Capítulo 2
Aurora
—¡Eso es muy cliché! —le reclamé chillando a Sabrina. Era como la milésima vez que se lo repetía y ella solo rodaba los ojos una y otra vez. —Te estás convirtiendo en lo que siempre hemos detestado, rubia ¡Reacciona! —la zarandeé de los hombros. Varias personas del pasillo se nos quedó mirando como si fuéramos unas locas, y en cierto punto tenían razón.
—¿Estás demente? —me reprochó Naomi, recostada a un lado de la pared. Parecía algo despreocupada con la situación, pero era obvio ella no tenía idea de la situación.
—Si ya sabes la respuesta, ¿para qué le preguntas? —le cuestionó Sofía, llegando detrás de ella. Naomi asintió, dándole la razón.
¿En serio estaba considerando a esas chicas mis amigas? Lo más divertido era pensar que yo era mucho peor que ellas.
—Chicas, —llamé su atención. —Tenemos problemas más grandes que mi salud mental. ¡Sabrina está enamorada! —volví a exclamar. Más persona se nos quedó viendo, especialmente a mí y a la aludida. La rubia me miró mal mientras se ponía muy roja.
Las otras dos estúpidas giraron los ojos y se acercaron a Sabrina para empezar a bombardearla con preguntas sobre su novedoso romance. Intenté hacerlas entrar en razón, pero las tres me ignoraban mientras sonreían ante las palabras ilusionadas de mi amiga. Tuve que recordarme repetidas veces que las amaba y que el homicidio era ilegal (sobre todo esta última).
—¡Estúpidas! —les grité. Ellas me miraron con las cejas levantadas quedándose calladas por fin. —Esto es un gran problema. ¡Está enamorada de Jackson! —les comuniqué esto último en una exclamación baja de tono para que el resto del pasillo no lo supiera. Naomi abrió rápidamente los ojos y miró a Sabrina con reproche, la cual le dio una expresión de disculpa. Sofía fue más lenta, ya que pareció no entenderlo en un principio.
—Oh, no es pa... —dijo la morena. Luego pareció procesar la información con claridad y abrió mucho los ojos. Sabía que el nombre de Jackson resonaba en su mente y no por cosas lindas precisamente. —Espera, ¿qué? —le preguntó indignada a Sabrina.
Las tres nos miramos con cara de pánico. No hacía mucho que conocíamos a la rubia, pero no queríamos que nuestra amiga acabara mal por ese chico. No quería que un persona tan dulce y buena como ella tuviera problemas por alguien que no valía la pena.
Había conocido a Sabrina hace un mes y poco, ya que la asignaron con mi tutora de Historia (otra asignatura que no soporto). Era un chica sumamente inteligente y tímida, no tenía muchos amigos y casi siempre estaba sola. En un principio me pareció una chica de una belleza casi angelical y amigable, así que lo único que hice fue invitarla a comer día tras día. Y ahora supongo que sería algo que se repetiría hasta la eternidad, ya que estábamos muy cómodas con ellas.
Por otro lado, estaba el gran problema andante que era Jackson. Era el típico niño rico y mimado que hay en todas partes. Siempre iba con su perra caprichosa y rica como novia. Con los típicos amigos de mierda que tenían ese tipo de personas. Vamos, todo un personaje. El gran problema es que Sabrina, desde que la conocí, se la había notado que era demasiado cliché para mi gusto. Ella pensaba que el amor siempre iba por delante de todo y que podría cambiar a cualquier persona a base de eso. Y yo creía que tenía que despertarse ya, porqué ni ella ni nadie cambiaría por la mentira tan grande llamada amor.
Sabrina parecía sacada de una novela adolescente donde la niña buena se enamora del idiota presumido.
Sofía, por otro lado, era una amiga que conocí hace ya bastante en la sala de castigos, ya que el primer día de clase provoqué una guerra de comida que fue demasiado épica para arrepentirse. El caso, es que ella fue pillada haciendo trampas en un examen. Charlando ese día nos dimos cuenta de que teníamos los mismos problemas mentales y nos hicimos amigas. Era una chica morena y de pelo azabache larguísimo. Siempre llevaba sus labios de un color rojo pasión y era demasiado guapa y perfecta para los hombres de esta escuela.
