Capítulo 2
Emira miraba el parque mientras estiraba. Personas relajadas caminaban sonriendo y charlando, otros muy ocupados en sus propios asuntos ni siquiera levantaban la vista cuando iban de paso. Ella le echó un vistazo al guardia que la seguía. Jordan había insistido en que no podía estar sola y al menos era un avance el que pudiera tomar aire y entrenar fuera. Habían insistido en el internado que se mantuviera de ese modo: Tranquila, serena, liberada. Sólo así podía ser completamente sumisa y aunque le valía un cuerno debía fingir no sólo serlo, sino ser la mejor en ello mientras su esposo no confiara en su completa entrega al maldito matrimonio. Emira fantaseaba con reírse en la cara de Jordan mientras era él quien suplicaba compasión. Ella lo despreciaba y a la vez se despreciaba a sí misma por ser tan ingenua como para enamorarse de él. Porque aunque Emira se lo negara hasta al mismísimo Dios ella estaba muy segura de que los sentimientos que había desarrollado por Jordan Fox en algún punto debían desaparecer. Sólo era lujuria y deseo, no era nada más y pronto su cuerpo comprendería lo confundido que había estado por un subidón hormonal.
Había aprendido a liberarse por su cuenta. No necesitaba de nadie para satisfacerse sexualmente y era una epifanía para ella quien siempre pensó lo contrario aún encontrando placer en tocarse a sí misma.
Volvió al edificio siendo seguida por la típica camioneta negra en la que los hombres de los Fox se trasladaban. Ella entró sin que nadie le pidiera identificación alguna y subió al piso en el que su esposo y ella vivían.
Carmela limpiaba la sala e hizo un gesto de bienvenida a ella. Emira intentaba no interactuar mucho con ella, aunque sabía que no hacía nada malo porque estaba claro de que Jordan no follaba con ella sino que la castigaba haciendo de esto su propio placer, ella también veía la adoración con la que observaba a su Amo cuando lo tenía cerca.
Caminó hacía su habitación, todo perfectamente limpio mientras dejaba un camino desordenado de la ropa que se quitaba y se introducía en la ducha lista para refrescarse.
Jordan salió de una reunión, un nuevo cargamento de dinero entraría por los ductos de la ciudad. Sus hombres se encontraban en sus lugares vigilando que no se tratara de una jugarreta de los federales. Tenían sus ojos sobre sus pasos al parecer.
Eduard había tomado una buena jugada y era la de mostrarse como un caritativo padre soltero. La prensa había adorado la historia en la que una joven con la cabeza en fiestas y disparates le había dejado a su hija de meses y él se había hecho cargo de la pequeña Zairy.
Su media hermana aún era una sorpresa que no le había presentado a Emira, la pequeña aún no terminaba de desarrollarse y tenía terminantemente prohibido recibir más visitas de las de su padre y su hermano.
Ahora había una nueva fachada perfecta para cubrir el dinero que entraba y era la fundación para niños abandonados Gift of Life. Según Eduard, Zairy era su regalo de vida y es por eso que deseaba ayudar a niños que no corrieron con su misma buena suerte.
Jordan tomó su trago de whisky completo mientras miraba con hambre a su asistente Bella, una joven de dieciocho años que se veía nerviosa ante su presencia mientras leía los correos de su jefe.
-¿Me tienes miedo?- le preguntó interrumpiéndola durante la redacción de un memo. La chica delgada lo miró nerviosa y cruzó sus piernas por los tobillos, Jordan siguió el gesto con la mirada, usaba una falda tubular hasta debajo de la rodilla- Ven aquí- pidió y ella se levantó, su camisa blanca abierta hasta donde le habían recomendado sus compañeras de trabajo. No era tonta y sabía lo que hacía el señor Fox con las empleadas a quien consideraba más agraciadas. Más que una falta de respeto, era un honor para ella. Su coleta larga se mecía a sus espaldas mientras caminaba en los altos tacones hasta él. Jordan acarició su labio con la mano, era delgado y no llevaba maquillaje en ellos, la mano viajó a la camisa y con experiencia abrió todos los botones exponiendo sus pechos como manzanas envueltos en un brasier blanco de encaje.
Jordan la miró con ansías, no porque la deseara a ella, sino por la ilusión que le creaba ver esa cabellera hundida entre sus piernas.
Abrió sus pantalones y Bella entendió de inmediato, se arrodilló y llevó el falo de su jefe a su boca despertandolo y haciéndole disfrutar de una experiencia de la que pocos habían sido beneficiados.
Emira se acostó desnuda envolviéndose en la cobija luego de peinar su cabello, deseó dormir una siesta y también sabía que cuando su esposo llegara y la encontrara así crearía en él más deseo y eso era lo que buscaba.
Se durmió sin darse cuenta, nadie la despertó para comer porque así lo pidió y cuando el señor llegó pasadas las siete treinta de la noche encontró la habitación a oscuras, buscando el apagador vio un bulto sobre la cama. Frunció el ceño mientras se quitaba el saco y la corbata. ¿Era Emira?
