Capítulo 2

En cuanto Patricia comenzó a hablar, se dio cuenta de que no sería capaz de ocultar sus emociones, pues su voz temblaba mientras andaba a trompicones.

"Ya está listo el acuerdo de divorcio. Te daré todo lo que debo darte como compensación por los últimos tres años". Antes de que pudiera irse, Zac puso el documento sobre la mesa, frente a él.

Patricia quería correr escaleras abajo, pero sus pies parecían estar clavados en ese lugar.

Sabía que él igual se divorciaría de ella tanto si fingía no escucharlo, como si lo aceptaba obedientemente, pues él siempre había sido así. En cuanto se decidía a hacer algo, definitivamente lo hacía.

Ya habían pasado tres años desde el día que, repentinamente, llegó a la casa de la familia Sampson para pedirles, firmemente, su mano en matrimonio. Se había sentido tan feliz al pensar que el hombre al que había amado en secreto durante años finalmente correspondía sus sentimientos y quería casarse con ella, solo para descubrir, en su noche de bodas, que su único propósito era aprovechar el poder de la familia Sampson para escalar rápidamente a la cima de la ciudad de Flando.

Sin embargo, incluso después de conocer el motivo por el que se había casado con ella, Patricia nunca se había arrepentido. Estaba dispuesta a ser su esposa y, además, ser el trampolín que él necesitaba para su carrera. En ese entonces, se había preguntado si le pediría el divorcio una vez que hubiese logrado su objetivo, y se había consolado a sí misma pensando en que, tal vez, él podría enamorarse de ella para entonces, pero para su desgracia, ni siquiera le había dado una oportunidad. Así que pese a haberse preparado para esa posibilidad, nunca hubiese pensado que pudiera ser tan pronto.

Dándole la espalda, Patricia estaba sumida en sus pensamientos. Después de un largo rato, tartamudeó: "¿Puedes... ¿Puedes pensarlo un poco más?".

"Ya he tomado una decisión. Solo fírmalo", respondió Zac con impaciencia. "Te daré diez millones de yuanes como indemnización, y una casa nueva con valor de seis millones en el Distrito del Este".

¿Indemnización?

Patricia no podía creer lo que escuchaba.

Finalmente se dio la vuelta y levantó la cabeza para encontrarse con los ojos de su esposo, que era mucho más alto que ella. "¿Indemnización?", repitió con incredulidad.

¿Acaso tenían una relación de empleador y empleado? ¿Cómo podía llamarlo indemnización? Era grosero de su parte el usar esa palabra.

"El día de nuestra boda te dije el motivo por el que quería que nos casáramos. Este no es un matrimonio real, es más apropiado decir que nuestra relación es estrictamente laboral. Así que te pagaré una remuneración por los últimos tres años. Después de eso, terminamos con esto". El hombre alto y apuesto frente a ella la miraba directamente, con apatía. Sus profundos ojos negros estaban desprovistos de emoción, pero parecían ser capaces de absorberla.

"¿Remuneración?", murmuró Patricia para sí misma. "Tienes razón. Simplemente tenemos una relación de empleador y empleado".

Le sonrió con amargura, pero Zac no respondió en absoluto.

Caminó lentamente hacia él, se sentó en el sofá, tomó el documento y lo leyó cuidadosamente.

Al ver que estaba leyendo el convenio de divorcio sin protestar, el hombre finalmente se relajó y se sentó frente a ella. "Todo está muy claro, pero si quieres algo más, dímelo y te lo daré".

El alivio en su rostro cuando la mujer aceptó el acuerdo no pasó desapercibido para Patricia, y su sonrisa irónica se hizo más profunda.

Sin decir una palabra más, tachó la parte del convenio que implicaba la entrega de bienes y rápidamente firmó con su nombre.

"No tienes que indemnizarme. Estamos oficialmente divorciados", dijo mientras deslizaba cortésmente el documento hacia él.

Zac echó un vistazo a la parte del acuerdo que había sido tachada y arqueó ligeramente las cejas. Había imaginado ese escenario desarrollándose de muchas formas diferentes, pero que Patricia rechazara los bienes no era una de ellas.

"¿Estás segura?". Sus ojos se llenaron de incredulidad mientras miraba a la muchacha que ya se estaba poniendo de pie.

