Capítulo 3
Sofía y Mateo estaban en el porche principal de la bodega cuando llegué. Discutían unos planos, sus cabezas muy juntas sobre la mesa. La imagen de complicidad me revolvió el estómago.
"Mateo" , lo llamé. Mi voz resonó en el silencio de la mañana.
Levantó la vista, sorprendido. Sofía se puso de pie de inmediato, interponiéndose entre nosotros como una leona protegiendo a su cachorro.
"Álex, ¿qué haces aquí? Pensé que estarías en los establos."
Ignoré su pregunta. Mis ojos estaban fijos en Mateo.
"¿Te gustó la montura?" pregunté, mi tono era conversacional.
Mateo se puso visiblemente incómodo. Miró a Sofía, buscando ayuda.
"Yo… eh… es de muy buena calidad. Gracias, Sofía."
"No le des las gracias a ella" , dije, acercándome un paso. "Es mía. O era mía. Tiene el escudo de mi familia. ¿Lo notaste?"
Sofía intervino, su voz era aguda. "¡Basta ya, Alejandro! Le pedí disculpas a Mateo toda la mañana por tu comportamiento de ayer. No tienes por qué humillarlo así."
Me reí. Una risa seca, sin alegría.
"¿Humillarlo? ¿Yo? ¿Por ofrecerle toda mi colección de caballos? Pensé que era un gesto de generosidad. Como el tuyo."
"Sabes perfectamente lo que quisiste decir" , siseó ella.
"Sí, lo sé" , admití. "Quería saber qué se siente al ver cómo regalan algo que valoras. Algo con historia. Algo que te define."
Me di la vuelta para irme.
"¡Espera!" gritó Sofía. "Esta noche es nuestro aniversario. Reservé en el restaurante de Francis Mallmann. No lo arruines por una tontería."
Me detuve, pero no me giré.
"¿Una tontería?" repetí. "Para ti, mi herencia, mis pasiones, ¿son tonterías?"
"No quise decir eso…"
"Claro que sí" , la interrumpí. "Y no te preocupes por nuestra cena. Tengo otros planes."
Entré en la casa y empecé a empacar una pequeña maleta. Ropa para un par de días en Buenos Aires. Necesitaba aire, distancia. Necesitaba pensar.
Mientras doblaba una camisa, mi teléfono vibró. Un mensaje de Sofía.
"Lo siento, surgió algo urgente. Mateo tiene que ir a una feria agrícola en San Juan esta noche, es importante para los nuevos viñedos. Tengo que acompañarlo, está muy afectado por tu actitud y no quiero que vaya solo. Cancelaré la reserva. Lo celebramos cuando vuelva. Beso."
Leí el mensaje dos veces.
No podía creerlo.
Cancelaba nuestro aniversario. Para consolar a su asistente.
El teléfono se sentía pesado en mi mano. La rabia inicial se había transformado en un frío glacial. Era una claridad dolorosa.
Ya no había nada que salvar.
Entré en mi estudio y abrí el portátil. Busqué el nombre de Mateo Rojas. No fue difícil encontrarlo. Tenía un blog. Un blog personal que llevaba años actualizando.
"Crónicas de un Agrónomo Enamorado" .
Hice clic.
Y mi mundo, el que había construido con tanto esmero durante nueve años, se derrumbó por completo.