Capítulo 2

"¿Sabes siquiera lo que significa sinvergüenza, niña?". John se puso de pie de repente para arrojar el cigarrillo que sostenía al cenicero, y sin más, se acercó a Nina, quien se veía pequeñita en comparación con su alta figura. Este la rodeaba hasta un rincón, mientras la chica, de puños apretados, contuvo la respiración, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

Entonces su cara se puso roja, y mirándolo furiosa, casi rugió: "¡No soy el tipo de persona que cree que soy!".

Cuando él se aproximó a ella, supo que algo andaba mal porque había algo en su fragancia que le hacía no querer alejársele.

Eso había roto todas sus defensas, haciéndolo cambiar su expresión por completo.

Debido al perfume, el cuerpo de Nina también se suavizó ante él. Era como si este los estuviera manipulando a ambos como marionetas.

"¡Es tu olor! ¡Me tendiste una trampa!". Evidentemente conteniendo su ira y sin pensarlo más, él la levantó porque no deseaba nada más que estar cerca de ella.

"¡No! Yo… Mm... ¡Suélteme! Yo... estoy...".

Ella estaba casada.

A pesar de que no sabía quién era su marido ni cómo lucía, ella había firmado el acta de matrimonio.

Sin embargo, John ya no quería escuchar ninguna de sus tonterías, así que solo la besó con todas las ganas que tenía. Tan pronto como lo hizo, su cuerpo se tensó, pues en efecto sus labios tenían un sabor increíblemente dulce.

"Suélteme...", pidió ella sollozando al tiempo que lo golpeaba en el pecho.

Nina era un poco fuerte, pero no más que la fragancia, la cual aumentaba enormemente sus deseos.

En un abrir y cerrar de ojos, ese hombre la estaba devorando por completo.

Por su parte, ella estaba tan asustada que palideció, pero las caricias de él le transmitían una especie de corriente eléctrica a través de todo el cuerpo, dejándola entregarse en silencio.

Un buen rato más tarde comenzó a amanecer.

Todo el cuerpo de la chica estaba adolorido. Parpadeó somnolienta mientras se daba la vuelta. Apenas vio al sujeto a su lado se alarmó.

¡No!

Ahogó un grito. ¡Aquello no podía ser!

Pensando en su estado civil, la mano de la joven tembló al tocar la mesita de noche. Todo lo que ella quería era investigar los casos de suicidio. ¿Cómo demonios iba a saber que entraría a la habitación del diablo?

El canto de los pájaros afuera la calmó en un segundo y la devolvió a la realidad.

Sabiendo que podía poner en peligro su propio matrimonio, se vistió a toda velocidad y se fue sin siquiera mirar al hombre que dormía profundamente a su lado.

Con suerte nunca se volverían a encontrar.

Una vez fuera del hotel pudo ver que no hubo ningún suicidio dada la falta de periodistas y personal corriendo, por lo que suspiró aliviada.

Aturdida, ella regresó a casa, donde pasó toda la mañana lavándose una y otra vez hasta que enrojeció toda su piel.

No era malo haber tenido una noche de pasión con un extraño; ¡el problema era que ella ya estaba casada!

Dos años atrás había firmado un certificado de matrimonio con un hombre que no conocía.

De hecho no sabía su nombre, altura, peso o edad ni nada.

Si no hubiera estado tan desesperada en ese momento, ¡no habría cavado su propia tumba así!

La ansiedad y la angustia la estaban invadiendo.

'¡Maldición!'. Un pensamiento repentino cruzó por su mente, con lo que corrió a sus cajones asustada y sacó un acuerdo.

Temblando de miedo, hojeó las páginas, recordando que había una cláusula relacionada con las infidelidades... Si tenía una aventura mientras el matrimonio aún era válido, ¿cuánto tenía que pagar?

Al encontrarla, se paralizó como si acabara de ser alcanzada por un rayo. "¡¿Veinte millones?!", chilló.

