasos más y estaré dentro de la protección necesaria para que no me vea.
Entonces sucede...
En una noche casual se cruzan los caminos de un Duque libertino y una chica en apuros.
—¿Dónde vas tan apurada, preciosa?
Una mano me toma de la muñeca y su voz se cuela por mi sistema cuando me habla al oído. Es él, Alessandro. ¿ Qué está haciendo aquí?
—¿Huyes de mí o es que te aburrías allá adentro? ¿ No te van las fiestas de negocios? Claro..., tú eres más de apuestas falsas.
Me doy la vuelta en un temblor. No sé que decir ni como reaccionar. Entre su voz que me pone de rodillas, los cabellos canosos que tanto me seducen y el miedo a la situación de la que no sé como podré escapar, estoy echa un flan en sus manos que me atrapan de la cintura y me pegan a su fibroso cuerpo.
¡Dios, este hombre es una bomba sensual!
—Puedo explicártelo —finalmente reacciono y hablo.
—No tengo dudas de que lo harás —asiente abstraído mirando mis labios que tiemblan ante sus ojos —¿ Estás nerviosa?
Me aferro a las solapas de su saco para no caer al suelo. Es muy intensa y roza el peligro la forma en que me estudia el rostro.
—¿Debería estarlo? —cuestiono cuando se acerca y me tropieza la nariz con la suya.
—Probablemente...sí.
—No sé que decir a eso —murmuro. Está demasiado cerca y me siento mareada con su olor y su poderío.
Sus manos caminan otra vez, justo como aquella noche por mi espalda desnuda y me estremezco. Le deseo. No puedo evitarlo.
—Quiero muchísimo morderte la boca —gruñe luciendo enfadado —¿A eso sabes que decir?
¡Oh, por el amor de Dios!
—Me temo que no —contesto sincera.
—Entonces tenemos mucho de que hablar esta noche...cuando averigües que responder a todo lo que tengo que preguntarte, empezaremos el juego otra vez.
—¿En esta ocasión también estaré perdida antes de empezar? —cuestiono nadando en el azul de sus ojos.
—¡Completamente perdida, Bethany!
Y entonces me besa...
Capítulo 3
—Estaba deseando hacer esto desde que puse los malditos ojos en tí —murmura en mis labios y vuelve a besarme —. Desde que me golpeó tu esencia en las narices. ¡ Dios, como me pones!
Intento rechazarlo. Le empujo como puedo, lucho contra su fuerza y trato de cerrar mis labios pero el sabor de los suyos me puede, me domina, me seduce y claudico. Cuando abro la boca le siento entrar y no puedo parar. Mi lengua se abraza a la suya y un gemido escapa entre su boca y la mía. Sabía que debía impedirlo pero no pude. No puedo.
No puedo negarme... es que ni siquiera quiero. Es adictivo. Delicioso. Enloquecedor. Me dejo ir del todo y doy riendas sueltas a la pasión que me golpea con fuerza...es tremenda su manera de besarme. Me reclama completamente. Hace que sienta que tiene todo el derecho a hacerlo y me confunde. Me entrego. Me obliga a hacerlo con sagaz dominio.
Hundo mis dedos en su pelo mientras él me aprieta las nalgas y me empuja con su cuerpo contra un coche. No sé de quien, no importa en absoluto de quién demonios sea. Chocamos entre jadeos y el rebote hace que nuestros pechos se fundan. Mis pezones se vuelven tiesos contra su torso duro y gime al contacto. Yo rujo en su boca. Me muerde. Le succiono.
¡Dios, esto es sublime!
Este hombre es un extraño. Alguien a quien le debo mucha pasta pero no consigo dejar de besar. Gimo por enésima vez yo, en sus labios. Luego él en los míos. Muerde con fuerza y volvemos a empezar.
Meto con más violencia los dedos en su pelo, tiro y luego jadeo cuando acaricia mis muslos por los lados de mis caderas subiendo, caminando arriba y abajo. Sus manos son como una seda que provoca ardor en mi piel, es como si quemara y estuviésemos a punto de explotar en llamas. Le deseo muchísimo.
《Tenemos que parar》
Pienso en un instante de lucidez.
《No quiero parar》
《No puedo parar》
—¡Para! —le pido finalmente en medio de un escandaloso jadeo.
Un gruñido precede otro montón de besos más y siento que me ahogo en su boca, es muy poderoso y me domina completamente.
No puedo ni imaginar lo que sería tenerlo dentro de mí. A qué velocidad me tomaría. Dios, acabaría conmigo. Lo puedo sentir. Arrancaría mi ropa. Bebería en mi piel con desesperación y...ufff.
—¡Detente! —suplico una segunda vez pero vuelvo a su boca y entonces él sigue mi propio ritmo.
—Detenme tú —implora.