Ella se dio la vuelta y caminó hacia el armario mientras respondía: "A la familia Sampson no le falta dinero. Dado que me casé contigo voluntariamente, no aceptaré la indemnización".

Después de todo, si ella lo aceptaba, sería como admitir que solo habían tenido una relación de empleador y empleado durante los últimos tres años.

Preferiría renunciar a todas las cosas materiales del mundo si eso significaba poder aferrarse a la idea de que durante algún tiempo habían sido marido y mujer.

Sentado en el sofá, Zac la vio empacar sus cosas sin decir nada.

Patricia dobló cuidadosamente toda su ropa del armario y la metió en su maleta, junto con el resto de sus escasas pertenencias de la habitación.

Estaba empacando muy lentamente a propósito, pues quería quedarse ahí un poco más. Había vivido sola en aquella habitación durante casi tres años. Al principio la soledad hizo que se sintiera incómoda, pero conforme los años pasaban, se había acostumbrado lo suficiente como para que le gustase, así que ahora se sentía reacia a irse. Pero, sin importar qué tan despacio empacara, no tendría más remedio que hacerlo.

Cuando finalmente terminó, se puso de pie con su maleta en la mano y se dio la vuelta para irse sin decir una palabra más, sin siquiera mirarlo.

"Déjame llevarte a casa". Zac, que había estado esperando pacientemente a que terminara, habló de repente.

"No, gracias. Todavía tengo dinero como para tomar un taxi a casa", dijo Patricia con un tono sarcástico. Cada vez que se sentía asustada, intentaba mostrar serenidad para protegerse, pese a que eso terminara hiriéndola, y esta vez no fue diferente.

Bajó las escaleras con la maleta en la mano, que era tan grande que le costaba levantarla por sí sola, pero se negó a pedir ayuda. El ruido que hacía mientras bajaba atrajo la atención de todos los demás en la casa.

"Patty, ¿a dónde vas? Ya es muy tarde", preguntó Johnny Reynolds, inclinándose sobre el barandal de la escalera en pijama.

Patricia levantó la cabeza para mirar al padre de Zac, le sonrió y dijo: "Johnny, por favor, vuelva a dormir. Se está haciendo tarde".

"Pero, ¿qué pasa? ¿A dónde vas?". El hombre se sorprendió al escucharla, ya que normalmente lo llamaba papá. Corrió escaleras abajo, pero Tina lo detuvo.

La joven siguió bajando su equipaje sin responderle.

Tres años atrás, cuando se casó y se volvió miembro de la familia Reynolds, había practicado muchas veces antes de reunir el valor para llamarlo 'papá'. De entre todos los miembros de esa familia, tenía una mejor relación con el padre de Zac, así que, naturalmente, lo extrañaría más que a cualquiera.

Con mucha dificultad, Patricia finalmente salió de la casa con su equipaje, bajo la confusa mirada de los sirvientes.

Su ex, que todavía estaba sentado en la habitación de arriba, escuchó su conversación con claridad, pero permaneció inexpresivo.

Esa habitación siempre había estado algo vacía, pero ahora que Patricia se había llevado sus cosas, lo parecía aún más. Llevó su mirada al rededor del enorme cuarto y se sintió inexplicablemente molesto.

Durante mucho tiempo, había dudado en sacar a colación el tema del divorcio, pues había pensado que ella iba a molestarlo y le suplicaría que no se separaran, pero para su sorpresa, lo había aceptado sin oponer resistencia. Sin embargo, por alguna razón, esa respuesta le hizo sentirse perdido e incómodo. No sabía qué hacer.

Durante los últimos tres años, se había quedado en esa habitación no más de cinco noches. Nunca había tenido relaciones sexuales con Patricia y apenas se conocían. Entonces, ¿por qué no se sentía más relajado ahora? En cambio, no podía evitar pensar en su noche de bodas, cuando tuvieron que dormir en la misma cama, y seguía recordando todas esas veces en las que Patricia se había apresurado a ir a su casa en la villa Oakleaf para ordenar personalmente su habitación después del trabajo.

Cuanto más recordaba todos esos momentos, más irritado se sentía, pero no podía detenerlos. El rostro de Patricia seguía rondando en su mente.