Nina se frotó los ojos para mirar de nuevo. Allí estaba escrito claramente que debía veinte millones de dólares, y para para colmo al final estaban su firma y huella digital.

Maldición.

Ahora no tenía escapatoria.

'Veinte millones'. Con sus manos temblorosas, se derrumbó en el suelo deseando que este se la tragara.

¿De dónde diablos iba a sacar el dinero?

¡No era como si ella hubiera querido engañar a su marido!

Al final tomó una decisión.

Se paró frente al espejo apretando los dientes y entrecerrando los ojos con frialdad, pensando que nunca volvería a ver a ese hombre, y si alguna vez lo hacía, entonces simplemente compraría su silencio.

En caso de que este se negara, ella lo amenazaría hasta más no poder.

Una vez que resolviera ese asunto, arreglaría sus papeles de divorcio porque ya no habría nada más que pudiera hacer.

Para ese entonces al fin obtendría lo que quería: libertad. Después de todo eso podría convertirse en una criminóloga calificada sin un esposo que la retuviera.

Al pensar en ello, la chica exhaló un suspiro de alivio.

A las diez de la mañana un hombre de traje y zapatos de cuero entró en la suite presidencial. Tenía unos veinticuatro años, llevaba lentes de montura dorada y un maletín en la mano.

El hombre era Henry Ye. No hace mucho, él había solicitado ser asistente del CEO del Grupo Time. Aunque consiguió el trabajo, en realidad era la primera vez que veía a su jefe, John Shi.

Este era el hijo menor de la familia Shi, de quien se decía que era muy poderoso e incluso increíblemente despiadado, tanto así que poseía la mitad de Ciudad Lexingport.

No bien su asistente abrió la puerta, vio a un hombre alto vestido con una toalla saliendo del baño. Este miró a Henry con indiferencia. "Ropa".

"Sí, señor John", dijo para enseguida llamar a alguien que le consiguiera un traje.

Mientras veía el sofá desordenado y la ropa desparramada, alcanzó a ver un zapato de mujer. Había finos rasguños rojos en la espalda de su jefe que lo hacían llegar a la conclusión de que este había disfrutado de una noche especial.

Con timidez, el chico se quitó los lentes, y unos segundos más tarde llegó la ropa solicitada.

John se paró frente al espejo con unos pantalones negros rectos hasta los tobillos y una camisa blanca con el cuello desabrochado que revelaba un poco de su piel.

Al subir la mirada, Henry pudo ver un rostro bien tallado y unos fríos ojos oscuros.

Apretando los labios con fuerza, el CEO comenzó a arreglar su cabello. Entonces sonrió satisfecho a su reflejo y procedió a ajustar los detalles pequeños de su ropa uno a la vez.

'Es un hombre increíblemente narcisista', pensó el asistente.

Al ver que su jefe estaba listo, el chico se enderezó. "Señor John, su padre pidió que fuera a casa esta noche".

"Arréglalo".

"De acuerdo. ¿Alguna otra cosa que pueda hacer por usted?", preguntó. 'Por ejemplo, ¿investigar a la mujer de anoche?'.

"Verifique los detalles sobre la mujer que vino anoche. Quiero saber todo sobre ella". John necesitaba descubrir la verdad.

La razón por la que James había enviado a esa chica era por su apariencia, pero recordó que ella mencionó haber recibido formación teórica únicamente.

Dado que él apenas acababa de regresar, necesitaba tener cuidado con esas cosas.

No mucho después Henry al fin había encontrado información sobre Nina, aunque no llenó más de media página.

Frunciendo el ceño, su jefe no podía creer que como un hacker, solo encontró tan poca información.

Cuando este le entregó el documento, tragó grueso con nerviosismo.

Él nunca había estado tan ansioso al averiguar información confidencial.

"Nina tiene 20 años. Es una estudiante de segundo año en el Departamento de Psicología de la Universidad L. No hay información sobre sus padres y parece que es hija única. Además, está casada", informó el asistente.

Si bien había algo en el nombre de la mujer que despertó la curiosidad de Henry, él no sabía qué era.