Valía oro y ella lo sabía, ya que no se cansaba de repetirnoslo.
Y, por último, estaba Naomi. Alta y pelirroja, imponente. Era mi hermanastra y mejor amiga. Hacía más de un año nuestros padres nos habían juntado por primera vez en una supuesta cena familiar donde nos habíamos casi arrancado los pelos, pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que teníamos más cosas en común de lo que parecía y acabamos siendo buenas amigas. Nuestra relación se hizo aún más fuerte cuando nuestros padres se casaron y decidieron mudarse a este pueblo a la otra punta del país.
—Sabrina estás leyendo demasiadas novelas cliché. —Le reprochó la pelirroja. Ella solo bajó un poco la cabeza con desdén.
—¿Ahora ves que no exagero? —les dije, con enfado.
—Lo que tú digas. —Rodó los ojos Naomi. —¿Qué hacemos? —llevó una mano a su mentón mientras Sabrina entornaba los ojos por nuestra reacción.
—Bueno, es muy fácil —intervino Sofía. —Simplemente nos deshacemos de la novia arpía, del otro subnormal y de todos que le intenten estropear la relación. —Propuso con una risilla diabólica y Sofía si que daba miedo cuando se lo proponía.
—¡Nadie eliminará a nadie! —exclamó Sabrina tomándonos a todas por sorpresa. —No exageren, yo solo dije que me gusta, no que lo ame. Además, soy consciente de que una relación entre nosotros es imposible. —Agregó con voz dura y decidida, ni siquiera parecía ella la que estuviera hablando.
Bien, eso no era muy propio de ella.
Naomi la miró con cara de espanto ante sus palabras y la señaló. —¡Aurora, sal de ese cuerpo! —le gritó como estúpida. Sabrina solo soltó un suspiro de derrota e ignoro a la pelirroja.
—¡Yo te libero! —le siguió Sofía tratando de hacerse la chistosa.
¿Cómo se atreven a compararme?
—Bien, me largo. —Les dije con indignación. Naomi me dio una ancha sonrisa como respuesta de sus burlas. —Iré a un lugar en donde me quieran.
Tanto ella como Sofía lanzaron una carcajada. —Ese lugar no existe, Auri. —me dijo la morena con gracia. ¿Quiénes se creían para revelarse contra su creadora? aunque En el fondo tenían razón.
—¡Eh! ¿Podríamos centrarnos en que nuestra amiga está pasando por una crisis? —les pregunté. Las dos volvieron a poner cara de preocupación y miraron a la rubia.
Ella se encogió en su lugar, volviendo a tener ese aspecto de chica pequeña y tímida. Parecía una niña a la que acabaran de regañar y quisiera desaparecer.
—Dinos, pequeña, ¿qué coño le ves a ese pendejo? —exigió saber la morena, cambiado de un tono apacible a uno cada vez más histérico a medida que pronunciaba la pregunta. Sabrina la miró, más no dijo nada. En lugar de su dulce voz, a todas nos llegó el sonido del timbre que anunciaba el cambio de clase. Todo el mundo empezó a moverse con más velocidad que antes, y la rubia pretendía seguirlos, pero las tres la rodeamos deteniendo su andar.
—De aquí no te vas hasta que no sueltes la sopa. —Sentencié, tomándola de los hombros. Las otras dos chicas asintieron, haciendo que la rubia soltara un suspiro.
Dispuestas a hablar, las cuatro nos sentamos en el suelo para oír la largar historia (y más bien le valía que estuviera bien argumentada) que nos tenía que explicar Sabrina. No obstante, cuando las palabras se disponían a salir de su boca, unos pasos por el pasillo continuo que daba al nuestro la detuvieron. Las cuatro nos miramos, expectantes.
¿Ahora quién quería interrumpir nuestra sesión de chisme?
Capítulo 3
Aurora
Las cuatro nos levantamos con lentitud del suelo. No pretendíamos quedarnos quietas ante el sonido de pasos, risas y golpes en el pasillo de al lado, sobre todo porque esas risas no sonaban para nada bonitas.