—Tenemos que parar —pluralizo mi teoría pero la práctica nunca llega.
—Átame, si quieres que no te posea. Porque te juro que buscaré todas las maneras posibles para hacerte mía. Te deseo y te deseo, ya.
Es ahí cuando lo entiendo: quiere que me convierta en su amante y me ha hecho perder ese dinero para que no tenga escapatoria. Me ha convertido en una prostituta.
—¡Basta! —le empujo con rabia.
Se queda mirándome un poco confuso. No sé como pueden esos ojos ser más cínicos.
—¿Qué demonios te pasa? —reclama arrugando el ceño.
—Me has visto necesitada y quieres que me vuelva tu zorra...eso me pasa —espeto.
Intento poco a poco recuperar el correcto ritmo respiratorio y a pesar del insultante momento que vivo, consigo ralentizar mi corazón.
—No tengo idea de por quién me has tomado pero te aseguro, como que me llamo Alessandro DiLucca —parece ofendido y coloca las palabras frente a mí con fuerza y puños apretados —, que jamás haría algo así. Soy un caballero.
Esto es la hostia.
El tío me devora como un animal salvaje y se titula: caballero. Esa forma de arrasar con mi cuerpo no pertenece a un caballero. Por favor, si parecía un depredador experto y yo estaba más que entregada a su control.
—Escucha...voy a devolverte ese dinero, lo prometo.
—Por supuesto que lo harás —afirma alzando una ceja.
—No tienes que preocuparte...
—¿Te parece que estoy preocupado? —me interrumpe nuevamente y no sé lo que me parece. Ciertamente.
Veo a lo lejos como Lyla se acerca corriendo hasta mí y de pronto cuando estoy a punto de gritarle que me de el dinero de este hombre para irme y nunca volver a acercarme a él, ella se esconde detrás de un Lexus negro y me hace la señal universal para que guarde silencio. El dedo índice sobre sus labios me suplica algún tipo de complicidad que desconozco.
—No vivo en tu ciudad. Yo, no debí haber hecho esa apuesta contigo pero no tenía opción —me empiezo a desesperar y siento que estoy a nada de llorar.
—Tampoco vives en mi país —se acerca decidido y me reta con la mirada —. Esa que debe estar ahí detrás mirando como hablas conmigo —murmura y arrugo las cejas confundida —, es mi hermana pequeña y te aseguro que no te perdonará si sabe que has estafado a su adorado hermanito. Todo tu mundo se vendrá abajo si te denuncio por estafa y ella, Lyla DiLucca jamás volverá a mirarte a los ojos como hasta hoy.
Algo cambia entre los dos. Puede que sean sus palabras, la manera amenazante en la que se comporta de pronto pero en el fondo, me siento acorralada y avergonzada. Nunca debí ir a ese maldito sitio y mucho menos dejarme embaucar por un experto jugador.
—Hablaré con alguien que conozco para devolverle su dinero —murmuro conteniendo las lágrimas.
Niega y mira sobre su hombro hacia atrás buscando el rostro de su hermana, lo que me hace recordar todo lo anterior que ha dicho y se me escapa una lágrima indomable.
¿Cómo alguien tan hermoso puede ser tan miserable?
De todas las cosas que no pensé tener que hacer, una fue precisamente venderme como una prostituta a Jerry para pagar una deuda y ahora resulta que es justamente lo que haré para liquidar el pago a un desconocido.
Si no le hubiera dado ese dinero a mi tía ahora mismo se lo devolvería a este maldito imbécil y saldría de todo este embrollo.
—No quiero tu dinero, Bethany —decreta con carácter —. Te quiero a tí, saldando nuestro acuerdo. Un mes conmigo, de la manera que yo quiera.
—Dijiste que nunca involucrarías mi cuerpo —rememoro para ambos —. Y acabas de hacerlo.
—Me he saltado un poco el acuerdo, sí —acepta enderezandose frente a mí, es muy alto —. Lo tomaremos como intereses a fin de que tú has hecho lo mismo. Ahora estamos en paz y mañana te espero en mi hotel, para firmar el acuerdo...no faltes hermosa, sigue mi consejo y ven.
Se aleja sin decir nada más. Simplemente desaparece de mi vista y siento profunda necesidad de llorar pero entonces veo a Lyla que viene hasta mí y recuerdo las palabras de él, así que me recompongo y guardo silencio. No entiendo nada de lo que está pasando pero hasta que no sepa más, intentaré dejar mi vergonzosa actitud para mí sola.
Si de veras ella fuese su hermana, tal y como él dijo no me gustaría perder su amistad por algo tan sucio como lo que hice y ella ha sido un gran apoyo para mí, nunca podría fallarle. No lo merece.
—¿Qué hacía mi hermano hablando contigo? —su pregunta confirma mis dudas —¿Qué te dijo?
