Capítulo 3

El olor a antiséptico y el pitido rítmico de las máquinas era lo último que recordaba del mundo real. Un accidente automovilístico, estúpido y repentino. Mientras estaba en la ambulancia, los médicos le dijeron a su padre que el cáncer, que ya estaba avanzado, se había acelerado por el trauma. Le quedaban, con suerte, unos meses.

Fue entonces cuando apareció El Sistema.

No era una voz en su cabeza, sino una interfaz, fría y lógica, que se desplegó en su mente mientras yacía en la cama del hospital, a punto de caer en coma. Le ofreció un trato: entrar en "Amor Virtual", el juego de simulación de citas que ella misma había ayudado a programar, y completar la misión más difícil: la conquista de un personaje secundario, Axel. Si lo lograba, el sistema usaría una tecnología experimental para detener el avance de su enfermedad en el mundo real.

Desesperada, aceptó.

No le importaba el juego, ni el amor, ni Axel. Solo quería más tiempo. Tiempo para despedirse de su padre, tiempo para terminar su último proyecto, tiempo para vivir.

Pero el sistema había sido cruel. La había introducido en el juego con un avatar que era casi idéntico a Camila, la influencer de la que Axel estaba obsesionado. Era una ventaja y una maldición. Le facilitaba acercarse a él, pero también la convertía en una simple copia, en una sombra.

«El sistema no es cruel, jugadora Ximena», le había dicho la voz una vez. «El sistema es eficiente. El parecido con el objeto de afecto del objetivo aumenta las probabilidades de éxito en un 34.7%.»

Eficiente. Esa era la palabra.

Su último intento había sido el más doloroso. Había logrado una cercanía con Axel que nunca antes había tenido. Habían pasado semanas juntos, él componiendo música y ella sentada a su lado, en silencio, trabajando en su laptop. Hubo momentos, fugaces y preciosos, en los que él la miraba y ella sentía que, por fin, la estaba viendo.

La noche del festival de música, todo se había derrumbado. Camila había ganado el premio principal, y Axel, eufórico, la había besado en el escenario frente a miles de personas. Después, él llegó al departamento que compartían, borracho y radiante.

La encontró en la sala de estar, esperándolo.

Él tropezó al entrar, con una botella de tequila en la mano.

«¡Camila!», gritó, con una sonrisa tonta en la cara. «¡Mi amor! ¡Lo logramos!»

Se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza, su aliento apestando a alcohol y a victoria ajena.

Ximena se quedó rígida en sus brazos.

«Axel, soy yo. Soy Ximena.»

Él la apartó un poco, entrecerrando los ojos para enfocarla.

«Claro que eres tú, mi Camila. ¿Quién más podría ser tan hermosa?»

Volvió a besarla, un beso torpe y desesperado que no era para ella. El corazón de Ximena se hizo pedazos. Había utilizado su parecido con Camila para acercarse a él. En su segundo intento, había orquestado un "encuentro casual" en el aniversario de la muerte de la madre de Axel, un evento que sabía que lo dejaba vulnerable, porque Camila siempre se olvidaba. Había usado información privilegiada del juego para estar en el lugar correcto en el momento correcto, diciendo las palabras correctas.

Había sido deshonesta, manipuladora. Pero lo había hecho por sobrevivir.

Y en el proceso, se había enamorado de verdad.

Se había enamorado de sus manos largas y delgadas mientras tocaban la guitarra, de la forma en que fruncía el ceño cuando se concentraba, de su rara y tímida sonrisa, esa que solo aparecía cuando nadie lo veía. Le cocinaba sus platillos favoritos, aunque él nunca preguntara cómo sabía cuáles eran. Arreglaba los bugs de su software de música, aunque él pensara que era magia. Se quedaba despierta hasta tarde, escuchándolo hablar de sus sueños, sueños en los que la protagonista siempre era Camila.

Ella era el andamio invisible que sostenía su vida, y él ni siquiera se daba cuenta.

«Camila, te amo», murmuró él contra su cuello, su voz ronca por el alcohol. «Siempre te he amado.»

La soltó y se tambaleó hacia el sofá, dejándose caer pesadamente.

«Camila…», repitió, una y otra vez, como un mantra. «Mi Camila…»

Ximena se quedó allí, de pie en medio de la habitación, escuchando el nombre de otra mujer en los labios del hombre al que amaba. Cada repetición era un golpe. Sintió una oleada de náuseas, una mezcla de rabia y dolor tan intensa que le cortó la respiración.

Se cubrió la boca con la mano, ahogando un sollozo. Se había humillado, se había rebajado, se había convertido en un fantasma por él. Y para él, seguía siendo solo un reflejo de otra persona.

«¡Cállate!», gritó finalmente, su voz rota por la angustia. «¡Por favor, solo cállate!»

Pero Axel ya se había quedado dormido, con una sonrisa feliz en el rostro, soñando, sin duda, con su amada Camila.

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Amor Virtual, Dolor Real

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