—¡Chicas! —exclamó en un susurro Sabrina llamando nuestras atención —No deberíamos meternos en esto.
La rubia parecía asustada, puesto que se habían empezado a escuchar quejidos de dolor seguido del aumento de las carcajadas, Sofía, Naomi y yo nos miramos, entendiendo las tres algo de lo que estaba pasando y por supuesto que no nos iríamos sin hacer nada.
La morena fue la primera en asomarse por el pasillo, seguida de Naomi y por último Sabrina y yo. Mis ojos casi se salen de sus cuencas al ver a un lindo chico de ojos azules llorando el suelo, mientras Paris Hunter y sus amigos lo golpeaban.
Paris y Ethan Hunter, son dos gemelos malvados que se habían dedicado la mayor parte de su vida en el colegio a intimidar al resto de sus compañeros. Tenían un grupo cerrado, y eran casi como una familia liderada por los gemelos. Connor, Cameron y Isaac eran los otros complementos del grupo, juraba que nunca los había visto imteracturar de forma decente con alguien que no fueran ellos mismo. Los dos primeros se asemejaban mucho a los mellizos con la maldad brotando de sus poros, ya que disfrutaban del sufrimiento de la gente y eran los primeros en aparecer cuando había problemas sin sentido. Sin embargo, Isaac era el más raro de todos, ya que siempre parecía sumido en su mundo y pasaba olímpicamente de las tonterías que hacían sus amigos queandose al margen de casi todas las situaciones. Aunque, como era de esperarse, siempre iba con ellos y el hecho de que hicieran daño a otra gente no había sido suficiente para alejarse de ellos.
—¡Basta! —les grité saliendo de nuestro escondite con Naomi y Sofía pisándome los talones. Dejamos a Sabrina en su sitio, ya que entendíamos que la chica no estaba hecha para este tipo de enfrentamientos. Paris y Ethan dejaron de patear al chico, que seguía retorciéndose de dolor en su sitio posando sus escalofriante y azulada miradas sobre nosotros. Isaac dejó de observar con aspecto aburrido por la ventana para enfocar sus ojos en mi con la ceja levantada. Incluso en este momento estaba siendo un maldito raro: mientras sus amigos golpeaban al chico, él observaba recostado en la pared viendo el paisaje a través de la ventana.
¿Acaso no sabían las consecuencias del bullying? ¿Les daba igual el daño psicológico y físico que le estaban haciendo a ese chico? ¿les daba igual las consecuencias de todas su terribles acciones?
Sabía que una historia turbia sobre cada uno de los integrantes del grupo rondaba por el colegio, pero nunca me había creído nada. La gente pretendía excusar el comportamiento de esos chicos alegando que habían pasado por cosas inimaginables, y conmigo eso no funcionaba.
Paris me miró con enojo. Todo lo contrario que su hermano, que tenía una sonrisa pícara plantada en su rostro. La pelinegra se pasó la mano por el pelo, dejando a la vista un brazo lleno de tatuajes bajo su chaqueta de cuero. El chico en el suelo levantó la cabeza, mirándome con súplica en los ojos azules como el mar.
El ambiente se tornó demasiado tenso. Las chicas y yo los mirábamos con pánico, más por lo que le estaban haciendo al chico que por miedo propio a ellos. Paris aún tenía al chico agarrado por el cuello de su camiseta, y pude ver algo de sangre chorreándole de los nudillos, era una animal sin escrúpulos. Decirle perra era un insulto porque hasta los perros son más compasivos que ella.
Le había metido una buena paliza.
Recé porque el ambiente se mantuviera de la misma manera y ellos dejaran libre su víctima y nos dejaran marchar en paz, mas no fue así. Paris se acercó a mí con paso decidido, haciendo sonar sus botas militares contra el suelo pulido del pasillo. La mueca maliciosa que llevaba en el rostro gritaba que la siguiente en tener la cara destrozada sería yo.
—Y tú ¿quién te crees que eres? —me espetó con ironía al llegar frente a mí. Me sacaba unos cuantos centímetros, no muchos, pero su aspecto de delincuente sumado a sus imtimiantes ojos azules casi me hacen encogerme sobre mí misma,
Pero mantuve la compostura, entrecerré mis ojos y le hablé con el tono más duro que pude fingir, sacando valentía de algún sitio remoto de mi organismo.
