Capítulo 3
•Isabella~
Hoy fue un día como cualquier otro en el Reino de Valencia, donde mi padre, el rey Enrique, gobierna con sabiduría y justicia. Me desperté temprano, como siempre, y me sentí... diferente. Mi magia me hace sentir así, como si tuviera un poder dentro de mí que no puedo controlar, como si mi propia magia tuviera vida y una conciencia propia.
Me miré en el espejo y vi a una joven de 17 años con el cabello largo y oscuro, y los ojos verdes que brillan con una luz misteriosa. Me siento como si no encajara en este mundo, como si fuera una pieza que no pertenece al puzzle.
Bajé al desayuno y encontré a mis hermanos, Alexander y Gabriel, ya sentados a la mesa. Alexander, el mayor, siempre tan serio y responsable, me miró con preocupación. "Isabella, debes aprender a controlar tus poderes", me dijo. "No debes permitir que te dominen".
Gabriel, el mediano, se rió y dijo: "No te preocupes, Isabella, tú eres la única que puede hacer que las flores crezcan con solo tocarlas, no deberías de sentirte tan presionada por lo que mamá o la corte dicen, tu sola debes llevar tu propio ritmo, mira que tener que manejar varios tipos de magia no ha de ser muy fácil como lo proyecta la corte". Me sonreí, agradecida por su apoyo a veces siente que es el único al que de verdad le importo.
Después del desayuno, fui a practicar mi magia en el jardín. Me sentí frustrada, como siempre, porque no puedo controlarla. Mi padre dice que es un don, pero a veces siento que es una maldición.
Cuando terminé, fui a buscar a mis hermanos. Encontré a Alexander en la biblioteca, estudiando para ser un gran rey como nuestro padre. Gabriel estaba en el patio, practicando su espada.
Me senté con ellos y hablamos de nuestras vidas, de nuestros sueños y miedos. Me siento afortunada de tener hermanos como ellos, que me apoyan y me entienden.
Pero, a veces, siento que no encajo en esta familia. Que soy la única que no pertenece. Mi magia me hace sentir así, las miradas que algunas personas de la corte me dan me hacen sentir muy fuera de lugar, como si con sus miradas me dijeran que este no es mi lugar.