Encendió la lámpara de la mesa de noche, vio su cabello y su espalda desnuda. Apartó la cobija y saboreó en su boca lo apetitosa que su piel lechosa se veía. Estaba completamente desnuda.
Jordan se desnudó y dio una rápida ducha secándose en el baño y saliendo desnudo. Ella aún dormía y él no dudó en hundir el rostro en su coño bajo la oscuridad de la habitación.
Él jugó con su clítoris y poco a poco fue sintiendo cómo despertaba. Ella gimió con ganas y su pene se disparó. Las uñas se encajaban en su cuero cabelludo y Emira alzaba las caderas encantada con el trabajo oral que Jordan desempeñaba.
Jordan unió sus dedos al juego y ella no tardó en sentir un sudor frío recorrerla mientras su respiración se agitaba. Jordan la penetraba con la lengua mientras sus dedos jugueteaban con su nudo de nervios. Ella gemía sin reparo y cuando empezó a temblar, él se acomodó en su entrada hundiéndose de lleno en ella.
Emira vio la figura de Jordan sobre ella, no podía controlar los espasmos de su cuerpo y todo se intensificó cuando su boca se apoderó de los pechos de manera alternada. Emira pedía a gritos más y él enloquecido de placer se lo daba. Ella cerró los ojos y se dejó llevar olvidando como siempre que estaba en sus manos el dolor y el odio que sentía hacia él y cambiándolos por completo por deseo, placer y amor.
Jordan se corrió en su interior, acarició su rostro mientras recuperaba el control, Emira sintió la descarga en su interior y el semen de él corriendo sobre el colchón.
-Lamento haberte despertado- dijo él risueño, su boca se apoderaba del cuello de Emira y ella ronroneó como un gato.
-Qué bueno que llegaste- él la miró confundido- Deseé que lo hicieras hace rato.
-¿Ah sí?¿Querías que llegara antes?- apartó su peso de ella y acostado de medio lado la observó con atención- ¿Por qué sería eso?
-¿Acaso no puedo extrañar a mi esposo?- preguntó Emira deslizando la uña sobre la mandíbula de él y Jordan no dijo nada- Estoy estudiando la posibilidad de trasladar la materia prima desde Maloani hasta aquí reduciendo gastos- Eso lo tomó completamente por sorpresa. Aún no se lo había comentado a su padre pero parecía que Emira se había tomado su respuesta como un hecho.
-¿Ah sí?¿De qué manera?
-Por barco, si vieras la ruta que---
-Ahora no, Emira- se puso de pie y ella molesta guardó silencio- Tengo demasiada hambre, mejor vístete mientras le pido a Carmela que prepare algo, ¿De acuerdo?
-Sí, señor- murmuró ella con los dientes apretados maldiciéndolo por dentro.
Capítulo 3
-¿De verás crees apropiado que lo haga?- le pregunté a mi padre y asintió meneando su whisky
-¡Pero claro, Jordan! Es tu mujer, está comportándose correctamente. ¿Por qué no premiarla?- sonrió - Algunas piden joyas y autos costosos, Emira te está pidiendo un negocio. Se mantendrá ocupada y ganaremos más si---
-Ese es el asunto, padre- lo interrumpió- Emira no quiere una sucursal de Achocolatada. Quiere su propia empresa. Ajena a tu cartera- Eduard reventó en risas.
-¿Y qué?¡Es lo mismo, hijo!- afirmó- Está casada contigo. Todo lo que haga tarde o temprano te pertenecerá.
Jordan suspiró recordando la idea de su padre de asesinarla.
-Está bien, entonces aceptaré. Le diré que tendrá su empresa.
-Claro que sí, hombre- aceptó Eduard de buenas a primeras- Aprovecha todos los recursos: Abogados, contadores… Que haga lo que deseé y cómo se le antoje a mi querida nuera.
Jordan tomó su trago a pecho sopesando la idea.
Emira estaba en el apartamento sentada en la planta bajo junto al jardín zen que había encontrado construido a su regreso. Era de noche y acostada sobre las piedras incómodas miraba las estrellas. El mismo cielo que acostada en la maleza de su Maloani ella observaba. Extrañaba a esa Emira, orgullosa y contestona, esa a la que nadie frenaba. Ahora se había vuelto una versión suya que no era real, no era nada más que un personaje que había creado para satisfacer a Jordan. Suspiró pensando en él.
Siempre creyó que era malo, todo apuntaba a que realmente lo era, pero se había dado cuenta de cosas que la llevaban a pensar lo contrario, y luego él volvía a ser el mismo patán de siempre con ella. ¿Qué cambiaba?¿Qué le hacía creer que en algún punto podría amarlo?
Se rió con amargura en aquella soledad. Era imposible amar a ese diablo. Era un demonio al que debían exorcizar, pero Emira se cobraría las que le hizo a ella y a quien sea que se haya cruzado con el joven Fox sin salir bien librado.
