Capítulo 2
Siempre tuve todo lo que quise, era rica, bellísima, popular y todo lo que deseaba para mi vida, era convertirme en una exitosa mujer, que compartiera su vida con un atractivo y acaudalado marido, viviendo en una enorme y elegante casa, con quizás, máximo, un par de hijos. Porque eso de los niños, no se me daba muy bien.
Sin embargo, allí estaba yo, con treinta y tres años, viviendo en casa de mis padres, recién divorciada en no muy buenos términos, con una empresa que debía dirigir y que comenzaba a salirse de mis manos.
Pues aunque conocía todo el funcionamiento de G&G, el conglomerado de modas que pertenecía a mi familia, nunca antes había hecho trabajo de oficina, porque lo mío, siempre fue modelar, en eso, siempre me había desempeñado.
Y nunca esperé tener que encargarme de una de las sedes de la empresa, claro, sabía que al casarme, mis padres me la heredarían, pero era mi esposo quien se hacía cargo de ella como el presidente. Ahora que estaba divorciada, me tocó a mí, asumir el puesto de presidenta.
Y sin la debida experiencia, la sede de la empresa G&G de España, se me estaba yendo al caño.
Luego de la incómoda visita de mi madre a mi habitación, me senté frente a la peinadora y comencé a cepillarme el cabello, pensando en Alex y en mi hermana Ava.
A diferencia de mí, Ava tenía un atractivo marido, romántico y adinerado, un hombre que evidentemente la amaba y que, además, la ayudaba en la empresa. No solo eso, ella misma se había convertido en una exitosa empresaria, con sus ideas y diseños, había llevado la sede principal de G&G, hasta lo más alto, convirtiéndola en una de las principales del país.
Suspiré frustrada, mis ojos se llenaron de lágrimas, ¿Cómo había sucedido esto? ¿Cómo es que mi hermana, la gorda, lo tenía todo y era exitosa, mientras que yo, lo perdía? No se suponía que fuese así, yo siempre había conseguido lo que quería y ahora, todo se escapaba de mis manos… Mi vida era un completo desastre y yo, me sentía como una fracasada.
La envidiaba… Envidiaba profundamente a Ava, y no solo era por su exitosa vida actual, sino también por muchas otras circunstancias de nuestro pasado.
Me miré en el espejo fijamente, debido al largo viaje que había hecho, tenía unas enormes bolsas bajo los ojos, lo que acentuaban más las pequeñas arrugas que comenzaban a salir en la línea baja de mis pestañas.
Cerré mis ojos, no quería ver eso, no quería preocuparme por eso, el ver esas pequeñas arrugas y bolsas, me mortificaba, me hacía sentir que la vida se me estaba pasando y que no había logrado nada. Me levanté de golpe de mi asiento y me fui a bañar, «Mañana agendaré una cita en la estética, que ellos se encarguen de eso» resolví, cansada, y luego de una larga ducha, me fui a acostar.
Llegue bastante temprano al exclusivo hotel en el que me solía alojar cuando llegaba a España, apenas me dio tiempo para dejar las maletas, me maquille un poco los estragos que el cansancio y el vuelo habían ocasionado en mi rostro, y salí de inmediato hacia la empresa, sin saber todavía, qué clase de problemas me esperaban en la oficina.
Mis tacones resonaron por todo el piso pulido, con mi llegada, todos parecían haber enmudecido, en cambio, se escuchaban los rápidos pasos de los empleados, correteando a sus puestos de trabajo y algo más alejados, algunos murmullos.
No voltee para ver quién hablaba, me daba exactamente igual. Ya sabía los que decían: había llegado la perr@.
¿Por qué el mundo era así? Quiero decir, sí, algunas veces yo me podía comportar como una perr@, pero tampoco es que era tan despiadada en el trabajo.
Parecía haber una idea en la sociedad, de que, cuando es un hombre el jefe y se comporta mandón, recto y severo, todos lo llaman exigente, sin embargo, cuando se trata de una mujer… Cuando es una mujer la jefa y posee esas mismas cualidades: mandona, recta y severa, todos la llaman una perr@.