En un ataque de frustración, se puso de pie y pateó la mesa redonda de madera, pero las palpitaciones de su corazón no se disiparon.

Era medianoche cuando Patricia llegó a su casa y todos los miembros de la familia Sampson estaban profundamente dormidos.

Capítulo 3

Cuando finalmente llegó a casa, Patricia arrastró suavemente su equipaje por las escaleras, pero como eran demasiadas, se sintió exhausta, entonces hizo la maleta a un lado y subió con un profundo suspiro.

Al llegar a su alcoba, la chica se aventó en la cama y se mordió el labio mientras sus ojos se tornaban vidriosos.

Ella dio vueltas durante mucho tiempo pero no pudo conciliar el sueño. Todo lo que había vivido en su estancia en la casa de la familia Reynolds y los recuerdos de Zac pasaron en su mente como una película.

Cuando Patricia era niña, alguien la había empujado a una piscina, si Zac no hubiera extendido su mano para salvarla en ese momento, ella no se habría enamorado y tampoco se hubiera casado con él. ¡Sencillamente las cosas serían muy diferentes!

Pero él hubiera no existe y las cosas estaban hechas, lo peor era que Patricia estaba embarazada.

Al recordar al bebé en su vientre, la joven no pudo evitar reírse de sí misma.

Ella sabía que si hubiera usado al niño como chantaje para pedirle a Zac que se quedara a su lado, él la habría llevado de inmediato al hospital para que abortara y no era tan tonta como para obligarlo a hacer algo que no quería pues no hubiera funcionado.

Él jamás cedería ante ello, además de que Patricia tampoco se rebajaría como para atarlo de por vida con un hijo.

Con la cabeza hecha un caos, ella no se durmió hasta que comenzó a amanecer.

Aproximadamente treinta minutos después, una áspera voz masculina resonó en sus oídos:

"¿Qué haces aquí? ¿Por qué trajiste tanto equipaje?".

Patricia tenía tanto sueño que ni siquiera abrió los ojos para responder: "Zac y yo hemos decidido divorciarnos".

Esto sorprendió tanto a Sullivan Sampson que no pudo evitar quedarse inmóvil durante unos segundos para luego estallar en ira: "¿Acaso escuché mal? ¿Por qué se divorciaron? ¡Explícamelo ahora mismo!".

El enojado hombre le quito la colcha a Patricia y la arrojó al suelo, por lo que ella abrió los ojos y tembló cuando el frío rozó su piel.

"¡Levántate! Te espero abajo, ¡no tardes!", Este estaba tan molesto que ni siquiera esperó a que su hija respondiera.

La mujer solamente pudo suspirar resignada ya que sabía que eso iba a suceder, entonces se levantó de la cama, se puso un abrigo delgado y bajó las escaleras.

Su padre, su madrastra Yolanda Riley, y su hermanastra Lyndsy Sampson estaban presentes en la sala de estar.

Antes de que Patricia estuviera lo suficientemente cerca, el hombre rugió: "Dime, ¿qué demonios pasó entre tú y Zac? ¿Quién pidió el divorcio primero?".

La chica agachó la cabeza con la mirada perdida y estaba a punto de responder cuando Yolanda intervino: "No parecía haber ningún problema entre ustedes, ¿cómo pudieron divorciarse tan de repente? ¡Eso es un poco extraño!".

Las palabras de su esposa hicieron reflexionar a Sullivan, quien después de varios minutos, preguntó: "Fue Zac el que te pidió el divorcio... ¿verdad?". El hombre recordaba que hacía tres años, cuando Zac había acudido a él para pedirle la mano de Patricia en matrimonio, su hija estaba muy ilusionada, su amor era tan evidente que era absurdo que ella hubiera tomado la decisión de separarse.

Patricia se acercó a su padre y declaró con seriedad: "Eso es lo de menos, el hecho es que ahora estamos divorciados".

Fue en ese momento cuando una sensación de decepción y tristeza se apoderó de su ser. ¿Por qué su padre no podía tratar de consolarla en lugar de interrogarla por su ruptura? ¿Realmente era tan importante? ¡A ella no le interesaba en absoluto!