A John lo sorprendió lo de su estado civil, y pensando en la sangre en las sábanas, no pudo evitar sentirse confundido. '¿Es casada? ¿Acaso su marido es impotente?'.

Capítulo 3

Cuando no escuchó nada más de su asistente, John levantó la mirada. "¿Eso es todo?".

Asintiendo, Henry confirmó: "La información antes de su ingreso a la universidad está en blanco, así que no pude encontrar nada más".

"¿Ni siquiera tú puedes encontrar nada?", cuestionó el hombre al tiempo que lo miraba incrédulo.

El asistente asintió de nuevo. "Toda su información fue borrada a propósito".

¿Cómo se puede eliminar por completo la información de una persona? Incluso como uno de los mejores hackers del mundo, el chico no podría encontrar nada. Parecía que esta mujer no era como cualquier otra.

En ese momento pensó que tal vez su esposo no era un oponente fácil, y en ese caso, quizás la noche anterior había sido la única vez que podrían encontrarse.

Al ver la expresión pensativa en el rostro de su jefe, el chico sintió que este estaba de veras interesado en esa chica, de lo cual deducía que saber que estaba casada debe haberlo decepcionado.

Era una lástima que fuera así.

"Que no llegue a estar embarazada de mí", dijo el CEO con frialdad mientras se alejaba.

'Parece que no solo es frío, sino implacable', pensó Henry al escucharlo.

A pesar de que había sido una aventura de una noche, ¿cómo podía John ser tan indiferente con esa mujer?

Henry le dio otro vistazo a los datos una vez más.

De repente algo le recordó quién era en realidad Nina.

Ella era...

Entonces se puso rígido.

¡No era de extrañar que la chica se le hiciera increíblemente familiar!

¿No era ella la que se había casado con su jefe en secreto?

De hecho, ni siquiera él mismo sabía que estaba casado.

Parecía que habían coqueteado sin saber que estaban destinados a estar juntos.

"Señor John...", lo llamó Henry para impedir que el hombre entrara en el ascensor.

Este se dio la vuelta para mirarlo, como diciéndole en silencio que si no era importante no debería molestarlo en absoluto.

Una parte del chico no quería decir nada, pero a la otra le asustaba que su jefe se enterara de que él se lo había ocultado, ¡y lo quemara vivo! Ante esto, respiró hondo para tranquilizarse.

"Señor, la señorita Nina en realidad su esposa...".

"Cuando solicitaste ser mi asistente, ¿nadie te dijo que guardaras silencio si yo no te preguntaba nada?", lo interrumpió el hombre con rigor.

Sorprendido por sus duras palabras, el asistente enderezó la espalda e inclinó la cabeza en un asentimiento. "Sí, señor John. No volveré a hacer eso".

"Réstate un mes de salario. Ese será tu castigo", dijo agitando la mano como si fuera un rey ordenando a sus súbditos.

Henry se quedó paralizado por completo al punto en que abrió la boca sin que saliera ninguna palabra.

¡Él había estado trabajando duro por menos de un mes y había sido en vano! ¡Qué demonios!

Si bien estaba muy enojado, no se atrevió a hablar de nuevo.

A las tres p.m.

Nina todavía tenía sueño, sin embargo, respondió a una llamada que le pedía que asistiera a una cena a las seis en punto en el No. 1 de la calle SQ. Ella había accedido sin dudarlo y la verdad es que no podía esperar.

La chica tenía planeado pedir el divorcio ese día, y la oportunidad le llegó justo a tiempo.

En la dirección que le dieron había una casa con una gran terraza. Como era la única que quedaba en toda esa calle, el lugar era muy tranquilo.

Al llegar, tocó su bolso inconscientemente, sabiendo que tenía un acuerdo de divorcio recién escrito.

Tan pronto como entró en el patio frontal, una voz profunda sonó detrás de ella. Era su suegro, quien sonrió ante su llegada.

Sam Shi tenía alrededor de 60 años, por lo que ella supuso que su hijo ya debía tener unos 40.