Daba igual, yo solamente iba para hacer mi trabajo, aunque no me estuviera saliendo como esperaba.
Llegué a mi oficina y de inmediato, llamé a mi asistente, Gina, una muchacha muy linda, aunque algo despistada. Ella entró en la oficina trastabillando, muy nerviosa.
— ¿Si…? ¿Señora Golf?.
— Muy bien, Gina, según tengo entendido, la empresa es un desastre y se está cayendo a pedazos, eso fue lo que me dijeron… — Comenté con sarcasmo. — Así que… ¿Podrías hacer tu trabajo y ponerme al día?.
— ¿Señora?. — Preguntó ella confundida.
Inhale profundo, intentando llenarme de paciencia, no había dormido bien por el viaje, eso me traía con dolor de cabeza y de muy mal humor.
— ¡¿Qué me digas qué carajos está pasando?!. — Vocifere golpeando el escritorio, provocando que ella pegara un pequeño salto. — Llamaron a mi casa solicitándome con urgencia, ¡¿Por qué?!.
— ¡Ah! Yo… Es que… Señora… — Tartamudeo ella, abriendo la agenda que traía entre las manos, al tiempo que yo volvía a inhalar profundamente. — Lo que pasa es que, nos llamaron de la importadora de telas para informarnos que el pedido estaba listo.
— Gina, podrás llamarme loca, pero ¿Qué tiene eso de malo? ¿No sé supone que sea bueno?. — Volví a llenarme de sarcasmo.
— Sí, señora… Digo, ¡No! Es que… — Arrugue el entrecejo ante sus palabras. — Hubo un error con el pedido.
— ¡¿Qué?! Pues si hubo un error con el pedido, ellos deberían hacerse responsables, ¿No?. — Pregunté elevando una ceja.
— Eh… No, señora, el error fue nuestro…
— ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que nuestro?!. — Me levanté de un golpe de mi asiento, Gina retrocedió nerviosa. — Gina, ¿Verificaste el pedido?.
— Sí, señora. — Ella asintió varias veces y noté como sus ojos comenzaron a enrojecerse. ¡¿Acaso ella iba a llorar?! ¡Cómo detestaba eso!.
— Entonces, ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cuál fue el error?. — Pregunté intentando tranquilizarme, no quería provocar una escena.
— No… No lo sé… Pero cuando pasé el pedido aprobado al departamento de diseño, ellos me dijeron que estaba erróneo, que esas no eran las telas que necesitaban… Yo no lo entiendo, señora… Yo tomé la lista como usted me dijo… Se había caído de su escritorio y…
— ¿Qué?. — La interrumpí confundida.
— Sí, usted me dijo que me dejaría la lista en el escritorio, pero estaba tirada en el piso y yo…
Comencé a revolver entre algunos papeles que estaban sobre mi escritorio y bajo unas órdenes de insumos, estaba la lista de telas que le había dejado a Gina.
— ¿Te refieres a esta lista?. — Levanté el papel, provocando que Gina abriera los ojos de par en par.
— Se… Señora… Yo lo vi, en el piso…
— Gina… — La interrumpí, cerrando mis ojos, masajeando mi frente con cansancio e inspirando pesadamente. — Esa fue la lista preliminar, antes de que todos los diseñadores confirmaran las telas…
— ¡Oh, no!. — Musitó ella y sus ojos se llenaron de lágrimas.
— Y se suponía que la había tirado en la papelera… — Murmuré tirándome en mi asiento.
Esto era un desastre, teníamos los desfiles encima, debíamos presentar una línea de ropa y no había telas, bueno, si las había, solo que no eran las correctas.
— Señora… Señora Golf… Lo lamento… Yo… Yo no quería… — Empezó a sollozar Gina, mientras yo solo la ignoraba, tenía que pensar, debía concentrarme, ¿Qué era lo que iba a hacer?.
— ¡Ya basta, Gina!. — Vocifere, ceñuda, con autoridad, ella se calló instantáneamente.
Sí, ella se había equivocado, pero yo también, debí fijarme en si había tirado el papel en la basura y debí entregarle la lista final a Gina en sus manos. «¿Por qué todo se empeña en salirme mal?» Sopese, levantando la vista, hacia el techo.