Sullivan suspiró y negó con la cabeza, aunque de pronto, algo se le vino a la mente y exclamó: "¿Qué hay con los bienes? ¿Cómo los dividieron? La carrera de Zac se elevó como la espuma en estos últimos tres años, ¡creo que su riqueza es ahora varias veces mayor que la de nuestra familia!".

Mientras hablaba de eso, el padre entrecerró los ojos pensativamente, ¡al parecer su yerno era más inteligente de lo que había imaginado! Cuando Zac expresó su deseo de casarse con Patricia, Sullivan pensó que era un chico muy astuto y ambicioso, aunque había logrado más cosas de lo que él esperaba. En solo tres años, Zac no solo consiguió establecerse firmemente en la ciudad de Flando, sino que también había hecho crecer al Grupo Reynolds para convertirse en el conglomerado más grande de los alrededores, por si fuera poco, también había creado sucursales en el extranjero.

Patricia agachó la mirada y permaneció en silencio.

Yolanda y su hija intercambiaron miradas y sonrieron con desdén. "¿Entonces renunciaste a todos tus bienes y regresaste sin nada?", Lyndsy preguntó con un rastro de burla en su voz.

Sullivan frunció el ceño al oírla y dijo en voz alta: "¿Eso es cierto?".

"Sí", Patricia miró a su padre y asintió.

El hombre la contempló hasta que pudo asimilar su respuesta y explotó en cólera: "¿Qué diablos estabas pensando? ¿Cómo rayos pudiste renunciar a todos tus bienes?".

Él se levantó del sofá y corrió hacia Patricia: "¿Le hiciste algo malo a la familia Reynolds? ¡No hay otra explicación para que hayas desistido de tu patrimonio!".

"Zac me ofreció el dinero, pero yo no lo quise", la joven respondió mirando firmemente los ojos de su padre.

Ninguno de los presentes la había intimidado en absoluto pues ella estaba acostumbrada a decepcionar a Sullivan, ¡todos en esa familia siempre la habían menospreciado por ser demasiado humilde!

El padre estaba tan enfurecido que quiso cachetear a su hija, aunque logró tranquilizarse y respiró hondo: "¿Cuánto te ofreció?".

El hombre no se anduvo por las ramas y fue directo al grano. "Dieciséis millones de yuanes", replicó Patricia.

La furia de Sullivan se disparó cuando escuchó a su hija y después se dejó caer en el sofá lleno de impotencia: "¿Por qué tan poco dinero? ¿Acaso te considera una pordiosera?".

Yolanda notó la rabia de su esposo y aprovechó la oportunidad para echarle más leña al fuego: "El Grupo Reynolds tiene un valor de setenta y ocho mil millones, y aunque esa es la riqueza colectiva de la familia Reynolds, Zac debe tener al menos mil millones de yuanes en sus manos. Él obtuvo todo ese dinero después de casarse con Patricia, ¡tienen que dividirlo en partes iguales! De hecho, la cantidad que le ofreció es...".

La mujer no continuó con su oración, sin embargo, cualquiera podría saber a lo que se refería.

Lyndsy se estaba aguantando las ganas de preguntar algo hasta que no pudo más: "Mamá, ¿de verdad Zac es tan millonario?".

Tres años antes, Zac había vuelto del extranjero y su pequeña empresa costaba solamente tres millones, ¡en muy poco tiempo había hecho una fortuna!

Yolanda ignoró a su hija, miró a Patricia y a Sullivan y añadió: "Pero como ya se han divorciado y Patty es la que rechazó el dinero, no hay nada más que decir...".

"¡Por supuesto que no! Mi hija ha trabajado como una sirvienta para la familia Reynolds durante tres años, ¿y Zac tiene el atrevimiento de divorciarse de ella sin darle un maldito centavo? ¡Debe estar loco para pensar que se saldrá con la suya! Incluso si contratara una criada y después la despidiera, ¡tiene que pagar una indemnización!", resopló este.

Las palabras de su padre le provocaron a Patricia un profundo dolor, parecía que toda la gente que tenía a su alrededor sólo buscaba sacarle provecho, como si ella fuera un títere para ayudarlos a lograr sus objetivos.

La joven tenía conocimiento de ello y ni siquiera las acciones de su ex marido la habían lastimado tanto, ¿pero cómo podría tratarla así su propio padre?

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Amarte es mi carrera

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