No obstante, todavía no estaba casado e incluso necesitaba que su padre le encontrara una esposa. Eso solo podía significar que el hombre era feo o tenía una enfermedad mental.

Con eso en consideración, ella se animó aún más a entregar el acuerdo.

"¡Viniste!". El cabello del señor ya era gris y las arrugas de su rostro eran claramente visibles cada vez que sonreía. Aunque parecía viejo, todavía era bastante enérgico.

La chica se le acercó e hizo una pequeña reverencia. "Señor".

La forma en que ella se había dirigido a él no le agradó.

Es decir, ¡era su nuera! ¿Cómo podía hablarle como si fuera cualquier otra persona mayor?

"Creo que te dirigiste a mí de la manera incorrecta", le recordó él amablemente.

De pronto ella se veía incómoda.

"Sigues siendo la esposa de mi hijo.

¿Cómo puedes llamarme señor?".

'Pronto dejaré de ser su nuera'.

La joven se cohibió de decirlo por miedo a asustar al anciano.

¿Pero por qué no acabar con eso de una vez?

Sam había organizado una cena familiar ese día y la persona con la que ella estaba casada definitivamente iría. ¿Y si la veía y luego se negaba a divorciarse?

¡Ella quería cortar todos los lazos de inmediato!

"Señor, de hecho vine aquí hoy para decirle algo". Sin agregar nada más, sacó el acuerdo de divorcio de su bolso.

Dado que lo había impreso ese mismo día, la tinta aún estaba fresca. "Ya lo firmé. Por favor, déselo a...".

¿Cómo se llamaba su esposo?

En ese instante parpadeó sorprendida porque ni siquiera sabía su nombre. Entonces continuó: "Por favor, déselo a mi esposo e insístale en que lo firme".

¿Acuerdo de divorcio?

La expresión de su suegro cambió abruptamente. Este echó un vistazo a los papeles antes de volver a mirar a Nina para analizar su semblante.

Mientras lo hacía, le dio la impresión de que la chica de verdad debía desear que eso sucediera, dado que incluso lo había redactado ella misma.

"¿Te gustaría pensarlo mejor?", preguntó él con gentileza.

El caso era que ella estaba muy decidida y no aceptaría ninguna oferta.

Tal vez si no hubiera engañado a su esposo, no estaría tan ansiosa por divorciarse, pero esos veinte millones de dólares eran demasiado.

Ella no quería que su esposo apareciera en cualquier momento.

¿Y si se enterara de lo de ayer? ¡No quería pagar tanto dinero!

Nina se frotó las sienes al ver la decepción en el rostro de su suegro. "Ya tomé una decisión y estoy dispuesta a ceder todas las propiedades a mi nombre".

"¿De verdad?". ¿No querrá la protección de la familia Shi?

Sam fue la razón de todo eso.

Si él no hubiera borrado toda su información, su pasado la acecharía.

"Sí".

Siempre y cuando no tuviera que pagar los veinte millones, a ella no le importaba nada más.

No era que no pudiera pagarlos, pero no quería estar en problemas.

Además, ella sabía bien cómo esconderse de su familia.

Tras haber pensado en la situación por un rato, el señor se dio cuenta de que la razón por la que la chica quería divorciarse era porque no había visto a su hijo.

"Yo soy el responsable de tu matrimonio y es mi culpa que no se hayan visto", se excusó.

Enseguida sacó una pequeña foto descolorida del bolsillo de su abrigo para entregársela. "Ese es mi hijo menor. Puedes tomar tu decisión una vez que lo hayas visto".

Debido a lo desgastada que estaba, Nina casi no podía ver al chico, pero parecía que este acababa de salir de la universidad y era guapo.

Sin embargo, sería mejor saber cómo lucía actualmente.

"Señor, no quiero hacerlo perder tiempo", dijo, pensando que tampoco quería perder el suyo.

Al ver que ella seguía impasible, Sam tenía que buscar otro plan para hacerse cargo del tema del divorcio.

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