Capítulo 3
Quería que la sorpresa fuera especial.
No quería simplemente decírselo. Quería crear un recuerdo inolvidable.
Decidí esconder la prueba de embarazo en su estudio, en un lugar donde la encontrara por casualidad.
Mateo tenía una caja de madera vieja en el cajón de su escritorio. Era donde guardaba los recuerdos de nuestra relación: la primera entrada de cine que vimos juntos, una flor seca de mi ramo de novia, pequeñas notas que nos habíamos escrito.
Pensé que sería el lugar perfecto. Un nuevo recuerdo junto a los viejos.
Abrí el cajón de su pesado escritorio de caoba.
La caja estaba allí, como siempre.
Pero al moverla, noté algo más al fondo del cajón, algo que nunca había visto.
Era un diario de cuero negro, con un pequeño candado dorado.
No le di importancia al principio.
Quizás era un diario viejo de su adolescencia.
Luego, una idea romántica cruzó mi mente.
¿Y si era un diario que había estado escribiendo sobre nosotros? ¿Sobre su amor por mí?
Sonreí, sintiendo un cosquilleo de emoción.
Mi esposo era un romántico.
El candado estaba cerrado, pero la pequeña llave estaba pegada con cinta adhesiva en la contraportada. Era como si no quisiera realmente mantenerlo en secreto.
Mi curiosidad me venció.
Con manos torpes, abrí el pequeño candado.
Abrí el diario, esperando encontrar palabras de amor dirigidas a mí.
Pero la primera línea me heló la sangre.
"Hoy es mi primer día en este nuevo cuerpo. He renacido. Y esta vez, juro por mi vida que protegeré a Isabella. No dejaré que nadie, especialmente esa mujer, Sofía, le haga daño."
La fecha era de hace quince años, el día después de que yo llegara a este mundo.
Mi respiración se detuvo.
Las palabras no tenían sentido. ¿Renacido? ¿Proteger a Isabella de mí?
Pasé las páginas con dedos temblorosos.
Cada página era una puñalada en mi corazón.
"Hoy conocí a Sofía. Es exactamente como la recordaba de mi vida pasada. Sus ojos tienen esa misma ambición. Debo tener cuidado."
"Le pedí que fuera mi novia. Fue asqueroso tener que sonreírle y decirle palabras dulces, pero es necesario. Si soy su novio, puedo vigilarla de cerca y asegurarme de que no se acerque a Isabella con malas intenciones."
"Hoy nos casamos. Mientras le ponía el anillo, solo podía pensar en que este era el sacrificio más grande que hacía por Isabella. Atarme a esta víbora para garantizar la felicidad de mi verdadero amor."
"Sofía es una buena ama de casa. Cocina bien, mantiene la casa limpia. Es una actuación convincente. Pero sé quién es en realidad. No bajaré la guardia."
"Hoy Isabella me contó lo feliz que es con Ricardo. Sentí un dolor agudo en el pecho, pero luego vi su sonrisa y supe que mi sacrificio valía la pena. Mi matrimonio falso con Sofía es el precio que pago por su felicidad."
El diario cayó de mis manos.
Todo.
Cada sonrisa, cada caricia, cada "te amo".
Era una farsa.
Quince años de mi vida, de mi amor, de mi entrega... habían sido una mentira.
Él no me amaba.
Nunca me amó.
Solo me estaba usando. Me veía como la villana de la novela, una bomba de tiempo que necesitaba ser controlada.
Y su método de control fue casarse conmigo.
Mi mirada se posó en la prueba de embarazo sobre el escritorio.
El símbolo de nuestra supuesta felicidad.
Ahora se sentía como el fruto de una mentira, una cruel ironía.
Sentí una oleada de náuseas.
No era por el embarazo.
Era por el asco, la traición, el dolor.
Él amaba a Isabella.
Siempre la había amado.
Y yo... yo solo era el obstáculo, la villana a la que tenía que neutralizar.
Las lágrimas que no había derramado en quince años comenzaron a brotar, calientes y amargas.
El amor de mi vida era una mentira. Mi felicidad era una ilusión.
Estaba atrapada en la jaula más perfecta y cruel que se pudiera imaginar.
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