Pero el error ya estaba hecho y ahora, debía enfocarme en solucionar.
— Ahora toma nota… — Ella asintió, limpiándose las lágrimas y abrió su agenda. — Llama a la importadora, diles que nosotros asumimos la responsabilidad del error, pero necesitamos que nos cambien el pedido de telas de inmediato…
— Sí, señora… — Ella se fue a voltear, cuando mi voz la detuvo.
— Y Gina… Llama a recursos humanos, diles que llamen a los mejores candidatos que tengan para postularse como mi asistente, quiero entrevistarlos esta misma tarde. — La expresión triste de Gina, se transformó en una de horror e inclusive se puso algo pálida.
— Señora Golf… No me vaya a despedir… Por favor… Necesito el empleo… Por favor… — Las lágrimas se reanudaron.
— ¡Gina!. — La llamé para que se callara. — ¡No he dicho que te vaya a despedir, pero si no haces lo que te digo ahora mismo, si lo haré!. — Levanté la voz con autoridad, ella solo asintió y corrió hacia la salida.
No pensaba despedirla y tampoco degradarla de nivel, sabía que ella necesitaba el empleo y generalmente ella hacía su trabajo bien, pero hacía pocos meses había dado a luz a su primer hijo y desde entonces, parecía algo despistada.
Pero definitivamente, yo necesitaba una segunda asistente.
*
Había pasado la tarde entrevistando a varias mujeres y no había encontrado a una persona con las capacidades que necesitaba.
Quería a una asistente que ya tuviera alguna experiencia en el área de presidencia de alguna importante empresa, aunque sea como secretaria o auxiliar, necesitaba a una persona que me sirviera de apoyo y de base para dirigir la empresa, pero mi búsqueda se había hecho infructuosa.
Tendría que pedirles a recursos humanos que hicieran un nuevo anuncio de empleo, lo que les tomaría algún tiempo, para reunir a nuevos candidatos.
Recogía mis cosas para retirarme por ese día, sentía que mi cabeza iba a explotar y necesitaba descansar, me levantaba de mi asiento, cuando un toque en la puerta me detuvo.
— ¡Adelante!. — Invité a pasar, pensando que se trataría de Gina con noticias de la empresa importadora.
Un hombre que estaba segura de que no había visto antes, entró, aunque sí se me hacía algo familiar, quizás por alguna característica física. Bueno, eso no importaba, el sujeto, que iba vestido muy elegante con una expresión muy seria, se acercó al escritorio, extendiendo su mano para presentarse.
— Mucho gusto, señora Golf… Mi nombre es Lucas Black. — Murmuró apretando mi mano.
— Un gusto, señor Black. — Lo detallé con curiosidad. — ¿En qué le puedo ayudar?.
El sujeto era simpático, supongo que esa palabra lo describiría muy bien, porque no tenía un atractivo físico extraordinario o una característica particular, excepto porque era alto, creo que solo en eso destacaba, su altura.
— Disculpe, me dijeron que era usted quien estaba haciendo las entrevistas para un puesto de trabajo. — Aclaró él, con voz ronca.
— ¡Ah! Mmmm, bien… — Volví a tomar asiento. — Sí, disculpe, pensé que ya había terminado, ¿Se había postulado usted antes para un puesto como asistente?. — Pregunté extrañada, invitándolo con un gesto a tomar asiento, era el primer hombre al que había entrevistado.
— No, de hecho, me había postulado para un puesto de gerencia, pero le indiqué a recursos humanos que estaba abierto a otras opciones. — Explicó, manteniendo esa expresión ceñuda.
— Entiendo… — Me aclaré la garganta, me sentía extraña, ¿Sería por entrevistar a un hombre para que fuera mi asistente?. — ¿Podría entregarme su expediente?. — Extendí mi mano y él me entregó una pesada carpeta.
La abrí y empecé por leer los datos académicos, me quedé sorprendida, ese hombre había estudiado en los mejores colegios de ¿París? ¿Él era de París? Sí, de eso no había duda, inclusive llegó a estudiar en uno de los colegios en los que yo misma estudié.