Una vez que comienzas a mentir, ya generalmente no puedes parar y pensando en todo lo anterior...,respondo mintiendo un poco más.
—Nada en concreto, solo estaba ligando conmigo...¿Ese es tu hermano Logan? —sostengo mi treta un poco más.
—No hombre no —alza una mano —, ese es mi hermano mayor: Alessandro DiLucca, Duque de Arsuns. El que te comenté que es un pijo y un mandón. Desde que papá murió Ale es la cabeza de la familia y creo que se le ha vuelto en su contra, está demasiado amargado. Hasta canas le han salido a los treinta y cuatro años.
Suelta la parrafada de pronto mientra sube al coche y yo me quedo tiesa en el sitio.
《Es un Duque》
《Un jodido aristócrata 》
Ahora sí estoy en problemas. He jugado con fuego y me empiezo a quemar. Ese tío tiene el suficiente poder como para acabar conmigo en dos suplidos y siento que me falta el aire al notar como se ha complicado la vida a unos extremos insospechados.
—¿Entonces tú también eres duquesa? —cuestiono casi sin voz.
—Sube anda —sale un poco del coche y tira de mí y cuando entro le indica al chófer que nos saque de allí —. El título es para mi hermano y su esposa es la única duquesa que lo podrá ostentar con él.
《¿Cómo esposa...?》
《¿Está casado?》
Oh Dios, esto se me ha ido de las manos. Me he besado y manoseado con un tipo casado, que encima es Duque de no sé qué y me está reclamando una deuda y una estafa.
¡Mi madre!
—¿Está casado? —pregunto de forma tan asustada que es casi inaudible.
—No tonta —sonríe y siento que el alivio me sorprende —, te digo en un futuro, solo su esposa será duquesa.
—¡Ahhh! —suelto el aire de repente y ella me mira inquieta.
—Oye, ¿Estás bien?
—Sí, solo necesito dormir. Estoy muy cansada.
Me dejo caer contra el respaldo del coche y me saco mi teléfono cuando le siento vibrar en el pequeño bolso.
*Dos cosas, hermosa: Besas increíble, aún puedo sentir tu sabor a fresas en mi boca y créeme que aunque no te vuelva a besar, jamás dejaré que se me olvide a qué sabes. Y lo segundo es que te espero mañana en el Hilton de Wessintg. Estoy en la suite. Ven a primera hora de la mañana y trae tu pasaporte e identificación personal.
Sueña conmigo, linda. Yo no he conseguido dejar de hacerlo con tu sabor*
Se me escapa un jadeo cuando leo el mensaje que me ha mandado y tengo pánico de lo que puedan significar esas palabras.
—¿Pasa algo? —pregunta Lyla bostezando.
—No, nada nada.
Me llevo el móvil al pecho y dejo que la incertidumbre se apodere de mí.
No sé que más podría salir mal porque sinceramente todo lo que me rodea está en mi contra ahora mismo y no sé hasta dónde puedo estar en posición de salirme de las demandas del Duque.
Por Dios, ¿Es que no pude escoger otra persona con la qué liarme ese día?
—Beth...—me llama mi amiga y ladeo la cabeza para mirarla sin alzar el cuello —, si vuelves a ver a mi hermano no le digas que somos amigas.
—No tengo por qué verlo, nena —miento categóricamente. Soy una mala persona.
—Créeme, si sabe que eres mi amiga volverás a verlo porque él investiga todo y a todos los que me rodean.
¡Joder!
¡Estoy perdida!
—¿Y no te preocupa que sepa que te estás viendo con un prestamista ?
—Si está aquí es porque ya lo sabe. Le he dicho a Jerry que estaré unos días sin verlo hasta que Ale se haya ido.
—Nunca me hablas de tu familia —murmuro triste.
—Un día lo haré —explica acongojada —; pero si quiero que sigamos siendo amigas tengo que mantener mi vida familiar lejos de tí. No tienes ni idea de lo que puede significar ser un DiLucca.
Ni soy la clase de persona que pregunta de más, ni me gusta sonsacar algo que debe ser expuesto con total libertad. Si ella decide dejarlo todo hasta ahí, no tengo porqué hacer algo diferente a su decisión y simplemente callo.
Durante el resto del viaje solo pienso en las consecuencias por todo lo que he hecho y en mi encuentro con ese hombre mañana. No sé lo que pueda pasar, ni para qué exactamente me ha pedido esas cosas pero está claro que he jugado con fuego, y ahora toca quemarse.
Algo me dice que Alessandro DiLucca será una fogata permanente en mi vida. Alguien que no parará de hacer que sus brasas me consuman más de lo que pienso.
Estoy en las manos de un Duque perverso que no tendrá piedad al reclamar lo que quiere de mí... y yo no puedo hacer nada para impedírselo.