-¿Qué haces ahí?- se alarmó al escuchar su voz. Todo calmado y nada más allá de las cigarras adornaban la noche en aquel pedazo de paraíso. Jordan tenía unos cuantos minutos de haber llegado y luego de darse cuenta de que ella no subía, bajó a buscarla.
Emira se sentó.
-Sólo estaba disfrutando de la vista- él se rió.
-¿Qué vista, Emira? Si estás en el suelo.
Ella tendió su mano a él, Jordan creyó que era para levantarla pero se trataba de todo lo contrario: él se sentó a su lado.
-Recuestate, no pasa nada- murmuró ella y él lo hizo, las incómodas piedras en su columna mientras él imitaba su posición previa. Emira también volvió a acostarse.
Ahí, Jordan vio el cielo lleno de estrellas, plantas entraban a su campo de visión haciendo de aquella una vista completa.
-Vaya- admitió él y ella sonrió sin mirarlo.
-Así es.
Ambos se quedaron en silencio por varios minutos. Jordan miraba al cielo sin recordar la última vez que se detuvo a ver las estrellas de aquella forma tan infantil. Sabía que Emira tenía un lado de sí misma que parecía ansiosa por mostrarle y aunque se mostraba renuente la verdad era que dudaba más de sí mismo que de su honestidad. ¿Cómo pediría verdad cuando él era una caja de secretos, de duda y de desconfianza?
-Emira… Tendrás tu Achocolatada en suelo americano- dijo de pronto y ella giró el rostro para mirarlo sorprendido.
-¿Qué?¿Me estás hablando en serio?- Jordan giró la cara y miró a sus ojos grises totalmente sorprendidos.
-Muy en serio. Comenzaremos lo antes posible con el proyecto- ella no se resistió y se sentó sobre él tomándolo por sorpresa, Jordan sintió las piedras en su espalda pero poco importaba cuando tenía aquella vista de ella que en pijama de seda de color rosa vieja y una bata abierta del mismo material lo miraba sonriendo.
-No sabes cuánto te lo agradezco, Jordan.
Él acarició sus piernas y ella bajó el rostro tomando su cara con ambas manos. Jordan aún se sorprendía demasiado cuando ella buscaba sus labios. En parte no estaba acostumbrado a ese trato tan personal y también se trataba de ella siendo la que lo controlaba lo que lo ponía mal.
Sus manos masajearon su trasero bajo la suave tela, ella no llevaba ropa interior y su pene se hizo presente al saberlo. Emira hundía su lengua en la boca de su esposo jugueteando con la suya mientras sus ojos cerrados magnificaban el inmenso placer que le causaba.
Jordan besó sus hombros bajando las telas que los cubrían y en ese momento ella fue consciente de dónde estaban.
-No, Jordan- dijo agitada y él se detuvo alertado- Podrían vernos- sonrió con malicia.
-Entonces que disfruten del show- se sentó y siguió su labor de apoderarse de sus senos, él le quitó la blusa del pijama uniéndola a la bata y sobre la tela tendida en el césped recostó la espalda de Emira.
Su boca se apoderó de los botones que tenía por pezones, ella abrió la boca pero intentó no emitir sonidos sintiendo el placer recorrer su cuerpo mientras las manos de Jordan tocaban cada centímetro de su piel. Él besaba su abdomen con gentileza mientras su dos pulgares acomodados retiraban la elástica de los shorts rosados.
-Me gustas tanto, Emira. Tocarte, sentirte- murmuró él con desespero mientras mordisqueaba la entrepierna de Emira causándole suaves gemidos de placer y dolor a la vez- Me excita saber que eres mía y que nadie jamás volverá a poner un sólo dedo en ti, dentro o fuera- su lengua se apoderó de la vagina de Emira quien no hizo más que abrir las piernas para él y sostener su cabeza, hundir las uñas en su cabello mientras se dejaba llevar confiando de que ningún expectador vería aquel erótico show aún cuando no tenía muy en claro si el edificio era o no habitado por alguien más que los empleados y ellos mismos.
-Mmm, Dios- gimió con fuerza y Jordan se rió contra su piel haciendo que el roce del vello facial cosquilleara en su ser.
-Ni Dios puede salvarte de mí- sonaba profético y quizás tenía razón.
Jordan hizo que se corriera sin compasión, un chorro de jugos salió de ella y él lo saboreó enloquecido de placer. Acomodó sus piernas y viendo sus ojos blanquecinos debido al orgasmo que la hacía temblar cual convulsión se hundió en su interior haciéndola volver. Emira se sostuvo de sus antebrazos y Jordan entraba y salía de ella sin parar debido a lo empapada que ella estaba se resbalaba en su interior. Su mano se apoderó del cuello de Emira quien lo miraba cegada de gusto y sin nada de temor. Había aprendido a confíar en su pareja sexual y a entender que habían límites que ninguno cruzaría para lastimar al otro. Al menos el sadomasoquismo tenía sus reglas claras pero, ¿Y ellos?¿También las tenían o todo quedó en palabras?