Además, había estado en una importante universidad, graduado con excelentes calificaciones, también había hecho algunas maestrías en gerencia y comercio, impresionante, justo lo que necesitaba. ¡Finalmente, la vida me estaba dando una pequeña mano!, volví a levantar la vista al techo con regocijo.
Emocionada, indague un poco en la sección de empleos anteriores… Y me topé con una sorpresa mayor.
Capítulo 3
— No lo puedo creer… ¿Usted es Lucas Black, de la familia Black? ¿Dueños de la revista de modas BlackFusion?. — Pregunté anonadada.
— Así es… — Asintió él, poniéndose serio.
— Espere un momento… — Comencé a sopesar. — ¿Es el mismo Lucas Black que tomó la gerencia de la revista, solo unos pocos meses antes de que esta se cerrara por un desfalco?. — Repetí con impertinencia, pero era obvio que preguntaría eso, estábamos en una entrevista de trabajo y sus antecedentes eran cruciales.
— Sí, así es… — Volvió a afirmar con mayor énfasis, acomodándose en el asiento, notablemente incómodo.
— Wow… Ahora todo tiene sentido… — Musite para mí misma, mientras continuaba revisando el expediente.
— Disculpe… ¿Pero qué es lo que tiene sentido?. — Preguntó Lucas entre dientes.
— Bueno… — Levanté la vista, mirándolo a los ojos con mucha seriedad. — El que un hombre como usted, con tantos estudios y experiencia, esté solicitando un puesto como asistente. — Volví a bajar la mirada. — Siendo franca, hasta yo misma sentiría vergüenza en pedir un puesto de gerencia después de un escándalo como ese. — Murmuré y podría jurar que escuché el crujido de sus dientes.
— ¿Vergüenza?. — Gruñó Lucas, elevando una ceja, notablemente enojado. — Me va a disculpar, señora Golf, pero usted no sabe nada…
— ¿Eh?. — Arrugue el entrecejo, notando el tono golpeado que él usó.
— Si usted prestara más atención a las noticias, en vez de los chismes, sabría perfectamente que ese desfalco fue hecho por mi cuñado, quien es, de hecho, el que está en este momento en prisión… — Contó irguiéndose en su asiento.
— Bueno, pues yo… — Intenté responder, pero él me interrumpió.
— Y también sabría que mi padre me entregó la empresa luego de notar ciertas anomalías y cambios en la revista, pero para cuando yo tomé el cargo de CEO, era muy tarde, el daño en la revista, ya estaba hecho, era irreversible… Y en medio del escándalo del que usted habla, si se hubiera informado bien, como le corresponde a cualquier buen gerente que esté involucrado en este negocio, debería saber, que yo no tuve nada que ver con ese desfalco, por algo estoy libre, ¿No lo cree?. — Afirmó mirándome fijamente con mucha seriedad.
«¡¿Cómo le corresponde a cualquier buen gerente que esté involucrado en este negocio?!» Grité mentalmente. «Ese hombre, como muchos otros, está subestimándome.» Sopese, intentando controlar mi lengua.
— Si ese es el caso, señor Black, entonces ¿Por qué coloco esa experiencia laboral en su expediente?. — Indague, sintiéndome algo irritada.
— Por qué no importa lo que haga y no importa a dónde vaya, ese trabajo me perseguirá por el resto de mi vida y aunque lo omita, siempre habrá alguien que termine señalándome o juzgándome por lo que hice o lo que debí hacer, sin conocer las circunstancias. — Explicó con una expresión ceñuda, dejándome un mal sabor en la boca, no sé por qué, pero sus palabras me hicieron empatizar un poco con él.
Lo pensé por un instante, ese hombre era todo lo que yo estaba buscando y no había encontrado, él tenía estudios y experiencia sobrada. Omitiendo ese trabajo en la revista de su familia, tenía excelentes referencias, aunque me desagradaba un poco su actitud, él era perfecto para el puesto de trabajo.