—Me creo una persona a la que no le gusta ver como un grupo de desequilibrados mentales molestan a alguien por placer. Eso me creo. —Ni siquiera entendí de donde me salió el tono iracundo y seguro que utilicé en ese momento. Me estaba haciendo pipí en mis pantalones del miedo pero ahí estaba yo sin poder cerrar mi enorme bocota.
Sus amigos psicópatas nos observaban con gracia. Hasta una extraña mueca que entendí como sonrisa se asomó vagamente en la expresión de Isaac. Mis amigas y el chico de los ojos azules me miraban con pánico. Una carcajada se escapó de la garganta de Ethan, seguida de muchas más de Connor y Cameron, como si mi inminente muerte proporcionada por la pelinegra fuera el mejor chiste del mundo.
—Oh, pero si tenemos una heroína. —Se tocó el mentón, fingiendo curiosidad. —¿Eso me convierte en una villana? Porqué te aviso que me encanta serlo.
Antes de poderle contestar algo, la falta de aire provocada por un puñetazo limpio y seco en mis costillas me cerró la boca. Más risas se escucharon detrás de Paris, que se entremezclaron con los sollozos de Sabrina y los insultos de Sofía y Naomi. Caí al suelo, con una patada en mi espinilla que me hizo casi desfallecer en ese instante. Paris me agarró del pelo, haciendo levantar mi cara del suelo del pasillo. La observé con toda la ira que no sabia que contenía, había colmado mi paciencia.
—Esto es un recordatorio de que no debes creerte la heroína de la escuela. ¿Te ha quedado claro?—. Su mirada avisaba de que solo había una respuesta posible. Sin embargo, la Aurora más rebelde se me escapó de las manos y le escupí algo en la cara, haciéndola cerrar los ojos cuando el líquido tocó su piel, vi venir su mano desde arriba, dispuesta a volver a pegarme, pero Sofía se interpuso. De una patada en el estómago mi amiga la hizo salir casi volando de mi lado. Se acercó a paso amenazante hasta Paris, que ahora se incorporaba con una mano en su abdomen. Sin darle posibilidad de espera, Sofia la agarró del pelo y la arrastró, barriendo el suelo con ella.
Sabrina se acercó a mí, aún afectada por la escena y llorando a mares. Me ayudó a levantar mientras que Naomi se acercaba al chico de ojos azules y lo traía con dificultad hacia nosotras.
Observé como Sofia y Paris se asestaban golpes mutuos con mucha fuerza, haciendo sonar la piel de la otra cada vez que se daban un puñetazo. Yo me acerqué cojeando y agarré como pude a mi amiga por los hombros, al tiempo que Ethan tomo a su hermana y Cameron se situaba en medio de las dos para evitar que siguieran golpeándose.
Mientras trataba de controlar a Sofia, pensé en que Paris hizo muy mal en subestimarnos. Sabrina y yo no tendremos ni puta idea de cómo defendernos, pero Naomi y la morena eran unas fieras que no se quedaban quietas ante la amenaza. Sofia la había hecho pagar por las humillaciones que muchos de los estudiantes tenían que vivir a diario por culpa de su grupito de trastornados mentales.
La morena logró soltarse de mi agarre y corrió de nuevo hasta la Pelinegra, golpeándola en la cara. Sabrina le gritaba que se detuviese mientras Naomi y el chico del cual aún desconozco el nombre me agarraban a mí para que no me volviera a meter en el lío de brazos y patadas voladoras. Esta vez, no solo Paris se llevó golpes de parte de la morena, sino que le proporcionó a Cameron un golpe en la nariz que lo hizo sangrar casi de manera instantánea, por lo que Connor la tomo del caballo tirándole hacia un lado, Ante el agarre de Connor hacia Sofía dejándola indefensa no pude contenerme y solo pude dirigirme entre gritos e insultos al chico para empujarlo lejos de mi amiga, que parecía haberse calmado.
Dios mío, ¿Cómo mierda saldremos de este problemas?