Capítulo 3
3
Miré mi reflejo, esperando que todo estuviera perfecto. No quería desentonar y hoy era el momento para no perderme ningún detalle, por más mínimo que fuera.
Cuando sentí la puerta, el estómago se me fue a los pies.
—¡Hola, papi! —exclamó Fred, quien se había encargado de abrirle la puerta.
Oí sentada en el sofá mientras intentaba actuar con naturalidad.
—¡Pero qué niño tan lindo! —añadió una voz femenina.
Yo levanté mi oreja como una leona.
Era ella.
Apreté la mandíbula y me levanté, imponiendo la altura que solo unos fuertes tacones podían darme. Cuando Fred vio que yo me acercaba, vi su inquietud y confusión.
—Hola, Jason —saludé de forma hosca, mirando al hombre que había sido mi esposo por tres largos años.
En efecto, venía con la chica de la que Jenna había hablado. Tenía un aspecto adorable. Era pequeñita, preciosa y muy encantadora a simple vista. Enseguida la odié.
¿Cómo se le ocurría traer así como así a la chica? Con Fred sin entender nada. Era tan bruto.
—Disculpa la sorpresa —me dijo Jason al verme llegar—, pero necesitaba venir a explicarles todo antes que llegaran con el chisme.
Ja, pensé, cruzándome de brazos mientras sonreía de manera cínica.
—Nos has tomado por sorpresa —exclamé.
Jason abrazó a la mujer, quien nos miraba expectante y un tanto nerviosa.
—Julianne, Fred, quiero presentarles a alguien muy especial. Se llama Amanda Covington.
Apreté las manos y tomé a mi hijo entre mis brazos.
Él seguía curioso e incómodo, siempre le costaban los cambios, en especial desde que Jason se marchó de la casa y eso alteró su comportamiento. Era complejo y cansador.
Miré a Jason y noté que también estaba nervioso, alternando la mirada en la chica, mi hijo y yo. Bueno, me lo imaginaba, si antes que se fuera de viaje él me buscó, esperando que le diera una oportunidad. Qué estúpida fui. Lo peor fue que lo logró, porque acabamos en la cama de un maldito hotel. Sólo unos días antes de irse de viaje me prometía todo y ahora de regreso parecía amar a otra mujer, dispuesto incluso a casarse.
—Mucho gusto —saludó la chica, sonriendo con sinceridad—. Tú debes ser el pequeño Fred, ¿no?
Mi hijo sonrió.
—No soy tan pequeño. Mi maestra nueva dice que soy el más grande.
Todos se rieron y yo tuve que obligarme a seguir a la masa para no parecer una amargada, aunque sí lo era.
Amanda se llevó las manos al pecho, muy alegre. Parecía entusiasta por ver a mi hijo. Yo me quedé un buen rato mirando la interacción, sorprendida de que Fred respondiera tan bien a una desconocida.
A los segundos ella me miró a través de unos bonitos ojos azules y yo apreté la mandíbula.
—Y tú debes ser…
—Julianne Smith —respondí de inmediato, más seria de lo que esperaba—. La ex esposa.
Ella hizo una mueca y miró al imbécil de Jason, que parecía tenso ante mi imponente presencia. No los culpaba, podía ser un verdadero grano en el trasero, de los grandes, para ser exacta.
—Jason me ha hablado de ti —destacó mientras me estrechaba la mano.
Enarqué una ceja, preguntándome si había sido capaz de decirle que antes de su puto viaje él me prometió el cielo, el mar y la tierra.
—Me lo imaginaba. ¿Algo especial? Como cuando le lancé un plato por la cabeza. —Sonreí, cínica.
Estaba claro que Jason había hablado de mí, pero no cosas buenas.
—En realidad, cuando me contó que la gran Julianne Smith fue su esposa, yo no pude más de mi emoción. He leído tus libros, tus reportajes y… eres francamente increíble. Soy una gran admiradora de tu trabajo.
Espera. ¿Qué? ¿Admiradora? No esperaba tal recibimiento.
Jason levantó las cejas, mientras que yo me encontraba paralizada.
—Es periodista, como tú —me explicó él, con una mueca difícil de distinguir.
—Vaya, una colega.
Jason sabía lo que estaba pensando y de inmediato bajó la mirada, incómodo.
—Bien, campeón, ella es Amanda y… la amo. —Se dirigió a mi hijo, que miraba sin entender.
—¿La amas como amas a mamá? —inquirió de forma inocente.
Tuve que desviar la cara para que no notaran mi evidente estado de descomposición.
—A tu mamá la quiero mucho, pero… a veces nosotros los adultos sentimos cosas muy especiales por otras personas, lo que no significa que deje de quererte a ti. Eres la persona más importante en mi vida, Fred —explicó él, acercándose a mi pequeño y por consiguiente a mí.
Yo suspiré y lo miré, conectándome con la persona que más me conocía en este mundo, mi cable a tierra, mi hijo.
—Papá aún nos quiere, sólo… se ha enamorado —susurré, manteniendo la compostura, cuando la verdad es que quería correrlo de aquí por ser un imbécil.
Mi ex esposo apretó los labios y se unió a Amanda nuevamente.
—Amanda y yo nos conocimos en el viaje, fue amor a primera vista —me explicó, tomándola de la cintura—. Y tenemos algo muy importante que contarles.
La pareja se miró a los ojos, muy sonrientes y enamorados. Yo nunca lo había visto así, ¡nunca! La situación me revolvió el estómago de rabia, pues sabía que yo nunca había significado lo que pensé para él. Bueno, nadie que te quiere es capaz de engañarte durante un año con la mujer que cuidaba de tu hijo por las tardes.
Aún tenía esa imagen en la cabeza.