— Bueno señor Black, ahora que entiendo la situación y he revisado el resto de su expediente… — Cerré la carpeta y lo miré a la cara. — Me parece que cumple con todos los requisitos que estoy buscando y por ello, le ofrezco un puesto, como mi asistente. — Le informé irguiéndome en mi asiento, sintiendo que debía demostrarle quién mandaba aquí.
— Le agradezco señora Golf y lamento haberle hecho perder su tiempo… — Lucas se levantó, todavía con esa expresión ceñuda, y estiró su traje. — Pero lo he pensado mejor y creo que esto no va a funcionar. — Afirmó, dejándome confundida.
— ¿Qué cosa?. — No sé por qué, pero sus palabras se sintieron más como si estuviera rompiendo conmigo, que como si estuviera desertando de un trabajo.
— Tal como lo escucho… No creo que vaya a poder trabajar con una mujer como usted. — La última frase resonó en mis oídos.
¿Esto era una broma o él estaba hablando en serio? ¿Una mujer como yo? ¿Qué carajos quería decir con eso?.
Me levanté de mi asiento, sintiendo que debía encararlo, estar a su nivel para pedirle una explicación, aunque él era considerablemente más alto que yo. Justo cuando estaba a punto de hablar, la puerta de la oficina se abrió y sin previo aviso, entró Gina, muy agitada.
— Se… Señora Golf… Disculpe que entre así, pero… Es una emergencia. — Balbuceó Gina algo nerviosa.
¿Una emergencia? ¿Hasta cuándo me seguirían persiguiendo los problemas? Suspiré frustrada.
— Está bien, Gina, el señor Black ya se iba. — Comenté, viendo de reojo como Lucas, caminó hacia un mesón y comenzó a acomodar unos papeles en su portafolios. ¿Por qué no se iba de una buena vez?.
— Señora… Es que…
— ¿Sí, Gina?. — Insistí con algo de hastío.
— Llamé a la empresa importadora de telas y… Les expliqué lo del error en el pedido, pero… Ellos dijeron que no podían hacer nada, que el pedido ya estaba listo para salir y que si queríamos otras telas, que hiciéramos un nuevo pedido… Porque el error fue nuestro, no de ellos… — Explicó con inseguridad, notando como mi expresión se iba transformando.
Sentí la sangre hervir, ¿No sé suponía que el cliente siempre tiene la razón? ¿Qué clase de empresa era esa? Inhale profundamente, «Muy bien, Eva, no vayas a alterarte» me hablé mentalmente.
No era momento para enojarme y gritar, eso podría hacerlo al llegar a casa.
Ahora, debía pensar en solucionar, porque aunque perfectamente pude haber hecho otro pedido desde un principio para resolver mi problema, sabiendo que eso significaba un gasto extra, en realidad, mi mayor problema era que no había tiempo.
Dentro de poco habría otro desfile y mientras esa empresa armaba el otro pedido de telas y lo despachaba, perderíamos tiempo crucial para tener listos los diseños que se presentarían.
— Gina… Llama a la empresa nuevamente y me transfieres la llamada, hablaré yo misma con ellos, quizás si hablan directamente con la gerente, ellos… — Comencé a ordenar, cuando una gruesa voz me interrumpió.
— Disculpa… — Lucas le habló a Gina, quien lo miró confundida. — ¿Con cuál empresa hicieron el pedido de telas?.
— Con… Con la importadora asiática Lanatex. — Contestó ella nerviosa.
— Señor Black, disculpe, pero… — Intenté despacharlo, esto no era su asunto, sin embargo, él me ignoró por completo, dirigiendo toda su atención a Gina.
— Conozco esa empresa, ellos tienen políticas de trabajo muy estrictas que siguen al pie de la letra, la única solución que tienen, es ir personalmente hasta Asia, para hablar con ellos… — Explicaba con mucha seguridad, mientras que Gina asentía. — Yo les recomiendo hablar directamente con el gerente, lo conozco y puedo darles su número de contacto para que arreglen una cita, es un buen hombre y si le explican la situación, seguro que él podrá ayudarles.
— ¡Oh! Muchas gracias. — Le sonrió Gina y Lucas le mostró una suave sonrisa ladeada, que la verdad, lo hizo ver muy sensual.
