Capítulo 3

Valentina reafirmó su decisión ante su padre.

"Papá, estoy segura. Quiero a Alejandro."

Don Rafael la abrazó. "Hija, si eso te hace feliz, tienes mi bendición."

Valentina luego habló con firmeza.

"Y sobre los protegidos, papá... y sobre Isabella... quiero que se les quiten muchos de sus beneficios. Ya no confío en ellos."

Don Rafael asintió, aunque con tristeza. Había invertido mucho en esos jóvenes.

"Se hará como dices, Valentina."

La noticia corrió rápido por la estancia.

Los protegidos estaban molestos, pero no podían decir nada.

Isabella intentó hablar con Valentina.

"Valen, ¿podemos hablar? Creo que hay un malentendido."

Su voz era dulce, como siempre.

Valentina la miró con frialdad.

"No hay nada que hablar, Isabella. Sé quién eres."

Isabella pareció herida. "Pero, Valen..."

"Aléjate de mí," dijo Valentina, y se fue.

Poco después, hubo un grito en la casona.

Valentina corrió hacia las escaleras principales.

Isabella estaba en el suelo, al pie de la escalera.

Lloraba, agarrándose un tobillo.

"¡Me empujó! ¡Valentina me empujó!" gritaba Isabella.

Nicolás llegó corriendo, seguido por Diego y otros protegidos.

Vieron a Isabella en el suelo y a Valentina arriba, en el descanso de la escalera.

"¡Valentina! ¿Cómo pudiste?" gritó Diego.

Nicolás no dijo nada. Levantó a Isabella en brazos con cuidado.

"¿Estás bien, Isa?" preguntó él, su voz llena de una preocupación que Valentina nunca había escuchado para ella.

"Me duele mucho, Nico. Ella... ella me odia," sollozó Isabella, mirando a Valentina con miedo fingido.

"No la empujé," dijo Valentina. "Estaba en mi habitación."

"¡Mentirosa!" gritó Ricardo. "Seguro fue por celos."

Nicolás miró a Valentina. Una mirada fría, acusadora.

Luego, se llevó a Isabella, sin darle a Valentina la oportunidad de explicarse.

Los otros protegidos la miraron con desprecio antes de seguir a Nicolás.

Valentina se quedó sola, sintiendo una mezcla de rabia e impotencia.

Sabía que Isabella lo había fingido todo.

Al día siguiente, Valentina tenía una exhibición de polo.

El polo era un deporte tradicional de su clase social.

Le gustaba jugar, le daba una sensación de libertad.

Llegó al campo de polo.

Su caballo estaba listo.

De repente, vio a Isabella.

Estaba sentada en una silla, cerca de los establos.

Nicolás estaba con ella.

Él le ajustaba las cinchas a un caballo manso, el que usaría Isabella para un paseo ligero.

Lo hacía con una devoción, con una intimidad...

Valentina recordó algo doloroso.

Hacía años, cuando ella era más joven y Nicolás recién llegado.

Don Rafael, queriendo acercarlos, le había ordenado a Nicolás que le ensillara el caballo a Valentina.

Delante de todos.

Para Nicolás, había sido una humillación. Un acto de servicio forzado.

Valentina, en su inocencia, lo había visto como un gesto romántico.

Ahora, Nicolás hacía lo mismo para Isabella, pero voluntariamente.

Con una sonrisa que nunca le dedicaba a ella.

El contraste le quemó el alma.

Valentina se sintió mal, pero tenía que jugar.

Era un compromiso importante.

Durante el partido, algo se sintió raro con su montura.

En una jugada rápida, la montura se deslizó.

Valentina perdió el equilibrio y cayó aparatosamente.

Sintió un dolor agudo en la pierna.

Miró hacia donde debía estar Nicolás.

Él era parte de su equipo de apoyo, debía estar atento a ella.

Pero Nicolás no la miraba.

Estaba pendiente de Isabella, que sonreía desde la tribuna.

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Amor Soñado Me Lleva al Infierno.

Capítulo 3
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