— Le sugiero ser muy amables al hablar con el gerente, Huan Yue es un hombre muy formal y creo que sería mucho mejor si lo invitan a una cena de negocios, eso le agradará.
Me quedé quieta un momento, pensativa, escuchando las instrucciones de Lucas, aunque el engreído seguía ignorándome, se notaba que él conocía bastante bien este tipo de negocios.
— ¡Gina…!. — Llamé la atención de mi asistente con mucha autoridad. — Podrías dejarnos a solas por un momento. — Ella asintió y salió de la oficina.
— Señor Black… ¿Cómo sabe usted todo eso?. — Llena de curiosidad, pregunté a toda voz, desde atrás de mi escritorio, apenas estuvimos a solas.
Lucas volvió a retomar su expresión ceñuda al mirarme.
— Huan Yue es un buen amigo mío, hemos compartido en algunos momentos… Señora Golf, un buen gerente del negocio de la moda, sabe que es importante conocer a todas las personas asociadas de alguna manera a la empresa, para eso están las reuniones, las fiestas y los desfiles… Y supongo que al pertenecer a una importante familia dueña de una empresa de modas, eso es algo que debería usted saber. — Completó la frase con un tono de sarcasmo.
— Pues si usted estuviera bien informado, señor Black, sabría que aunque toda mi vida trabajé en la empresa de mi familia como modelo, no había tenido la oportunidad antes, de encargarme como gerente de una de las sucursales. — Refuté.
De nuevo subestimándome, ¿Él quería decir que yo no era una buena CEO?. Aunque era cierto que la empresa no iba bien, no significaba que yo no pudiera aprender.
Y Lucas parecía saber todo lo necesario sobre este negocio, era una pena dejarlo ir en un momento tan crucial para mi nueva carrera, como este, ¿Cuándo podría volver a conseguir a otra persona con tales capacidades?.
Sintiendo un cuchill0 en mi garganta al tener que tragarme mi orgullo, decidí que lo mejor para la empresa, era contratarlo, pues no podía pensar solo en mí.
— Muy bien, señor Black, considerando su experiencia, su potencial y sus conocimientos, los cuales pueden servirnos de mucho aquí, quisiera ofrecerle nuevamente el puesto como asistente. — Él elevó una ceja y volvió a sonreír, esta vez con pedantería. Eso me irritó, provocando un pequeño sobresalto en mi pecho.
— Lo siento, señora Golf, pero ya se lo dije antes, no creo que vaya a funcionar. — Lucas comenzó a caminar hacia la salida. — Me conozco y también sé cómo es usted.
— ¿Qué usted sabe cómo soy?. — Pregunté confundida, haciendo que él se detuviera justo antes de abrir la puerta. — Usted no me conoce…
— Claro que la conozco. — Lucas se volteó para mirarme y se quedó por un instante pensativo, detallándome. — Bueno, lo que quiero decir, es que conozco a las mujeres como usted…
— ¿Las mujeres como yo? ¿Podría explicarse, señor Black? Sea claro en lo que quiere decir… — Comencé a levantar un poco el tono de voz.
— Seré franco, señora Golf, sé cómo son las mujeres como usted… Mujeres presumidas, orgullosas, egocéntricas y egoístas, que no piensan nada más que en ellas, en su aspecto y en el que dirán. — Soltó con mucha seguridad. — Lo lamento, pero ahora no estoy para lidiar de nuevo con eso.
— ¡¿Qué?! ¡¿Quién se ha creído?! ¡Usted no puede decir eso sobre mí! ¡Usted no sabe nada sobre mí!. — Vocifere sintiendo mi cuerpo enervar.
— Quizás esté equivocado, señora Golf. — Se encogió de hombros. — Pero considero que lo mejor para ambos, es no averiguarlo.
Se marchó y apenas la puerta se cerró, emití un gruñido de frustración, mientras me sostenía de mi escritorio, ¿Quién se había creído ese idiota? ¿Cómo osaba hablarme de esa manera? ¿Egocéntrica yo? ¿Acaso él no se había visto en un espejo?.